Genocidio congoleño (1885-1908)
atrocidades cometidas por la corona belga en el Estado Libre del Congo
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El genocidio congoleño (1885-1908), también conocido como los horrores del Congo, fue un período de violencia sistemática, explotación económica y colapso demográfico ocurrido en el Estado Libre del Congo, un territorio de África central que constituyó la posesión personal del rey Leopoldo II de Bélgica entre 1885 y 1908. Las políticas coloniales implantadas durante este período, basadas en el trabajo forzado para la extracción de caucho y marfil, estuvieron acompañadas de asesinatos, mutilaciones, toma de rehenes, violencia sexual, destrucción de aldeas y otras formas de represión ejercidas por la administración colonial, la Force Publique y las compañías concesionarias.
| Genocidio congoleño | ||
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Víctimas civiles de mutilación por parte de las autoridades del Estado Libre del Congo. | ||
| También conocido como | Horrores del Congo | |
| Ubicación |
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| Contexto | Colonización y explotación de la cuenca del Congo por capital privado bajo la supervisión del rey Leopoldo II de Bélgica. | |
| Perpetradores | Estado Libre del Congo, Leopoldo II de Bélgica. | |
| Organizaciones | Force Publique, Monarquía de Bélgica, Asociación Internacional del Congo. | |
| Cifra de víctimas | Entre 10 y 15 millones de personas. | |
Las atrocidades cometidas durante el dominio de Leopoldo II coincidieron con un pronunciado descenso de la población congoleña. Además de la violencia directa, factores como las epidemias de enfermedad del sueño, viruela, disentería y otras enfermedades infecciosas, así como el hambre, los desplazamientos forzosos y la disminución de la natalidad, contribuyeron a una grave crisis demográfica. Aunque no existe consenso sobre el número de víctimas debido a la ausencia de censos fiables, las estimaciones historiográficas sitúan la reducción de la población entre varios millones y cerca de la mitad de los habitantes del territorio.
A partir de la década de 1890, los testimonios de misioneros, diplomáticos y viajeros comenzaron a revelar internacionalmente los abusos cometidos en el Estado Libre del Congo. La campaña impulsada por activistas como Edmund Dene Morel y Roger Casement generó una intensa presión diplomática y una de las primeras movilizaciones internacionales en defensa de los derechos humanos, lo que culminó con la anexión del territorio por el Estado belga en 1908 y la creación del Congo Belga.
La caracterización de estos hechos como un genocidio ha sido objeto de un amplio debate historiográfico y jurídico. Mientras que numerosos historiadores y autores emplean el término para describir la magnitud y naturaleza de las atrocidades, otros consideran que las pruebas disponibles no permiten demostrar la existencia de una intención de destruir, total o parcialmente, a la población congoleña como grupo, requisito establecido por la definición jurídica de genocidio adoptada por las Naciones Unidas en 1948.[1][2]
Antecedentes
Incluso antes de acceder al trono de Bélgica en 1865, Leopoldo II promovió la creación de un imperio colonial que reforzara el prestigio internacional y el desarrollo económico del país. Sin embargo, sus propuestas encontraron escaso respaldo entre la clase política belga, que consideraba la expansión colonial una empresa costosa y de beneficios inciertos.[3] Ante esta falta de apoyo, el monarca optó por impulsar el proyecto mediante iniciativas de carácter aparentemente científico y filantrópico bajo su control personal.[4]
Con este propósito fundó en 1876 la Asociación Internacional Africana (Association internationale africaine), una organización presentada como una institución humanitaria destinada a promover la exploración, el desarrollo científico y la lucha contra la trata de esclavos en África central. Entre sus principales colaboradores figuró el explorador galés Henry Morton Stanley, cuyas expediciones por la cuenca del río Congo permitieron a Leopoldo establecer una red de tratados con diversos dirigentes locales y consolidar sus aspiraciones territoriales.[5]
Durante la Conferencia de Berlín (1884-1885), las principales potencias europeas reconocieron la soberanía de Leopoldo II sobre el Estado Libre del Congo, un territorio de aproximadamente 2,35 millones de km² que, aunque formalmente constituido como un Estado independiente, quedó bajo la propiedad y administración personal del monarca. Para obtener el reconocimiento internacional, los representantes de Leopoldo aseguraron que el nuevo Estado garantizaría la libertad de comercio, favorecería la expansión de la civilización y actuaría como una barrera neutral entre las áreas de influencia británica y francesa.[6]

En la práctica, Leopoldo ejerció un control prácticamente absoluto sobre la colonia. La administración era reducida y disponía de escasos recursos, por lo que dependía tanto de un pequeño cuerpo de funcionarios europeos como de la colaboración de autoridades africanas encargadas de aplicar las órdenes del gobierno colonial en sus comunidades.[7] La presencia efectiva del Estado era, además, muy limitada: a comienzos del siglo XX apenas residían unos 3000 europeos en el territorio, de los cuales aproximadamente la mitad eran belgas, mientras que el número de funcionarios administrativos rara vez superó los 1500.[8][9]
Durante sus primeros años, la prioridad de la administración fue consolidar el dominio sobre un territorio cuya ocupación efectiva distaba de ser completa. Diversos pueblos africanos opusieron resistencia a la expansión colonial, especialmente en regiones como los ríos Kwango y Uele, donde la Force Publique llevó a cabo campañas militares para someter a las poblaciones locales.[10]
La situación económica del Estado Libre del Congo también condicionó profundamente su evolución. En sus primeros años, la colonia resultó poco rentable y dependió principalmente de la exportación de marfil, cuyos ingresos fueron insuficientes para sostener la administración, que atravesó frecuentes dificultades financieras. Esta situación cambió radicalmente a partir de la década de 1890, cuando el rápido incremento de la demanda internacional de caucho convirtió al Congo en uno de los principales territorios productores del mundo.
Con el objetivo de maximizar los beneficios derivados de esta nueva fuente de riqueza, en 1891 la administración implantó el denominado régimen de dominio (régime domanial), mediante el cual declaró propiedad estatal todas las tierras consideradas «vacantes», incluidos extensos bosques utilizados tradicionalmente por las comunidades congoleñas. Gran parte de estos territorios fue entregada en concesión a compañías privadas, mientras que Leopoldo II reservó para sí vastas extensiones bajo el Dominio de la Corona (Domaine de la Couronne) y el Dominio Privado (Domaine privé). La implantación de este sistema sentó las bases del régimen de trabajo forzado y de la explotación económica que caracterizarían los años posteriores.
Implantación del sistema económico colonial
Crisis financiera inicial
Durante sus primeros años de existencia, el Estado Libre del Congo fue un proyecto económicamente deficitario. La administración colonial dependía principalmente de la exportación de marfil, cuyos ingresos resultaban insuficientes para cubrir los elevados costes de ocupación y administración de un territorio de más de 2,3 millones de km². Como consecuencia, el Estado acumuló importantes deudas y atravesó reiteradas dificultades financieras, llegando en varias ocasiones al borde de la bancarrota.
La necesidad de convertir la colonia en una empresa rentable condicionó profundamente la política económica de Leopoldo II. Desde finales de la década de 1880, la administración intensificó la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos que permitieran financiar el aparato colonial y generar beneficios para el monarca y los inversores vinculados al Estado Libre.[11]
Auge internacional del caucho
La situación cambió radicalmente durante la década de 1890 con el rápido incremento de la demanda mundial de caucho natural, impulsado por la expansión de la industria del neumático, el desarrollo de la electricidad y la creciente utilización de productos manufacturados elaborados con este material. La abundancia de lianas de caucho silvestre en las selvas congoleñas convirtió al Estado Libre del Congo en uno de los principales territorios productores del mundo.
El auge del caucho transformó por completo la economía colonial. Las exportaciones pasaron de 580 toneladas en 1895 a 3740 toneladas en 1900, generando beneficios extraordinarios para el Estado y las compañías concesionarias. La obtención de caucho sustituyó al marfil como principal actividad económica de la colonia y pasó a constituir el eje de la política colonial de Leopoldo II.[12]
Régimen de dominio y concesiones
Con el propósito de asegurar el control de los recursos naturales, en 1891 la administración implantó el denominado régimen de dominio (régime domanial). Mediante este sistema, todas las tierras consideradas «vacantes», incluidos los bosques y otros espacios utilizados tradicionalmente por las comunidades congoleñas para la caza, la recolección o el cultivo itinerante, fueron declaradas propiedad del Estado. Esta medida ignoró las formas tradicionales de propiedad comunal existentes en el Congo y otorgó a la administración colonial el control directo sobre la mayor parte de los recursos naturales del territorio.[11]
Una parte considerable de estas tierras fue cedida en concesión a empresas privadas, que obtuvieron amplios poderes para explotar los recursos y organizar la producción con escasa supervisión por parte de la administración. Entre las principales compañías concesionarias figuraban la Compañía Anglo-Belga del Caucho y la Exploración (ABIR) y la Société Anversoise de Commerce au Congo, que controlaban extensos territorios dedicados a la extracción de caucho. Otras empresas, como la Compagnie du Katanga y la Compagnie des Grands Lacs, recibieron concesiones en distintas regiones del Estado Libre.
Paralelamente, Leopoldo II reservó para su explotación directa amplias extensiones bajo el denominado Dominio de la Corona (Domaine de la Couronne), que se sumaban a las propiedades integradas en su Dominio Privado (Domaine privé). Los beneficios obtenidos mediante este sistema fueron extraordinarios: entre 1896 y 1905 el monarca obtuvo alrededor de 70 millones de francos belgas, mientras que algunas compañías concesionarias llegaron a registrar beneficios superiores al cien por ciento sobre su capital inicial en un solo ejercicio.[13]
La implantación del régimen de dominio y del sistema de concesiones transformó la estructura económica del Estado Libre del Congo. La rentabilidad de la colonia pasó a depender casi exclusivamente de la extracción intensiva de caucho, circunstancia que favoreció la implantación de mecanismos cada vez más coercitivos para asegurar el suministro de mano de obra y maximizar la producción.
Atrocidades
Sistema del Caucho Rojo y trabajo esclavo

Siendo la mayoría de los ingresos del Estado Libre derivados de la exportación de caucho, se creó una política laboral (conocida por los críticos como el «sistema del Caucho Rojo») para maximizar su extracción. La administración impueso una corvea en vez de cobrar impuesto a los habitantes.[14] Esto creó una «sociedad de esclavos» a medida que las empresas se volvieron cada vez más dependientes de la movilización forzosa de mano de obra congoleña para la recolección del caucho.[15] El estado reclutó a la fuerza a una serie de funcionarios negros, conocidos como capitas, para organizar la mano de obra local.[15] Sin embargo, el deseo de maximizar la recolección de caucho, y por lo tanto las ganancias del estado, significaba que las demandas impuestas centralmente a menudo se establecían arbitrariamente sin considerar los números o el bienestar de los peones.[14] En los territorios concesionarios, las empresas privadas que habían comprado una concesión de la administración del Estado Libre podían utilizar prácticamente cualquier medida que desearan para aumentar la producción y los beneficios sin la interferencia del Estado.[16] La falta de una burocracia desarrollada para supervisar cualquier método comercial produjo una atmósfera de «informalidad» en todo el estado con respecto a la operación de las empresas, lo que a su vez facilitó los abusos.[17] El tratamiento de los trabajadores (especialmente la duración del servicio) no estaba regulado por la ley y, en cambio, se dejó a la discreción de los funcionarios sobre el terreno.[14] ABIR y Anversoise se destacaron especialmente por la dureza con que los funcionarios trataban a los trabajadores congoleños. El historiador Jean Stengers describió las regiones controladas por estas dos compañías como «verdaderos infiernos en la tierra».[18]
Los nativos que se negaron a someterse al trabajo esclavo fueron coaccionados con «constreñimiento y represión». Los disidentes era golpeados o azotados con un chicote, se tomaban a mujeres y ancianos como rehenes para garantizar la pronta recogida y se enviaron expediciones punitivas para destruir y saquear las aldeas que se negaban a cooperar.[14] La política condujo al colapso de la vida económica y cultural congoleña, así como a la agricultura en algunas áreas.[19]
Gran parte de la aplicación de la producción de caucho fue responsabilidad de la Force Publique, el ejército colonial. La Fuerza se había establecido originalmente en 1885, con oficiales blancos y suboficiales y soldados negros, y se reclutaba desde lugares tan lejanos como Zanzíbar, Nigeria y Liberia.[20] En el Congo, se reclutaba grupos étnicos y sociales específicos.[9] Estos incluyeron al pueblo bangala, lo cual contribuyó a la difusión del idioma lingala en todo el país.[20] Estos reclutas eran con frecuencia descritos eufemísticamente como «voluntarios», pero el reclutamiento era en realidad forzoso. Las tropas eran traídas a los puestos militares encadenadas y en algunos casos hasta las tres cuartas partes de todos los reclutas morían antes de poder prestar el servicio debido a las condiciones infrahumanas a las que eran sometidos.[21] Para 1900, el ejército esclavo de la Force Publique contaba con 19,000 hombres.[22]
El sistema del caucho rojo surgió con la creación del régimen de concesión en 1891[23] y duró hasta 1906, cuando el sistema de concesión fue restringido.[18] En su apogeo, estaba muy localizado en las regiones de Équateur, Bandundu y Kasai.[24]
Mutilación y brutalidad

El incumplimiento de las cuotas de recolección de caucho era punible con la muerte. Mientras tanto, la Force Publique estaba obligada a proporcionar la mano de sus víctimas como prueba cuando habían disparado y matado a alguien, ya que se creía que de otro modo utilizarían las municiones (importadas de Europa a un costo considerable) para cazar. Como consecuencia, las cuotas de caucho fueron pagadas en parte en manos cortadas. A veces las manos fueron recolectadas por los soldados de la Force Publique y a veces por los pueblos mismos. Incluso hubo pequeñas guerras en las que los poblados atacaron a las aldeas vecinas para recolectar sus manos, ya que sus cuotas de caucho eran imposibles de cubrir al ser absurdamente altas. Un sacerdote católico recogió el testimonio de un hombre de nombre Tswambe, quien da cuenta del odiado oficial estatal Léon Fiévez, que era dirigente de un distrito 500 kilómetros al norte del lago Malebo:
Todos los negros veían a aquel hombre como el Diablo del Ecuador [...]. Había que cortar las manos de todos los cuerpos en combate. Quería ver el número de manos cortadas por cada uno de los soldados, que debían llevárselas en cestas [...]. El poblado que se negaba a proporcionar caucho solía ser arrasado por entero. Siendo joven vi a Molili, un soldado [de Fiévez] que vigilaba el pueblo de Boyeka, traer una gran red, meter en ella a diez nativos detenidos, atar unas grandes piedras a la red y ordenar que la arrojaran al río [...]. La causa de aquellos tormentos era el caucho; esa es la razón de que no queramos ni oír su nombre. Los soldados obligaban a los jóvenes a violar a sus propias madres y hermanas.[26]
Un oficial subalterno describió una redada para castigar a un pueblo que había protestado. El oficial al mando «nos ordenó cortarles la cabeza a los hombres y colgarlos en las empalizadas del pueblo [...] y colgar a las mujeres y los niños en la empalizada en forma de cruz».[27] Después de ver a un congoleño siendo asesinado por primera vez, un misionero danés escribió: «El soldado dijo "No te lo tomes a pecho. Nos matarán a nosotros si no traemos el caucho. El Comisionado nos ha prometido que si traemos muchas manos él acortará nuestro servicio"».[28] En palabras de Forbath:
Las cestas de manos cercenadas, colocadas a los pies de los comandantes de correos europeos, se convirtieron en el símbolo del Estado Libre del Congo. ... La recolección de manos se convirtió en un fin en sí mismo. Los soldados de la Force Publique los llevaron a las estaciones en lugar de goma; incluso salieron a cosecharlos en lugar de caucho ... Se convirtieron en una especie de moneda. Se utilizaron para compensar las deficiencias en las cuotas de caucho, para reemplazar ... a las personas que fueron demandadas por las pandillas de trabajo forzoso; y a los soldados de la Force Publique se les pagaron sus bonos sobre la base de cuántas manos recogieron.
En teoría, cada mano derecha era prueba de un congolés muerto. En la práctica, a fin de ahorrar balas, los soldados simplemente cortaban manos de víctimas para luego dejarlas a su suerte. Más adelante muchos sobrevivientes dieron testimonio de haber sobrevivido a una masacre haciéndose los muertos, permaneciendo inmóviles incluso cuando se les cortaron las manos; después de eso esperaban a que los soldados se fueran antes de pedir ayuda. En algunos casos, un soldado podía acortar su período de servicio al traer más manos que los otros soldados, lo que provocó mutilaciones y desmembramientos generalizados. Otra práctica utilizada para obligar a los trabajadores a recoger caucho era el secuestro de mujeres y familiares, quienes eran mantenidos como rehenes hasta que la demanda de caucho se satisficiera.[29]
Aparte de la recolección de caucho, la violencia en el Estado Libre ocurrió principalmente en conexión con guerras y rebeliones. Los estados nativos, especialmente el Reino de Yeke del rey Msiri, la Federación Zande y el territorio suajili en el este del Congo bajo el control de Tippu Tip, se negaron a reconocer la autoridad colonial y fueron derrotados por la Force Publique con gran brutalidad durante la Guerra árabe del Congo.[30] En 1895, un motín militar estalló entre los Batetela en Kasai, lo que llevó a una insurgencia de 4 años. El conflicto fue particularmente brutal y causó un gran número de bajas.[31]
Caída de la población
Causas de muerte
«Sugiero que es imposible separar las muertes causadas por la matanza y la inanición de las debidas a la pandemia de la enfermedad del sueño (tripanosomiasis) que diezmó África central en ese momento.» —Neal Ascherson (1999)[32] |
Los historiadores generalmente están de acuerdo en que una reducción drástica en el tamaño total de la población congoleña se produjo durante las dos décadas de gobierno del Estado Libre en el Congo.[33] Las poblaciones siempre fluctúan con el tiempo y los cambios notables, conocidos como crisis demográficas, están bien atestiguados en las sociedades preindustriales.[34] Se argumenta que la reducción en el Congo fue atípica y puede atribuirse a los efectos directos e indirectos del régimen colonial y especialmente a las enfermedades y la caída de la tasa de natalidad.[35]
El historiador Adam Hochschild argumentó que la caída dramática en la población del Estado Libre fue el resultado de una combinación de «asesinato», «inanición, agotamiento y exposición a la intemperie», «enfermedad» y «una tasa de natalidad que cayó en picada».[36] Roger Casement está de acuerdo con esta opinión.[37] La enfermedad del sueño también fue una de las principales causas de mortalidad en ese momento. Los opositores del régimen de Leopoldo declararon, sin embargo, que la administración misma debía ser considerada responsable de la propagación de la epidemia.[38] Aunque es imposible estar seguro de que no haya registros, la violencia y el asesinato representan solo una parte del total. En un estudio local de los pueblos Kuba y Kete, el historiador Jan Vansina estimó que la violencia representaba la muerte de menos del cinco por ciento de la población.[39]

Las enfermedades importadas por los comerciantes árabes, los colonos europeos y los porteadores africanos devastaron a la población congoleña y «superaron con creces» el número de personas muertas por la violencia.[40] La viruela, la enfermedad del sueño, la disentería amebiana, las enfermedades venéreas (especialmente la sífilis y la gonorrea) y la gripe porcina fueron particularmente graves.[41] La enfermedad del sueño, en particular, era «epidémica en grandes áreas» del Congo y tenía una alta tasa de mortalidad.[42] Solo en 1901, se estima que unos 500 000 congoleses murieron a causa de la enfermedad del sueño.[43] Vansina estimó que el cinco por ciento de la población congoleña falleció a causa de la gripe porcina.[44] En áreas donde la disentería se volvió endémica, entre el 30 y el 60 por ciento de la población podría morir.[45] Vansina también señaló los efectos de la desnutrición y la escasez de alimentos para reducir la inmunidad a las nuevas enfermedades.[39] La interrupción de las poblaciones rurales africanas puede haber ayudado a extender aún más las enfermedades.[32] Sin embargo, el historiador Roger Anstey escribió que «un fuerte capítulo de la tradición oral local sostiene que la política del caucho fue una causa mayor de muerte y despoblación que el flagelo de la enfermedad del sueño o los estragos periódicos de la viruela».[33]
También se cree ampliamente que las tasas de natalidad también disminuyeron durante el período, lo que significa que la tasa de crecimiento de la población cayó en relación con la tasa de mortalidad natural. Vansina, sin embargo, señala que las sociedades precoloniales tenían altas tasas de natalidad y mortalidad, lo que provocó una gran fluctuación natural de la población a lo largo del tiempo.[46] Entre los Kuba, el período de 1880 a 1900 fue en realidad uno de expansión de la población.[40]
Número de víctimas

Todos los que han comparado el país al comienzo del control de Leopoldo con el comienzo del gobierno estatal belga en 1908 concuerdan en que hubo una masiva reducción en la población, pero las estimaciones del número de muertos varían considerablemente. Las estimaciones de algunos observadores contemporáneos sugieren que la población disminuyó a la mitad durante este período. Según Edmund Dene Morel, el Estado Libre del Congo contaba con «20 millones de almas».[47] Es por esto que Mark Twain citó el número como diez millones de muertes.[48] Ascherson cita una estimación de Casement de una caída de la población de tres millones, aunque señala que es «casi seguro una subestimación».[49] Diversos historiadores ponen en duda esta cifra debido a la ausencia de censos fiables, a la enorme mortalidad de las enfermedades como la viruela o la enfermedad del sueño y al hecho de que en 1900 solo había 3000 blancos en el Congo, de los cuales solo la mitad eran belgas.[8][50][51]
A falta de un censo que proporcione siquiera una idea inicial del tamaño de la población de la región al inicio del Estado Libre del Congo (el primero fue realizado en 1924),[52] es imposible cuantificar con alta precisión los cambios en la población en el período. A pesar de esto, Forbath reclamó en 1991 que la pérdida fue de al menos cinco millones.[53] Adam Hochschild y Jan Vansina usan el número de 10 millones. Hochschild cita varias líneas de investigación independientes, del antropólogo Jan Vansina y otros, que examinan las fuentes locales (registros policiales, registros religiosos, tradiciones orales, genealogías, diarios personales), que generalmente coinciden con la evaluación de la comisión del gobierno belga de 1919: aproximadamente la mitad de la población falleció durante el período de Estado Libre. Desde que el primer censo oficial de las autoridades belgas en 1924 situó a la población en alrededor de 10 millones, estos diversos enfoques sugieren una estimación aproximada de un total de 10 millones de muertos.[54] Jan Vansina volvió a la cuestión de cuantificar el declive total de la población y revisó su posición anterior, concluyó que la población kuba (una de las muchas poblaciones congoleñas) había aumentando durante las dos primeras décadas del gobierno de Leopoldo II, y declinó con un 25 por ciento de 1900 a 1919, principalmente debido a la enfermedad.[55][56] Según el historiador congoleño Isidoro Ndaywel è Nziem murieron 13 millones.[57] Para poner estos cambios de población en contexto, las referencias de fuentes afirman que en 1900, África en su conjunto tenía entre 90 millones[58] y 133 millones de habitantes.[59] Sin embargo, no existen registros verificables. Louis y Stengers afirman que las cifras de población al comienzo del control de Leopoldo son solo «conjeturas atrevidas», mientras llaman al intento de Morel y otros de llegar a una cifra de pérdidas de población como un «mero producto de la imaginación».[60] Sin embargo, los autores que señalan la falta de datos demográficos confiables son cuestionados por otros que llaman a los primeros minimalistas y agnósticos,[61] demostrando que estas preguntas siguen siendo objeto de acalorados debates.
Investigación y concientización internacional

Finalmente, el creciente escrutinio del régimen de Leopoldo llevó a un movimiento de campaña popular, centrado en el Reino Unido y los Estados Unidos, para obligar a Leopoldo a renunciar a su propiedad del Congo. En muchos casos, las campañas basaron su información en informes de misioneros británicos y suecos que trabajan en el Congo.[62]
La primera protesta internacional ocurrió en 1890 cuando George Washington Williams, un afroestadounidense, publicó una carta abierta a Leopoldo sobre los abusos que había presenciado.[63] El interés público en los abusos en el Estado Libre del Congo creció abruptamente desde 1895, tras el incidente internacional conocido como L'Affair Stokes, en que un misionero irlandés fue ejecutado; tras ello los informes de mutilaciones llegaron al público europeo y estadounidense, que comenzó a discutir la «Cuestión del Congo».[64] Para apaciguar a la opinión pública, Leopoldo instigó una Comisión para la Protección de los Nativos (Commission pour la Protection des Indigènes), integrada por misioneros extranjeros, pero hizo pocos esfuerzos serios para una reforma sustantiva.[65]
En Gran Bretaña, la campaña fue dirigida por el activista y panfletista Edmund Dene Morel después de 1900, cuyo libro Red Rubber (1906) llegó a una audiencia masiva. Los miembros notables de la campaña incluyeron a los novelistas Mark Twain, Joseph Conrad y Arthur Conan Doyle, así como a socialistas belgas como Emile Vandervelde.[63] Los grupos de activistas, especialmente la Asociación de Reforma del Congo, inspirados por el Informe Casement (obra de su fundador), no se opusieron al colonialismo y, en su lugar, trataron de poner fin a los excesos del Estado Libre, alentando a Bélgica a anexar la colonia oficialmente. Esto evitaría dañar el delicado equilibrio de poder entre Francia y Gran Bretaña en el continente. Mientras que los partidarios del régimen del Estado Libre intentaron argumentar contra las denuncias de atrocidades, una Comisión de Investigación, nombrada por el régimen en 1904, confirmó las historias de atrocidades y la presión sobre el gobierno belga aumentó.[66]
En 1908, como resultado directo de esta campaña, Bélgica anexó formalmente el territorio, creando el Congo Belga.[67] Las condiciones para la población indígena mejoraron dramáticamente con la supresión del trabajo forzado, aunque muchos funcionarios que habían trabajado anteriormente para el Estado Libre fueron retenidos en sus puestos mucho después de la anexión.[68] En lugar de exigir directamente el trabajo de las empresas coloniales, la administración belga utilizó un impuesto coercitivo que presionó deliberadamente a los congoleños para que buscaran trabajo con los empleadores europeos a fin de obtener los fondos necesarios para realizar los pagos. Durante algún tiempo después del final del Estado Libre, los congoleños también debían proporcionar cierta cantidad de días de servicio por año para proyectos de infraestructura. A pesar de estas medidas, el legado de la decadencia de la población en el reinado de Leopoldo dejó al gobierno colonial con una grave escasez de mano de obra y con frecuencia tuvo que recurrir a migraciones masivas para proporcionar trabajadores a negocios emergentes.[69]
Más allá del Estado Libre del Congo

Horrores bajo el Congo Belga (1908-1960)
Tras el año 1908, la desaparición de la colonia del Estado Libre del Congo y la creación del Congo Belga conllevaron una reducción drástica en los reportes de mujeres secuestradas, masacres cometidas, abusos de trabajadores y aldeas incendiadas por los europeos. Sin embargo, de acuerdo a Hochschild, esto no se debió a un interés humanitario por parte del gobierno parlamentario belga, sino a la convergencia de dos factores económicos importantes. El primero fue el abandono del caucho silvestre en favor del cultivado, y el segundo fue la introducción de impuestos como método para extraer ganancias del trabajo forzado de la población local.[70]
El trabajo esclavo continuó bajo la administración belga, ahora expandido a las minas de cobre, oro y estaño. Era frecuente mantener a la familia de los trabajadores como rehenes en caso de que intentasen escapar, y el uso del chicote para abusar de la población local continuó de la misma manera. Durante la Segunda Guerra Mundial el número máximo de días de trabajo esclavo exigido de cada hombre en el Congo se encontraba en ciento veinte por año.[71]
Horrores en otras partes del África colonial cauchera
El modelo de extracción del caucho usado por el rey Leopoldo fue ampliamente replicado en otros proyectos coloniales en África, como lo fue el Congo Francés, el Camerún Alemán y la Angola portuguesa. En cierta medida, el excepcional número de víctimas del Congo Belga, que excedió en gran medida al de cualquier otra colonia africana, se debió principalmente al hecho de que el mismo poseía una extensión cauchera mucho mayor; en los territorios franceses se encuentra bien documentado un descenso de la población en un cincuenta por ciento, proporción casi idéntica al Congo Belga.[72]