De origen humilde, era hijo de un obrero moldeador del barrio de la Rochapea originario de Santesteban. Comenzó a trabajar desde muy joven en la fábrica de calzados López de Pamplona.[2]
Su familia era de ideas carlistas: su padre, abuelo y bisabuelo habían luchado por esta causa. Con solo 12 años, el padre de Francisco López Sanz llegó a escaparse durante la tercera guerra carlista a Estella, corte de Don Carlos, hasta que su hermano fue a buscarlo, lo mandó a casa y se quedó él formando parte de la escolta real del pretendiente.[3]
López Sanz presidió la Juventud Carlista y colaboró en diversos periódicos tradicionalistas.[4][5] A los diecisiete o dieciocho años de edad escribió su primer artículo periodístico, que fue publicado en el semanario jaimista barcelonés La Trinchera.[6]
Durante la enconada confrontación entre jaimistas y separatistas napartarras, López Sanz destacó por sus violentos ataques a estos últimos. En 1914 afirmaba en La Trinchera que era preciso combatir a esos puercos que trataban de pitorrearse de ellos, y hacer saber a esos gorrinos que, así como estaban dispuestos a derramar sus sangre por la causa tres veces santa, lo estarían para evitar el ultraje a su bandera, añadiendo:
Estos
puercos que siempre están diciendo que ya es hora de que Navarra despierte de su letargo tienen razón. Sí, es hora de que despierte, pero para barrer a estos
canallas que disfrazados de navarros quieren echar su baba asquerosa sobre nuestros jóvenes y nosotros sabremos y podremos aplastar la culebra como la Virgen holló la cabeza de la serpiente infernal, como San Miguel aplastó al dragón de las leyendas de Aralar.
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En 1917 ingresó en la redacción de El Pensamiento Navarro, periódico del que sería nombrado director en 1933, en sustitución de Francisco Marquínez.[4][5] Empleó los pseudónimos de Sab y Lopezarra.
En el ámbito electoral, López Sanz fue elegido concejal jaimista en el ayuntamiento de Pamplona en las elecciones municipales de 1922, y en las de 1930.[8] Participó activamente en la conspiración de 1936 contra la Segunda República. Después de la guerra civil, dirigió también la Hoja del Lunes y escribió diversas obras sobre la guerra y el carlismo.
Durante el franquismo fue nuevamente concejal del ayuntamiento de Pamplona en 1940,[2] y más tarde consejero nacional y procurador en Cortes.[9] Se le condecoró con la encomienda de la Orden de Isabel la Católica, la Orden de Cisneros y la del Mérito Civil.[10]