A finales del año 1936 tras el golpe de Estado, los ejércitos de África se sublevan ante el Gobierno de la Segunda República comenzando su marcha hacia Madrid. Las tropas guiadas por el General Varela se componen de cuatro columnas, el día 8 de noviembre de 1936 entran por la Casa de Campo y forman un extenso frente de varios kilómetros cuyo eje principal se dirigía a varios metros, aguas arriba del Puente de los Franceses hasta el sur de la ciudad. El barrio de Usera, al sur de Madrid, había prácticamente alcanzado toda su extensión a lo largo del eje este-oeste a proximidad de la margen derecha del río Manzanares. Durante los primeros combates la defensa fue intensa. De las cuatro columnas atacantes tres de ellas hicieron su avance por la Ciudad Universitaria, el resto fue atacando posiciones de los barrios obreros del sur, entre ellos los de Usera, ubicados en el extrarradio. Inicialmente defendida por el Comandante Lister y a de Valentín González, 'El Campesino'.[2] La lucha se establece durante este periodo inicial casa a casa. Ya en enero del año 1937, a causa de las bajas, se reforzó con la 36.ª Brigada Mixta. En bando atacante se encontraban inicialmente en posición las columnas de Tella y la caballería de Monasterio.
Entre las bajas destacadas de este frente se encuentra la del escultor español Emiliano Barral, que el 21 de noviembre falleció cuando acompañaba a su hermano menor, el también escultor Alberto Barral, junto con un grupo de periodistas extranjeros en un coche, alcanzado por un obús.[4]
Sobre su muerte, escribió Antonio Machado un sentido epitafio:
Cayó Emiliano Barral, capitán de las milicias de Segovia, a las puertas de Madrid, defendiendo su patria contra un ejército de traidores, de mercenarios y de extranjeros. Era tan gran escultor, que hasta su muerte nos dejó esculpida en un gesto inmortal. Y aunque su vida murió, nos dejó harto consuelo su memoria.
La línea del frente se constituyó en el corazón mismo del barrio de Usera, en el emplazamiento elevado de la llamada colonia del Zofío, a unos centenares de metros del río Manzanares, quedando luego estabilizada la línea del frente por ambos bandos mediante la construcción de trincheras y fortificaciones en los edificios, la mayoría de los cuales quedarían derruidos tras los dos años de contienda.