Gonzalo de Valladares y Sarmiento Andrade nació en Cambados el 15 de abril de 1583, en el seno de una familia de la hidalguía gallega vinculada a la casa solariega de Fefiñanes. Fue hijo de Gregorio de Valladares y Sarmiento, señor de Fefiñanes, y de Catalina de Andrade y Fajardo, procedente de la casa de Viduedo, en la actual provincia de Orense.[1]
A la muerte de su padre en 1588 heredó, siendo todavía menor de edad, el señorío de Fefiñanes. Recibió una esmerada formación acorde con su condición social y orientó su carrera al servicio de la monarquía hispánica, combinando funciones militares y administrativas. Alcanzó el grado de maestre de campo y fue investido caballero de la Orden de Alcántara. Durante el reinado de Felipe IV de España desempeñó diversos cometidos al servicio de la Corona.
En la primera mitad del siglo XVII impulsó la construcción del Palacio de Fefiñáns, residencia señorial que se convirtió en uno de los principales ejemplos de arquitectura nobiliaria gallega de la época y que simbolizaba la consolidación patrimonial y social de su linaje.[2]
Como reconocimiento a sus servicios, en 1647 recibió de la Corona el título de vizconde de Fefiñanes. Poco después fue designado corregidor del Corregimiento de La Paz, nombramiento otorgado el 20 de mayo de 1650, aunque no tomó posesión efectiva del cargo hasta 1652, cuando se trasladó al Virreinato del Perú.
Llegó a La Paz el 17 de julio de 1652 e inició su mandato como máxima autoridad civil y judicial del corregimiento. Durante su gestión intervino en la organización institucional y en la vida pública de la ciudad. En 1654 promovió los preparativos y celebraciones por la llegada del obispo Bernardino de Cárdenas.[3]
Su administración también estuvo marcada por conflictos jurisdiccionales con las autoridades eclesiásticas. En 1655, tras un altercado con el cabildo en la iglesia de la Merced, la Real Audiencia de Charcas le impuso una multa de 500 pesos.[4]
Durante su gobierno permitió el asentamiento en la ciudad de artesanos y pobladores procedentes de zonas mineras del altiplano, lo que contribuyó al dinamismo económico local. Entre ellos se encontraba Antonio Gallardo (Philinko), posteriormente implicado en movimientos de protesta colonial.[5]
Falleció en La Paz en 1656 mientras aún ejercía el cargo de corregidor. Fue sepultado en la iglesia de la Merced.