Escenario de Júpiter saltador
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El escenario de Júpiter saltador (nombre original en inglés: Jumping-Jupiter scenario) analiza la evolución de una migración planetaria a gran escala, descrita por el Modelo de Niza. Postula que un planeta gigante helado (Urano, Neptuno o un quinto planeta adicional con la misma masa que Neptuno) se desplazó hacia dentro del sistema solar atraído por Saturno y luego hacia el exterior arrastrado por Júpiter, causando la brusca (en términos cosmológicos) separación de sus órbitas.[1]
Esta hipótesis fue propuesta por RamonBrasser, Alessandro Morbidelli, Rodney Gomes, Kleomenis Tsiganis y Harold Levison, tras observar que sus estudios revelaran que los modelos en los que se consideraba una suave migración divergente de Júpiter y Saturno daban como resultado un sistema solar significativamente diferente del sistema solar actual.[1] El barrido de resonancias seculares a través del sistema solar interno durante una migración gradual podría incrementar la excentricidad orbital de los planetas terrestres más allá de los valores actuales[1] y dejar un cinturón de asteroides con una proporción excesiva de objetos con inclinación orbital de alta a baja.[2] La separación paso a paso de Júpiter y Saturno descrita en el escenario de Júpiter saltador puede permitir que estas resonancias se expandan rápidamente por el sistema solar interior sin alterar las órbitas excesivamente,[1] aunque los planetas terrestres sigan siendo sensibles a su efecto.[3][4] El escenario de Júpiter saltador también da lugar a una serie de otras diferencias con el modelo original de Niza. La fracción de impactadores lunares del núcleo del cinturón de asteroides durante el bombardeo intenso tardío se reduce significativamente,[5] la mayoría de los asteroides troyanos de Júpiter se capturan durante los encuentros de Júpiter con el gigante de hielo,[6] como satélites irregulares[7] de Júpiter. La probabilidad de preservar cuatro planetas gigantes en órbitas parecidas a las actuales parece aumentar si el Sistema solar inicial contenía originalmente un quinto gigante helado adicional, que sería expulsado por Júpiter al espacio exterior.[8] Sin embargo, sigue siendo un resultado atípico,[9] como también lo es la preservación de las órbitas actuales de los planetas terrestres.[4]
Modelo de Niza original
En el Modelo de Niza original, un cruce de resonancias desemboca en una inestabilidad dinámica que altera rápidamente las órbitas de los planetas gigantes. El modelo original de Niza comienza con los planetas gigantes en una configuración compacta, con órbitas casi circulares. Inicialmente, las interacciones con los planetesimales que se originan en un disco externo impulsan una lenta migración divergente de los planetas gigantes. Esta migración planetesimal dirigida continúa hasta que Júpiter y Saturno acoplan sus órbitas en resonancia 2:1 mutuamente. El acoplamiento en resonancia incrementa las excentricidades de Júpiter y Saturno. A su vez, el incremento de las excentricidades crea perturbaciones en Urano y Neptuno, aumentando sus excentricidades hasta que el sistema se vuelve caótico y las órbitas comienzan a cruzarse. Los encuentros gravitacionales entre los planetas dispersarían a Urano y Neptuno en el disco planetesimal. El disco quedaría interrumpido, dispersando muchos de los planetesimales en órbitas cruzando las de los planetas. Se iniciría una fase rápida de migración divergente de los planetas gigantes y continuaría hasta que se agotase el disco. La fricción dinámica durante esta fase amortiguaría las excentricidades de Urano y Neptuno, estabilizando el sistema. En simulaciones numéricas del modelo original de Niza, las órbitas finales de los planetas gigantes son similares a las actuales del sistema solar.[10]
Órbitas planetarias resonantes
Las versiones posteriores del modelo de Niza comienzan con los planetas gigantes en una serie de resonancias. Este cambio refleja algunos modelos hidrodinámicos del origen del sistema solar. En estos modelos, las interacciones entre los planetas gigantes y el disco de gas hacen que los planetas gigantes migren hacia la estrella central, en algunos casos convirtiéndose en objetos del tipo Júpiter caliente.[11] Sin embargo, en un sistema de múltiples planetas, esta migración interna puede detenerse o revertirse si se produce una migración rápida del planeta más pequeño, capturado en una resonancia orbital externa.[12] La hipótesis del gran viraje, que postula que la migración de Júpiter se invertiría a 1,5 UA tras la captura de Saturno en una resonancia, es un ejemplo de este tipo de evolución orbital.[13] La resonancia en la que se capturaría Saturno, una resonancia 3:2 o 2:1,[14][15] y la extensión de la migración hacia afuera (en su caso) depende de las propiedades físicas del disco de gas y de la cantidad de gas acumulado por los planetas.[15][16][17] La captura de Urano y Neptuno en resonancias adicionales durante o después de esta migración hacia el exterior da como resultado un sistema cuádruple resonante,[18] con varias combinaciones estables que han sido identificadas.[19] Siguiendo la disipación del disco de gas, la resonancia cuádruple finalmente se rompe debido a las interacciones con planetesimales del disco externo.[20] La evolución desde este punto se asemeja al modelo original de Niza con una inestabilidad que comienza poco después de que la resonancia cuádruple se rompe[20] o después de un retraso durante el que la migración de planetesimales impulsa a los planetas a través de una resonancia diferente.[19] Sin embargo, no hay un enfoque gradual para la resonancia 2:1, ya que Júpiter y Saturno comienzan en esta resonancia[15][17] o la cruzan rápidamente durante la inestabilidad.[18]
Escape tardío de la resonancia
La agitación del disco externo producida por planetesimales masivos podría desencadenar una inestabilidad tardía en un sistema planetario multirresonante. Como las excentricidades de los planetesimales son excitadas por encuentros gravitacionales con objetos con la masa de Plutón, se produce una migración hacia el interior de los planetas gigantes. La migración, que ocurre incluso si no hay encuentros entre planetesimales y planetas, es impulsada por un acoplamiento entre la excentricidad orbital promedio del disco planetesimal y los semiejes mayores de las órbitas de los planetas exteriores. Debido a que los planetas están bloqueados en resonancia, la migración también da como resultado un aumento en la excentricidad del gigante helado interno. La excentricidad aumentada cambia la frecuencia de la precesión del gigante de hielo interno, lo que lleva al cruce de resonancias seculares. La resonancia cuádruple de los planetas exteriores se puede romper durante uno de estos cruces de resonancia secular. Los encuentros gravitacionales comienzan poco después, debido a la gran proximidad de los planetas en la configuración previamente resonante. El momento de la inestabilidad causada por este mecanismo, que suele ocurrir varios cientos de millones de años después de la dispersión del disco de gas, es bastante independiente de la distancia entre el planeta exterior y el disco planetesimal. En combinación con las condiciones iniciales actualizadas, este mecanismo alternativo para desencadenar una inestabilidad tardía se ha denominado Modelo de Niza 2.[20]
Encuentros planetarios con Júpiter
Los encuentros entre Júpiter y un gigante de hielo durante la migración de este último, son necesarios para reproducir el sistema solar actual. En una serie de tres artículos, Ramon Brasser, Alessandro Morbidelli, Rodney Gomes, Kleomenis Tsiganis y Harold Levison analizaron la evolución orbital del sistema solar durante la migración de planetas gigantes. El primer artículo demostró que los encuentros entre un gigante de hielo y al menos un gigante de gas eran necesarios para reproducir las oscilaciones de las excentricidades de los gigantes gaseosos.[21] Los otros dos demostraron que si Júpiter y Saturno experimentaban una suave separación de sus órbitas impulsada por planetesimales, entonces los planetas terrestres tendrían órbitas que son demasiado excéntricas y muchos de los asteroides poseerían órbitas con grandes inclinaciones. Propusieron que el gigante de hielo se debió encontrar tanto con Júpiter como con Saturno, lo que provocó la rápida separación de sus órbitas, evitando así el barrido de resonancia secular responsable de la excitación de las órbitas en el sistema solar interior.[1][2]
Incrementar las excentricidades orbitales de los planetas gigantes requiere encuentros entre ellos. Júpiter y Saturno poseen una modesta excentricidad, que oscila fuera de fase, con Júpiter alcanzando la máxima excentricidad cuando Saturno alcanza su mínimo y viceversa. Una migración suave de los planetas gigantes sin cruces en resonancia da como resultado excentricidades muy pequeñas. Los acoplamientos de resonancia excitan su excentricidsdes principales, con el acoplamiento en resonancia 2:1, reproduciendo la excentricidad actual de Júpiter, pero esta condición no genera las oscilaciones de sus excentricidades. La recreación de ambos requiere una combinación de cruces de resonancia y un encuentro entre Saturno y un gigante de hielo, o múltiples encuentros de un gigante helado con uno o ambos gigantes gaseosos.[21]
Durante la suave migración de los planetas gigantes, la resonancia secular del quinto se expande por el sistema solar, excitando las excentricidades de los planetas terrestres. Cuando los planetas están en resonancia secular, las precesiones de sus órbitas se sincronizan, manteniendo sus orientaciones relativas y los momentos de giro medidos entre ellos tienden a fijarse. Los pares transfieren momento angular entre los planetas, causando cambios en sus excentricidades y, si las órbitas están inclinadas entre sí, sus inclinaciones. Si los planetas permanecen en resonancias seculares o cerca de ellas, estos cambios pueden acumularse y producir modificaciones significativas en la excentricidad y la inclinación.[22] Durante un cruce de resonancia secular ν5, este hecho puede provocar la excitación de la excentricidad de los planetas terrestres, con la magnitud del aumento dependiendo de la excentricidad de Júpiter y el tiempo pasado en la resonancia secular.[23] Para el Modelo de Niza original, el acoplamiento lento de Júpiter y Saturno en una resonancia 2:1 resulta en una interacción extendida de la resonancia secular ν5 con Marte, conduciendo su excentricidad a niveles que pueden desestabilizar el sistema solar interno, que potencialmente puede provocar colisiones entre planetas o la eyección de Marte.[1][23] En versiones posteriores del modelo de Niza, la migración divergente de Júpiter y Saturno a través de (o desde) la resonancia 2:1 es más rápida y los cruces de resonancia ν5 cercanos de la Tierra y Marte son breves, evitando así la excitación excesiva de sus excentricidades en algunos casos. Venus y Mercurio, sin embargo, alcanzan excentricidades significativamente más altas que las observadas cuando la resonancia ν5 atraviesa más tarde sus órbitas.[1]
Una migración suave de los planetas gigantes impulsada por planetesimales también da como resultado una distribución orbital del cinturón de asteroides diferente a la del cinturón de asteroides actual. A medida que barre el cinturón de asteroides, la resonancia secular ν16 excita las inclinaciones de los asteroides. Le sigue la resonancia secular ν6 que excita las excentricidades de los asteroides de inclinación orbital baja.[2] Si el barrido de resonancia secular se produce durante una migración impulsada por planetesimales, que tiene una escala de tiempo de 5 millones de años o más, el cinturón de asteroides restante queda con una fracción significativa de asteroides con inclinaciones superiores a 20°, que son relativamente raras en el cinturón de asteroides actual.[22] La interacción de la resonancia secular ν6 con la resonancia de movimiento medio 3:1 también deja un grupo prominente en el semieje mayor, distribución que no se observa.[2] El barrido de resonancia secular también dejaría demasiados asteroides de gran inclinación si la migración del planeta gigante ocurriera temprano, con todos los asteroides inicialmente en baja excentricidad e inclinación orbitales,[24] y también si las órbitas de los asteroides fueran excitadas por el paso de Júpiter durante el Gran Viraje.[25]
Los encuentros entre un gigante de hielo y los dos planetas gaseosos, Júpiter y Saturno, aceleran la separación de sus órbitas, lo que limita los efectos de la resonancia secular en las órbitas de los planetas terrestres y los asteroides. Para evitar la excitación de las órbitas de los planetas y asteroides terrestres, las resonancias seculares deben propagarse rápidamente a través del sistema solar interior. La pequeña excentricidad de Venus indica que esto ocurrió en un período de tiempo de menos de 150 000 años, mucho más corto que en una migración impulsada por planetesimales.[22] El barrido de resonancia secular se puede evitar en gran medida, sin embargo, si la separación de Júpiter y Saturno fue impulsada por la gravedad en los encuentros con un gigante de hielo. Estos encuentros deben conducir rápidamente a la relación del período de Júpiter y Saturno desde menos de 2:1 hasta más allá de 2:3, el rango donde ocurren los cruces de resonancia secular. Esta evolución de las órbitas de los planetas gigantes ha sido llamada escenario de Júpiter saltador, después de un proceso similar propuesto para explicar las órbitas excéntricas de algunos exoplanetas.[1][2]
Descripción
El escenario de Júpiter saltador reemplaza la suave separación de Júpiter y Saturno con una serie de saltos, evitando así el barrido de las resonancias seculares a través del sistema solar interno a medida que su índice de periodicidad pasa de 2:1 a 2:3.[1] En este escenario, un gigante de hielo sería dispersado hacia adentro por Saturno en una órbita cruzada con la de Júpiter y luego arrastrado hacia afuera por Júpiter.[2] El semieje mayor de la órbita de Saturno aumenta en el primer encuentro gravitatorio y el de Júpiter se reduce en el segundo, y el resultado neto es un aumento en su índice periódico.[2] En simulaciones numéricas, el proceso puede ser mucho más complejo: mientras que la tendencia es que las órbitas de Júpiter y Saturno se separen, dependiendo de la geometría de los encuentros, los saltos individuales de los semiejes mayores de Júpiter y Saturno pueden ser hacia arriba o hacia abajo.[6] Además de numerosos encuentros con Júpiter y Saturno, el gigante de hielo puede encontrar otro(s) gigante(s) de hielo y en algunos casos cruzar partes significativas del cinturón de asteroides.[26] Los encuentros gravitacionales ocurren durante un período de 10.000-100.000 años,[2] y finalizan cuando la fricción dinámica con el disco planetesimal amortigua la excentricidad del gigante de hielo, elevando su perihelio más allá de la órbita de Saturno; o cuando el gigante de hielo es expulsado del sistema solar.[9] El escenario de Júpiter saltador ocurre en un subconjunto de simulaciones numéricas del modelo de Niza, incluyendo algunos elaborados para el procedimiento original del Modelo de Niza.[1] Las posibilidades de que Saturno desplazara un gigante de hielo sobre una órbita de cruce con Júpiter, aumentan cuando la distancia inicial del gigante de hielo a Saturno es inferior a 3 UA, y con el cinturón planetesimal de unas 35-masas de la Tierra utilizada en el modelo original de Niza, generalmente conlleva la eyección del gigante de hielo.[27]
Quinto planeta gigante
La pérdida frecuente del planeta gigante que se encuentra con Júpiter en las simulaciones, ha llevado a algunos a proponer que el sistema solar primitivo comenzó con cinco planetas gigantes. En simulaciones numéricas del escenario de Júpiter saltador, el gigante de hielo es a menudo eyectado después de sus encuentros gravitatorios con Júpiter y Saturno, dejando un sistema planetario originalmente con cuatro planetas gigantes con tan solo tres.[8][28] Aunque se comenzara a estabilizar los sistemas de cuatro planetas con un disco planetesimal de mayor masa, el disco masivo resultaba en una migración excesiva de Júpiter y Saturno después de los encuentros entre un gigante de hielo y Júpiter o impidió estos encuentros amortiguando las excentricidades.[8] Este problema llevó a David Nesvorný a investigar sistemas planetarios comenzando con cinco planetas gigantes. Después de realizar miles de simulaciones, informó que las simulaciones que comenzaban con cinco planetas gigantes tenían 10 veces más probabilidades de reproducir las órbitas actuales de los planetas exteriores.[29] Un estudio de seguimiento realizado por David Nesvorny y Alessandro Morbidelli buscó configuraciones resonantes iniciales que reprodujeran los semiejes mayores de los cuatro planetas exteriores, la excentricidad de Júpiter, y un salto de resonancia de <2:1 a >2:3 en la relación del período entre Júpiter y Saturno. Aunque menos del 1% de los mejores modelos de cuatro planetas cumplieron con estos criterios, aproximadamente el 5% de los mejores modelos de cinco planetas se juzgaron exitosos, con la excentricidad de Júpiter siendo la más difícil de reproducir.[9] Un estudio separado de Konstantin Batygin y Michael Brown encontró similares probabilidades (4 % contra 3 %) de reproducir el sistema solar externo actual comenzando con cuatro o cinco planetas gigantes usando las mejores condiciones iniciales.[30][28] Sus simulaciones difirieron en que el disco planetesimal se colocó cerca del planeta externo, resultando en un período de migración antes de que comenzaran los encuentros planetarios. Los criterios incluían reproducir las oscilaciones de las excentricidades de Júpiter y Saturno, un período en el que la excentricidad de Neptuno excediera 0,2 durante el que se capturaran los objetos del cinturón de Kuiper caliente clásico, y la retención de un clásico cinturón de Kuiper frío primordial,[30] pero no el salto en la relación del período de Júpiter y Saturno.[9]
Sus resultados también indican que si la excentricidad de Neptuno excedía 0.2, preservar un cinturón clásico frío puede requerir que el gigante de hielo sea expulsado en tan solo 10.000 años.[28]
Migración de Neptuno antes de la inestabilidad
La migración de Neptuno al disco planetesimal antes de que comiencen los encuentros planetarios permite a Júpiter retener una excentricidad significativa y limita su migración después de la eyección del quinto gigante de hielo. La excentricidad de Júpiter es excitada por cruces de resonancia y encuentros gravitacionales con el gigante de hielo y se amortigua debido a la fricción secular con el disco planetesimal. La fricción secular ocurre cuando la órbita de un planeta cambia repentinamente y da como resultado la excitación de las órbitas planetesimales y la reducción de la excentricidad e inclinación del planeta a medida que el sistema se relaja. Si los encuentros gravitacionales comienzan poco después de que los planetas abandonen su configuración multirresonante, esto deja a Júpiter con una pequeña excentricidad. Sin embargo, si Neptuno primero migra hacia afuera y perturba el disco planetesimal, su masa se reduce y las excéntricidades e inclinaciones de los planetesimales se excitan. Cuando los encuentros planetarios se desencadenan más tarde por un cruce de resonancias, esto disminuye el impacto de la fricción secular, lo que permite mantener la excentricidad de Júpiter. La masa más pequeña del disco también reduce la migración divergente de Júpiter y Saturno después de la eyección del quinto planeta. Esto puede permitir que la relación de períodos de Júpiter y Saturno salte más allá de 2:3 durante los encuentros planetarios sin exceder el valor actual, una vez que se elimina el disco planetasimal. Aunque esta evolución de las órbitas del planeta externo puede reproducir el sistema solar actual, no es el resultado típico en las simulaciones que comienzan con una distancia significativa entre el planeta externo y el disco planetesimal como en el modelo Niza 2.[9] Una migración extendida de Neptuno en el disco planetesimal antes de que comiencen los encuentros planetarios puede ocurrir si el borde interno del disco estaba dentro de 2 UA de la órbita de Neptuno. Esta migración comienza poco después de que el disco protoplanetario se disipara, lo que resulta en una inestabilidad temprana, y es más probable si los planetas gigantes comenzaran en una cadena de resonancia 3:2, 3:2, 2:1, 3:2.[31]
Una inestabilidad tardía podría producirse si Neptuno experimentase por primera vez una migración lenta impulsada por el polvo hacia un disco planetesimal más distante. Para que un sistema de cinco planetas permanezca estable durante 400 millones de años, el borde interno del disco planetesimal debe estar a varias UA más allá de la órbita inicial de Neptuno. Las colisiones entre planetesimales en este disco crean desechos que pulverizan en una cascada de colisiones. El polvo se desplaza hacia adentro debido a la resistencia de Poynting-Robertson, que eventualmente alcanza las órbitas de los planetas gigantes. Las interacciones gravitacionales con el polvo hacen que los planetas gigantes escapen de su cadena de resonancia aproximadamente 10 millones de años después de la disipación del disco de gas. Las interacciones gravitacionales resultan en una lenta migración de los planetas impulsada por el polvo hasta que Neptuno se acercase al borde interno del disco. A continuación, se produciría una migración más rápida de Neptuno hacia el disco por efecto de los planetesimales, hasta que las órbitas de los planetas se desestabilizaran después de un cruce de resonancias. La migración impulsada por el polvo requiere entre 7 y 22 masas de la Tierra, dependiendo de la distancia inicial entre la órbita de Neptuno y el borde interno del disco de polvo. La velocidad de la migración impulsada por el polvo disminuye con el tiempo a medida que disminuye la cantidad de polvo que encuentran los planetas. Como resultado, el momento de la inestabilidad es sensible a los factores que controlan la tasa de generación de polvo, así como a la distribución del tamaño y la fuerza de los planetesimales.[31]
