Everardo González (director de cine)
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Fort Collins (Estados Unidos)
| Everardo González | ||
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Everardo González recibiendo su Premio Ariel | ||
| Información personal | ||
| Nacimiento |
1971 Fort Collins (Estados Unidos) | |
| Nacionalidad | Mexicana | |
| Educación | ||
| Educado en | Universidad Autónoma Metropolitana | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Director de cine y guionista | |
| Premios artísticos | ||
| Premios Ariel |
Mejor largometraje documental 2003 • La canción del pulque 2007 • Los ladrones viejos 2012 • Cuates de Australia 2017 • La libertad del diablo | |
Everardo González es un director, productor y fotógrafo de cine documental mexicano, egresado de la carrera de Comunicación Social por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana, y de la carrera de Cinematografía del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). También es miembro de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.[1]
La canción del pulque (2003) fue su primer largometraje documental. Recibió el Ariel al Mejor Largometraje Documental y la nominación a Mejor Ópera Prima. Obtuvo los premios Mayahuel a la Mejor Fotografía y Edición de largometraje mexicano en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Obtuvo, además, la Mención Especial del Jurado en el 1.er. Festival Internacional de Cine de Morelia.[cita requerida]
Los ladrones viejos: las leyendas del artegio (2007)
Los ladrones viejos: las leyendas del artegio (2007) fue su segundo documental, distinguido también en los premios Ariel y en el festival de Guadalajara.[2] Trata sobre los ladrones más famosos de México, que al momento del rodaje cumplían sentencias en la cárcel.
El cielo abierto (2010)
Su tercer documental fue El cielo abierto (2010), sobre Monseñor Óscar Arnulfo Romero, la voz de los sin voz en El Salvador, el pastor que en medio de una de las guerras civiles más crudas del continente, se atrevió a decir que la misión de la Iglesia es la identificación con los pobres. Monseñor Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980, en uno de esos crímenes largamente anunciados.
Cuates de Australia (2011)
El cuarto documental de González, Cuates de Australia (2011), trata sobre un ejido ubicado en Coahuila (noreste de México), en donde se realiza cada año un éxodo con motivo de la búsqueda del agua que escasea durante la temporada de sequía. En este exilio, hombres, mujeres, ancianos y niños esperan la llegada de las primeras gotas de lluvia para entonces regresar a su tierra; metáfora de un pueblo que durante su andar, se esconde de la muerte. También ha sido galardonado en múltiples ocasiones.
El Paso (2015)
Esta es una historia sobre las familias de quienes por un tiempo fueron nuestros testigos, nuestros ojos y nuestra voz, pero al verse amenazados, tuvieron que abandonar México y han sido forzados a vivir en el exilio, en búsqueda de asilo político. No se trata de plumas poderosas, se trata de reporteros invisibles que representan los eslabones más frágiles de la cadena noticiosa y que hoy se encuentran en un limbo migratorio.
La Libertad del Diablo (2017)
En México, mientras los carteles prosperan y crecen cada vez más implacables, el fenómeno de la violencia se ha convertido en una característica trágica de la vida y parte del subconsciente del país. Este es un documental psicológico que penetra en la mente de los protagonistas de la violencia, tanto víctimas como victimarios, mediante entrevistas que erizan la piel. Somos partícipes de los miedos de quienes padecen y de quienes provocan la muerte, tanta muerte que sacude las entrañas mismas de la sociedad.
Yermo (2020)[3]
Este último documental es un viaje difuso, multicultural y sin un recorrido definido a través de diez desiertos alrededor del mundo: desde Atacama, en Chile, hasta Sahara Occidental, en Marruecos, pasando por otros países como Mongolia, Islandia, Estados Unidos, México, Perú y Pakistán. Emprende un viaje sin guion preconcebido con el fin de capturar la cotidianidad de las comunidades que allí habitan. Los diferentes retratos revelan pros y contras de vivir en esos paisajes áridos, inhóspitos y tan ajenos a la geografía de la civilización moderna, sin caer puramente en el estudio etnográfico sino profundizando una fibra transversal y unificadora: el ser humano.