Francisco Vidal nació en Lérida en la segunda mitad del siglo XVII.[1] Se formó musicalmente en la escolanía del Real Monasterio de Montserrat, cerca de Barcelona, con su hermano, Pedro, que posteriormente también sería maestro de capilla.[3]
Las primeras noticias documentales que se tienen de él son de 1699, cuando era organista de la Catedral de Lérida. Dos años más tarde, en 1707, le nombraron maestro de capilla de la Catedral. El maestro Gabriel Argany había huido de la ciudad con ocasión del ataque de las tropas felipistas, ausentándose sin permiso.[1][4] Durante estos años, entre 1709 y 1712, Argany ejercería el magisterio en la Catedral de Santa María de Seo de Urgel.[5] En 1715 se le nombró organista de la Catedral de Santa María de Valencia, por lo que el magisterio de Lérida quedó vacante. En Lérida le sucedería Gabriel Argany.[6][1]
En diciembre de 1721 había fallecido en maestro de capilla José Martínez de Arce de la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Valladolid. Vidal fue nombrado su sucesor en el cargo, del que tomó posesión en 1722.[1]
En 1723 Joaquín Martínez de la Roca y Bolea, que ocupaba los cargos de maestro de capilla y organista en la Catedral de Palencia, partió para ocupar el magisterio de la Catedral de Toledo, primada de España, uno de los cargos más prestigiosos del país. El cabildo palentino recibió muchas aplicaciones de maestros de capilla para ocupar la vacante, como fueron las de Francisco Pascual Ramírez de Arellano, que en ese momento no tenía más que la primera tonsura; Blas de Cáseda, maestro de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada; Francisco Vidal, maestro de Valladolid; Roque Lázaro, maestro de Alfaro; José Rezábal, maestro de Antequera; y Juan Luengo, «residente en Segovia». Todos enviaron obras como ejemplo de su trabajo y el cabildo solicitó referencias, pero finalmente se decidió por Francisco Pascual que tomó posesión de la ración el 15 de junio. La plaza de organista fue para Antonio Urraiz o Urzaiz, activo en Daroca.[3]
Su estancia en Valladolid se vio alterada en 1728, cuando el cabildo consideró inadecuadas las letras de los villancicos para la Navidad. Inicialmente solo se prohibió la prohibición de la impresión y la interpretación de las composiciones, pero se añadió una multa de cien reales y la reclusión en el convento de los capuchinos de la ciudad.[2]
Permaneció en el cargo en Valladolid hasta abril de 1730, fecha en la que, gravemente enfermo, regresó a Lérida. Allí fallecía, en la más absoluta pobreza, el 8 de diciembre de ese año. En Valladolid el cabildo ya desahuciaba la vivienda de Vidal en septiembre y el secretario capitular comenzó a administrar las deudas del maestro. Se pagaron a Vidal en ausencia los ingresos de 1730 correspondientes a su magisterio, de los que se descontaron una serie de gastos y deudas que tenía el maestro. Entre estos gastos se descontaron el alquiler de la casa (26,12 reales), el sueldo del ama (27 reales), los salarios de los capellanes, el sacristán mayor y el campanero por su funeral (84 reales), medicinas (212 reales), gastos médicos (319 reales) y el viaje a su tierra natal de Lérida cuyo coste había adelantado el cabildo (500 reales). Además se pagaron sus deudas de 249 reales y la composiciones de los nuevos villancicos, 55 reales. En total, los gastos superaban los 2 600 reales.[2]
Le sucedió en el magisterio vallisoletano Andrés Algarabel.[1]