Fatiga olfativa
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La fatiga olfativa, conocida también como habituación a los olores, adaptación olfativa o ceguera nasal, es la incapacidad temporal y normal para distinguir un olor específico después de una exposición prolongada del mismo en el aire. [1] Por ejemplo, al entrar en un restaurante inicialmente el olor de la comida suele percibirse muy intenso, pero después de que pasa el tiempo la conciencia del olor se desvanece hasta el punto en que el olor no es perceptible o es mucho más débil. Después de salir de la zona donde se percibe el olor intenso, la sensibilidad se restaura con el paso del tiempo. No debe confundirse con la anosmia, que es la pérdida o permanente o inexistencia congénita del sentido del olfato y es diferente de la fatiga olfativa.
Es un término que se usa frecuentemente en la cata de vinos, donde uno puede perder la capacidad de oler y distinguir el aroma del vino después de exponerse continuamente al mismo durante un período prolongado de tiempo. Este término también se utiliza en el estudio de la calidad del aire interior, por ejemplo, en la percepción de olores de personas, tabaco y productos de limpieza. Dado que la detección de olores puede ser un indicador de exposición a ciertas sustancias químicas, la fatiga olfativa también puede reducir la conciencia de una persona sobre la exposición a peligros químicos.
La fatiga olfativa es un ejemplo de adaptación neuronal. El cerebro se desensibiliza a los estímulos para evitar la sobrecarga del sistema nervioso, permitiéndole así responder a nuevos estímulos que están “fuera de lo común”. [2]