Escritura semiuncial

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La caligrafía semiuncial (llamada en la Edad Media litterae Africanae o litterae tunsae) es una escritura latina minúscula, es decir, que, frente a las mayúsculas (en las que las letras quedan enmarcadas en un esquema bilineal), se inserta en un esquema cuatrilineal, en el que las astas de las letras sobresalen por encima y por debajo de esas dos líneas.[1] Su desarrollo es lento, a partir del siglo III d.C,[2] y se empleó en manuscritos latinos hasta finales del siglo VIII.[3]

Ejemplo de manuscrito en semiuncial

La terminología es engañosa, ya que la escritura semiuncial no tiene ningún tipo de relación genética con la uncial.

La denominación, igual que la de uncial, proviene de una interpretación errónea de un pasaje de San Jerónimo por parte de Charles François Toustain y René Prosper Tassin, estudiosos de la congregación benedictina de San Mauro, en su Nouveau traité de diplomatique.[4] Estos consideraban la semiuncial una derivación minúscula de la uncial. Esta idea persistió hasta el siglo XIX, cuando el paleógrafo Maurice Prou [5] rechazó toda relación entre ambas y demostró que la semiuncial es una variante de la minúscula cursiva o cursiva romana nueva.

Así pues, aunque existen algunas semejanzas entre los dos tipos de letra, estas se deben a que ambas escrituras son deudoras de la escritura minúscula primitiva.

En cuanto a las denominaciones medievales, litterae Africanae hace referencia a su posible origen en el norte de África, mientras que el nombre litterae tunsae deriva del verbo tundo (“golpear”, “percutir”). [2][6]

Origen y uso

La caligrafía semiuncial deriva de la escritura minúscula primitiva y de la cursiva romana nueva.

Tuvo una fase inicial de lento desarrollo, iniciada en el siglo III d. C., denominada por los estudiosos semiuncial “primitiva” o “rústica” y adquirió características más específicas y particulares a partir del s. V, cuando se comienzan a producir libros en minúscula (antes confinada a usos escolásticos y privados) en auténticos centros escriptorios, sobre todo eclesiásticos, quizá en África. Un ejemplo de esta primera etapa lo constituye el rollo de papiro conocido como “Epitome Livii” (Londres, BL, Papiro 1532),[7] testimonio temprano de escritura minúscula (copiado en el s. III o IV d.C)  que presenta ya bastantes de las características de la semiuncial. [2][8]

Las formas más tempranas de esta escritura se empleaban en las obras de autores paganos y en escritos legales romanos. Posteriormente pasa a ser, junto con la uncial, una escritura fuertemente vinculada con los textos cristianos. La semiuncial no se usaba para textos bíblicos (para los que se empleaba la caligrafía uncial, más solemne y formal), sino que por su carácter “menos elegante” se reservaba para los textos de estudio y lectura de las comunidades religiosas y de las escuelas. Así pues, se convirtió en el siglo VI en la segunda escritura más extendida para los libros en latín, después de la uncial, considerada más formal. Este tipo de letra se empleó en libros hasta inicios del siglo VIII. Tras esto, se sigue empleando como escritura ornamental durante por lo menos durante un siglo más. En cuanto a su extensión espacial, su uso se extendió por toda Europa, incluido el archipiélago Británico (se enmarca en el periodo de escritura romana unitaria, previo al desarrollo de escrituras locales).[1][3][8]

Características

Influencia

Referencias

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