Diversos estudios han señalado que los sistemas de admisión selectiva pueden generar efectos de segregación escolar y ampliar brechas de rendimiento entre distintos grupos de estudiantes. Investigaciones comparativas muestran que una parte importante de las diferencias de desempeño entre escuelas selectivas y no selectivas se debe a la composición académica y socioeconómica del alumnado previo al ingreso, como por ejemplo, Butler et al. (2020) señalan que quienes acceden a escuelas selectivas presentan antecedentes más favorables, como un mejor contexto socioeconómico y mayores puntajes en tests de ingreso, y que, al controlar estas variables, las diferencias en salud a largo plazo atribuibles a la asistencia a estas escuelas disminuyen considerablemente.[2] De manera similar, Stienstra, Knigge y Maas (2024) concluyen que las diferencias de rendimiento observadas reflejan en gran medida características anteriores de los estudiantes, como provenir de un contexto familiar con un alto capital cultural, más que efectos propios de la escuela.[3] A nivel sistémico, Gazmuri (2024) ha documentado que los mecanismos de selección o preferencia por determinados perfiles familiares contribuyen a una mayor concentración de estudiantes de mayores recursos y a la exclusión relativa de aquellos con mayores necesidades educativas, lo que refuerza patrones de estratificación social existentes.[4]
Situación similar ocurre con aquellos estudiantes que presentas bajas en su rendimiento académico o problemas de conducta, donde suelen ser expulsados. En estos casos, la expulsión opera también como un mecanismo de desvinculación institucional, en la medida en que el establecimiento no asume responsabilidad por los efectos que esta medida puede generar en el desarrollo académico, emocional o social del estudiante. Esta externalización del problema desplaza las consecuencias hacia la familia y el sistema educativo en su conjunto, mientras que la escuela mantiene, al menos formalmente, sus indicadores de desempeño al depurar la matrícula.[5] Como resultado, el aporte real del establecimiento a la formación integral del alumnado queda sujeto a cuestionamiento, pues la exclusión de estudiantes con mayores necesidades educativas sugiere que su “valor agregado” depende en parte de restringir la permanencia de quienes podrían afectar sus resultados internos.[6]