Las flissas son muchas veces catalogadas como dagas o cuchillos largos, de hecho no hay mayor diferencia que la longitud entre estas dagas y las espadas. Por ello su longitud varía desde los pocos decímetros al metro de hoja, aunque la norma es de 70 a 80 cm de hoja.
Su construcción se basaba sobre todo en aceros importados a los puertos de Argel y Trípoli, aunque poseían minas locales, y dada su condición elitista –a diferencia de las Nimchas, solía tomar grabados geométricos y curvilíneos además de damasquinados.
La hoja que se asemeja mucho a sus parientes otomanas, posee la gran diferencia de ser eminentemente punzante a partir del último tercio, donde forma un triángulo en vez de ángulo curvado como otros sables del mundo musulmán u oriental.
Al ser un arma eminentemente de ataque –o de mínima esgrima-, las guardas y arriaces no suelen aparecer o bien son meras “decoraciones” poco funcionales.
Las empuñaduras son por sí mismas son un capítulo aparte. Además de las analogías con los shamsir y saifs, cuyas empuñaduras representan muchas veces animales tales como felinos y dragones de origen oriental, las flissas poseen empuñaduras de marfil, hueso y maderas nobles con dibujos geométricos muy a lo musulmán. Siendo todas de grandes acabados.