Gabriela Laperrière

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Gabriela Laperrière de Coni (Pezens, 7 de marzo de 1861 - Buenos Aires, 8 de enero de 1907)[3][4] fue una periodista, activista de la salud pública, militante socialista y feminista[5] franco-argentina.[6][4] Se destacó como intelectual y pionera socialista dedicada a la causa de las mujeres trabajadoras y las infancias, en Argentina, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Fundó el Centro Feminista Socialista del Partido Socialista Argentino y fue la primera mujer en ocupar un cargo directivo en un partido político argentino, siendo miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista. [7]

Nombre de nacimiento Gabrielle Marguerite Manjeonnant de Laperrière
Otrosnombres Gabrielle Menjou
Nacimiento 7 de marzo de 1861
Pezens, Francia
Fallecimiento 8 de enero de 1907 (45 años)
Buenos Aires, Argentina
Datos rápidos Información personal, Nombre de nacimiento ...
Gabriela Laperrière de Coni
Gabriela L. de Coni
Información personal
Nombre de nacimiento Gabrielle Marguerite Manjeonnant de Laperrière
Otros nombres Gabrielle Menjou
Nacimiento 7 de marzo de 1861
Pezens, Francia
Fallecimiento 8 de enero de 1907 (45 años)
Buenos Aires, Argentina
Causa de muerte Infarto agudo de miocardio y tuberculosis Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Argentina
Familia
Cónyuge Henri André Menjou,[1]
Dr. Emilio Coni (1855-1928) desde 1884; se casaron en 1899; lo abandonó.
Hijos Emilio Ángel Coni (Buenos Aires, 1886-1943)
Información profesional
Ocupación periodista, socióloga,[2] activista sobre salud pública y feminismo, novelista, cuentista, traductora
Partido político Partido Socialista Ver y modificar los datos en Wikidata
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Fue una intelectual y pionera socialista que se dedicó a la causa de las mujeres trabajadoras en Argentina.[8] Su legado más duradero, en la esfera pública argentina, es su trabajo como inspectora municipal ad honorem y su consecuente Proyecto de Ley de Protección del Trabajo de las Mujeres y los Niños en las Fábricas de 1902, el cual constituyó el antecedente directo de la Ley 5291, sancionada en 1907.

Primeros años y vida en Francia

Gabriela Laperrière nació como Gabrielle Marguerite Manjeonnant de Laperrière el 7 de marzo de 1861 en Pezens, un pueblo de Carcassonne, Departamento de Aude, al sur de Francia. Hija de Louis Menjonnan de Laperriere y Marie Thérèse Angele Habrard Letage, familias antiguamente nobles. La partícula "de" en su apellido reflejaba esta tradición de origen noble.[9][10]

Cursó la escuela primaria en un colegio religioso católico en su ciudad natal y realizó su escolarización en Burdeos en una institución católica, de cuya rigurosidad fue "rescatada" según relata en su novela autobiográfica. Se recibió de maestra y desarrolló su adolescencia y juventud en Burdeos.[11]

La ciudad de Burdeos, entre 1866 y 1890 transitaba un fuerte proceso migratorio de poblaciones rurales. En este contexto, la ciudad experimentó debates políticos influenciados por el radicalismo, el socialismo y el anarquismo, así como discusiones sobre la enseñanza laica, la enseñanza religiosa, y la educación escolar de las niñas. Ella se nutrió del contexto social transicional y vivo de la expansión urbana.[4]

En su adolescencia, se fue a vivir con su familia a París.[1] Se recibió de maestra y se dedicó al periodismo. Trabajó como redactora en dos diarios parisinos: L'Indépendant y Le Journal.[3] El movimiento obrero bordelés estaba disperso, y las mujeres representaban entre un tercio y la mitad de la fuerza de trabajo en determinados sectores laborales (como la industria de embalaje metálico y las empresas de ropa). El debate sobre el trabajo femenino era intenso, con posturas socialistas (como Proudhon) contrarias a la inserción de la mujer en el mercado laboral, mientras que otros (como Jules Guesde) abogaban por la emancipación económica, civil y política de la mujer. En 1888, la Federación Nacional de Sindicatos en Burdeos propuso la igualdad salarial, esperando que el trabajo femenino pudiera ser suprimido definitivamente. Un ejemplo reconocido del activismo es el de Flora Tristán, figura central del feminismo de clase, había fallecido en Burdeos en 1844[11]

A los 18 años, el 15 de enero de 1880, Gabriela se casó en Burdeos con Henri André Menjou, un publicista y periodista que había sido editor de La Gazette de l'Atelier, una revista para jóvenes obreros. Luego de su matrimonio, la pareja se instaló en París, donde Gabriela ejerció el periodismo en medios como L'Indépendant y Le Journal. Utilizó el nombre Gabrielle Menjou o Mme Menjou para firmar algunos de sus trabajos. En este periodo, Francia experimentaba los ecos de la Comuna de París (1870-1871), una experiencia de gobierno del pueblo trabajador que la marcó profundamente debido a la gran represión desatada.[11]

En Argentina[4]

En 1884, a los 23 años, conoció en París al médico higienista argentino Emilio R. Coni (1855-1928), que se encontraba en París participando de un congreso sobre salud pública.[12] Ese mismo año, Laperrière emigró a Argentina con su primer marido Henri Menjou, con quien continuó en relación varios años después[8]. Su hijo fue registrado con el apellido Menjou, y su padrino fue Emilio Ramón Coni. Es probable que Gabriela y Henri Menjou trabajaran para Coni en actividades de promoción migratoria para el gobierno argentino.[4][13]  

Tras su separación de Menjou, se casó con Emilio Coni (quien le otorgó su apellido al hijo y a ella). El 6 de febrero de 1886 nació en Buenos Aires su único hijo, Emilio Ángel Coni, quien se recibiría de ingeniero agrónomo a los 19 años y sería asesinado en Buenos Aires el 4 de mayo de 1943)[14][15]

Ella castellanizó su nombre a Gabriela y comenzó a firmar sus textos como Gabriela Laperriére de Coni. El uso de "Mme. Emilio Coni" para publicaciones en el extranjero también se interpretó como una forma de legitimar socialmente un vínculo que la ley le negaba, ya que su primer esposo aún vivía cuando comenzó su relación con Coni y el divorcio no estaba permitido. [16][4]

En 1892, Gabriela residió junto a Emilio Coni y su hijo en el predio de la Asistencia Pública de Buenos Aires, donde su esposo era director. Desde allí, Gabriela denunció la corrupción del organismo y criticó a la Sociedad de Beneficencia (administrada por la Iglesia católica). En este contexto, también se involucró en el Patronato de la Infancia.

La pareja se encontraba constantemente expuesta en su propia casa a una corriente de visitantes en busca de ayuda por parte de Emilio Coni, todos ellos relacionados con la salud, la vivienda, las condiciones de vida, los niños indigentes y el desempleo de hombres y mujeres. Incapaces de lidiar con esa situación, y ante la asunción de Miguel Cané como intendente, el matrimonio decidió irse a vivir a Francia.[8] Además, Emilio Coni, hombre de carácter independiente y altivo, se sentía desalentado con su trabajo y la corrupción presente en los organismos municipales y provinciales. El paso por la Asistencia Pública los había dejado endeudados porque habían pagado salarios de su bolsillo; se sentían derrotados y por eso buscaron otro horizonte[8] El 14 de abril de 1893, Coni renunció a la presidencia de la Sociedad Médica Argentina y a la dirección de la Asistencia Pública.

Entre mayo de 1893 y fines de 1895 residieron en París. En este período, tuvo contacto con figuras como Louise Michel, cuyo ejemplo de lucha anarquista y memorias de la Comuna de París ella difundiría más tarde.[2] De todas formas, sostiene que no viene con un carácter definido revolucionario de París. Viene con esas influencias, pero sus definiciones, dicho por ella misma, son en la lucha práctica de Buenos Aires.

Sin embargo, los duros inviernos parisinos de 1893-1894 y de 1894-1895 afectaron la frágil salud de Gabriela Laperrière, por lo que en 1895 debieron volver a Buenos Aires, y Coni se reintegró a su trabajo de médico.[2] A fines de 1895, de regreso al país, Emilio Coni, de 41 años, tuvo un ataque cerebrovascular que lo dejó postrado, hemipléjico durante varios meses. En ese tiempo Gabriela Laperrière respondió a las solicitudes que le llegaban a Coni.[8] En 1899, cuando su hijo tenía ya trece años, se casaron en Buenos Aires. [14][17]

Obra literaria y periodística

Laperrière desarrolló una prolífica actividad como escritora, publicando en francés y español, utilizando varios pseudónimos. Su obra está estrechamente ligada a su militancia política y sindical.[18]

Bajo el pseudónimo Miriam, publicó cuentos entre 1892 y 1893 en la Revista del Patronato de la Infancia. Estos relatos, escritos en francés, como Nounou (Niñera), Los esponsales, La Poule, La faim, Le petit mousse, Le petit frère, Kokila, L’Ange chéri y Les premier secours, abordaban temas sociales, haciendo una denuncia directa de las diferencias de clases y defendiendo la lactancia materna. [4]

En 1890 tradujo del español al francés y publicó en París la obra Painé y la dinastía de los zorros, de Estanislao Zeballos.[1]

Publicó dos novelas en francés en París:

  1. Fleur de l’air (roman argentin) (1900), publicada como "Mme Emilio Coni". Esta novela autobiográfica en clave realista narraba sus experiencias iniciales en Argentina y criticaba a la dirigencia política argentina desde la Revolución Radical de 1890. Uno de los personajes, Flor, una médica, reflejaba referentes históricas como Cecilia Grierson y Elvira Rawson, y servía como un rito de pasaje entre su vida pasada y su futuro político. Escrita en una clave accesible para el público culto,[1] trataba acerca de «los esfuerzos de una mujer para ayudar a los niños enfermos». Sus personajes eran los principales actores del panorama político de Buenos Aires de la época, disimulados bajo nombres supuestos, aunque fácilmente identificables para sus contemporáneos y para los estudiosos del período.[16][4]
  2. Vers l’oeuvre douce (1903), publicada como "Gabrielle Coni". (Tejero Coni; Oliva: 2016) (Vicens: 2025). [16][4]
Portada de Fleur de l'Air bajo el nombre de Mme Emilio Coni.

Como periodista y ensayista, producto de sus investigaciones sobre condiciones de trabajo, Gabriela Laperrière escribió diversos proyectos de propaganda y divulgación, entre ellos: La higiene en los lavaderos de Buenos Aires, Causas de la tuberculosis en la mujer y el niño obreros, Cocinas populares, A las obreras, Higiene industrial (elaborado sobre sus inspecciones en las manufacturas de tabacos). Publicó también un importante número de artículos, comentarios y notas en diarios y revistas de la más diversa índole, desde los Anales de la Sociedad Científica Argentina o la Revista Lucha Antituberculosa, hasta diferentes entregas de organos de prensa partidarios como Almanaque Socialista, La Vanguardia, o La Acción Sindicalista, pasando por también importantes diarios como La Prensa o La Nación.[19] Su obra política, doctrinaria y propagandística está estrechamente relacionada con su acción política y sindical. Su interés no era pasivo, no solo escribía sino que se involucraba en forma militante en estos temas, al mismo tiempo que elaboraba planes para solucionarlos.[3] Toda esa obra se encuentra dispersa en diarios y revistas de la época.[1]

La prensa de la época también da noticias de un drama en cuatro actos escrito por ella, titulado Triunfando, que seguramente nunca fue publicado, acerca de la lucha de las obreras alpargateras de un establecimiento fabril del barrio de Barracas (en el sur de la ciudad de Buenos Aires). Por las fuentes de la época sabemos que fue puesto en escena en diversas organizaciones sindicales y femeninas, pero no se ha encontrado ningún ejemplar de esa obra. [1]

En 1907, año de su muerte, se publicaron una serie de cuentos sobre niños en idioma francés, titulada Ames d’enfants. Después sería traducida al español y editada bajo el título Alma de niño.[1]

Activismo político

La actividad pública de Gabriela Laperrière comenzó en 1901, con la agitación provocada por la inminente guerra con Chile. Emilio Coni tenía que participar en un congreso médico que tendría lugar en enero de 1901 en Santiago de Chile. Para llegar allí tendría que cruzar la cordillera de los Andes (el paso principal se encuentra en las postrimerías del cerro Aconcagua, de 6998 m, el más alto del continente americano). El médico de Gabriela Laperrière le desaconsejó este viaje, porque constituiría un peligro para su dolencia cardíaca, manifestada ya en París seis años antes. Pero Laperrière estaba invitada a realizar una conferencia en el Teatro Municipal de Santiago, en la que aprovecharía para dirigirse a las esposas y a las madres de los gobernantes chilenos civiles y militares presentes, apelando a su condición de mujeres opuestas a la guerra. Finalmente decidió realizar esa travesía de la cordillera ida y vuelta, y la conferencia fue un éxito. Su fuerte acento francés ayudaba a que las élites chilenas dieran crédito a sus ideas.[3]

En abril de 1901 repitió esa conferencia en Buenos Aires, donde propuso la creación de una Liga Americana de Mujeres para la Paz y el Progreso.[1]

Ese año (1901) se fundó en Buenos Aires la Liga Argentina contra la Tuberculosis, cuyo primer presidente fue Samuel Gache, y en la cual tuvieron activa participación Gabriela Laperrière y su esposo, Emilio R. Coni. Gracias a la actividad de la Liga, en 1902, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires promulgó la Ordenanza de Profilaxis General de la Tuberculosis, que establecía medidas destinadas a evitar la propagación de la enfermedad.[20] La preocupación por la salud y la alimentación se evidenciaba también en su tarea educativa realizada en la Liga Argentina de Lucha contra la Tuberculosis. A esa institución le hizo llegar una de sus propuestas para crear cocinas populares.[10][8]

El acceso a los servicios urbanos se evidencia como otro factor de preocupación sobre la vida cotidiana. Los contrastes entre la ciudad que se vanagloria del desarrollo de la infraestructura y equipamiento urbano se contrasta con los barrios que habitan quienes viven inclusive de los desechos. En febrero de 1902 decía:[8]

De este lado: electricidad bajo sus diversas formas, pavimentación lisa, provisión de agua y cloacas; y del otro lado: pantanos, humo infecto y acre de la quema, olores pestíferos de las graserías, curtiembres, porquerizas y mataderos.
Gabriela Laperrière[8]

Presenciar las condiciones de indigencia la conmueven y perturba su forma de vida.[8]

De repente, delante de esa procesión de miserables, mi vestido, sin embargo sencillo, paréceme insolente, mis guantes queman mis manos, el abanico pesa como plomo en mis dedos, cierro mi sombrilla: tengo vergüenza.
Gabriela Laperrière[8]

Campañas sanitarias y por la paz

Compartió con Emilio Coni una profunda preocupación por la higiene pública y la salud de la clase trabajadora. Ambos participaron en la fundación de la Liga Argentina contra la Tuberculosis (1901). Laperrière denunció que la tuberculosis se cebaba en la clase trabajadora debido al surmenage (sobreesfuerzo), mala alimentación y hacinamiento en viviendas y fábricas. [4]

En 1901, dictó conferencias en Santiago de Chile y Buenos Aires (en la sala de Operai italiani) para oponerse a una posible guerra entre Argentina y Chile, promoviendo la creación de la Liga Americana de Mujeres por la Paz y el Progreso.[4]

Militancia socialista

A fines de 1901 ingresó en el Partido Socialista, y empezó a colaborar con notas para La Vanguardia, periódico vocero del partido. Dirigió su actuación a luchar por la promulgación de una ley que protegiera a las mujeres y a los menores en las fábricas, y a perseguir el cumplimiento de las escasas ordenanzas municipales existentes, que regulaban solo algunos aspectos edilicios y de higiene de los talleres y fábricas porteñas. Se nutrió de una perspectiva socialista y feminista para interpretar los problemas sociales.[19][1]

Su pensamiento se alineó con el "feminismo clasista", diferenciándose del feminismo burgués que solo buscaba la igualdad ante la ley. Se inspiró en figuras como Flora Tristán y George Sand, aprendiendo de Tristán que la opresión de las mujeres se relaciona con su explotación económica y la negación de la educación. [4]

En sus escritos, abordó la situación de la mujer trabajadora, entendiendo que el trabajo femenino, si bien podía ser un indicador de emancipación, frecuentemente se interpretaba como un síntoma de la insuficiencia del salario masculino y un elemento más de la opresión capitalista. Señaló la doble jornada laboral de las obreras casadas, quienes al regresar de la fábrica se enfrentaban a los quehaceres domésticos, trabajando hasta 17 horas sin interrupción.[4]

El 19 de abril de 1902, Gabriela Laperriére, junto con Raquel Mesina y las tres hermanas Adela Chertkoff de Dickmann, Mariana Chertkoff de Justo y Fenia Chertkoff de Repetto, fundaron el Centro Socialista Femenino.[21] Ese mismo año, cofundó la Unión Gremial Femenina (UGF), un ámbito específico para la organización de las obreras, junto a otras mujeres luchadoras como Carolina Guglielmetti, Raquel Camaña, Teresa Mauli, Juana María Begino y otras, que tomaron como bandera la difusión del Proyecto de Ley de reglamentación del trabajo de mujeres y niños, del que Gabriela era autora.[3][4]

Laperriere fue la primera mujer en ser incorporada al Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista (4 de julio de 1904) y fue la primera mujer que habló en actos socialistas, participando en 1904 de la campaña del Dr. Alfredo Palacios. Pero también no le fue ajena la militancia gremial, participando activamente en comités de huelga.

Laperriere en 1904.

Su contacto con las organizaciones obreras femeninas ―como la Unión Gremial Femenina, diferentes sociedades obreras por oficio, las modistas de la provincia de Córdoba o las alpargateras de Barracas―, la vincula estrechamente a las luchas del movimiento obrero. Las trabajadoras de Barracas la propusieron como representante en las discusiones que llevaban a cabo con los patrones, para la obtención de aumentos de salario y mejoras en las condiciones de trabajo.[1]

En el pensamiento de Gabriela Laperrière, como en algunas corrientes dentro del pensamiento socialista, la defensa de la mujer como obrera y como madre se subordina a la defensa de la familia proletaria, y estas posiciones se van acentuando en sus últimos escritos. El trabajo de la mujer, que en algunos casos era un indicador del éxito alcanzado en la tarea de la emancipación femenina, bajo otro punto de vista constituía la causa del debilitamiento de sus reservas físicas, necesarias para el mantenimiento y reproducción de la familia obrera. Por otro lado, si el trabajo de la mujer era imprescindible para el mantenimiento de la familia, más que un símbolo de liberación, el hecho se interpretaba como síntoma de la insuficiencia del salario masculino y, finalmente, se consideraba como un elemento más de la opresión capitalista sobre la familia obrera.[1]

Sindicalismo

Gradualmente Gabriela Laperrière empezó a alejarse del Partido Socialista porque consideraba que la lucha sindical era más importante que la política. En 1905 se dio un arduo debate para posicionar al Partido Socialista en las luchas obreras, Gabriela impulsó junto a otros dirigentes la adhesión a la huelga general, oponiéndose a los principales miembros del comité que planteaban moderación. Esos debates llevaron a que el congreso partidario de 1906 votara una resolución donde solicita a todo el grupo opositor que abandone el partido.[22] Junto a otros compañeros desplazados, formó la Agrupación Socialista Sindicalista, expresión de la corriente sindicalista revolucionaria, inspirada en las ideas de Georges Sorel. Ella creía que la lucha sindical era más importante que la política y que los socialistas no actuaban con la suficiente celeridad.[4]

Tal vez como fruto de su estrecho contacto con las obreras, Gabriela Laperrière comenzó a encontrar insatisfactoria la lucha parlamentaria que constituye el eje de lucha del PS. Las páginas de La Vanguardia dan cuenta de la evolución de su pensamiento hacia las posiciones del sindicalismo revolucionario. En 1905 planteó públicamente las dudas que le originaba la estrategia partidaria, centrada en la lucha por la obtención de un mayor número de representantes en el Parlamento, olvidando al proletariado[1]

Este proceso de crítica interna culmina en el Congreso de Junín, en el que invita a los simpatizantes sindicalistas a hacer «rancho aparte». Junto con otras destacadas figuras partidarias, Gabriela Laperrière encabeza el grupo de las fraccionistas. Comienza a colaborar en el periódico La Acción Sindicalista, órgano de esta tendencia, y continúa colaborando en las diversas acciones obreras del período.

Gabriela Laperrière era una mujer muy inteligente, que sin duda creía que los socialistas no iban lo bastante ligero y entonces se inclinó más hacia el sindicalismo. Porque ya que había que elevar a la clase trabajadora, había que meterse dentro de la clase trabajadora para servir a su elevación. Y murió, desgraciadamente, joven.
Alicia Moreau[3]

Activismo Higienista

Inspectora de fábricas

En el marco de su lucha contra la tuberculosis y sus inquietudes sociales, el intendente de Buenos Aires, Adolfo Bullrich, la designó en 1901 como inspectora municipal ad honorem para estudiar las condiciones de trabajo y vida de mujeres y menores.[4][19]

Su tarea, pionera en el país, implicó ingresar y registrar una gran cantidad de fábricas, talleres y conventillos. En sus inspecciones, observó y documentó condiciones inhumanas, como la falta de higiene, hacinamiento, intoxicaciones, accidentes y la explotación sexual de las obreras. Un rico industrial de Barracas, al que quiso inspeccionar, le dijo: "Si usted tiene pluma, yo tengo pesos", revelando el conflicto de intereses con la burguesía industrial.[4][23]

Durante esta misión realizó una gira sistemática por los barrios del sur. Quedó horrorizada por las inhumanas condiciones de vida, la falta de instalaciones para la higiene, la alimentación y la salud, la mala alimentación, la falta de electricidad, la pobreza extrema y muchas más miserias.[8] Sin embargo, su tarea no tenía el respaldo del poder político para las funciones que desempeñaba en relación con los lugares de trabajo.

El 18 de noviembre de 1903 publicó un artículo en el diario La Nación (Buenos Aires) donde llamaba la atención sobre la situación imperante y denunció la actitud de los funcionarios y patrones acerca de los inspectores de fábricas y la necesidad de una ley nacional. La autora desnudó los argumentos tanto del ministro Dr. Joaquín V. González como del Departamento de Higiene, acerca de que no se podía legislar al efecto debido a la falta de datos en cuanto las condiciones de trabajo industrial en la Argentina.[8][24]

Laperriere (en el fondo) inspeccionando una fábrica.

Después de esta evaluación, puso en marcha programas de rehabilitación como el suministro de raciones de alimentos, establecer guarderías en los lugares de trabajo para que las obreras pudieran amamantar a sus bebés, y un mejor acceso a servicios urbanos y a la vivienda. Siguió visitando fábricas y denunciando sobre la dura actitud de sus propietarios en el tratamiento de sus empleados, que recibió la atención del público a través de sus notas en los diarios de Buenos Aires.

Como fruto de la experiencia obtenida en el desempeño de este cargo, redactó un informe de cuatro partes con las conclusiones de su investigación y además planteó una propuesta para promulgar leyes laborales que dieran lugar a la protección de las mujeres y los niños. Este Proyecto de Ley de Protección del Trabajo de las Mujeres y los Niños en las Fábricas constituyó el antecedente directo de la pionera Ley 5.291, que fue promulgada recién en 1907, después de su muerte, por iniciativa de Alfredo L. Palacios, primer diputado socialista de América.[1][3][8]

Proyecto de ley del trabajo de las mujeres y niños (1902)

Utilizando la información recabada y una revisión minuciosa de la legislación de países como Francia, Alemania, Suiza y Estados Unidos, elaboró y presentó su Proyecto de Ley para la protección de las mujeres y menores a la intendencia en mayo de 1902. [23][19]

El proyecto contenía 18 artículos con disposiciones radicales para la época, entre ellas:[4]

  • Trabajo infantil: Prohibición del trabajo de niños y niñas menores de catorce años en fábricas y talleres (Art. 1). (Esto respetaba el espíritu de la Ley 1420 de educación común).
  • Trabajo Femenino: Prohibición del trabajo de las mujeres en industrias que pusieran en peligro su salud y "moralidad" (Art. 3, 17). Limitación de jornada para mujeres entre 14 y 18 años (máximo 6 horas).
  • Maternidad: Establecimiento de un descanso obligatorio de un mes antes del parto y seis semanas después (Art. 7), con derecho a percibir su jornal diario (Art. 10). Propuso la creación de salas cunas industriales (Art. 11).
  • Condiciones Laborales: Prohibición del trabajo a destajo (Art. 6) y regulación de multas (Art. 9). Exigía que, siempre que fuera posible, las mujeres fueran dirigidas por personas de su mismo sexo (Art. 18)

Aunque su proyecto no prosperó directamente, sus propuestas fueron incorporadas al proyecto de ley de Joaquín V. González (1904) y, fueron una base fundamental para el proyecto presentado por Alfredo Palacios en 1906.[19][23]

La Ley 5291 de Reglamentación del Trabajo de las Mujeres y los Menores, sancionada en 1907, fue el resultado de modificaciones a la iniciativa de Laperrière, aunque contenía eliminaciones que la desvirtuaron, como la exclusión del pago del salario durante la licencia por maternidad. [4][25]

Posición sobre la quema de residuos

En 1901 y 1902, Laperrière visitó la Quema de basuras y el "Barrio de Las Ranas" de Buenos Aires, un asentamiento estigmatizado como parte de los "bajos fondos". Sus observaciones fueron publicadas en La Prensa en dos notas, La quema de basuras", y El barrio de las ranas (1901), que cuenta la historia de una familia de la Quema, en el “Ferrocarril de las Basuras”, y de un exguardabarrera tísico.[19][26]

Su testimonio es uno de los pocos registros de la época que se centró en las mujeres e infantes recuperadores de residuos. Laperrière, se aproximó a esta población con una mirada empática de mujer, socialista y feminista, distanciándose de las interpretaciones condenatorias y estigmatizadoras hegemónicas.[19]

Encontró allí un "ejército de seres humanos que se precipitan famélicos sobre las inmundicias". Documentó que entre los recuperadores había "mujeres viudas abandonadas, ya marchitas" y "más de doscientas criaturas" (muchas de menos de doce años). Atribuyó su marginalidad a causas sociales y económicas, como la necesidad, la viudez, o la invalidez del marido (a menudo por accidentes laborales o tuberculosis).[4]

A pesar de resaltar la dignidad de estas personas, Laperrière no consideró la recuperación de residuos como una actividad laboral que debiese ser regulada o protegida, sino como una actividad intolerable y peligrosa para la salud. Abogó, en línea con el higienismo de la época, por terminar con el sistema de la quema.[19]

Ocultamiento e invisibilización

Retrato a cuerpo completo

La figura de Gabriela Laperrière de Coni ha sido objeto de ocultamiento y negación histórica.

En el plano Ideológico y Político sus diferencias con la línea "reformista parlamentaria" del Partido Socialista, encabezada por Juan B. Justo, y su posterior inclinación hacia el sindicalismo revolucionario, fueron motivo para negar su existencia y silenciar su voz en el ámbito partidario. Alfredo Palacios, quien logró la sanción de la ley basada en sus propuestas, dejó de mencionarla en publicaciones posteriores.[4]

En el ámbito familiar, las contradicciones ideológicas con su suegro Pablo Emilio Coni, un industrialista, y los recelos por su libertad de espíritu, particularmente por su relación con Emilio Coni siendo aún Mme. Menjou, contribuyeron a su ocultamiento.[4]

Su obra también fue negada, muchos de sus trabajos dejaron de circular. El hecho de que la Imprenta Coni no valorara sus méritos literarios ni políticos, sumado a que escribía en francés, publicando sus novelas en París, dificultó la circulación y análisis de su obra.[4]

Su invisibilización, además, se manifestó en la historia urbana. Una calle nombrada en su honor en 1933 en el Barrio de La Paternal perdió la denominación en 1937. Recién en 2010 se le rindió un "humilde homenaje" en Puerto Madero, dándole su nombre a los canteros centrales de la Avenida Elvira Rawson de Dellepiane, pero sin señalización municipal, haciendo que el público la desconozca.[4] [27]

A pesar de estos esfuerzos por borrar su huella, su legado pudo ser rescatado gracias a la persistencia de su esposo, Emilio Coni, quien compiló y difundió sus trabajos (In Memorian, Gabriela de L. de Coni, 1907) y citó repetidamente su labor pionera en la legislación laboral y la higiene social.[4]

Muerte y legado

Gabriela Laperrière de Coni falleció en Buenos Aires el 8 de enero de 1907, víctima de tuberculosis, se cree que contrajo la enfermedad como consecuencia de su labor e investigación. Murió a los 45 años de edad.[4]

Su trabajo fue fundamental para sentar las bases de la legislación laboral argentina. Su Proyecto de 1902, aunque modificado, inspiró directamente la Ley 5291 de 1907, que por primera vez reglamentó el trabajo femenino e infantil, y que luego fue sucedida por la Ley 11317 en 1924.[4][19][23]

Su aporte intelectual y su práctica de intervención social, como inspectora ad honorem, se consideran antecedentes históricos de la profesión del Trabajo Social en Argentina, al enfocarse en el compromiso estatal con los sectores populares, en contraposición a la línea de beneficencia. En su época, su labor pionera fue ampliamente reconocida en la prensa y en círculos médicos e higienistas.[4][19][23]

Referencias

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