Durante el siglo XVII en diversas regiones de Europa comenzaron a aparecer gaitas con insuflación mecánica. Se estima que durante ese periodo, se incorporó un fuelle o barquín a la gaita gallega de dos bordones.[2] Hasta la década de 1930 se conservaron gaitas de este tipo en la comarca gallega del Baixo Miño; sin embargo, su área de distribución era más amplia, ya que hay registro de gaitas de barquín en Limia, Baixa Limia, Terra de Soneira, Terra de Trives y Norte de Portugal. [2]
Aparte de su uso como instrumento solista y alguna que otra integración en cuartetos con clarinete, la gaita de barquín formaba parte de las antiguas treboadas. Estas agrupaciones musicales, junto a tambores y bombos de treboada, amenizaban romerías, veladas, bailes y procesiones en el Miño gallego y portugués.[3]
En el último cuarto del siglo XIX, aparecieron en Galicia las bandas populares de música. Estas formaciones contaban con una nueva instrumentación e innovaciones en el repertorio, que contribuyeron al proceso de normalización de la gaita gallega. Durante la segunda década del siglo XX, la popularización de los cuartetos de gaita llevó a que los gaiteros que aún utilizaban gaita de barquín modifiquen los instrumentos hasta abandonarlos y optar por la gaita gallega más habitual.[2]