Fue mandado construir entre 1683 y 1690 por la orden de los agustinos, bajo la supervisión de fray Juan de San Severo, al igual que los fuertes de Cuyo, Agutaya, Dumaran y Culión, como parte del sistema defensivo disperso ante el ataque de los piratas moros. El fuerte contaba además, con suficiente espacio para las viviendas de los vecinos, aunque también había viviendas en los exteriores del fuerte. Los ataques de los piratas moros fueron frecuentes en la región de La Paragua entre 1730 y 1734, al punto de que Cristobal Perez de Arroyo de la Real Audiencia de Manila comunicó a Felipe V el desamparo al que estaban sujetos los vecinos de la región ante los escasos recursos para reforzar las defensas.[2][3]
En la relación de 1739 del gobernador Fernando de Valdés se describe que de las 125 fortificaciones españolas en Filipinas, los gastos de cinco de ellas corrían por cuenta de la orden agustina. Estos eran el fuerte de Romblón y los cuatro fuertes de la provincia de Calamianes: Cuyo, Culión, Agutaya y Linapacan.[4]