Fortaleza y Torres Arzobispales (Pontevedra)
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| Fortaleza y Torres Arzobispales | ||
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La Fortaleza y las Torres Arzobispales en el siglo XIX | ||
| Ubicación | ||
| País |
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| Comunidad |
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| Localidad | Pontevedra | |
| Ubicación | Pontevedra | |
| Dirección |
Avenida de Santa María, | |
| Coordenadas | 42°25′59″N 8°38′52″O / 42.433166666667, -8.6478055555556 | |
| Características | ||
| Tipo |
Fortaleza, Torre Edificio histórico | |
| Materiales | Sillería | |
| Historia | ||
| Construcción | siglo XII | |
| Destrucción | 1873 | |
| Período en uso | Edad Media, Edad Moderna, Edad Contemporánea | |
| Propietario | Archidiócesis de Santiago de Compostela | |
Mapa interactivo | ||
La Fortaleza y Torres Arzobispales de Pontevedra (España) constituyeron uno de los principales complejos defensivos y simbólicos de la capital pontevedresa durante la Edad Media y la Edad Moderna. Vinculadas al poder del arzobispado de Santiago, desempeñaron funciones militares, judiciales y representativas.
Las Torres Arzobispales formaban parte de una amplia fortaleza situada en el entorno del antiguo Eirado das Torres (en la actual avenida de Santa María), un espacio concebido con finalidad defensiva en un punto alto de la ciudad frente a la ría para proteger el conjunto frente a la artillería enemiga.
Historia
La fortaleza de las Torres Arzobispales se asentó sobre la muralla de Pontevedra desde el siglo XI, con el objetivo de defender la ciudad en un contexto de inestabilidad que se remontaba a época romana. El primitivo castillo fue construido a comienzos del siglo XII. El rey Fernando II donó la villa de Pontevedra, junto con su fortaleza, al arzobispado de Santiago. Con el paso del control de la villa al arzobispado, el recinto fue transformado en Palacio Arzobispal, manteniendo su función estratégica y simbólica.[1][2] El palacio constituyó la residencia habitual de los arzobispos durante sus estancias en Pontevedra, así como alojamiento de visitantes ilustres, entre ellos el rey Dionisio I de Portugal.[3]
A lo largo de la Edad Media, aumentaron las edificaciones. El conjunto sufrió diversos episodios bélicos, entre ellos los enfrentamientos derivados de la guerra de sucesión castellana (1474-1477), en el marco del conflicto entre el arzobispo Alonso II de Fonseca y Pedro Álvarez de Sotomayor, conocido como Pedro Madruga.[2] Documentos como el Pleito Tabera - Fonseca (1526) recogen daños sufridos por una de las torres a causa de máquinas de asedio que lanzaban grandes proyectiles de piedra.[4] Tras las guerras de la segunda mitad del siglo XV, la fortaleza entró en un proceso de abandono, lo que llevó en 1550 a un acuerdo con el concejo de Pontevedra para destinar parte del complejo a funciones judiciales y carcelarias,[4] eximiendo a la ciudad del pago de ciertos tributos.
A pesar de su estado ruinoso, el conjunto conservó un fuerte valor simbólico, y en 1567 los representantes locales continuaban rindiendo homenaje feudal ante sus muros. La recuperación parcial del recinto tuvo lugar durante el arzobispado de Juan de San Clemente y Torquemada (1587-1602), quien promovió la construcción de un edificio anexo destinado a sede y residencia de los jueces arzobispales, adaptando la fortaleza a las nuevas necesidades administrativas. Informes militares de finales del siglo XVI cuestionaron la eficacia defensiva del conjunto, considerando que su función principal había quedado reducida a uso residencial.[4]
La amenaza de incursiones luteranas, especialmente tras el ataque del pirata Francis Drake en 1585, impulsó nuevas intervenciones defensivas. Bajo la dirección del maestro de obras Jácome Fernández, se reforzaron estructuras como la torre de las campanas y se levantó en 1589 un baluarte junto a la entrada de la fortaleza, correspondiente al foso actualmente conocido.[5] A lo largo de la Edad Media y Moderna, la fortaleza sufrió diversas reformas, entre ellas la modificación de la escarpa del palacio en el siglo XVI.[1] A comienzos del siglo XVII, el recinto contaba con foso, cava y un puente levadizo. En este periodo, la defensa del territorio se desplazó hacia las zonas costeras. El puerto de Pontevedra confiaba su protección principalmente a elementos naturales, como la barra arenosa de la ría de Pontevedra, complementada por señales de aviso como el fuego de San Miguel.[4]

El enclave continuó siendo escenario de conflictos hasta comienzos del siglo XVIII, cuando en 1719 fue incendiado y quedó gravemente dañado, durante el ataque inglés,[6] dirigido por el general de brigada Honywood durante la toma de Pontevedra.[7] El cuerpo central quedó en un estado de deterioro considerable, mientras que las torres se conservaron en mejores condiciones, especialmente la de mayores dimensiones cuadrada y almenada con ventanas ojivales.[8] Hasta la abolición de los señoríos en las Cortes de Cádiz, los arzobispos de Santiago mantuvieron la autoridad sobre el recinto, incluida la autorización de modificaciones arquitectónicas, incluso intervenciones menores, como la apertura de vanos en las inmediaciones de la plaza de Santa María a finales del siglo XVIII.[4] La torre del homenaje se mantuvo en pie y fue reutilizada como prisión hasta que se decidió la demolición completa de las estructuras visibles.[2] En 1863 se comenzó a plantear la demolición del conjunto por constituir una huella del feudalismo.[9] En 1873, en el contexto de la expansión urbana del siglo XIX, las murallas y torres que rodeaban la ciudad fueron derribadas, lo que supuso la pérdida de este patrimonio defensivo.[1][10][11]
En 1877, mediante una operación de compra, Soledad Méndez Núñez, hermana del célebre marino Casto Méndez Núñez, adquirió la propiedad del solar más meridional del antiguo conjunto de las Torres Arzobispales. En ese emplazamiento promovió la construcción de un palacete de inspiración parisina, cuyo proyecto encargó al arquitecto Alejandro Rodríguez Sesmero.[12]
El redescubrimiento del foso y de las murallas se produjo en 2008 a raíz de las obras de renovación del pavimento y de los servicios en la avenida de Santa María. El excelente estado de conservación de los restos llevó a paralizar las obras y a decidir su musealización en el Centro de interpretación de las Torres Arzobispales.[1]
Descripción
Todo el conjunto arquitectónico estaba almenado.[5] La fortaleza se encontraba adosada en parte a la muralla urbana y protegida en su lado exterior por un sistema de foso y cava. Contaba con varias torres, entre ellas la torre del homenaje, que durante el periodo del arzobispo Juan de San Clemente permanecía sin cubiertas ni suelos, y la torre de las campanas de menores dimensiones, reforzada como contrafuerte ante la debilidad de sus cimientos.[4] La torre del homenaje constaba de tres cuerpos, separados por una imposta y estaba coronada por almenas pentagonales.[13]
El acceso principal estaba relacionado con el llamado puente de San Clemente, donde se exhibían las armas del arzobispo a modo de arco triunfal. El conjunto incluía edificios anexos de carácter administrativo y judicial, reflejo de la evolución de la fortaleza desde un enclave militar medieval hacia un espacio de representación del poder arzobispal y de funciones civiles.[4] El puente levadizo del siglo XII estaba orientado hacia el interior de la ciudad.[1]
Las Torres Arzobispales también se conocían como Torres de los Churruchaos, denominación utilizada para referirse a los arzobispos de Santiago.
