Flamenco en Japón
El flamenco en Japón se introdujo en los años 20 del siglo XX, cuando los japoneses comenzaron a interesarse por este arte, y desde entonces ha evolucionado y se ha extendido por todo el país asiático, lo que ha convertido a Japón en la segunda patria del flamenco. Muchos japoneses han viajado a España para conocer las raíces del flamenco y aprenderlo en profundidad.
From Wikipedia, the free encyclopedia
El flamenco en Japón se introdujo en los años 20 del siglo XX, cuando los japoneses comenzaron a interesarse por este arte, y desde entonces ha evolucionado y se ha extendido por todo el país asiático, lo que ha convertido a Japón en la segunda patria del flamenco.[1] Muchos japoneses han viajado a España para conocer las raíces del flamenco y aprenderlo en profundidad.
El flamenco llegó por primera vez a Japón en la década de los años 1920.[2] La bailaora Antonia Mercé, La Argentina, recorrió Japón en una gira[3] en la que deleitaba al público con producciones de la película El Amor Brujo[4] y de Andalucía. El periodo histórico de los años 20 en Japón estuvo dominado por la era Taisho (1912-1926),[5] periodo corto pero de gran importancia. Japón tenía un gran peso internacional, participó en la Conferencia de Paz celebrada en París en 1919. Durante la democracia Taisho, se llevaron a cabo reestructuraciones y el emperador retomó su papel como figura legitimadora. Fue un periodo de revoluciones, en especial en la figura femenina. La modernidad procedente de Occidente provocó una nueva generación de mujeres más liberales que se interesaron por actividades artísticas, entre las que se encontraba el flamenco.
Las compañías de flamenco españolas y maestros del flamenco como Pilar López, Antonio Gades, Manolo Vargas, Roberto Ximénez, Luisillo, Rafael Romero, Merche Esmeralda, El Güito o Paco de Lucía[3] viajaron hasta Japón y su momento de máxima expansión fue a finales de los años 1950. En esa misma década, muchos estudiantes nipones como Yasuko Nagamine, Yoko Komatsubara, Masami Okada, Shoji Kojima, entre otros, fueron los primeros bailaores que viajaron a España para profundizar su aprendizaje.