Ferrerías en Guipúzcoa
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Las ferrerías en Guipúzcoa (País Vasco, España) fueron instalaciones determinantes en la historia económica, social y tecnológica del territorio.[1]

Desde la Baja Edad Media hasta el siglo XIX desempeñaron un papel central en la transformación del hierro bruto en productos útiles, herramientas, armas y otros utensilios.[2] Su evolución estuvo estrechamente ligada a los recursos naturales disponibles —ríos, bosques, minerales— y a los mercados locales e internacionales.

Desde la antigüedad, se hallan testimonios de ferrerías de monte (hornos bajos, sin energía hidráulica) y su uso continuó en época medieval.[3]
A partir del siglo XIII comenzaron a desarrollarse las ferrerías hidráulicas, aprovechando la fuerza del agua para mover fuelles y martinetes. A sus operarios se les comenzó a denominar ferrones.[4]
En el siglo XV, Guipúzcoa contaba con un número elevado de ferrerías: se estiman unas 110 ferrerías en funcionamiento continuo en esa época, con importantes implicaciones para el empleo local y las actividades conexas (extracción de mineral, elaboración de carbón vegetal, transporte y mantenimiento de los canales).[5]
La producción no solo abastecía el mercado local, sino que también hubo exportaciones a mercados interiores y de ultramar.
A lo largo del siglo XVIII y especialmente en el XIX, la competencia de las nuevas técnicas siderúrgicas (altos hornos) y la escasez de materias primas como madera para carbón vegetal hicieron desaparecer las ferrerías en Guipúzcoa.[6]
Descripción
Las ferrerías hidráulicas consistían en hornos para fundir el mineral de hierro, generalmente con carbón vegetal como combustible, y estructuras hidráulicas (presas, canales, ruedas) para accionar los fuelles que avivaban el fuego y los martillos que moldeaban el hierro.[7] Se instalaron en zonas con cursos de agua adecuados para generar fuerza hidráulica, abundancia de madera, y cercanía de minerales.
Se construían presas para crear un salto de agua, que se dirigía por canales hasta las ruedas. Luego mediante ejes o levas se transmitía el movimiento a los fuelles que mantenían el fuego en los hornos.[8]
La campaña de trabajo, que comenzaba siempre un domingo con un banquete multitudinario, dependía del caudal de los ríos, comenzando en noviembre y terminando en mayo. Durante el resto del año los ferrones se dedicaban a la tala de árboles para la obtención de carbón vegetal así como a la extracción, laboreo y transporte del mineral de hierro.
Alrededor de las ferrerías se desarrollaban las carboneras (txondorra en euskera) para suministrar carbón vegetal.[9]
Desde las ferrerías, sus productos se trasladaban a las cabeceras de los ríos desde donde se exportaban hacia Castilla, Europa o América. Eran útiles agrícolas, herrajes, tornillos, espadas y las especialmente demandadas anclas de barcos.[10]