Expulsión de alemanes tras la Segunda Guerra Mundial

emigración durante y después del final de la Segunda Guerra Mundial de 1945 a 1950 From Wikipedia, the free encyclopedia

La expulsión de alemanes tras la Segunda Guerra Mundial, también conocida como la huida y expulsión de los alemanes, fue el desplazamiento forzoso de entre 12 y 14 millones de personas de habla alemana desde Europa Central y Oriental hacia Alemania entre 1944 y 1950, el mayor movimiento de una sola población étnica en la historia europea.

Datos rápidos Huida y expulsión de los alemanes (1944-1950), Localización ...
Huida y expulsión de los alemanes (1944-1950)
Parte de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial

Expulsados alemanes en 1946.
Localización
País Alemania
Localidad Europa
Lugar Europa Oriental y Europa Central
Coordenadas 48°41′27″N 9°08′26″E
Datos generales
Causa Reconfiguración territorial y étnica de Europa tras la Segunda Guerra Mundial
Objetivo
Histórico
Fecha 1944-1950
Fecha de fin 1950
Desenlace
Muertos Entre 500 000 y 2,5 millones[1][2][3]
Resultado Entre 12 y 14,6 millones de personas desplazadas
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Durante las últimas etapas de la Segunda Guerra Mundial y el periodo de posguerra, la población de habla alemana —tanto los Reichsdeutsche (ciudadanos del Estado alemán) como los Volksdeutsche (alemanes étnicos que vivían fuera de Alemania)— huyó o fue expulsada de varios países de Europa Oriental y Central, entre ellos Checoslovaquia, así como de las antiguas provincias alemanas de Baja y Alta Silesia, Prusia Oriental y las partes orientales de Brandeburgo (la Neumark) y Pomerania (la Pomerania Ulterior), territorios que fueron anexionados por el Gobierno Provisional de Unidad Nacional de Polonia y por la Unión Soviética.

La idea de expulsar a los alemanes de los territorios anexionados había sido propuesta por Winston Churchill, junto con los gobiernos en el exilio de Polonia y Checoslovaquia con sede en Londres, desde al menos 1942.[4][5] Tomasz Arciszewski, primer ministro polaco en el exilio, apoyaba la anexión del territorio alemán, pero se oponía a la expulsión: prefería nacionalizar a los alemanes como ciudadanos polacos y asimilarlos.[6] Iósif Stalin, de común acuerdo con otros dirigentes comunistas, planeó expulsar a todos los alemanes étnicos situados al este del Oder y de las tierras que, a partir de mayo de 1945, quedaron dentro de las zonas de ocupación soviética. Ya en 1941 su gobierno había deportado a los alemanes de Crimea a Asia Central.

Entre 1944 y 1948, millones de personas —alemanes étnicos (Volksdeutsche) y ciudadanos alemanes (Reichsdeutsche)— fueron trasladadas, de forma permanente o temporal, desde Europa Central y Oriental. Hacia 1950, alrededor de 12 millones[7] de alemanes habían huido o habían sido expulsados de la Europa centro-oriental hacia la Alemania y la Austria ocupadas por los aliados. El gobierno de Alemania Occidental cifró el total en 14,6 millones,[8] incluyendo a un millón de alemanes étnicos que se habían asentado en los territorios conquistados por la Alemania nazi durante la guerra, a los emigrantes alemanes llegados a Alemania después de 1950 y a los hijos nacidos de padres expulsados. Los mayores contingentes procedían de los antiguos territorios orientales de Alemania cedidos a la República Popular de Polonia y a la Unión Soviética (unos siete millones)[9][10] y de Checoslovaquia (unos tres millones).

Las zonas afectadas comprendían los antiguos territorios orientales de Alemania, que fueron anexionados por Polonia[11][12] y la Unión Soviética tras la guerra, así como las regiones habitadas por alemanes dentro de las fronteras de la Segunda República Polaca de antes de la guerra, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Yugoslavia y los países bálticos. El número de muertes atribuibles a la huida y las expulsiones es objeto de disputa: las estimaciones van desde 500 000[13][14] hasta 2,5 millones según el gobierno alemán.[15][16][17]

Las expulsiones se produjeron en tres fases superpuestas. La primera fue la evacuación organizada de alemanes étnicos que el Estado nazi llevó a cabo ante el avance del Ejército Rojo, desde mediados de 1944 hasta comienzos de 1945.[18] La segunda fue la huida desordenada de alemanes étnicos inmediatamente después de la rendición de la Alemania nazi. La tercera fue una expulsión más organizada, posterior al Acuerdo de Potsdam de los líderes aliados,[18] que redefinió las fronteras de Europa Central y aprobó la expulsión de los alemanes étnicos de los antiguos territorios alemanes transferidos a Polonia, Rusia y Checoslovaquia.[19] Muchos civiles alemanes fueron enviados a campos de internamiento y de trabajo, donde se los empleó como mano de obra forzada como parte de las reparaciones alemanas a los países de Europa Oriental.[20][21][22][23] Las grandes expulsiones concluyeron en 1950.[18] Las estimaciones sobre el número de personas de ascendencia alemana que aún vivían en Europa Central y Oriental en 1950 oscilan entre 700 000 y 2,7 millones.

Antecedentes históricos y minorías alemanas en Europa Oriental

Antes de la Segunda Guerra Mundial, la Europa centro-oriental carecía, en general, de áreas de asentamiento étnico claramente delimitadas. Existían algunas zonas con mayoría de un grupo étnico, pero también vastas áreas mixtas y numerosos enclaves más pequeños poblados por etnias diversas. Dentro de esas zonas de diversidad, incluidas las grandes ciudades de Europa Central y Oriental, personas de distintos grupos étnicos habían convivido a diario durante siglos —no siempre de forma armoniosa— en todos los planos cívicos y económicos.[24]

Con el auge del nacionalismo en el xix, la etnia de los ciudadanos se convirtió en un asunto relevante[24] en las reivindicaciones territoriales, en la identidad de los Estados y en las pretensiones de superioridad étnica. El Imperio alemán introdujo la idea de un asentamiento basado en la etnia para tratar de asegurar su integridad territorial. Fue también el primer Estado europeo moderno en proponer los traslados de población como medio para resolver los «conflictos de nacionalidad»: pretendía expulsar a los polacos y a los judíos de la proyectada «Franja Fronteriza Polaca» posterior a la Primera Guerra Mundial y repoblarla con alemanes étnicos cristianos.[25]

Tras el hundimiento de Austria-Hungría, del Imperio ruso y del Imperio alemán al final de la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles dispuso la creación de varios Estados independientes en Europa Central y Oriental, en territorios antes controlados por esas potencias imperiales. Ninguno de los nuevos Estados era étnicamente homogéneo.[26] Después de 1919, muchos alemanes étnicos emigraron desde las antiguas tierras imperiales de vuelta a la República de Weimar y a la Primera República de Austria tras perder su estatus privilegiado en aquellos países extranjeros, donde habían mantenido comunidades minoritarias. En 1919, los alemanes étnicos pasaron a ser minorías nacionales en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia y Rumanía. En los años siguientes, la ideología nazi los animó a exigir autonomía local. En la Alemania de la década de 1930, la propaganda nazi afirmaba que los alemanes de otros países sufrían persecución. Los partidarios del nazismo repartidos por Europa Oriental —el Konrad Henlein de Checoslovaquia, el Deutscher Volksverband y el Jungdeutsche Partei de Polonia, o la Volksbund der Deutschen in Ungarn de Hungría— formaron partidos nazis locales financiados por el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, por ejemplo a través de la Hauptamt Volksdeutsche Mittelstelle. No obstante, en 1939 más de la mitad de los alemanes de Polonia vivía fuera de los territorios polacos que antes habían sido alemanes, atraídos por las mejores oportunidades económicas.[27]

Movimientos de población entre las dos guerras

Más información Región geográfica, Estimación de Alemania Occidental para 1958 ...
Población alemana étnica: estimaciones de Alemania Occidental de 1958 frente a las cifras de los censos nacionales de antes de la guerra (1930-1931)
Región
geográfica
Estimación de Alemania
Occidental para 1958
Datos del censo
nacional de 1930-1931
Reducción
Polonia (fronteras de 1939)1 371 000[28]741 000[29] 630 000
Checoslovaquia3 477 000[28]3 232 000[30] 245 000
Rumanía786 000[28]745 000[31] 41 000
Yugoslavia536 800[28]500 000[32] 36 800
Hungría623 000[28]478 000[33] 145 000
Países Bajos3691[34]3691[35] 3500
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Notas a la tabla:

  • Según las cifras de los censos nacionales, el porcentaje de alemanes étnicos sobre la población total era del 2,3 % en Polonia; 22,3 % en Checoslovaquia; 5,5 % en Hungría; 4,1 % en Rumanía y 3,6 % en Yugoslavia.[36]
  • Las cifras de Alemania Occidental son la base empleada para estimar las pérdidas durante las expulsiones.[28]
  • La cifra de Alemania Occidental para Polonia se desglosa en 939 000 monolingües en alemán y 432 000 bilingües en polaco y alemán.[37]
  • La cifra de Alemania Occidental para Polonia incluye a 60 000 personas de Zaolzie, región anexionada por Polonia en 1938; en el censo de 1930 esa zona se había contabilizado dentro de la población checoslovaca.[37]
  • Un análisis de Alemania Occidental sobre la Deutsche Volksliste de la época de la guerra, elaborado por Alfred Bohmann, cifró en 709 500 los ciudadanos polacos de los territorios polacos anexionados por la Alemania nazi que se declararon alemanes, más 1 846 000 polacos considerados candidatos a la germanización. A ellos se sumaban 63 000 Volksdeutsche en el Gobierno General.[38] Martin Broszat citó un documento con cifras distintas: 1 001 000 personas identificadas como alemanas y 1 761 000 candidatas a la germanización.[39] Estas cifras de la Deutsche Volksliste no incluyen a los alemanes étnicos reasentados en Polonia durante la guerra.
  • Las cifras censales nacionales de alemanes comprenden a los judíos de habla alemana: Polonia (7000),[40] el territorio checo sin contar Eslovaquia (75 000),[41] Hungría (10 000)[42] y Yugoslavia (10 000).[43]
Karl Hermann Frank (a la derecha), secretario de Estado y jefe superior de las SS y de la policía en el Protectorado de Bohemia y Moravia, nació en Karlsbad, en Austria-Hungría (la actual Karlovy Vary, en la República Checa).

Durante la ocupación alemana, muchos ciudadanos de ascendencia alemana en Polonia se inscribieron en la Deutsche Volksliste. Algunos recibieron cargos importantes en la jerarquía de la administración nazi y otros participaron en atrocidades nazis, lo que suscitó rencor hacia los germanoparlantes en general. Los políticos aliados emplearían más tarde estos hechos como una de las justificaciones de la expulsión de los alemanes.[44] La posición actual del gobierno alemán sostiene que, si bien los crímenes de guerra de la era nazi desembocaron en la expulsión de los alemanes, las muertes provocadas por esas expulsiones constituyeron una injusticia.[45]

Durante la ocupación alemana de Checoslovaquia, en especial tras las represalias por el asesinato de Reinhard Heydrich, la mayoría de los grupos de la resistencia checa reclamaron que el «problema alemán» se resolviera mediante el traslado o la expulsión. El gobierno checoslovaco en el exilio hizo suyas esas demandas y, a partir de 1943, buscó el apoyo de los aliados para la propuesta.[46] El acuerdo definitivo sobre el traslado de los alemanes no llegaría hasta la Conferencia de Potsdam.

La política de expulsión formó parte de una reconfiguración geopolítica y étnica de la Europa de posguerra. En parte fue una represalia por el inicio de la guerra por la Alemania nazi y por las atrocidades y la limpieza étnica que esta cometió después en la Europa ocupada.[47][48] Los líderes aliados Franklin D. Roosevelt, de Estados Unidos; Winston Churchill, del Reino Unido, y Iósif Stalin, de la Unión Soviética, habían acordado en principio, antes del final de la guerra, que la frontera de Polonia se desplazaría hacia el oeste (aunque no se precisó hasta dónde) y que la población alemana restante quedaría sujeta a expulsión. Aseguraron a los dirigentes de los gobiernos en el exilio de Polonia y Checoslovaquia —ambos países ocupados por la Alemania nazi— su respaldo en este asunto.[49][50][51][52]

Razones y justificaciones de las expulsiones

Adolf Hitler recibido por una multitud en los Sudetes, donde el pronazi Partido Alemán de los Sudetes obtuvo el 88 % de los votos de la población alemana en mayo de 1938.[53]

Dada la compleja historia de las regiones afectadas y los intereses divergentes de las potencias aliadas vencedoras, resulta difícil atribuir un conjunto único de motivos a las expulsiones. El párrafo correspondiente del Acuerdo de Potsdam solo señala, de forma imprecisa: «Los tres gobiernos, tras examinar la cuestión en todos sus aspectos, reconocen que habrá de llevarse a cabo el traslado a Alemania de las poblaciones alemanas, o de partes de ellas, que permanezcan en Polonia, Checoslovaquia y Hungría. Coinciden en que todo traslado que se realice deberá efectuarse de manera ordenada y humana». Las principales motivaciones que se han señalado fueron las siguientes:

  • El deseo de crear Estados-nación étnicamente homogéneos: varios autores lo presentan como un factor clave de las expulsiones.[54][55][56][57][58][60]
  • La percepción de la minoría alemana como un elemento potencialmente problemático: desde la perspectiva soviética, compartida por las administraciones comunistas instaladas en la Europa ocupada por los soviéticos, las numerosas poblaciones alemanas que quedaban fuera de la Alemania de posguerra se veían como una posible «quinta columna» que, por su estructura social, entorpecería la prevista sovietización de cada país.[61] Los aliados occidentales también percibían la amenaza de una posible «quinta columna» alemana, sobre todo en Polonia tras la compensación acordada con antiguo territorio alemán.[54] En general, los aliados occidentales esperaban asegurar una paz más duradera eliminando a las minorías alemanas, algo que creían posible hacer de forma humana.[54][63] Las propuestas de los gobiernos en el exilio de Polonia y Checoslovaquia para expulsar a los alemanes tras la guerra recibieron el apoyo de Winston Churchill[4] y de Anthony Eden.[5]
  • Otra motivación fue castigar a los alemanes:[54][56][60][64] los aliados los declararon colectivamente culpables de los crímenes de guerra alemanes.[63][65][66][67]
  • Consideraciones políticas soviéticas: Stalin veía las expulsiones como un medio para generar antagonismo entre Alemania y sus vecinos orientales, que así necesitarían la protección soviética.[68] Las expulsiones cumplían, además, varios fines prácticos.

La aspiración a Estados-nación étnicamente homogéneos

La línea Curzon.

La creación de Estados-nación étnicamente homogéneos en Europa Central y Oriental[55] se presentó como la razón principal de las decisiones oficiales adoptadas en Potsdam y en las conferencias aliadas anteriores, así como de las expulsiones resultantes.[56] El principio de que cada nación debía habitar su propio Estado nacional dio origen a una serie de expulsiones y reasentamientos de alemanes, polacos, ucranianos y otros pueblos que, tras la guerra, se encontraron fuera de sus supuestos Estados de origen.[69][57] El intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía de 1923 había dado legitimidad al concepto; Churchill citó aquella operación como un éxito en un discurso sobre las expulsiones de alemanes.[70][71]

Ante ese deseo de Estados-nación étnicamente homogéneos, no tenía sentido trazar fronteras a través de regiones ya habitadas de forma homogénea por alemanes, sin minoría alguna. Ya el 9 de septiembre de 1944, el líder soviético Iósif Stalin y el comunista polaco Edward Osóbka-Morawski, del Comité Polaco de Liberación Nacional, firmaron en Lublin un tratado sobre el intercambio de ucranianos y polacos que vivían en el lado «equivocado» de la línea Curzon.[69][57] Muchos de los 2,1 millones de polacos expulsados de los Kresy anexionados por los soviéticos —los llamados «repatriados»— fueron reasentados en antiguos territorios alemanes, rebautizados entonces como «Territorios Recuperados».[67] El checo Edvard Beneš, en su decreto del 19 de mayo de 1945, calificó a los húngaros y alemanes étnicos de «poco fiables para el Estado», lo que abrió la vía a confiscaciones y expulsiones.[72]

La minoría alemana vista como posible quinta columna

Desconfianza y enemistad

Votos al Partido Nazi en las elecciones de marzo de 1933.

Una de las razones aducidas para el traslado de los alemanes de los antiguos territorios orientales de Alemania fue la afirmación de que esas zonas habían sido un bastión del movimiento nazi.[73] Ni Stalin ni los demás defensores influyentes de este argumento exigieron que se comprobaran las actitudes o las actividades políticas de los expulsados. Incluso en los pocos casos en que ello ocurrió y se demostró que los expulsados habían sido personas ajenas, opositoras o incluso víctimas del régimen nazi, rara vez se les eximió de la expulsión.[74] La propaganda comunista polaca utilizó y manipuló el odio hacia los nazis para intensificar las expulsiones.[58]

Con comunidades alemanas viviendo dentro de las fronteras polacas de antes de la guerra, se expresó el temor a la deslealtad de los alemanes en la Alta Silesia oriental y en Pomerelia, a raíz de las actividades nazis durante la guerra.[75] Creada por orden del Reichsführer-SS Heinrich Himmler, una organización nazi de alemanes étnicos llamada Selbstschutz llevó a cabo ejecuciones durante la Intelligenzaktion, junto con grupos operativos del ejército y la policía alemanes, además de señalar a polacos para su ejecución y detenerlos ilegalmente.[76]

Para los polacos, la expulsión de los alemanes se veía como un modo de evitar tales hechos en el futuro. Por ello, las autoridades polacas en el exilio propusieron un traslado de población alemana ya en 1941.[76] El gobierno checoslovaco en el exilio colaboró con el polaco con ese fin durante la guerra.[77]

La expulsión como forma de prevenir la violencia étnica

Los participantes en la Conferencia de Potsdam sostuvieron que las expulsiones eran la única manera de prevenir la violencia étnica. Como expuso Winston Churchill en la Cámara de los Comunes en 1944: «La expulsión es el método que, en la medida en que hemos podido apreciar, resultará el más satisfactorio y duradero. No habrá mezcla de poblaciones que cause problemas sin fin... Se hará borrón y cuenta nueva. No me alarma la perspectiva de la separación de poblaciones, ni siquiera la de estos grandes traslados, más factibles en las condiciones modernas que nunca antes».[49]

El combatiente de la resistencia, estadista y correo polaco Jan Karski advirtió al presidente Franklin D. Roosevelt en 1943 sobre la posibilidad de represalias polacas, que describió como «inevitables» y como «un estímulo para que todos los alemanes de Polonia se marchen al oeste, a la Alemania propiamente dicha, adonde pertenecen».[78]

El castigo por los crímenes nazis

Maestros polacos de Bydgoszcz custodiados por miembros del Volksdeutscher Selbstschutz antes de ser ejecutados.

Las expulsiones también estuvieron impulsadas por un afán de represalia, dado el trato brutal que los ocupantes alemanes dispensaron a los civiles no alemanes en los territorios ocupados durante la guerra. Así, las expulsiones se debieron, al menos en parte, al rencor generado por los crímenes de guerra y atrocidades cometidos por los beligerantes alemanes y por sus colaboradores y partidarios.[56][64] El presidente checoslovaco Edvard Beneš, ante la Asamblea Nacional, justificó las expulsiones el 28 de octubre de 1945 afirmando que la mayoría de los alemanes había actuado en pleno apoyo de Hitler; durante un acto en memoria de la masacre de Lídice, culpó a todos los alemanes de las acciones del Estado alemán.[65] En Polonia y Checoslovaquia, la prensa,[79] los panfletos y los políticos de todo el espectro[79][80] —espectro que se estrechó durante la toma del poder comunista de posguerra[80] reclamaron represalias por las actividades alemanas durante la guerra.[79][80] La responsabilidad de la población alemana en los crímenes cometidos en su nombre fue afirmada también por mandos del ejército polaco de finales de la guerra y de la posguerra.[79]

Karol Świerczewski, comandante del Segundo Ejército Polaco, instruyó a sus soldados para «infligir a los alemanes lo que ellos nos infligieron, de modo que huyan por su cuenta y den gracias a Dios por haber salvado la vida».[79]

En Polonia, que había perdido a seis millones de ciudadanos —incluida su élite y casi toda su población judía a causa del Lebensraum y del Holocausto—, la mayoría de los alemanes eran vistos como autores nazis a los que por fin podía castigarse colectivamente por sus actos pasados.[67]

Consideraciones políticas soviéticas

Stalin, que ya había dirigido varios traslados de población en la Unión Soviética, apoyó con firmeza las expulsiones, que beneficiaban a los soviéticos de varias maneras. Los Estados satélites sentirían ahora la necesidad de que los soviéticos los protegieran de la ira alemana por las expulsiones.[68] Los bienes que dejaron los expulsados en Polonia y Checoslovaquia se emplearon con éxito para recompensar la colaboración con los nuevos gobiernos, y el apoyo a los comunistas fue especialmente fuerte en las zonas que habían visto expulsiones importantes. Los colonos de esos territorios acogieron con agrado las oportunidades que les ofrecían sus fértiles suelos y las viviendas y empresas desalojadas, lo que aumentó su lealtad.[81]

Movimientos de población en las últimas fases de la guerra

Evacuación y huida hacia el interior de Alemania

Civiles alemanes asesinados en Nemmersdorf, en Prusia Oriental. Las noticias sobre atrocidades soviéticas, difundidas y exageradas por la propaganda nazi, aceleraron la huida de los alemanes étnicos de buena parte de Europa Oriental.[82]

Al final de la guerra, a medida que el Ejército Rojo avanzaba hacia el oeste, muchos alemanes temían la inminente ocupación soviética.[82] La mayoría conocía las represalias soviéticas contra los civiles alemanes.[83] Los soldados soviéticos cometieron numerosas violaciones y otros delitos.[82][83][84] Noticias de atrocidades como la masacre de Nemmersdorf[82][83] fueron exageradas y difundidas por la maquinaria de propaganda nazi.[85]

Diversas autoridades nazis prepararon, hacia el final de la guerra, planes para evacuar a la población alemana étnica hacia el oeste, hacia Alemania, desde Polonia y los territorios orientales de Alemania. En la mayoría de los casos la ejecución se retrasó hasta que las fuerzas soviéticas y aliadas ya habían derrotado a las alemanas y penetrado en las zonas que debían evacuarse. El abandono de millones de alemanes étnicos en esas zonas vulnerables hasta que los alcanzaron los combates puede atribuirse directamente a las medidas nazis contra cualquiera sospechoso de actitudes «derrotistas» —como se consideraba la evacuación— y al fanatismo de muchos funcionarios nazis al aplicar las órdenes de Hitler de «no retroceder».[82][84][86]

El primer éxodo de civiles alemanes de los territorios orientales combinó la huida espontánea y la evacuación organizada, y comenzó a mediados de 1944 para continuar hasta comienzos de 1945. Las condiciones se volvieron caóticas durante el invierno, cuando columnas de refugiados de kilómetros de largo empujaban sus carros por la nieve tratando de mantenerse por delante del avance del Ejército Rojo.[18][87]

Evacuación desde Piława, 26 de enero de 1945.

Las columnas de refugiados que quedaban al alcance del avance soviético sufrían bajas cuando eran atacadas por aviones que volaban a baja altura, y algunas personas murieron aplastadas por los tanques.[83] El Archivo Federal Alemán ha estimado que entre 100 000 y 120 000 civiles (el 1 % de la población total) murieron durante la huida y las evacuaciones.[88] Los historiadores polacos Witold Sienkiewicz y Grzegorz Hryciuk sostienen que las muertes de civiles en la huida y la evacuación fueron «entre 600 000 y 1,2 millones. Las principales causas de muerte fueron el frío, el estrés y los bombardeos».[89] El transatlántico Wilhelm Gustloff, movilizado por la organización Fuerza a través de la Alegría, fue hundido en enero de 1945 por el submarino soviético S-13, con la muerte de unos 9000 civiles y militares que huían de Prusia Oriental, en la mayor pérdida de vidas en el hundimiento de un solo barco de la historia. Muchos refugiados intentaron regresar a casa cuando terminaron los combates. Antes del 1 de junio de 1945, 400 000 personas cruzaron de vuelta hacia el este los ríos Oder y Neisse, antes de que las autoridades comunistas soviéticas y polacas cerraran los pasos fluviales; otras 800 000 entraron en Silesia a través de Checoslovaquia.[90]

De acuerdo con el Acuerdo de Potsdam, a finales de 1945 —escribieron Hahn y Hahn— 4,5 millones de alemanes que habían huido o habían sido expulsados estaban bajo control de los gobiernos aliados. Entre 1946 y 1950, alrededor de 4,5 millones de personas fueron llevadas a Alemania en transportes masivos organizados desde Polonia, Checoslovaquia y Hungría. A ellas se sumaron 2,6 millones de prisioneros de guerra liberados que también se contabilizaron como expulsados.[91]

Evacuación y huida hacia Dinamarca

Desde la costa del Báltico, muchos soldados y civiles fueron evacuados por barco en el marco de la Operación Aníbal.[83][87]

Entre el 23 de enero y el 5 de mayo de 1945, hasta 250 000 alemanes —procedentes sobre todo de Prusia Oriental, Pomerania y los países bálticos— fueron evacuados a Dinamarca, entonces ocupada por los nazis,[92][93] en virtud de una orden que Hitler dictó el 4 de febrero de 1945.[94] Cuando terminó la guerra, la población de refugiados alemanes en Dinamarca equivalía al 5 % del total de la población danesa. La evacuación se centró en mujeres, ancianos y niños, un tercio de los cuales tenía menos de quince años.[93]

Campo de refugiados en Aabenraa (Apenrade), en Dinamarca, en febrero de 1945.

Tras la guerra, los alemanes fueron internados en varios cientos de campos de refugiados por toda Dinamarca; el mayor fue el campo de refugiados de Oksbøl, con 37 000 internos. Los campos estaban vigilados por unidades del ejército danés.[93] La situación mejoró después de que sesenta clérigos daneses salieran en defensa de los refugiados en una carta abierta,[95] y de que el socialdemócrata Johannes Kjærbøl asumiera la administración de los refugiados el 6 de septiembre de 1945.[96] El 9 de mayo de 1945, el Ejército Rojo ocupó la isla de Bornholm; entre el 9 de mayo y el 1 de junio de 1945, los soviéticos trasladaron desde allí a 3000 refugiados y 17 000 soldados de la Wehrmacht hacia Kołobrzeg.[97] En 1945 murieron 13 492 refugiados alemanes, entre ellos 7000 niños[93] menores de cinco años.[98]

Según la médica e historiadora danesa Kirsten Lylloff, estas muertes se debieron en parte a la negativa de atención médica por parte del personal sanitario danés, ya que tanto la Asociación Danesa de Médicos como la Cruz Roja danesa empezaron a rechazar el tratamiento de los refugiados alemanes a partir de marzo de 1945.[93] Los últimos refugiados abandonaron Dinamarca el 15 de febrero de 1949.[99] En el Tratado de Londres, firmado el 26 de febrero de 1953, Alemania Occidental y Dinamarca acordaron el pago de 160 millones de coronas danesas en compensación por la prolongada atención a los refugiados, cantidad que Alemania Occidental abonó entre 1953 y 1958.[100]

Tras la derrota de Alemania

La Segunda Guerra Mundial terminó en Europa con la derrota de Alemania en mayo de 1945. Para entonces, toda Europa Oriental y buena parte de Europa Central estaban bajo ocupación soviética, lo que incluía la mayoría de las áreas históricas de asentamiento alemán, así como la zona de ocupación soviética en el este de Alemania.

Los aliados fijaron en el Acuerdo de Potsdam las condiciones de la ocupación, la reducción territorial de Alemania y la expulsión de los alemanes étnicos de la Polonia de posguerra, Checoslovaquia y Hungría hacia las zonas de ocupación aliadas.[101][102] El acuerdo se redactó durante la Conferencia de Potsdam, entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945. El artículo XII del acuerdo se ocupa de las expulsiones hacia la Alemania de posguerra y dice así:

Los tres gobiernos, tras examinar la cuestión en todos sus aspectos, reconocen que habrá de llevarse a cabo el traslado a Alemania de las poblaciones alemanas, o de partes de ellas, que permanezcan en Polonia, Checoslovaquia y Hungría. Coinciden en que todo traslado que se realice deberá efectuarse de manera ordenada y humana.[103][104]

El acuerdo pedía, además, un reparto equitativo de los alemanes trasladados para su reasentamiento entre las zonas de ocupación estadounidense, británica, francesa y soviética que componían la Alemania de posguerra.[105]

Conferencia de Potsdam: Iósif Stalin (segundo por la izquierda), Harry Truman (en el centro) y Winston Churchill (a la derecha).

Las expulsiones que tuvieron lugar antes de que los aliados acordaran las condiciones en Potsdam se conocen como expulsiones «irregulares» o «salvajes» (Wilde Vertreibungen). Las llevaron a cabo las autoridades militares y civiles de la Polonia y la Checoslovaquia de posguerra, ocupadas por los soviéticos, durante la primera mitad de 1945.[102][106]

En Yugoslavia, los alemanes que quedaban no fueron expulsados: las aldeas de alemanes étnicos se convirtieron en campos de internamiento donde más de 50 000 personas perecieron por inanición deliberada y por asesinatos directos a manos de los guardias yugoslavos.[105][107]

A finales de 1945, los aliados solicitaron una suspensión temporal de las expulsiones debido a los problemas de refugiados que estas generaban.[102] Aunque las expulsiones desde Checoslovaquia se ralentizaron de forma transitoria, no ocurrió lo mismo en Polonia ni en los antiguos territorios orientales de Alemania.[105] Sir Geoffrey Harrison, uno de los redactores del citado artículo de Potsdam, afirmó que «el propósito de este artículo no era alentar ni legalizar las expulsiones, sino ofrecer una base para dirigirse a los Estados expulsores y pedirles que coordinaran los traslados con las potencias ocupantes en Alemania».[105]

Tras Potsdam se produjo una serie de expulsiones de alemanes étnicos por todos los países de Europa Oriental bajo control soviético.[108][109] Los bienes y el material del territorio afectado que habían pertenecido a Alemania o a los alemanes fueron confiscados: se transfirieron a la Unión Soviética, se nacionalizaron o se repartieron entre los ciudadanos. De las muchas migraciones forzosas de la posguerra, la mayor fue la expulsión de alemanes étnicos de Europa Central y Oriental, principalmente del territorio de la Checoslovaquia de 1937 —que incluía la zona históricamente germanoparlante de los montes de los Sudetes, a lo largo de la frontera germano-checo-polaca— y del territorio que se convirtió en la Polonia de posguerra. Las fronteras polacas de posguerra se desplazaron hacia el oeste hasta la línea Óder-Neisse, adentrándose en antiguo territorio alemán, a 80 kilómetros de Berlín.[102]

Los refugiados polacos expulsados de la Unión Soviética fueron reasentados en los antiguos territorios alemanes adjudicados a Polonia tras la guerra. Durante la guerra y después de ella, 2 208 000 polacos huyeron o fueron expulsados de las antiguas regiones orientales de Polonia incorporadas a la Unión Soviética tras la invasión soviética de Polonia de 1939; 1 652 000 de esos refugiados fueron reasentados en los antiguos territorios alemanes.[110]

Checoslovaquia

El acuerdo definitivo sobre el traslado de los alemanes se alcanzó en la Conferencia de Potsdam.

Territorios checos con un 50 % (en rojo) o más de población alemana en 1935.[111]

Según la comisión Schieder de Alemania Occidental, en mayo de 1945 había en Bohemia y Moravia 4,5 millones de civiles alemanes, entre ellos 100 000 procedentes de Eslovaquia y 1,6 millones de refugiados de Polonia.[112]

Entre 700 000 y 800 000 alemanes se vieron afectados por expulsiones irregulares entre mayo y agosto de 1945.[114] Las expulsiones fueron alentadas por políticos checoslovacos y, por lo general, se ejecutaron por orden de las autoridades locales, en su mayoría a cargo de grupos de voluntarios armados y del ejército.[115]

Los traslados de población en virtud de los acuerdos de Potsdam se prolongaron desde enero hasta octubre de 1946. Se expulsó a 1,9 millones de alemanes étnicos a la zona estadounidense, parte de lo que sería Alemania Occidental, y a más de un millón a la zona soviética, que más tarde se convertiría en Alemania Oriental.[116][117]

A unos 250 000 alemanes étnicos se les permitió permanecer en Checoslovaquia.[118] Según la comisión Schieder, 250 000 personas que habían declarado nacionalidad alemana en el censo nazi de 1939 permanecieron en Checoslovaquia; los checos, sin embargo, contabilizaron 165 790 alemanes en diciembre de 1955.[119]

Los varones alemanes casados con checas fueron expulsados, a menudo junto con sus esposas, mientras que a las mujeres alemanas casadas con checos se les permitió quedarse.[120] Según la comisión Schieder, los alemanes de los Sudetes considerados esenciales para la economía fueron retenidos como trabajadores forzosos.[121]

El gobierno de Alemania Occidental estimó el número de muertes por las expulsiones en 273 000 civiles,[122] cifra que se cita en la literatura histórica.[123] No obstante, en 1995 una investigación de una comisión conjunta de historiadores alemanes y checos concluyó que las estimaciones demográficas previas, de entre 220 000 y 270 000 muertos, estaban infladas y se basaban en información errónea. Cifraron el número de muertos entre 15 000 y 30 000, suponiendo que no todas las muertes se hubieran registrado.[124][125][126][127]

El Servicio de Búsqueda de la Cruz Roja Alemana (Suchdienst) confirmó la muerte de 18 889 personas durante las expulsiones de Checoslovaquia (muertes violentas, 5556; suicidios, 3411; deportados, 705; en campos, 6615; durante la huida en tiempo de guerra, 629; tras la huida, 1481; causa indeterminada, 379, y otras, 73).[128]

Hungría

Retirada de la Wehrmacht en Hungría, marzo de 1945.

A diferencia de las expulsiones de otras naciones o Estados, la expulsión de los alemanes de Hungría se dictó desde fuera del país.[130] Comenzó el 22 de diciembre de 1944, cuando el comandante en jefe del Ejército Rojo soviético ordenó las expulsiones. En febrero de 1945, la Comisión Aliada de Control, dominada por los soviéticos, ordenó al Ministerio del Interior húngaro elaborar listas de todos los alemanes étnicos que vivían en el país. En un principio, la Oficina del Censo se negó a facilitar información sobre los húngaros inscritos como Volksdeutsche, pero cedió ante la presión de la Autoridad de Protección del Estado húngara.[131] Antes de eso, el 3 % de la población alemana de antes de la guerra (unas 20 000 personas) ya había sido evacuado por la Volksbund. Se dirigieron a Austria, pero muchos regresaron. En conjunto, 60 000 alemanes étnicos habían huido.[108]

Según el informe de 1956 de la comisión Schieder de Alemania Occidental, a comienzos de 1945 entre 30 000 y 35 000 civiles alemanes étnicos y 30 000 prisioneros de guerra fueron arrestados y trasladados de Hungría a la Unión Soviética como trabajadores forzosos. En algunas aldeas, toda la población adulta fue llevada a campos de trabajo del Donbas; allí murieron 6000 personas a causa de las penalidades y los malos tratos.[132]

Los datos de los archivos rusos, basados en un recuento real, cifran en 50 292 los civiles alemanes étnicos registrados por los soviéticos en Hungría, de los cuales 31 923 fueron deportados a la Unión Soviética para trabajos de reparación en aplicación de la Orden 7161. Se documentó la muerte del 9 % (2819).[133]

Monumento a los alemanes expulsados en Elek, Hungría.

En 1945, las cifras oficiales húngaras registraban 477 000 germanoparlantes en Hungría, incluidos los judíos de habla alemana, de los cuales 303 000 habían declarado nacionalidad alemana. De estos, el 33 % eran niños menores de doce años o ancianos mayores de sesenta, y el 51 % eran mujeres.[135] El 29 de diciembre de 1945, el gobierno húngaro de posguerra, siguiendo las directrices de los acuerdos de la Conferencia de Potsdam, ordenó la expulsión de toda persona identificada como alemana en el censo de 1941, o que hubiera sido miembro de la Volksbund, de las SS o de cualquier otra organización armada alemana. En consecuencia, comenzaron las expulsiones masivas.[108] La población rural se vio más afectada que la urbana o que los alemanes étnicos con oficios necesarios, como los mineros.[137][138] Los alemanes casados con húngaros no fueron expulsados, con independencia de su sexo.[120] Los primeros 5788 expulsados partieron de Wudersch el 19 de enero de 1946.[137]

Alrededor de 180 000 ciudadanos húngaros de habla alemana fueron despojados de su ciudadanía y sus bienes y expulsados a las zonas occidentales de Alemania.[140] Hacia julio de 1948, otros 35 000 habían sido expulsados a la zona de ocupación soviética de Alemania.[140] La mayoría de los expulsados encontró un nuevo hogar en la provincia de Baden-Württemberg, en el suroeste de Alemania,[141] aunque muchos otros se establecieron en Baviera y Hesse. Otras investigaciones indican que, entre 1945 y 1950, 150 000 fueron expulsados al oeste de Alemania, 103 000 a Austria y ninguno al este. Durante las expulsiones se produjeron numerosas manifestaciones de protesta organizadas por la población húngara.[118][143]

La adquisición de tierras para repartirlas entre refugiados y ciudadanos húngaros fue uno de los principales motivos que el gobierno adujo para la expulsión de los alemanes étnicos de Hungría.[138] La deficiente organización del reparto generó tensiones sociales.[138]

En el censo de 1949, 22 445 personas fueron identificadas como alemanas. Una orden del 15 de junio de 1948 detuvo las expulsiones, y un decreto gubernamental del 25 de marzo de 1950 declaró nulas todas las órdenes de expulsión y permitió el regreso de los expulsados que así lo desearan.[138] Tras la caída del comunismo a comienzos de la década de 1990, las víctimas alemanas de la expulsión y del trabajo forzoso soviético fueron rehabilitadas.[141] Las leyes poscomunistas permitieron indemnizar a los expulsados, regresar y comprar propiedades.[145] Según se ha informado, no hubo tensiones entre Alemania y Hungría a propósito de los expulsados.[145]

En 1958, el gobierno de Alemania Occidental estimó, a partir de un análisis demográfico, que hacia 1950 permanecían en Hungría 270 000 alemanes; 60 000 se habían asimilado a la población húngara y quedaban 57 000 «casos sin resolver» por aclarar.[146] El responsable de la sección de Hungría del informe de 1958 fue Wilfried Krallert, especialista en asuntos balcánicos desde la década de 1930, cuando era miembro del Partido Nazi. Durante la guerra fue oficial de las SS y estuvo directamente implicado en el saqueo de bienes culturales en Europa Oriental. Tras la guerra se le encargó redactar las secciones del informe demográfico sobre las expulsiones de Hungría, Rumanía y Yugoslavia. La cifra de 57 000 «casos sin resolver» en Hungría se incluye en el total de dos millones de expulsados muertos que suele citarse en la literatura oficial e histórica alemana.[123]

Países Bajos

Después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno neerlandés decidió expulsar a los expatriados alemanes (25 000) que vivían en los Países Bajos.[147] Los alemanes, incluidos los que tenían cónyuge e hijos neerlandeses, fueron catalogados como «súbditos hostiles» (vijandelijke onderdanen).[147]

La operación comenzó el 10 de septiembre de 1946 en Ámsterdam, cuando los expatriados alemanes y sus familias fueron detenidos en sus casas en plena noche y se les concedió una hora para hacer 50 kilogramos (110,2 lb) de equipaje. Solo se les permitió llevar 100 florines; el resto de sus bienes fue incautado por el Estado. Se los trasladó a campos de internamiento cercanos a la frontera alemana, el mayor de los cuales fue el campo de concentración de Mariënbosch, cerca de Nimega. Fueron expulsados unos 3691 alemanes (menos del 15 % del total de expatriados alemanes en los Países Bajos). Las fuerzas aliadas que ocupaban la zona occidental de Alemania se opusieron a esta operación por temor a que otras naciones siguieran el ejemplo.

Polonia y los antiguos territorios orientales de Alemania

Refugiados alemanes de Prusia Oriental, 1945.

A lo largo de 1944 y hasta mayo de 1945, mientras el Ejército Rojo avanzaba por Europa Oriental y las provincias del este de Alemania, algunos civiles alemanes murieron en los combates. Aunque muchos ya habían huido por delante del avance soviético, atemorizados por rumores de atrocidades soviéticas que en algunos casos fueron exagerados y explotados por la propaganda de la Alemania nazi,[148] millones seguían allí.[149] Un estudio de 2005 de la Academia Polaca de Ciencias estimó que, durante los últimos meses de la guerra, entre 4 y 5 millones de civiles alemanes huyeron con las fuerzas alemanas en retirada, y que a mediados de 1945 quedaban entre 4,5 y 4,6 millones de alemanes en los territorios bajo control polaco. Hacia 1950, 3 155 000 habían sido trasladados a Alemania, 1 043 550 se habían nacionalizado como ciudadanos polacos y 170 000 alemanes seguían en Polonia.[150]

Según la comisión Schieder de 1953, a mediados de 1945 quedaban 5 650 000 alemanes en lo que serían las nuevas fronteras de Polonia; 3 500 000 habían sido expulsados y 910 000 permanecían en Polonia hacia 1950.[151] Según la comisión Schieder, el número de muertos civiles fue de dos millones;[152] en 1974, el Archivo Federal Alemán estimó la cifra en unos 400 000.[153] (La controversia sobre las cifras de víctimas se aborda más adelante, en la sección sobre las pérdidas humanas.)

Durante la campaña militar de 1945, la mayor parte de la población masculina alemana que permanecía al este de la línea Óder-Neisse fue considerada combatiente en potencia y retenida por los militares soviéticos en campos de detención sujetos a verificación por el NKVD. Los miembros de organizaciones del Partido Nazi y los funcionarios del gobierno fueron separados y enviados a la Unión Soviética para realizar trabajos forzosos en concepto de reparaciones.[133][154]

A mediados de 1945, los territorios orientales de la Alemania de antes de la guerra fueron entregados a las fuerzas militares polacas controladas por los soviéticos. Las primeras expulsiones las llevaron a cabo las autoridades militares comunistas polacas[155] incluso antes de que la Conferencia de Potsdam las pusiera bajo administración polaca provisional a la espera del tratado de paz definitivo,[157] con el fin de asegurar la posterior integración territorial en una Polonia étnicamente homogénea.[158] Los comunistas polacos escribieron: «Debemos expulsar a todos los alemanes, porque los países se construyen sobre líneas nacionales y no multinacionales».[159][161] El gobierno polaco definía como alemanes a los Reichsdeutsche, a las personas inscritas en los grupos primero o segundo de la Volksliste y a quienes tenían la ciudadanía alemana. Alrededor de 1 165 000[162][163][164] ciudadanos alemanes de ascendencia eslava fueron «verificados» como polacos «autóctonos».[166] De estos, la mayoría no fue expulsada; pero muchos[167][168] optaron por emigrar a Alemania entre 1951 y 1982,[169] incluida la mayor parte de los masurianos de Prusia Oriental.[171][172]

Poste fronterizo polaco en la línea Óder-Neisse en 1945.

En la Conferencia de Yalta (febrero de 1945), Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética acordaron que la frontera oriental de Polonia seguiría la línea Curzon, con desviaciones de cinco a ocho kilómetros a favor de Polonia, y reconocieron que Polonia debía recibir «accesiones sustanciales de territorio en el norte y en el oeste» a costa de Alemania. El comunicado final precisaba, no obstante, que la delimitación definitiva de la frontera occidental polaca quedaba aplazada hasta la conferencia de paz, de modo que en Yalta no se fijó el trazado concreto de la frontera germano-polaca.[173][174]

En la Conferencia de Potsdam (17 de julio-2 de agosto de 1945), el territorio al este de la línea Óder-Neisse fue asignado a la administración de Polonia y de la Unión Soviética a la espera del tratado de paz definitivo. A todos los alemanes se les confiscó la propiedad y se los sometió a una jurisdicción restrictiva.[166][175] El voivoda de Silesia, Aleksander Zawadzki, ya había expropiado en parte los bienes de los silesios alemanes el 26 de enero de 1945; otro decreto del 2 de marzo expropió los de todos los alemanes al este del Óder y el Neisse, y un decreto posterior del 6 de mayo declaró que toda propiedad «abandonada» pertenecía al Estado polaco.[176] Tampoco se permitió a los alemanes poseer moneda polaca —la única de curso legal desde julio— salvo lo que ganaran con el trabajo que se les asignaba.[177] La población restante sufrió robos y saqueos y, en algunos casos, violaciones y asesinatos a manos de elementos criminales, delitos que rara vez fueron impedidos o perseguidos por la milicia polaca ni por la judicatura comunista recién instaurada.[178]

A mediados de 1945, entre 4,5 y 4,6 millones de alemanes residían en el territorio al este de la línea Óder-Neisse. A comienzos de 1946 ya habían sido expulsados de allí 550 000 alemanes, y 932 000 habían sido verificados como de nacionalidad polaca. En el censo de febrero de 1946, 2 288 000 personas fueron clasificadas como alemanas y sujetas a expulsión, y 417 400 quedaron pendientes de un proceso de verificación de su nacionalidad.[150]:312,452–466 Las personas con verificación negativa, que no lograron demostrar su «nacionalidad polaca», fueron destinadas al reasentamiento.[110]

Los ciudadanos polacos que habían colaborado —o de quienes se creía que lo habían hecho— con los nazis fueron considerados «traidores a la nación» y condenados a trabajos forzosos antes de ser expulsados.[88] Hacia 1950, 3 155 000 civiles alemanes habían sido expulsados y 1 043 550 se habían nacionalizado como ciudadanos polacos. Los 170 000[110] alemanes considerados «imprescindibles» para la economía polaca fueron retenidos hasta 1956,[175] aunque casi todos se habían marchado hacia 1960.[171] En Polonia, 200 000 alemanes fueron empleados como mano de obra forzosa en campos administrados por los comunistas antes de ser expulsados.[150]:312 Entre ellos estaban el campo central de trabajo de Jaworzno, el de Potulice, Łambinowice y el campo de trabajo de Zgoda. Además de estos grandes campos, se establecieron numerosos otros campos de trabajo forzoso, punitivos y de internamiento, guetos urbanos y centros de detención, a veces reducidos a un pequeño sótano.[175]

El Archivo Federal Alemán estimó en 1974 que más de 200 000 civiles alemanes fueron internados en campos polacos; situó la tasa de mortalidad entre el 20 % y el 50 % y calculó que probablemente murieron más de 60 000.[180] Los historiadores polacos Witold Sienkiewicz y Grzegorz Hryciuk sostienen que el internamiento

ocasionó numerosas muertes, que no pueden determinarse con exactitud por falta de estadísticas o por su falsificación. En ciertos periodos pudieron alcanzar decenas por ciento del número de internos. Se estima que los internados fueron entre 200 000 y 250 000 ciudadanos alemanes y de la población autóctona, y las muertes podrían oscilar entre 15 000 y 60 000 personas.[181]

Nota: la población autóctona eran antiguos ciudadanos alemanes que declararon etnia polaca.[182] El historiador R. M. Douglas describe un régimen caótico y sin ley en los antiguos territorios alemanes en la inmediata posguerra. La población local fue víctima de elementos criminales que se apoderaban arbitrariamente de bienes alemanes en beneficio propio. Las personas bilingües que durante la guerra figuraban en la Volksliste eran declaradas alemanas por funcionarios polacos que después se quedaban con sus bienes.[183]

Agosto de 1948: niños alemanes deportados de las zonas orientales tomadas por Polonia llegan a Alemania Occidental.

La Oficina Federal de Estadística de Alemania estimó que, a mediados de 1945, 250 000 alemanes permanecían en la parte septentrional de la antigua Prusia Oriental, que se convirtió en el óblast de Kaliningrado. Calculó, además, que más de 100 000 personas que sobrevivieron a la ocupación soviética fueron evacuadas a Alemania a partir de 1947.[184]

Los civiles alemanes fueron retenidos como «mano de obra de reparación» por la Unión Soviética. Los datos de los archivos rusos, publicados por primera vez en 2001 y basados en un recuento real, cifran en 155 262 los civiles alemanes deportados de Polonia a la Unión Soviética a comienzos de 1945 para trabajos de reparación; el 37 % (57 586) murió en la Unión Soviética.[133] La Cruz Roja de Alemania Occidental había estimado en 1964 que 233 000 civiles alemanes fueron deportados de Polonia a la Unión Soviética como trabajadores forzosos y que el 45 % (105 000) murió o desapareció.[185] La Cruz Roja de Alemania Occidental calculó entonces que 110 000 civiles alemanes fueron retenidos como mano de obra forzosa en el óblast de Kaliningrado, donde 50 000 murieron o desaparecieron.[185] Los soviéticos deportaron de Polonia a 7448 polacos del Ejército Nacional. Los registros soviéticos indican que 506 polacos murieron en cautividad.[133] Tomasz Kamusella sostiene que, a comienzos de 1945, 165 000 alemanes fueron trasladados a la Unión Soviética.[187] Según Gerhardt Reichling, funcionario de la oficina de finanzas alemana, 520 000 civiles alemanes de la región del Óder-Neisse fueron reclutados para trabajos forzosos tanto por la Unión Soviética como por Polonia; afirma que 206 000 perecieron.[188]

Certificado temporal de nacionalidad polaca expedido por la oficina comarcal de Prudnik en 1946.

Las actitudes de los polacos supervivientes fueron diversas. Muchos habían sufrido brutalidades y atrocidades a manos de los alemanes —solo superadas por las políticas alemanas contra los judíos— durante la ocupación nazi. Los alemanes acababan de expulsar a más de un millón de polacos de los territorios que habían anexionado durante la guerra.[83] Algunos polacos se dedicaron al saqueo y a diversos delitos, incluidos asesinatos, palizas y violaciones contra alemanes. Por otro lado, en muchos casos los polacos —entre ellos algunos que habían sido esclavizados por los alemanes durante la guerra— protegieron a alemanes, por ejemplo haciéndolos pasar por polacos.[83] Además, en la región de Opole (Oppeln), en la Alta Silesia, se permitió permanecer a los ciudadanos que reivindicaban etnia polaca, aunque algunos —no todos— tuvieran una nacionalidad incierta o se identificaran como alemanes étnicos. Su condición de minoría nacional fue aceptada en 1955, junto con subvenciones estatales de asistencia económica y educación.[189]

La actitud de los soldados soviéticos fue ambigua. Muchos cometieron atrocidades, sobre todo violaciones y asesinatos,[84] y no siempre distinguían entre polacos y alemanes, a los que maltrataban por igual.[190] Otros soviéticos, en cambio, quedaron consternados por el trato brutal a los civiles alemanes y trataron de protegerlos.[191]

Richard Overy cita un total aproximado de 7,5 millones de alemanes evacuados, emigrados o expulsados de Polonia entre 1944 y 1950.[192] Tomasz Kamusella cita estimaciones de siete millones de expulsados en total durante las expulsiones «salvajes» y «legales» de los territorios recuperados entre 1945 y 1948, más otros 700 000 de zonas de la Polonia de antes de la guerra.[175]

Rumanía

La población alemana étnica de Rumanía en 1939 se estimaba en 786 000 personas.[193][194] En 1940, la Unión Soviética ocupó Besarabia y Bukovina, y la población alemana étnica de 130 000 personas fue deportada a territorio en poder de Alemania durante los traslados de población germano-soviéticos, junto con otras 80 000 de Rumanía. De estos alemanes, 140 000 fueron reasentados en la Polonia ocupada por Alemania; en 1945 se vieron envueltos en la huida y la expulsión de Polonia.[195] La mayoría de los alemanes étnicos de Rumanía residía en Transilvania, cuya parte septentrional fue anexionada por Hungría durante la Segunda Guerra Mundial. Tanto el gobierno húngaro progermano como el gobierno rumano progermano de Ion Antonescu permitieron que Alemania alistara a la población alemana en organizaciones patrocinadas por los nazis. Durante la guerra, la Alemania nazi reclutó a 54 000 varones, muchos en las Waffen-SS.[196] A mediados de 1944, unos 100 000 alemanes huyeron de Rumanía con las fuerzas alemanas en retirada.[197] Según el informe de 1957 de la comisión Schieder de Alemania Occidental, 75 000 civiles alemanes fueron deportados a la Unión Soviética como mano de obra forzosa y el 15 % (unos 10 000) no regresó.[198] Los datos de los archivos rusos, basados en un recuento real, cifran en 421 846 los civiles alemanes étnicos registrados por los soviéticos en Rumanía, de los cuales 67 332 fueron deportados a la Unión Soviética para trabajos de reparación, donde murió el 9 % (6260).[133]

Los aproximadamente 400 000 alemanes étnicos que permanecieron en Rumanía fueron tratados como culpables de colaboración con la Alemania nazi[cita requerida] y privados de sus libertades civiles y de sus bienes.[cita requerida] A muchos se los sometió a trabajos forzosos y se los deportó de sus hogares a otras regiones de Rumanía.[cita requerida] En 1948, Rumanía inició una rehabilitación gradual de los alemanes étnicos: no fueron expulsados, y el régimen comunista les concedió el estatus de minoría nacional, siendo el único país del bloque del Este en hacerlo.[199]

En 1958, el gobierno de Alemania Occidental estimó, a partir de un análisis demográfico, que hacia 1950 había 253 000 personas contabilizadas como expulsadas en Alemania o en Occidente, que 400 000 alemanes seguían en Rumanía, que 32 000 se habían asimilado a la población rumana y que quedaban 101 000 «casos sin resolver» por aclarar.[200] La cifra de 101 000 «casos sin resolver» en Rumanía se incluye en el total de dos millones de expulsados muertos que suele citarse en la literatura histórica.[123] En 1977 permanecían en Rumanía 355 000 alemanes. Durante la década de 1980 muchos comenzaron a marcharse, y solo en 1989 salieron más de 160 000. Para 2002, el número de alemanes étnicos en Rumanía era de 60 000.[108][118]

Unión Soviética y territorios anexionados

Evacuación de civiles y tropas alemanas en Ventspils, octubre de 1944.

Los alemanes del Báltico, de Besarabia y los alemanes étnicos de zonas que quedaron bajo control soviético tras el Pacto Mólotov-Ribbentrop de 1939 fueron reasentados en la Alemania nazi —incluidas zonas anexionadas como el Warthegau— durante el intercambio de población germano-soviético. Solo unos pocos regresaron a sus antiguos hogares cuando Alemania invadió la Unión Soviética y controló temporalmente esas zonas. A esos repatriados los emplearon las fuerzas de ocupación nazis para servir de enlace entre la administración alemana y la población local. Quienes fueron reasentados en otros lugares corrieron la misma suerte que los demás alemanes de su zona de reasentamiento.[202]

El gobierno soviético consideraba un riesgo para la seguridad a la minoría alemana étnica de la Unión Soviética, y la deportó durante la guerra para impedir su posible colaboración con los invasores nazis. En agosto de 1941, el gobierno soviético ordenó deportar a los alemanes étnicos de la Unión Soviética europea; a comienzos de 1942, 1 031 300 alemanes estaban internados en «asentamientos especiales» de Asia Central y Siberia.[203] La vida en los asentamientos especiales era dura y severa, la comida escaseaba y la población deportada se regía por reglamentos estrictos. La escasez de alimentos asolaba a toda la Unión Soviética y, en especial, a los asentamientos especiales. Según los datos de los archivos soviéticos, en octubre de 1945 seguían con vida 687 300 alemanes en los asentamientos especiales;[204] otros 316 600 alemanes soviéticos sirvieron como reclutas de trabajo durante la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes soviéticos no eran admitidos en las fuerzas armadas regulares, sino que se los empleaba como mano de obra reclutada. Los integrantes del ejército de trabajo se organizaban en batallones de trabajadores sometidos a un régimen similar al de los campos y recibían las raciones del Gulag.[205] En 1945, la Unión Soviética deportó a los asentamientos especiales a 203 796 alemanes étnicos soviéticos que Alemania había reasentado antes en Polonia.[206] Estos deportados de posguerra elevaron la población alemana de los asentamientos especiales a 1 035 701 personas en 1949.[207]

Según J. Otto Pohl, 65 599 alemanes perecieron en los asentamientos especiales. Cree que otras 176 352 personas de las que no hay registro «probablemente murieron en el ejército de trabajo».[208] Bajo Stalin, los alemanes soviéticos siguieron confinados en los asentamientos especiales bajo estricta vigilancia; en 1955 fueron rehabilitados, pero no se les permitió regresar a la Unión Soviética europea.[209] La población germano-soviética creció pese a las deportaciones y los trabajos forzosos de la guerra: en el censo soviético de 1939 era de 1,427 millones, y en 1959 había aumentado a 1,619 millones.[210]

Los cálculos del investigador de Alemania Occidental Gerhard Reichling no coinciden con las cifras de los archivos soviéticos. Según Reichling, un total de 980 000 alemanes étnicos soviéticos fueron deportados durante la guerra, y estimó que 310 000 murieron en trabajos forzosos.[211] Durante los primeros meses de la invasión de la Unión Soviética en 1941, los alemanes ocuparon las regiones occidentales del país donde había asentamientos alemanes. Alemania deportó a Polonia, durante la guerra, a un total de 370 000 alemanes étnicos de la Unión Soviética. En 1945, los soviéticos hallaron a 280 000 de estos reasentados en territorio bajo su control y los devolvieron a la Unión Soviética; 90 000 se convirtieron en refugiados en Alemania tras la guerra.[211]

Columna de refugiados de alemanes del mar Negro durante la Segunda Guerra Mundial, en Hungría, julio de 1944.

Los alemanes étnicos que permanecieron dentro de las fronteras de 1939 de la Unión Soviética, ocupada por la Alemania nazi en 1941, siguieron donde estaban hasta 1943, cuando el Ejército Rojo liberó el territorio soviético y la Wehrmacht se retiró hacia el oeste.[212] A partir de enero de 1943, la mayoría de estos alemanes étnicos se desplazó en columnas hacia el Warthegau o hacia Silesia, donde debían establecerse.[213] Entre 250 000 y 320 000 habían llegado a la Alemania nazi a finales de 1944.[214] A su llegada se los internó en campos y se los sometió a una «evaluación racial» por parte de las autoridades nazis, que repartieron a los considerados «racialmente valiosos» como trabajadores agrícolas en las provincias anexionadas, mientras que a los de «valor racial dudoso» se los envió a trabajar a Alemania.[214] El Ejército Rojo tomó esas zonas a comienzos de 1945, cuando las autoridades nazis —aún ocupadas en su «evaluación racial»— todavía no habían evacuado a 200 000 alemanes soviéticos.[213][214] La Unión Soviética los consideraba ciudadanos soviéticos y los repatrió a campos y asentamientos especiales de la Unión Soviética. Las 70 000 u 80 000 personas que quedaron en la zona de ocupación soviética tras la guerra también fueron devueltas a la Unión Soviética, en virtud de un acuerdo con los aliados occidentales. Se estimó que el número de muertos durante su captura y traslado fue del 15 % al 30 %, y muchas familias quedaron separadas.[213] Los «asentamientos alemanes» especiales de la Unión Soviética de posguerra estaban controlados por el comisario de Asuntos Internos, y sus habitantes tuvieron que realizar trabajos forzosos hasta finales de 1955. Fueron liberados de los asentamientos especiales por un decreto de amnistía del 13 de septiembre de 1955,[213] y la acusación de colaboración con los nazis fue revocada por un decreto del 23 de agosto de 1964.[215] No se les permitió regresar a sus antiguos hogares y permanecieron en las regiones orientales de la Unión Soviética, sin que se restituyera a nadie su antigua propiedad.[213][215] Desde la década de 1980, los gobiernos soviético y ruso han permitido a los alemanes étnicos emigrar a Alemania.

Columnas de refugiados, laguna de Curlandia, norte de Prusia Oriental, marzo de 1945.

Situaciones distintas se dieron en el norte de Prusia Oriental en torno a Königsberg (rebautizada Kaliningrado) y al adyacente territorio de Memel, en torno a Memel (Klaipėda). La zona de Königsberg, en Prusia Oriental, fue anexionada por la Unión Soviética y se convirtió en un exclave de la República Soviética de Rusia. Memel se integró en la República Soviética de Lituania. Muchos alemanes fueron evacuados de Prusia Oriental y del territorio de Memel por las autoridades nazis durante la Operación Aníbal, o huyeron presa del pánico ante la aproximación del Ejército Rojo. Los alemanes que quedaron fueron reclutados para trabajos forzosos. En la zona se asentaron rusos étnicos y las familias del personal militar. En junio de 1946 había 114 070 alemanes y 41 029 ciudadanos soviéticos registrados como residentes en el óblast de Kaliningrado, además de un número desconocido de alemanes no registrados que no se contabilizaron. Entre junio de 1945 y 1947 fueron expulsados alrededor de medio millón de alemanes.[216] Entre el 24 de agosto y el 26 de octubre de 1948, 21 transportes con un total de 42 094 alemanes salieron del óblast de Kaliningrado hacia la zona de ocupación soviética. Los últimos alemanes que quedaban fueron expulsados entre noviembre de 1949[108] (1401 personas) y enero de 1950 (7 personas).[217] Miles de niños alemanes, llamados los «niños lobo», quedaron huérfanos y sin atención, o murieron junto a sus padres durante el crudo invierno sin alimentos. Entre 1945 y 1947, unos 600 000 ciudadanos soviéticos se asentaron en el óblast.[216]

Yugoslavia

Antes de la Segunda Guerra Mundial, unas 500 000 personas de habla alemana (en su mayoría suabos del Danubio) vivían en el Reino de Yugoslavia.[108][218] La mayoría huyó durante la guerra o emigró después de 1950 gracias a la Ley de Personas Desplazadas de 1948; algunos pudieron emigrar a Estados Unidos. Durante los últimos meses de la guerra, la mayoría de los alemanes étnicos huyó de Yugoslavia con las fuerzas nazis en retirada.[218]

Tras la liberación, los partisanos yugoslavos se vengaron de los alemanes étnicos por las atrocidades de la Alemania nazi durante la guerra, en las que muchos alemanes étnicos habían participado, sobre todo en la región del Banat, en el territorio del comandante militar en Serbia. Los aproximadamente 200 000 alemanes étnicos que quedaban en Yugoslavia sufrieron persecución y pérdidas personales y económicas. Unos 7000 fueron asesinados cuando la población local y los partisanos se vengaron de las atrocidades alemanas de la guerra.[108][219] Entre 1945 y 1948, los alemanes étnicos fueron recluidos en campos de trabajo donde perecieron unos 50 000.[219] Los supervivientes pudieron emigrar a Alemania después de 1948.[219]

Según cifras de Alemania Occidental, a finales de 1944 los soviéticos trasladaron a entre 27 000 y 30 000 alemanes étnicos —en su mayoría mujeres de entre 18 y 35 años— a Ucrania y al Donbas para trabajos forzosos; se dio por muerto o desaparecido a cerca del 20 % (5683).[108][219][221] Los datos de los archivos rusos publicados en 2001, basados en un recuento real, cifran en 12 579 los civiles alemanes deportados de Yugoslavia a la Unión Soviética a comienzos de 1945 para trabajos de reparación, donde murió el 16 % (1994).[222] Después de marzo de 1945 comenzó una segunda fase en la que los alemanes étnicos fueron concentrados en aldeas como Gákovo y Kruševlje, convertidas en campos de trabajo. Se retiraba todo el mobiliario, se colocaba paja en el suelo y los expulsados se alojaban como animales bajo vigilancia militar, con comida mínima y enfermedades generalizadas y sin tratar. Las familias se dividían entre las mujeres, ancianos y niños no aptos, por un lado, y los aptos para el trabajo esclavo, por otro. Fueron internados 166 970 alemanes étnicos, de los que perecieron 48 447 (el 29 %).[107] El sistema de campos se clausuró en marzo de 1948.[224]

En Eslovenia, la población alemana étnica al final de la Segunda Guerra Mundial se concentraba en la Estiria eslovena —más concretamente en Maribor, Celje y algunas otras ciudades menores (como Ptuj y Dravograd)— y en la zona rural en torno a Apače, en la frontera con Austria. La segunda mayor comunidad alemana étnica de Eslovenia era la comarca de Gottschee, predominantemente rural, en torno a Kočevje, en la Baja Carniola, al sur de Liubliana. También vivían alemanes étnicos, en menor número, en Liubliana y en algunas aldeas occidentales de la región de Prekmurje. En 1931, el total de alemanes étnicos en Eslovenia era de unos 28 000: alrededor de la mitad vivía en Estiria y en Prekmurje, y la otra mitad en la comarca de Gottschee y en Liubliana. En abril de 1941, el sur de Eslovenia fue ocupado por tropas italianas. A comienzos de 1942, las nuevas autoridades alemanas trasladaron por la fuerza a los alemanes étnicos de Gottschee y Kočevje a la Estiria ocupada por Alemania. La mayoría fue reasentada en la región de Posavje (un territorio a lo largo del río Sava, entre las localidades de Brežice y Litija), de donde habían sido expulsados unos 50 000 eslovenos. Los alemanes de Gottschee, en general, no acogieron bien su traslado forzoso desde su región histórica, entre otras razones porque percibían que el valor agrícola de su nueva zona de asentamiento era mucho menor que el de Gottschee. Cuando las fuerzas alemanas se retiraron ante los partisanos yugoslavos, la mayoría de los alemanes étnicos huyó con ellas por temor a las represalias. Para mayo de 1945 solo quedaban unos pocos alemanes, sobre todo en las localidades estirias de Maribor y Celje. El Frente de Liberación del Pueblo Esloveno expulsó a la mayor parte de los que quedaban tras hacerse con el control total de la región en mayo de 1945.[224]

Los yugoslavos establecieron campos de internamiento en Sterntal y Teharje. El gobierno nacionalizó sus bienes mediante una «decisión sobre el paso de la propiedad enemiga a la propiedad estatal, sobre la administración estatal de los bienes de las personas ausentes y sobre el secuestro de los bienes apropiados por la fuerza por las autoridades de ocupación», del 21 de noviembre de 1944, adoptada por la Presidencia del Consejo Antifascista para la Liberación Popular de Yugoslavia.[224][225]

Después de marzo de 1945, los alemanes étnicos fueron recluidos en los llamados «campos de aldea».[227] Existían campos separados para quienes podían trabajar y para quienes no. En estos últimos, que albergaban sobre todo a niños y ancianos, la tasa de mortalidad rondó el 50 %. La mayoría de los niños menores de catorce años fueron después internados en hogares gestionados por el Estado, donde las condiciones eran mejores, aunque se prohibía el idioma alemán. Más tarde, esos niños fueron entregados a familias yugoslavas, y no todos los padres alemanes que intentaron recuperar a sus hijos en la década de 1950 lo lograron.[224]

Las cifras del gobierno de Alemania Occidental de 1958 situaban el número de muertos en 135 800 civiles.[228] Un estudio reciente publicado por los alemanes étnicos de Yugoslavia, basado en un recuento real, ha revisado esa cifra a la baja, hasta unos 58 000: 48 447 personas habían muerto en los campos, 7199 fueron fusiladas por los partisanos y otras 1994 perecieron en campos de trabajo soviéticos.[230] Los alemanes que aún se consideraban ciudadanos yugoslavos fueron empleados en la industria o el ejército, pero podían comprar su libertad de la ciudadanía yugoslava por el equivalente a tres meses de salario. Hacia 1950, 150 000 de los alemanes de Yugoslavia estaban clasificados como «expulsados» en Alemania, otros 150 000 en Austria, 10 000 en Estados Unidos y 3000 en Francia.[224] Según cifras de Alemania Occidental, 82 000 alemanes étnicos permanecían en Yugoslavia en 1950.[118] Después de 1950, la mayoría emigró a Alemania o se asimiló a la población local.[211]

Kehl (Alemania)

La población de Kehl (12 000 personas), en la orilla oriental del Rin, frente a Estrasburgo, huyó y fue evacuada en el transcurso de la liberación de Francia, el 23 de noviembre de 1944.[231] El ejército francés ocupó la ciudad en marzo de 1945 e impidió el regreso de los habitantes hasta 1953.[231][232]

América Latina

Ante el temor a una quinta columna nazi, entre 1941 y 1945 el gobierno de Estados Unidos facilitó la expulsión de 4058 ciudadanos alemanes de 15 países de América Latina hacia campos de internamiento en Texas y Luisiana. Investigaciones posteriores demostraron que muchos de los internados eran inofensivos, y tres cuartas partes de ellos fueron devueltas a Alemania durante la guerra a cambio de ciudadanos del continente americano, mientras que el resto regresó a sus hogares en América Latina.[233]

Palestina

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los colonos con ciudadanía alemana fueron detenidos por las autoridades británicas y enviados a campos de internamiento en Belén de Galilea. El 31 de julio de 1941, 661 templarios fueron deportados a Australia vía Egipto, y quedaron 345 en Palestina. El internamiento continuó en Tatura, en Victoria (Australia), hasta 1946-1947. En 1962, el Estado de Israel pagó 54 millones de marcos alemanes en compensación a los propietarios cuyos bienes habían sido nacionalizados.[234]

Pérdidas humanas

Las estimaciones del total de muertes de civiles alemanes en la huida y las expulsiones, incluido el trabajo forzoso de alemanes en la Unión Soviética, oscilan entre 500 000 y un máximo de tres millones de personas.[235] Aunque la estimación oficial del gobierno alemán se ha mantenido en dos millones de muertos desde la década de 1960, la publicación entre 1987 y 1989 de estudios de Alemania Occidental antes clasificados llevó a algunos historiadores a concluir que la cifra real fue mucho menor, del orden de 500 000 a 600 000. Las fuentes en lengua inglesa han situado el número de muertos entre dos y tres millones, basándose en las cifras del gobierno de Alemania Occidental de la década de 1960.[236][237][238][239][240][241][242][243][244][246]

Estimaciones del gobierno de Alemania Occidental sobre el número de muertos

  • En 1950, el gobierno de Alemania Occidental hizo una estimación preliminar de 3 millones de personas desaparecidas (1,5 millones en la Alemania de antes de la guerra y 1,5 millones en Europa Oriental) cuya suerte debía aclararse.[247] Estas cifras quedaron superadas por la publicación del estudio de 1958 de la Oficina Federal de Estadística.
  • En 1953, el gobierno de Alemania Occidental encargó al Servicio de Búsqueda (Suchdienst) de las iglesias alemanas un estudio para rastrear la suerte de 16,2 millones de personas en la zona de las expulsiones; el estudio se completó en 1964, pero se mantuvo en secreto hasta 1987. El servicio de búsqueda pudo confirmar 473 013 muertes de civiles; hubo, además, 1 905 991 casos de personas cuya suerte no pudo determinarse.[248]
  • Entre 1954 y 1961, la comisión Schieder publicó cinco informes sobre la huida y las expulsiones. El presidente de la comisión, Theodor Schieder, era un antiguo miembro del Partido Nazi rehabilitado que había participado en la preparación del Generalplan Ost nazi para colonizar Europa Oriental. La comisión estimó un total de unos 2,3 millones de civiles muertos, incluidos dos millones al este de la línea Óder-Neisse.[249]
  • Las cifras de la comisión Schieder quedaron superadas por la publicación, en 1958, del estudio de la Oficina Federal de Estadística del gobierno de Alemania Occidental, Die deutschen Vertreibungsverluste («Las pérdidas alemanas por la expulsión»). Entre los autores del informe había antiguos miembros del Partido Nazi: Wilfried Krallert, Walter Kuhn y Alfred Bohmann. La Oficina Federal de Estadística situó las pérdidas en 2 225 000 (1,339 millones en la Alemania de antes de la guerra y 886 000 en Europa Oriental).[250] En 1961, el gobierno de Alemania Occidental publicó cifras ligeramente revisadas que situaban las pérdidas en 2 111 000 (1 225 000 en la Alemania de antes de la guerra y 886 000 en Europa Oriental).[251]
  • En 1969, el gobierno federal de Alemania Occidental encargó otro estudio al Archivo Federal Alemán, terminado en 1974 y mantenido en secreto hasta 1989. El estudio se encargó para examinar crímenes contra la humanidad, como los asesinatos deliberados, que según el informe comprendían las muertes causadas por la actividad militar en la campaña de 1944-1945, el trabajo forzoso en la Unión Soviética y el internamiento de civiles en campos de posguerra. Los autores sostuvieron que las cifras incluían únicamente las muertes causadas por actos violentos e inhumanidades (Unmenschlichkeiten) y no las muertes de posguerra por desnutrición y enfermedad; tampoco se incluyó a quienes fueron violados o maltratados y no murieron de inmediato. Estimaron 600 000 muertes (150 000 durante la huida y las evacuaciones, 200 000 como trabajo forzoso en la Unión Soviética y 250 000 en campos de internamiento de posguerra; por regiones, 400 000 al este de la línea Óder-Neisse, 130 000 en Checoslovaquia y 80 000 en Yugoslavia). No se dieron cifras para Rumanía ni Hungría.[252]
  • Un estudio de 1986 de Gerhard Reichling, Die deutschen Vertriebenen in Zahlen («Los expulsados alemanes en cifras»), concluyó que 2 020 000 alemanes étnicos perecieron después de la guerra, incluidos 1 440 000 como consecuencia de las expulsiones y 580 000 por la deportación como trabajadores forzosos en la Unión Soviética. Reichling era un funcionario de la Oficina Federal de Estadística que participaba en el estudio de las estadísticas de las expulsiones alemanas desde 1953.[253] El gobierno alemán cita el estudio de Reichling para respaldar su estimación de dos millones de muertes por las expulsiones.[17]

El debate historiográfico sobre las cifras

La cifra de Alemania Occidental de dos millones de muertos en la huida y las expulsiones fue ampliamente aceptada por los historiadores de Occidente antes de la caída del comunismo en Europa Oriental y del final de la Guerra Fría.[236][237][238][239][240][246][254][242][243][255] La reciente divulgación del estudio del Archivo Federal Alemán y de las cifras del Servicio de Búsqueda ha llevado a algunos estudiosos de Alemania y Polonia a cuestionar la validez de la cifra de dos millones de muertes; ellos estiman el total real en 500 000 a 600 000.[256][257][258]

El gobierno alemán sigue sosteniendo que la cifra de dos millones de muertes es correcta.[259] La cuestión de los «expulsados» ha sido polémica en la política alemana, y la Federación de Expulsados defiende con firmeza la cifra más alta.[260]

Análisis de Rüdiger Overmans

En 2000, el historiador alemán Rüdiger Overmans publicó un estudio sobre las bajas militares alemanas; su proyecto de investigación no examinó las muertes de civiles por la expulsión.[261] En 1994, Overmans ofreció un análisis crítico de los estudios anteriores del gobierno alemán, que considera poco fiables. Overmans sostiene que los estudios del gobierno alemán sobre las muertes por la expulsión carecen de un respaldo adecuado y afirma que hay más argumentos a favor de las cifras bajas que de las altas («Letztlich sprechen also mehr Argumente für die niedrigere als für die höhere Zahl.»).[235]

En una entrevista de 2006, Overmans sostuvo que hacen falta nuevas investigaciones para aclarar la suerte de quienes figuran como desaparecidos.[262] Consideró poco fiables las cifras de 1965 del Servicio de Búsqueda porque incluyen a no alemanes; según Overmans, esas cifras incluyen muertes militares; los datos sobre supervivientes, muertes naturales y nacimientos posteriores a la guerra en Europa Oriental son poco fiables porque los gobiernos comunistas no colaboraron plenamente con los esfuerzos de Alemania Occidental por localizar a personas en Europa Oriental, y los testimonios de los testigos encuestados no son fiables en todos los casos. En particular, Overmans sostiene que la cifra de 1,9 millones de desaparecidos se basó en información incompleta y no es fiable.[263] Overmans consideró poco fiable el estudio demográfico de 1958 porque infló las cifras de muertes de alemanes étnicos al incluir a desaparecidos de dudosa identidad étnica alemana que sobrevivieron a la guerra en Europa Oriental; la cifra de muertes militares está subestimada, y los datos sobre supervivientes, muertes naturales y nacimientos posteriores a la guerra son poco fiables por la falta de cooperación de los gobiernos comunistas.[235]

Overmans sostiene que las 600 000 muertes calculadas por el Archivo Federal Alemán en 1974 son solo una estimación aproximada de los muertos, no una cifra definitiva. Señaló que algunas muertes no se declararon porque no había testigos supervivientes de los hechos, y que tampoco se estimaron las pérdidas en Hungría, Rumanía y la Unión Soviética.[264]

Overmans llevó a cabo un proyecto de investigación sobre las bajas del ejército alemán durante la guerra y halló que la estimación previa de 4,3 millones de muertos y desaparecidos, sobre todo en las últimas fases de la guerra, se quedaba corta en cerca de un millón respecto del total real. En su estudio, Overmans investigó únicamente las muertes militares; su proyecto no examinó las muertes de civiles por la expulsión, sino que se limitó a señalar la diferencia respecto de los 2,2 millones de muertos estimados en el estudio demográfico de 1958, de los cuales solo 500 000 se han verificado hasta la fecha.[265] Halló que las muertes militares alemanas procedentes de zonas de Europa Oriental fueron de unos 1,444 millones, es decir, 334 000 más que la cifra de 1,1 millones del estudio demográfico de 1958, que, al carecer de documentos hoy disponibles, incluía esas bajas entre las muertes de civiles. Overmans cree que ello reducirá el número de muertes de civiles en las expulsiones. Señaló, además, que la cifra de 2,225 millones estimada en el estudio de 1958 implicaría que la tasa de mortalidad entre los expulsados fue igual o superior a la de los militares, algo que consideró inverosímil.[266]

Análisis del historiador Ingo Haar

En 2006, Haar cuestionó la validez de la cifra oficial de dos millones de muertes por la expulsión en un artículo del periódico alemán Süddeutsche Zeitung.[267] Desde entonces, Haar ha publicado tres artículos en revistas académicas sobre los antecedentes de la investigación del gobierno de Alemania Occidental acerca de las expulsiones.[268][269][13][270]

Haar sostiene que todas las estimaciones razonables de muertes por las expulsiones se sitúan entre unos 500 000 y 600 000, según la información del Servicio de Búsqueda de la Cruz Roja y del Archivo Federal Alemán. Señaló que algunos miembros de la comisión Schieder y funcionarios de la Oficina Federal de Estadística implicados en el estudio de las expulsiones habían participado en el plan nazi de colonización de Europa Oriental. Haar plantea que las cifras se inflaron en Alemania a causa de la Guerra Fría y de la política interna alemana, y afirma que la cifra de 2,225 millones se apoya en una metodología estadística inadecuada y en datos incompletos, sobre todo respecto de los expulsados que llegaron a Alemania Oriental. Haar cuestiona la validez de los balances de población en general. Sostiene que en las cifras de Alemania Occidental se incluye a 27 000 judíos alemanes que fueron víctimas de los nazis. Rechaza la afirmación del gobierno alemán de que la cifra de 500 000 a 600 000 muertes omitía a quienes murieron de enfermedad y hambre, y ha declarado que se trata de una «interpretación errónea» de los datos: sostiene que las muertes por enfermedad, hambre y otras causas ya están incluidas en las cifras más bajas. Según Haar, las cifras se fijaron demasiado altas durante décadas por razones políticas de posguerra.[270][271][13][272]

Estudios en Polonia

En 2001, la investigadora polaca Bernadetta Nitschke situó el total de pérdidas de Polonia en 400 000 (la misma cifra que el estudio del Archivo Federal Alemán). Señaló que los historiadores polacos han sostenido que la mayoría de las muertes se produjeron durante la huida y la evacuación de la guerra, en las deportaciones a la Unión Soviética para trabajos forzosos y, tras el reasentamiento, por las duras condiciones de la zona de ocupación soviética en la Alemania de posguerra.[273] El demógrafo polaco Piotr Eberhardt concluyó que, «en términos generales, las estimaciones alemanas... no solo son muy arbitrarias, sino también claramente tendenciosas en la presentación de las pérdidas alemanas». Sostiene que las cifras del gobierno alemán de 1958 exageraron tanto el número total de alemanes étnicos que vivían en Polonia antes de la guerra como el total de muertes de civiles por las expulsiones. Por ejemplo, Eberhardt señala que «el número total de alemanes en Polonia se cifra en 1 371 000. Según el censo polaco de 1931, en todo el territorio de Polonia había en total solo 741 000 alemanes».[10]

Estudio de Hans Henning Hahn y Eva Hahn

Los historiadores alemanes Hans Henning Hahn y Eva Hahn publicaron un estudio detallado de la huida y las expulsiones muy crítico con los relatos alemanes de la época de la Guerra Fría. Los Hahn consideran la cifra oficial alemana de dos millones de muertos un mito histórico sin fundamento y atribuyen la responsabilidad última de la huida y la expulsión masivas a la política de los nazis en Europa Oriental durante la guerra. Los Hahn sostienen que la mayoría de las 473 013 muertes registradas se produjeron durante la huida y la evacuación organizadas por los nazis en la guerra y en el trabajo forzoso de alemanes en la Unión Soviética; señalan que hay 80 522 muertes confirmadas en los campos de internamiento de posguerra. Sitúan las pérdidas de posguerra en Europa Oriental en una fracción del total: en Polonia, 15 000 muertes entre 1945 y 1949 en campos de internamiento; en Checoslovaquia, entre 15 000 y 30 000 muertos, incluidos de 4000 a 5000 en campos de internamiento y unos 15 000 en el levantamiento de Praga; en Yugoslavia, 5777 asesinatos deliberados y 48 027 muertes en campos de internamiento; en Dinamarca, 17 209 muertos en campos de internamiento; en Hungría y Rumanía no se registraron pérdidas de posguerra. Los Hahn señalan que la cifra oficial de 1958 de 273 000 muertos para Checoslovaquia la elaboró Alfred Bohmann, antiguo miembro del Partido Nazi que había servido en las SS durante la guerra y que en la Alemania Occidental de posguerra fue periodista de un diario ultranacionalista de los alemanes de los Sudetes. Los Hahn creen que las cifras de población de alemanes étnicos de Europa Oriental incluyen a los judíos de habla alemana asesinados en el Holocausto.[274] Consideran que la suerte de los judíos de habla alemana en Europa Oriental merece la atención de los historiadores alemanes («Deutsche Vertreibungshistoriker haben sich mit der Geschichte der jüdischen Angehörigen der deutschen Minderheiten kaum beschäftigt.»).[274]

Comisión de historiadores alemanes y checos

En 1995, una investigación de una comisión conjunta de historiadores alemanes y checos concluyó que las estimaciones demográficas anteriores, de entre 220 000 y 270 000 muertes en Checoslovaquia, estaban infladas y se basaban en información errónea. Concluyó que el número de muertos fue de al menos 15 000 personas y que podía alcanzar un máximo de 30 000, suponiendo que no todas las muertes se hubieran registrado.[124]

Réplica del gobierno alemán

El gobierno alemán sostiene que la cifra de 2 a 2,5 millones de muertes por la expulsión es correcta. En 2005, el Servicio de Búsqueda de la Cruz Roja Alemana situó el número de muertos en 2 251 500, pero no aportó detalles sobre esta estimación.[275]

El 29 de noviembre de 2006, el secretario de Estado del Ministerio Federal del Interior alemán, Christoph Bergner, expuso la postura de las respectivas instituciones gubernamentales en Deutschlandfunk (una emisora pública de radio de Alemania). Afirmó que las cifras presentadas por el gobierno alemán y por otros no contradicen las citadas por Haar: la estimación inferior a 600 000 comprende las muertes causadas directamente por atrocidades durante las expulsiones —es decir, solo las personas violadas, golpeadas o asesinadas en el acto—, mientras que la estimación superior a dos millones incluye a quienes, camino de la Alemania de posguerra, murieron por epidemias, hambre, frío, bombardeos aéreos y causas similares.[276]

Schwarzbuch der Vertreibung, de Heinz Nawratil

El abogado alemán Heinz Nawratil publicó un estudio de las expulsiones titulado Schwarzbuch der Vertreibung («Libro negro de la expulsión»).[277] Nawratil afirmó que el número de muertos era de 2,8 millones: incluye las pérdidas de 2,2 millones recogidas en el estudio de Alemania Occidental de 1958, más unas 250 000 muertes estimadas de alemanes reasentados en Polonia durante la guerra y otros 350 000 alemanes étnicos en la Unión Soviética. En 1987, el historiador alemán Martin Broszat (antiguo director del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich) describió los escritos de Nawratil como «panfletos con un punto de vista nacionalista de derechas» que «exageran de manera absurda la magnitud de los "crímenes de la expulsión"». Broszat consideró que el libro de Nawratil contenía «errores de hecho sacados de contexto».[278][279] El historiador alemán Thomas E. Fischer califica el libro de «problemático».[280] James Bjork (Departamento de Historia del King's College London) ha criticado los DVD educativos alemanes basados en el libro de Nawratil.[281]

La situación de los expulsados tras llegar a la Alemania de posguerra

Carretilla de mano usada por refugiados alemanes con algunas de las pertenencias que pudieron llevarse.
Antiguo campo de expulsados en Eckernförde; imagen tomada en 1951.

Quienes llegaban lo hacían en malas condiciones, sobre todo durante el crudo invierno de 1945-1946, cuando los trenes que arribaban transportaban «muertos y moribundos en cada vagón (otros cadáveres habían sido arrojados del tren por el camino)».[191] Tras haber sufrido las atrocidades del Ejército Rojo, los alemanes de las zonas de expulsión fueron objeto de duras medidas punitivas a manos de los partisanos yugoslavos y en la Polonia y la Checoslovaquia de posguerra.[282] Palizas, violaciones y asesinatos acompañaron a las expulsiones.[191][282] Algunos vivieron masacres, como la masacre de Ústí (Aussig), en la que murieron entre 80 y 100 alemanes étnicos, o la masacre de Postoloprty, o condiciones como las del campo de la Alta Silesia de Łambinowice (Lamsdorf), donde los alemanes internados fueron sometidos a prácticas sádicas y murieron al menos 1000.[282] Muchos expulsados padecieron hambre y enfermedades, la separación de sus familiares, la pérdida de sus derechos civiles y de su entorno conocido y, en ocasiones, el internamiento y el trabajo forzoso.[282]

Una vez que llegaban, se encontraban con un país devastado por la guerra. La escasez de vivienda se prolongó hasta la década de 1960, lo que, junto con otras carencias, provocó conflictos con la población local.[283][284] La situación solo mejoró con el auge económico de Alemania Occidental en la década de 1950, que redujo el desempleo casi a cero.[285]

Francia no participó en la Conferencia de Potsdam, por lo que se sintió libre de aprobar algunos de los acuerdos de Potsdam y desestimar otros. Francia mantuvo la posición de que no había aprobado las expulsiones y de que, por tanto, no era responsable de alojar y alimentar a los expulsados indigentes en su zona de ocupación. Aunque el gobierno militar francés atendió a los pocos refugiados que llegaron antes de julio de 1945 a la zona que se convertiría en la francesa, logró impedir la entrada de los alemanes étnicos deportados del este que llegaron después.[286]

Refugiados en Berlín, 27 de junio de 1945.

El Reino Unido y Estados Unidos protestaron contra las medidas del gobierno militar francés, pero no tenían medios para obligar a Francia a asumir las consecuencias de la política de expulsión acordada por los dirigentes estadounidense, británico y soviético en Potsdam. Francia insistió en su argumento de distinguir claramente entre los refugiados de guerra y los expulsados de posguerra. En diciembre de 1946 acogió en su zona a refugiados alemanes procedentes de Dinamarca,[286] adonde 250 000 alemanes habían llegado por mar entre febrero y mayo de 1945 para refugiarse de los soviéticos. Se trataba de refugiados de las partes orientales de Alemania, no de expulsados; los daneses de etnia alemana no fueron molestados y Dinamarca no los expulsó. Con este acto humanitario, los franceses salvaron muchas vidas, dado el elevado número de muertes que sufrían los refugiados alemanes en Dinamarca.[287][288][289]

Hasta mediados de 1945, los aliados no habían alcanzado un acuerdo sobre cómo tratar a los expulsados. Francia propuso la emigración a Sudamérica y Australia y el asentamiento de «elementos productivos» en Francia, mientras que la Administración Militar Soviética en Alemania proponía reasentar a millones de expulsados en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.[290]

Los soviéticos, que alentaron y en parte llevaron a cabo las expulsiones, colaboraron poco con las labores humanitarias, lo que obligó a estadounidenses y británicos a absorber a los expulsados en sus zonas de ocupación. En contra de los acuerdos de Potsdam, los soviéticos desatendieron su obligación de suministrar provisiones para los expulsados. En Potsdam se había acordado[291] que el 15 % de todo el equipo desmantelado en las zonas occidentales —sobre todo de las industrias metalúrgica, química y de fabricación de maquinaria— se transferiría a los soviéticos a cambio de alimentos, carbón, potasa (una materia básica para los fertilizantes), madera, productos de arcilla, productos derivados del petróleo, etc. Las entregas occidentales comenzaron en 1946, pero resultaron ser una vía de sentido único: las entregas soviéticas —desesperadamente necesarias para dar a los expulsados alimentos, calor y bienes básicos, y para aumentar la producción agrícola en la superficie de cultivo restante— no se materializaron. En consecuencia, Estados Unidos suspendió todas las entregas el 3 de mayo de 1946,[292] mientras que los expulsados de las zonas bajo dominio soviético siguieron siendo deportados al oeste hasta finales de 1947.

Asentamiento de refugiados en Espelkamp, hacia 1945-1949.
Asentamiento de refugiados en Bleidenstadt, 1952.

En las zonas británica y estadounidense, la situación del abastecimiento empeoró de forma considerable, sobre todo en la británica. Por su ubicación en el Báltico, la zona británica ya albergaba a un gran número de refugiados llegados por mar, y las ya modestas raciones hubo que recortarlas otra tercera parte en marzo de 1946. En Hamburgo, por ejemplo, la superficie habitable media por persona —reducida por los bombardeos de 13,6 metros cuadrados (16,3 yd²) en 1939 a 8,3 en 1945— disminuyó aún más, hasta 5,4 metros cuadrados (6,5 yd²) en 1949, por el alojamiento de refugiados y expulsados.[293] En mayo de 1947, los sindicatos de Hamburgo organizaron una huelga contra las escasas raciones, y los manifestantes se quejaban de la rápida absorción de expulsados.[294]

Estados Unidos y el Reino Unido tuvieron que importar alimentos a sus zonas, aun cuando el Reino Unido estaba financieramente exhausto y dependía de las importaciones de alimentos tras haber combatido a la Alemania nazi durante toda la guerra, incluso como único adversario entre junio de 1940 y junio de 1941 (el periodo en que Polonia y Francia fueron derrotadas, la Unión Soviética apoyaba a la Alemania nazi y Estados Unidos aún no había entrado en la guerra). En consecuencia, el Reino Unido tuvo que endeudarse más con Estados Unidos, y este tuvo que gastar más en la supervivencia de su zona, mientras que los soviéticos se ganaban el aplauso de muchos habitantes de Europa Oriental —empobrecidos por la guerra y la ocupación alemana— que saqueaban las pertenencias de los expulsados, a menudo antes de que se los expulsara. Como la Unión Soviética fue la única potencia aliada que permitió o alentó el saqueo y el robo en la zona bajo su influencia militar, los autores y beneficiarios se vieron abocados a una situación en la que dependían de la perpetuación del dominio soviético en sus países para no ser desposeídos del botín y quedar impunes. Con cada vez más expulsados llegando en tromba a la Alemania de posguerra, los aliados se orientaron hacia una política de asimilación, que se consideraba la mejor manera de estabilizar Alemania y asegurar la paz en Europa al evitar la creación de una población marginada.[290] Esta política llevó a conceder la ciudadanía alemana a los expulsados alemanes étnicos que antes de la Segunda Guerra Mundial habían tenido la ciudadanía de Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia, Rumanía, etc.[cita requerida] Este esfuerzo lo encabezó la Comisión Sonne, un órgano de catorce miembros —nueve estadounidenses y cinco alemanes— dentro de la Administración de Cooperación Económica, encargado de idear estrategias para resolver la crisis de refugiados.[295][296]

Organizaciones de expulsados se manifiestan en Bonn, capital de Alemania Occidental, en 1951.

Cuando se fundó la República Federal de Alemania, el 24 de agosto de 1952 se redactó una ley destinada, ante todo, a aliviar la situación económica de los expulsados. La ley, denominada Lastenausgleichsgesetz («ley de compensación de cargas»), concedía a los expulsados una compensación parcial y créditos en condiciones favorables; la pérdida de sus bienes civiles se había estimado en 299 600 millones de marcos alemanes (de una pérdida total de bienes alemanes por los cambios de fronteras y las expulsiones de 355 300 millones de marcos).[297] Se crearon organismos administrativos para integrar a los expulsados en la sociedad alemana de posguerra. Mientras que el régimen estalinista de la zona de ocupación soviética no permitió a los expulsados organizarse, en las zonas occidentales estos fueron creando con el tiempo diversas organizaciones, entre ellas el Bloque Panalemán/Liga de Expulsados y Privados de Derechos.[298] La más destacada —aún activa hoy— es la Federación de Expulsados (Bund der Vertriebenen, o BdV).

Los «hijos de la guerra» de ascendencia alemana en Europa Occidental y Septentrional

En los países ocupados por la Alemania nazi durante la guerra, las relaciones sexuales entre soldados de la Wehrmacht y mujeres locales (tanto violaciones como relaciones voluntarias) dieron lugar al nacimiento de un número considerable de niños. Las relaciones entre soldados alemanes y mujeres locales fueron especialmente frecuentes en países cuya población no era tildada de «inferior» (Untermensch) por los nazis. Tras la retirada de la Wehrmacht, esas mujeres y sus hijos de ascendencia alemana fueron a menudo maltratados.[299][300][301]

Legado de las expulsiones

Una señal de tráfico que indica antiguas ciudades alemanas, en un monumento a los territorios orientales perdidos, en Elmshorn.

Con al menos[303] 12 millones[101][304][305] de alemanes directamente implicados —posiblemente 14 millones[283][306] o más—,[307] fue el mayor movimiento o traslado de una sola población étnica de la historia de Europa[305][308][309][310] y el mayor de las expulsiones de posguerra en Europa Central y Oriental (que desplazaron a entre 20 y 31 millones de personas en total).[304]

El número exacto de alemanes expulsados después de la guerra sigue siendo desconocido, porque la investigación más reciente ofrece una estimación combinada que incluye a quienes fueron evacuados por las autoridades alemanas, huyeron o murieron durante la guerra. Se estima que entre 12 y 14 millones de ciudadanos alemanes y de alemanes étnicos extranjeros y sus descendientes fueron desplazados de sus hogares.[311] El número exacto de víctimas sigue siendo desconocido y resulta difícil de establecer por el carácter caótico de los últimos meses de la guerra. Las cifras censales situaban el número total de alemanes étnicos que aún vivían en Europa Oriental en 1950, tras concluir las grandes expulsiones, en unos 2,6 millones, alrededor del 12 % del total de antes de la guerra.[118]

Los hechos se han clasificado por lo general como traslado de población[312][313] o como limpieza étnica.[314][315][316][317][318][319][320][321][322][323]

R.J. Rummel ha clasificado estos hechos como democidio,[307] y unos pocos estudiosos llegan a calificarlos de genocidio.[324][325][326] El sociólogo y filósofo polaco Lech Nijakowski se opone al término «genocidio» por considerarlo una propaganda inexacta.[327]

Las expulsiones provocaron grandes trastornos sociales en los territorios de acogida, que tuvieron que proporcionar vivienda y empleo a millones de refugiados. Alemania Occidental creó un ministerio dedicado al problema, y varias leyes establecieron un marco jurídico. Los expulsados fundaron varias organizaciones, algunas de las cuales exigían compensaciones. Sus reivindicaciones, aunque siguieron siendo polémicas, se incorporaron al debate público.[284] Durante 1945, la prensa británica manifestó su preocupación por la situación de los refugiados;[328] a ello siguió un debate limitado sobre el asunto durante la Guerra Fría fuera de Alemania Occidental.[329] Alemania Oriental procuró no enemistarse con la Unión Soviética ni con sus vecinos; los gobiernos polaco y checoslovaco calificaron las expulsiones de «justo castigo por los crímenes nazis».[284] Los analistas occidentales tendían a ver a la Unión Soviética y sus satélites como una sola entidad, sin tener en cuenta las disputas nacionales que habían precedido a la Guerra Fría.[330] La caída de la Unión Soviética y la reunificación de Alemania abrieron la puerta a un nuevo examen de las expulsiones tanto en los círculos académicos como en los políticos.[331] Un factor de la persistencia de la disputa puede ser la proporción relativamente elevada de ciudadanos alemanes que figuraban entre los expulsados o sus descendientes, estimada en un 20 % en el año 2000.[332]

Una novela de 1993, Summer of Dead Dreams, escrita por Harry Thürk —autor alemán que abandonó la Alta Silesia anexionada por Polonia poco después de terminar la guerra—, contenía descripciones crudas del trato dado a los alemanes por soviéticos y polacos en Prudnik, la ciudad natal del autor. Retrataba el maltrato a los alemanes al tiempo que reconocía la culpa alemana, así como la animadversión polaca hacia los alemanes y, en casos concretos, amistades entre polacos y alemanes pese a las circunstancias. Cuando la revista Tygodnik Prudnicki («Semanario de Prudnik») publicó por entregas la traducción polaca de la novela de Thürk, esta recibió críticas de algunos vecinos polacos de Prudnik, pero también elogios, porque reveló a muchos ciudadanos locales que había existido un gueto alemán de posguerra en la ciudad y abordó las tensiones entre polacos y soviéticos en la Polonia de posguerra. A la publicación por entregas le siguió una exposición sobre la vida de Thürk en el museo municipal de Prudnik.[333]

Estatus en el derecho internacional

El derecho internacional sobre el traslado de poblaciones evolucionó de forma considerable durante el xx. Antes de la Segunda Guerra Mundial, varios grandes traslados de población fueron fruto de tratados bilaterales y contaron con el respaldo de organismos internacionales como la Sociedad de Naciones. La tendencia empezó a cambiar cuando el estatuto de los juicios de Núremberg a los líderes nazis alemanes declaró que la deportación forzosa de poblaciones civiles era a la vez un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad, opinión que se fue adoptando y ampliando durante el resto del siglo. Detrás de este cambio estaba la tendencia a atribuir derechos a los individuos, limitando así la facultad de los Estados-nación de imponer decisiones que pudieran perjudicarlos. La Carta de la entonces recién creada Organización de las Naciones Unidas establecía que su Consejo de Seguridad no podía adoptar medidas coercitivas respecto de las acciones tomadas contra los «Estados enemigos» de la Segunda Guerra Mundial, definidos como enemigos de un firmante de la Carta durante la contienda.[334] La Carta no excluía las acciones contra tales enemigos «tomadas o autorizadas como consecuencia de esa guerra por los gobiernos responsables de dicha acción».[335] Así pues, la Carta no invalidaba ni impedía las acciones contra los enemigos de la Segunda Guerra Mundial tras la guerra.[335] Este argumento es rebatido por Alfred de Zayas, profesor estadounidense de derecho internacional.[336] El asesor jurídico del Comité Internacional de la Cruz Roja, Jean-Marie Henckaerts, planteó que las propias expulsiones llevadas a cabo por los aliados de la Segunda Guerra Mundial fueron la razón por la que la cuestión de las expulsiones no se incluyó ni en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 ni en el Convenio Europeo de Derechos Humanos de 1950, y afirma que «puede calificarse de "trágica anomalía" que, mientras las deportaciones eran proscritas en Núremberg, las mismas potencias las emplearan como "medida de tiempos de paz"».[337] No fue hasta 1955 cuando el Convenio de Solución reguló las expulsiones, aunque solo respecto de las de individuos de los Estados firmantes del convenio.[337] El primer tratado internacional que condenó las expulsiones masivas fue un documento emitido por el Consejo de Europa el 16 de septiembre de 1963, el Protocolo n.º 4 al Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales,[337] que en su artículo 4 establece: «Quedan prohibidas las expulsiones colectivas de extranjeros».[338] Este protocolo entró en vigor el 2 de mayo de 1968 y, hasta 1995, había sido ratificado por 19 Estados.[338]

En la actualidad existe consenso general sobre el estatus jurídico de los traslados forzosos de población: «Allí donde los traslados de población solían aceptarse como medio para resolver conflictos étnicos, hoy los traslados forzosos de población se consideran violaciones del derecho internacional».[339] No se distingue jurídicamente entre traslados unilaterales y bilaterales, ya que los derechos de cada individuo se consideran independientes de la experiencia de los demás. Aunque los firmantes de los acuerdos de Potsdam y los países expulsores pudieran considerar las expulsiones legales según el derecho internacional de la época, hay historiadores y estudiosos del derecho internacional y de los derechos humanos que sostienen que las expulsiones de alemanes de Europa Central y Oriental deberían considerarse hoy episodios de limpieza étnica y, por tanto, una violación de los derechos humanos. Por ejemplo, Timothy V. Waters argumenta en «On the Legal Construction of Ethnic Cleansing» que, si en el futuro se dieran circunstancias similares, el precedente de las expulsiones de los alemanes sin reparación jurídica permitiría también, según el derecho internacional, la futura limpieza étnica de otras poblaciones.[340]

Desfile de expulsados alemanes en octubre de 1959 en Espelkamp, Renania del Norte-Westfalia.

En las décadas de 1970 y 1980, el abogado e historiador Alfred de Zayas, formado en Harvard, publicó Nemesis at Potsdam y A Terrible Revenge, que se convirtieron en superventas en Alemania.[341] De Zayas sostiene que las expulsiones fueron crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad incluso en el contexto del derecho internacional de la época, y afirma: «Los únicos principios aplicables eran los Convenios de La Haya, en particular el Reglamento de La Haya, artículos 42 a 56, que limitaban los derechos de las potencias ocupantes —y, evidentemente, las potencias ocupantes no tienen derecho a expulsar a las poblaciones—, de modo que hubo una clara violación del Reglamento de La Haya».[341][342][343] Argumentó que las expulsiones violaron los Principios de Núremberg.[341]

En noviembre de 2000 se celebró una importante conferencia sobre la limpieza étnica en el xx en la Universidad de Duquesne, en Pittsburgh, acompañada de la publicación de un libro con las conclusiones de los participantes.[344]

El ecuatoriano José Ayala Lasso, antiguo Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, respaldó la creación del Centro contra las Expulsiones en Berlín.[345] Ayala Lasso reconoció a los «expulsados» como víctimas de graves violaciones de los derechos humanos.[346] De Zayas, miembro del consejo asesor del Centro contra las Expulsiones, respalda la plena participación en el centro de Berlín de la organización que representa a los expulsados, la Federación de Expulsados.[347]

El Centro de Berlín

El gobierno alemán debía crear en Berlín un Centro contra las Expulsiones, a partir de una iniciativa y con la participación activa de la Federación de Expulsados alemana. La creación del centro fue criticada en Polonia.[348] Se opusieron firmemente el gobierno polaco y el presidente Lech Kaczyński. El antiguo primer ministro polaco Donald Tusk limitó sus comentarios a recomendar que Alemania adoptara un enfoque neutral en el museo.[348][349] El museo, al parecer, no llegó a materializarse. El único proyecto de esta índole en Alemania es «Señal visible» (Sichtbares Zeichen), bajo los auspicios de la Fundación Huida, Expulsión, Reconciliación (Stiftung Flucht, Vertreibung, Versöhnung, SFVV).[350] Varios miembros de dos consejos asesores (académicos) internacionales sucesivos criticaron algunas actividades de la fundación, y el nuevo director, Winfried Halder, dimitió. Gundula Bavendamm es su directora actual.[351]

Historiografía

El historiador británico Richard J. Evans escribió que, aunque las expulsiones de alemanes étnicos de Europa Oriental se llevaron a cabo de una manera extremadamente brutal que no podía defenderse, el objetivo básico de expulsar a la población alemana étnica de Polonia y Checoslovaquia estaba justificado por el papel subversivo que las minorías alemanas habían desempeñado antes de la Segunda Guerra Mundial.[352] Evans escribió que, bajo la República de Weimar, la gran mayoría de los alemanes étnicos de Polonia y Checoslovaquia dejaron claro que no eran leales a los Estados en que vivían y que, bajo el dominio nazi, las minorías alemanas de Europa Oriental fueron instrumentos voluntarios de la política exterior alemana.[352] Evans escribió, además, que muchas zonas de Europa Oriental presentaban una mezcla de diversos grupos étnicos junto a los alemanes, y que fue el papel destructivo desempeñado por los alemanes étnicos como instrumentos de la Alemania nazi lo que condujo a su expulsión tras la guerra.[352] Evans concluyó planteando que las expulsiones estaban justificadas porque pusieron fin a un grave problema que aquejaba a Europa antes de la guerra; que la contribución a la causa de la paz fue un beneficio añadido, y que, si se hubiera permitido a los alemanes permanecer en Europa Oriental tras la guerra, Alemania Occidental habría aprovechado su presencia para presentar reivindicaciones territoriales contra Polonia y Checoslovaquia, lo que, en el contexto de la Guerra Fría, podría haber contribuido a provocar una tercera guerra mundial.[352]

El historiador Gerhard Weinberg escribió que la expulsión de los alemanes de los Sudetes estaba justificada, ya que los propios alemanes habían anulado el Acuerdo de Múnich.[353]

Cuestiones políticas

Sello emitido en Alemania Occidental diez años después del inicio de las expulsiones.

En enero de 1990, el presidente de Checoslovaquia, Václav Havel, pidió perdón en nombre de su país y empleó el término «expulsión» en lugar de «traslado».[354][355] La aprobación pública de la postura de Havel fue limitada: en una encuesta de opinión de 1996, el 86 % de los checos afirmó que no apoyaría a un partido que respaldara semejante disculpa.[356] La cuestión de la expulsión resurgió en 2002, durante la solicitud de adhesión de la República Checa a la Unión Europea, ya que los decretos de autorización dictados por Edvard Beneš no habían sido formalmente revocados.[357]

En octubre de 2009, el presidente checo Václav Klaus afirmó que la República Checa requeriría una exención de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea para garantizar que los descendientes de los alemanes expulsados no pudieran presentar reclamaciones judiciales contra el país.[358] Cinco años después, en 2014, el gobierno del primer ministro Bohuslav Sobotka decidió que la exención «ya no era pertinente» y que la retirada de la cláusula de exclusión «ayudaría a mejorar la posición de Praga respecto de otros acuerdos internacionales de la Unión Europea».[359]

El 20 de junio de 2018, Día Mundial del Refugiado, la canciller alemana Angela Merkel afirmó que no había habido «ninguna justificación moral ni política» para la expulsión de los alemanes étnicos tras la guerra.[360]

Algunas organizaciones de expulsados y sus descendientes han reclamado a los gobiernos de Polonia, Rusia y la República Checa indemnizaciones por la pérdida forzosa de sus propiedades.[361] Los sucesivos gobiernos alemanes, desde la Ostpolitik de Willy Brandt, no han respaldado oficialmente esas reclamaciones particulares; el gobierno de Angela Merkel mantuvo esa misma postura.[362]

Uso indebido de material gráfico

A veces se publican imágenes de propaganda nazi producidas durante el Heim ins Reich e imágenes de polacos expulsados para ilustrar la huida y la expulsión de los alemanes.[363]

Véase también

Notas

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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