Establecimiento del poder soviético en Rusia

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El establecimiento del poder soviético en Rusia (en la historiografía soviética Marcha triunfal del poder soviético) fue el proceso de establecimiento del poder soviético en el territorio del antiguo Imperio ruso, salvo en los territorios ocupados por las Potencias Centrales, desde el levantamiento armado en Petrogrado el 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 y hasta el comienzo de la ofensiva alemana el 18 de febrero de 1918.

Miembros del Centro Político del POSDR y del Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado.
Delegados del II Congreso Panruso de los Soviets.

El periodo comprendido entre noviembre de 1917 y febrero de 1918 se caracterizó por la relativa rapidez y facilidad con que los bolcheviques se hicieron con el poder y eliminaron a la resistencia armada opositora (en Petrogrado, Moscú, Ucrania, el Don, Kuban, etc.). Este periodo se caracterizó por la presencia de un amplio apoyo social hacia los bolcheviques: liquidaron decisivamente la propiedad terrateniente, transfirieron la tierra a los campesinos, sacaron a Rusia de la guerra, introdujeron el control obrero en la industria, reconocieron el derecho de los pueblos a la autodeterminación, lo cual hizo que la población los apoyara. Este apoyo masivo compensaba la debilidad organizacional y numérica de las fuerzas armadas bolcheviques (la Guardia Roja, destacamentos de marineros y soldados de mentalidad revolucionaria del viejo ejército).[1]

Al mismo tiempo, los propios soviets, como órganos de poder, no siempre apoyaban la toma del poder por los bolcheviques. Cuando los consejos individuales no estaban de acuerdo en convertirse en órganos del Partido Obrero Socialdemócrata, los bolcheviques no dudaban en disolverlos y reemplazarlos por cuerpos extraordinarios -comités revolucionarios, comités militares revolucionarios, etc.[2]-. Esto demuestra que su objetivo era establecer una dictadura de su propio partido, y la forma concreta de "poder soviético" importaba poco.

En los primeros meses las fuerzas antibolcheviques no tenían apoyo social significativo, mayormente solo entre los oficiales voluntarios, los cosacos y los junkers, por lo que los intentos de organizar resistencia en el frente y en las regiones cosacas fueron relativamente débiles. El atamán A. Kaledin fracasó al intentar instigar el levantamiento de cosacos del frente contra el poder bolchevique, pues los cosacos, hartos de la guerra, no querían un enfrentamiento con los bolcheviques, que la habían detenido. Por la misma razón, los generales M. Alekseev y L. Kornilov fueron incapaces de crear un ejército numeroso de voluntarios en el Don.

La eliminación de los primeros centros de resistencia y formaciones armadas antibolcheviques no pudo completarse debido al mal trabajo de los débiles cuerpos del poder soviético y a la baja efectividad de los destacamentos de la Guardia Roja y las unidades del Ejército Rojo. En las ciudades de la región del Volga, Siberia y otras, las organizaciones clandestinas se multiplicaron. El Ejército de Voluntarios logró sobrevivir y retener a sus principales cuadros de oficiales. Durante este periodo el Movimiento Blanco experimentó una especie de formación partisana clandestina, estableciendo las bases ideológicas, organizacionales, materiales y de personal de los futuros gobiernos blancos y sus ejércitos.

Inicialmente, los bolcheviques sólo establecieron su poder en la Rusia central, y dentro de esta, solamente en las principales ciudades y centros industriales. Las regiones fronterizas del antiguo imperio ruso, habitadas por pueblos de otras etnias y confesiones, así como Siberia, se separaron y declararon su independencia, ya fuera porque querían preservar sus propios derechos o porque, como en el caso de Siberia y las regiones cosacas, se negaban a reconocer el dominio bolchevique. Por lo tanto, las nuevas autoridades se vieron obligadas a someter por la fuerza de las armas a las provincias fronterizas rebeldes, así como las aldeas, donde vivían cuatro quintas partes de la población rusa. Las fuerzas en que se apoyaban el partido y los soviets tampoco eran fiables, compuestas por 200 mil miembros del partido y un ejército en descomposición. En un país donde ninguna otra organización poseía siquiera tal capacidad de combate, los bolcheviques se encontraron en una posición ventajosa.[3]

Antecedentes

Establecimiento del poder soviético. Comienzo de la organización de las fuerzas antibolcheviques

Referencias

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