El festival fue fundado en 1976 por los realizadores y promotores culturales Julio Neri y Mercedes Márquez. Surge en el contexto de una efervescencia artística que vinculó la producción audiovisual con las artes plásticas, la performance y prácticas experimentales en Venezuela y América Latina, y fue concebido como espacio de exhibición para filmes Super-8 nacionales e internacionales.[3]
A partir de sus primeras ediciones, el festival incorporó en su programación obras de cine experimental global junto a producciones venezolanas en Super-8. Entre los invitados y cineastas exhibidos se mencionan figuras internacionales como Stan Brakhage, Chris Marker y la realizadora argentina Narcisa Hirsch.[4]
Con el paso de los años el certamen evolucionó formalmente y de nombre hasta ser conocido también como Festival Internacional del Nuevo Cine Super-8, consolidándose como un espacio de referencia para realizadores y artistas que adoptaron el formato como herramienta de creación. Su actividad principal se extendió durante la década de 1980, coincidiendo con la creciente circulación internacional de la obra de cineastas venezolanos del Super-8.
El Festival de Cine de Super-8 de Caracas contribuyó a posicionar a Venezuela como uno de los focos más dinámicos del cine en Super-8 en América Latina durante los años 1970 y 1980. Se considera que el certamen no sólo facilitó el intercambio entre cineastas locales y extranjeros, sino que también actuó como plataforma de difusión para las obras de figuras como Carlos Castillo[5] y Diego Rísquez,[6] entre otros, quienes luego obtendrían visibilidad internacional.
Aunque con el auge del vídeo y los cambios tecnológicos la relevancia del formato Super-8 disminuyó gradualmente para finales de los años 1980, el Festival Internacional de Cine de Super-8 de Caracas dejó un legado duradero en la historia del cine experimental venezolano. [2]