Fernando de Uranga nació en Azpeitia, España.[2] Estudió en el Colegio de San Bartolomé de la Universidad de Salamanca, de donde se graduó el 18 de octubre de 1541. Ingresó en la Orden de los Predicadores, se formó en la Universidad en Artes y Teología y ocupó la Cátedra Gregorio de Arimino. Fue profesor titular de Teología, Artes y Lógica.[3]
El 4 de julio de 1550, Fernando de Uranga fue nombrado durante el pontificado del Papa Julio III como Obispo de Santiago de Cuba.[1][2] En 1551, fue consagrado obispo.[2] Sirvió como Obispo de Santiago de Cuba hasta su muerte, acaecida en 1556.[1][2]
Don Fernando tuvo que enfrentar importantes problemas económicos en la diócesis. Entre ellos, necesitó conseguir 80.000 pesos para entregarle al corsario francês Jacques de Sores, que exigía dicha cantidad para no destruir la ciudad de Santiago y su Catedral, la cual se hallaba en construcción. El prelado consiguió reunir el dinero y evitó que la Catedral fuese arrasada, pudiendo concluirla y consagrarla en 1555. Sin embargo, no consiguió evitar que la iglesia de La Habana fuese saqueada por este mismo corsario en julio de 1555. Fue el primer obispo sepultado en suelo cubano, precisamente en la recién construida catedral.[3]