Fakelore

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Fakelore, folclore de pega o folclore falso es un neologismo acuñado por el folclorista estadounidense Richard Dorson para referirse a las creaciones que se presentan como si fueran genuinamente tradicionales, cuando en realidad se trata de productos falsos e inventados. Puede considerarse fakelore tanto a materiales nuevos como al folclore que se reelabora y modifica para ajustarlo al gusto moderno. Para que haya fakelore es preciso que se dé engaño: el hecho de inspirarse en materiales tradicionales no supone, por sí mismo, fakelore, salvo cuando se pretende vender tales creaciones como si fueran folclore genuino.[1] Para referirse al uso de materiales folclóricos fuera de su contexto original (que no tiene por qué suponer un intento de dar gato por liebre) suele utilizarse el término folclorismo.

Dorson acuñó el término en 1950.[1] Puso como ejemplo a dos personajes de la cultura popular norteamericana: el leñador gigante Paul Bunyan y el vaquero Pecos Bill, al que se presentaba como héroe popular del Oeste, cuando en realidad lo inventó el escritor Edward S. O'Reilly en 1923. En cuanto a Bunyan, comenzó siendo un personaje de los relatos tradicionales de los leñadores de la zona de los Grandes Lagos, pero fue James Stevens, un publicista que trabajaba para la Red River Lumber Company, quien inventó las historias más conocidas sobre el personaje. Según Dorson, los publicistas y divulgadores convirtieron a Bunyan en un «héroe pseudo-popular de la cultura de masas del siglo XX», que apenas guarda relación con el personaje original.[2]

El término fakelore se utiliza con intención polémica para denunciar y desprestigiar ciertos productos. Dorson hablaba de una «batalla contra el fakelore».[3] A su juicio, los divulgadores del folclore lo habían sentimentalizado, reduciendo a estereotipos a sus creadores, al presentarlos como personas pintorescas e ingeniosas,[1] cuando el folclore genuino es a menudo, por el contrario, «repetitivo, tosco, absurdo y obsceno».[4] Como prueba del contraste entre folclore y fakelore Dorson analizaba las historias originales sobre Bunyan (en las que abundan tanto los términos especializados de la jerga de los leñadores que a los extraños les cuesta entender ciertas partes) con las versiones comerciales, que tienen el aire de un libro para niños. El verdadero Paul Bunyan era un personaje taimado, vil en ocasiones; una historia cuenta cómo se las apaña para no pagar a sus hombres. La cultura de masas produjo un Paul Bunyan políticamente correcto, dotado de «un humor gargantuesco [que] no refleja la verdadera forma de ser de los leñadores» [2] A juicio de Daniel G. Hoffman, Bunyan, un héroe del pueblo, acabó convertido en un altavoz de los capitalistas: «He aquí un ejemplo de cómo se puede utilizar un símbolo tradicional para manipular la mente de gente que no tuvo nada que ver con su creación».[5]

Otros han alegado que el arte creado por profesionales y el folclore se influyen constantemente, y que esta influencia debería ser objeto de estudio, no de denuesto.[6] Así, Jon Olson, un profesor de antropología, indicaba que de pequeño le habían contado historias de Paul Bunyan que procedían de los folletos publicitarios de una compañía maderera.[7] Para Dorson, las fuentes impresas habían contaminado las historias de Paul Bunyan que circulaban en la tradición oral, «embarrando sin remedio la tradición».[2] Para Olson, en cambio, «la cuestión es que yo conocí a Paul Bunyan a través de una tradición viva, no la de los pocos leñadores que quedan, sino la de la gente que vivía en la zona»[7] Lo que empezó como fakelore se había convertido, de nuevo, en folclore.

Aunque hay un debate abierto sobre el tema, la postura más extendida entre los folcloristas es rechazar la manipulación del folclore con fines ideológicos y comerciales.[8]

Ejemplos de fakelore

Véase también

Referencias

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