Fernando A. Rivero

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Nacimiento 9 de febrero de 1908 Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 20 de abril de 1972 Ver y modificar los datos en Wikidata (64 años)
Nacionalidad Mexicana
Fernando A. Rivero
Información personal
Nacimiento 9 de febrero de 1908 Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 20 de abril de 1972 Ver y modificar los datos en Wikidata (64 años)
Nacionalidad Mexicana
Información profesional
Ocupación Director de cine y guionista Ver y modificar los datos en Wikidata

Fernando A. Rivero (Ciudad de México, 9 de febrero de 1908-Ciudad de México, 20 de abril de 1972) fue un director de cine y guionista mexicano activo durante la Época de Oro del cine mexicano.[1][2]

Estudió arquitectura, pero debido a problemas económicos abandona la carrera y trabaja en una joyería. En 1927 emigra a Estados Unidos, donde es dibujante para empresas dedicadas a la publicidad y periódicos. En 1931 retorna a México. Al morir su abuelo, hereda una considerable suma de dinero con la que funda la Compañía Anunciadora Mexicana.[3]

En 1931 declara a su compañía en quiebra y se integra al equipo de filmación de Santa (1932) como escenógrafo, oficio que continúa durante toda su trayectoria cinematográfica en 34 películas entre las que figuran: Águilas frente al sol (1932), Mano a mano (1932), El anónimo (1932) —donde además aparece en pantalla interpretando a un cadáver—, Almas encontradas (1933), El prisionero trece (1933) —donde interpreta a la vez a un suicida—, Sagrario (1933), Profanación (1933), Chucho el Roto (1934), ¿Quién mató a Eva? (1934) y Bohemios (1934). Es contratado en Argentina, y de ahí viaja a España para seguir con la misma labor, pero la guerra civil española lo obliga a regresar a México en 1937, donde se reintegra a la industria con La paloma (1937).[3]

Debuta como director, sin abandonar las labores de escenógrafo, con El beso mortal (1938), la primera película de una filmografíacomo director que cierra en 1953 con 20 películas. La película en un principio iba a ser dirigida por el actor Miguel Ángel Ferriz, quien desistió y la puso en manos de Rivero, quien llevaría el script y vira a realizador. La película provocó cierta controversia por abordar el tema de las infecciones de transmisión sexual en la época, siendo la única adaptación cinematográfica de la controvertida obra teatral Le mortel baiser del autor francés Paul Gury. Bajo el sello de Producciones Roberto Fierro, Fierro invierte en la cinta 200 mil pesos, y fue filmada de mayo a junio de 1938 en los estudios México Films y en Tehuacán, Puebla, incluido el lujoso Gran Hotel Garci Crespo.[3]

El estreno de El beso mortal tiene lugar el 9 de diciembre de 1938 en el cine Rex, dedicado especialmente a las películas europeas, donde se exhibe durante una semana. En Estados Unidos se exhibe en el suroeste en repetidas ocasiones. En Nueva York es aprobada con algunos cortes por la muy estricta censura y se proyecta en el Teatro Hispano. The New York Times publica: «En los anuncios de El beso mortal en la Ciudad de México se aclaraba que era una ‘película moral, no apta para señoritas’. En cambio, algunos cronistas mexicanos afirmaron que esta advertencia fílmica en contra de la ignorancia sobre las enfermedades venéreas debería ser vista por la población de todas las edades, a partir de la adolescencia, en toda la República […] Esta buena lección de salud preventiva es presentada con efectividad; sin demasiado drama, sin escenas horrendas y sí con una considerable dosis de humor…».[3]

Rivero aprovechó la filmación de esta cinta para probar un nuevo tipo de escenario de su invención, que describió así: «La base primordial de esta innovación es el haber logrado aislar la tramoya que sostiene los postes reflectores de las paredes de los escenarios, que hasta la fecha habían sido construidos en forma tal que dificultaba a los directores los movimientos de la cámara y los personajes, ya que no podían quitar o poner a placer paredes innecesarias en el momento requerido». Ese mismo año anuncia un negocio de renta de ese tipo de «sets movibles», asociado con los también escenógrafos Mariano Rodríguez y Miguel Márquez, y el arquitecto Julio Cano.[3]

En 1939, dirige los cortometrajes de Cantinflas Siempre listo en las tinieblas y Jengibre contra dinamita. Al año siguiente filma dos cortos más: Cantinflas boxeador y Cantinflas ruletero, así como el documental Recordar es vivir. Sus siguientes largometrajes son el filme de misterio La posada sangrienta y el drama Seda, sangre y sol en 1941; Los miserables y Mi reino por un torero en 1943. Llega a tener un papel actoral en La hora de la verdad (1944).[3]

De su filmografía destacan Nosotros (1945), El príncipe del desierto (1947) y La casa embrujada (1949), Perdida (1950), y El pecado de ser pobre (1950). Su último filme es La extraña pasajera (1953). Se retira del cine y se dedica a trabajar como dibujante en una empresa de publicidad.[3]

En una entrevista con Cinema Reporter en 1948, Rivero fue citado diciendo:[3]

Hubo en nuestro cine la época de los audaces y los valientes. Aquellos fueron los que pudieron reunir capital y esfuerzos para empezar a producir; y los valientes fueron aquellos que pusieron el dinero, puesto que no prestaban los bancos, sin contar con mercados: y también nosotros, los técnicos y artistas que hacíamos cine por cincuenta pesos a la semana, cuando nos pagaban. Ahora vuelve la época de los audaces, los que han vuelto a recoger la cosecha.[3]

Filmografía seleccionada

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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