Expansión romana en Italia

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Expansión romana hasta 264 a.C. Sicilia, Córcega, Cerdeña y Galia Cisalpina fueron añadidos más tarde, pero no se consideraban partes de Italia en la época de su conquista.

La expansión romana en Italia se refiere a una serie de conflictos con los que Roma, en su primera etapa republicana —entre el 509 a. C. y el 264 a. C.— pasó de ser una pequeña ciudad-Estado latina a gobernar toda la península itálica, sometiendo y federando a los demás pueblos itálicos y unificando todos sus territorios peninsulares bajo el nombre de Italia,[1] la cual, a partir de este momento, se volvió el territorio metropolitano de la misma Roma.[2]

La tradición romana atribuye a los reyes romanos la primera guerra contra los sabinos y las primeras conquistas alrededor de las colinas Albanas y a lo largo de la costa del Latium. El nacimiento de la República romana, tras la deposición de los monarcas etruscos en 509 a. C., inició una serie de guerras entre los romanos y los etruscos. En 390 a. C., los celtas del norte de Italia saquearon Roma. En la segunda parte del siglo IV a. C. Roma chocó repetidamente con los samnitas, una poderosa coalición tribal de la región centro-meridional de los Apeninos.

Para el fin de estas guerras, Roma se había vuelto el Estado más poderoso en el centro de Italia, y empezó a expandirse tanto por el norte como por el sur de la península. La última amenaza a la hegemonía romana en Italia ocurrió durante las guerras pírricas, cuando la ciudad italiota de Tarento reclutó a Pirro de Epiro para luchar en el sur de Italia (en la entonces Magna Grecia).[3] La resistencia en Etruria fue derrotada por fin en 264 a. C., el mismo año que la primera guerra púnica estalló llevando las fuerzas romanas fuera de la península itálica por primera vez y permitiendo que, tras el fin de la guerra, el Estado romano conquistara los territorios de las que se volvieron las primeras provincias romanas,[4] es decir, los primeros territorios romanos situados fuera de Italia.[5]

En un principio, los territorios itálicos fueron incorporados en el creciente Estado romano en varias maneras: confiscaciones de tierra, establecimiento de coloniae, concesiones de ciudadanía romana completa o parcial y alianzas militares con ciudades itálicas nominalmente independientes.[6] La conquista exitosa de Italia dio a Roma el acceso a una reserva de personal militar inigualable por Estados coetáneos, personal reclutado tanto en los municipios itálicos gozantes de ciudadanía romana y en las colonias romanas esparcidas por toda Italia (y cuyos habitantes, siendo ciudadanos romanos, integraban las legiones),[7] como en las colonias de derecho latino[8] y en todas las demás ciudades itálicas habitadas por los socii,[9] es decir, por los aliados itálicos (los cuales integraban las alae sociorum y que, tras la guerra Social,[10] recibieron todos la plena ciudadanía romana a través de la Lex Plautia Papiria,[11] haciendo así de Italia el único territorio romano políticamente homogéneo, hasta el año 212 d. C., cuando la Constitutio Antoniniana del emperador Caracalla otorgó la ciudadanía romana a todos los provinciales),[12] preparando así el camino para la dominación romana de todo del mundo mediterráneo.

Fiabilidad de las fuentes

La fuente más importante de la historia temprana romana es el historiador Tito Livio (59 a. C. – 17 d. C.), quien escribió una historia llamada Ab Urbe Condita (Desde la fundación de la ciudad), que trata toda de la historia de Roma en 142 libros. Sólo los libros 1-10 y 21-45 han sobrevivido, tratando los años desde la fundación hasta 293 y 220–167 a. C. Sin embargo, se han preservado resúmenes de los libros perdidos e historiadores posteriores, como Floro, Eutropio u Orosio, usaron a Tito Livio como fuente, por eso hay algún conocimiento de los contenidos de los libros perdidos.

Independientemente de Livio, el historiador griego Dionisio de Halicarnaso (hacia. 60 – después de 7 a. C.) escribió las Antigüedades romanas en 20 libros que trata del origen de Roma hasta 264 a. C., con énfasis en el período más temprano. Sólo los primeros 11 libros han sobrevivido, tratando hasta 443 a. C.. Sólo existen fragmentos de los otros 9 libros.

Más temprano que Livio o Diniosio, el siciliano Diodoro Sículo (fl. entre 60 y 30 a. C.) escribió Biblioteca histórica, una historia universal del mundo mediterráneo en 46 libros. De la sección histórica de la obra, sobreviven los libros 11-20, tratando los años 480 - 302 a. C. Diodoro se concentra en eventos en Sicilia y el Mediterráneo oriental, pero ocasionalmente se refiere a la historia romana.

Durante el Imperio romano, Livio se volvió la fuente principal de la historia romana temprana, y por eso la mayoría de historias posteriores derivan de él. Dion Casio (c. 150 – 235 AD) parece haber sido una excepción, proveyendo detalles no encontrados en Livio o Dionisio. Sus libros tratando la historia romana temprana solo sobreviven como fragmentos, pero sus obras fueron resumidas por el monje del siglo XII Zonaras.

Finalmente el filósofo griego Plutarco (hacia 46 – 120 d. C.) escribió una serie de biografías sobre griegos y romanos famosos, las Vidas paralelas, y muchas tratan la historia temprana romana. De importancia particular es su biografía del rey Pirro de Epiro (319/318 – 272 a. C.), desde que no hay otra fuente sustantiva de los años 292 - 264 a. C. que sobreviva.

Livio y Dionisio nacieron 200 años después de la realización de la conquista romana de Italia, y tuvieron que contar con historiadores más tempranos, ahora perdidos, como fuentes. La República romana de su época era muy distinta a la que conquistó Italia. En la antigüedad la historia primariamente era un género literario donde se podía sacrificar la exactitud histórica a cambio de cuentas más entretenidas o impresivas. Mientras que los historiadores modernos están de acuerdo en que las fuentes contienen un núcleo de información histórica, también es claro que mucho de los contenidos adolecen de malas interpretaciones o incluso invenciones de los escritores antiguos. Tanto, y cuales partes, data a los registros auténticos permanece en disputa.

Otro problema es que, sino a la Guerra pírrica, están escritas todas las fuentes desde un punto de vista romano. Por eso no hay mucho conocimiento de las motivaciones y la política interna de los enemigos de Roma.

Guerras romanas tempranas

Según fuentes tradicionales, primero siete reyes reinaron sobre Roma: Rómulo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio, Anco Marcio, Lucio Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Lucio Tarquinio el Soberbio, todos de los que, excepto Numa, se dicen haber luchado guerras exitosas contra los vecinos de Roma. Sin embargo, la historicidad de estos relatos es muy dudosa. Sin embargo, es cierto que en algún momento del período regio, Roma extendió su territorio a las colinas Albanas y a lo largo de la costa del Latium. Estas expansiones hicieron de Roma la mayor ciudad-Estado con diferencia en el Latium. El territorio romano, hacia 500 a. C., se estima en 822 kilómetros, más de dos veces la segunda ciudad latina mayor, Tibur.

El último rey de Roma, Tarquinio el Soberbio, se describe como un rey poderoso pero tiránico. Se dice haber tomado Pomecia mediante la fuerza y Gabii mediante el engaño, colonizado Signia y Circeii, y organizado los Estados latinos en una alianza bajo su dirección. Sin embargo, una conspiración guiada por dos de sus parientes, Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino, lo depuso. Estos hombres fundaron la República romana, sirviendo como los dos primeros cónsules; tradicionalmente se data la deposición a 509 a. C. Se dice que Tarquinio se refugió con el rey Lars Porsena en Clusium, quien marchó contra Roma para reinstaurar al rey. Tras varios actos heroicos por defensores de Roma, Lars Porsena renunció y en su lugar atacó Aricia, pero una alianza de ciudades latinas y la colonia griega de Cumas lo derrotaron. Historiadores modernos han tenidos dificultades aceptando este relato, y en su lugar han propuesto que en realidad Lars Porsena capturó Roma y depuso a Tarquinio, y lo reemplazó con dos aristócratas principales. Con el liderazgo de la ciudad dividido, Roma habría sido más fácil de controlar para Lars Porsena.

Con la partida de Lars Porsena, la guerra estalló entre Roma y otros Estados latinos, causando la Batalla del Lago Regilo en 499 o en 496 a. C. En 493 a. C. se logró una tregua, el Foedus Cassianum, estableciendo una alianza militar mutua entre las ciudades latinas, con Roma dirigiéndola. Un segundo pueblo, los cárnicos, se unieron con la alianza más tarde. Aunque el funcionamiento de la Liga latina permanece incierto, su propósito parece claro. Durante el siglo V, los latinos fueron amenazados por la invasión de los ecuos y los volscos, como parte del fenómeno de la migración de lo pueblos sabélios desde los Apeninos hacia los llanos del Latium. Varias comunidades latinas fueron invadidas, y las fuentes antiguas hablan de luchas contra los ecuos y los volscos casi cada año durante la primera parte del siglo V a. C. Esta guerra anuaria habría sido dominada mediante redadas y contrarrestadas en lugar de las batallas organizadas descritas por las fuentes antiguas.

Los inicios de la Expansión romana

El Marte de Todi, una escultura de bronce etrusca en tamaño real de un soldado haciendo una ofrenda votiva, siglo V a. C.

Durante la segunda parte del siglo V a. C., los romanos y los latinos parecen haber puesto coto a las migraciones. Las fuentes anotan la fundación de varias colonias romanas durante esta época, mientras que había menos menciones de guerras contra los ecuos y volscos. En la misma época Roma terminó su rivalidad antigua con la ciudad-Estado etrusca de Veyes. En 426 a. C., Roma capturó Fidenas, un punto de apoyo de Veyes en la orilla sur del Tíber y, en 396 a. C., Veyes cayó bajo control romano, supuestamente después de un asedio de diez años. Roma anexó el territorio de Veyes e hizo a sus habitantes ciudadanos romanos, aumentando el poder y territorio romano.

En 390 a. C. un grupo gálico derrotó al ejército romano en la Batalla del Alia y saqueó Roma. A pesar del énfasis de fuentes antiguas sobre la gravedad de la destrucción, tal parece fue sólo un revés menor para Roma. Los registros para la primera parte del siglo IV a. C. son confundidos, pero Roma parece haber emprendido una política deliberada de agresión contra los volscos. Miedo del expansionismo romano instó las ciudades latinas a aliarse con los volscos en un revés completo de la situación del siglo V a. C.

Durante la misma época Roma también luchó guerras contra sus vecinos en Etruria del sur, los ciudades-Estado de Caere, Tarquinia y Falerii, y repelió las incursiones gálicas.

Las guerras samnitas

Hegemonía romana

Referencias

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