Gran Hotel Taoro

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Gran Hotel Taoro

© Copyright: (001721): HOTEL TAORO Y JARDINES Año: 1893 Fotógrafo: CARL NORMAN Colección de: Jose A. Pérez Cruz Archivo de fotografía histórica de Canarias. FEDAC/CABILDO DE GRAN CANARIA
Localización
País España
Ubicación Puerto de la Cruz
Dirección Ctra. Taoro, 9 38400
Coordenadas 28°24′45″N 16°32′54″O / 28.412566666667, -16.54825
Información general
Nombres anteriores Taoro Grand Hotel, English Grand Hotel, hotel Taoro
Otros nombres Grand Hotel Humboldt-Kurhaus
Arrendatario actual Tropical Turística Canaria
Inauguración 1890 (134 años)
Remodelación 1979 / 2019
Propietario Cabildo de Tenerife
Diseño y construcción
Arquitecto Adolphe Coquet
https://granhoteltaoro.com/

El Gran Hotel Taoro, (Puerto de la Cruz, Tenerife), con más de 100 años de historia, fue inaugurado el 22 de diciembre de 1890. Diseñado por el arquitecto francés Adolphe Coquet,[1] se convirtió no solo en el primer gran hotel de Tenerife[2] y de España, símbolo del lujo hotelero, sino en la piedra angular que marcaría un antes y un después en la historia del turismo de Canarias. Ha formado parte, por ello, de un sinfín de muestras y exposiciones[3] que atestiguan su lugar como referente histórico de la ciudad del Puerto de La Cruz, la isla y el sector turístico insular en particular.

A lo largo de su historia, este hotel alojó a diversas personalidades ilustres de la clase más pudiente y de entre las figuras más célebres de cada época. Entre quienes destacan el Duque Nicolás de Rusia (1887), los Reyes de Bélgica (década de los 20), el Káiser Guillermo II de Alemania (1909), la escritora Agatha Christie (1929) o el dramaturgo Joaquín Calvo Sotelo (1947), entre otros.

Tras su cierre en 2006, el emblemático hotel ha sido arrendado por la hotelera Tropical Turística Canaria que, tras culminar los trabajos de rehabilitación del edificio y su entorno, espera reabrirlo próximamente como un establecimiento de 5 estrellas operado por My Way Meaningful Hotels.[4]

El Gran Hotel Taoro fue concebido para servir de referente en su época en múltiples facetas, suponiendo su construcción un antes y un después en la historia del turismo de España y las islas Canarias. El edificio fue diseñado por el arquitecto francés Adolphe Coquet con un cuerpo central orientado hacia el norte, es decir, mirando hacia el Puerto de la Cruz y su costa.

De los extremos de este pabellón central se alzan dos alas, orientadas hacia el poniente y el naciente, dando origen a un patio central de orientación sur, al abrigo de los vientos alisios dominantes en la zona. La altura del edificio es de tres plantas, con una adicional en los cuatro torreones angulares. Se convertía así este edificio en su tiempo en el mayor de Canarias.

El entresuelo, por su parte, estaba destinado a la bodega, los almacenes y algunas pocas habitaciones, que servían de alojamientos para el servicio y otros usos.

Precedentes

Surgimiento del turismo en Puerto de La Cruz

La construcción del Gran Hotel Taoro de Puerto de la Cruz, en Tenerife, se produce en el marco de una época, el siglo XIX, en la que Europa adolece de enfermedades respiratorias, para cuya recuperación se recomendaba la estancia en lugares de clima templado y aire puro.

Ante la ausencia de estas condiciones en países europeos y, principalmente, en Inglaterra, donde la Revolución Industrial comenzaba a atestar las ciudades de población y a propiciar el crecimiento urbanístico, la llegada de extranjeros a la ilustre ciudad del norte tinerfeño de Puerto de La Cruz comenzó a ser cada vez más habitual. La burguesía europea buscaba lugares con las condiciones adecuadas para recuperarse de sus afecciones, propiciando la proliferación de balnearios y ‘health resorts’ a lo largo de la costa mediterránea y, con ellos, el nacimiento del turismo, tal y como lo conocemos.

La invención de la máquina de vapor y la necesidad de explorar nuevos territorios para cuidar de la salud, convierten muy pronto a Canarias en objetivo de estas visitas y, muy especialmente, a Puerto de La Cruz, ciudad a la que precedía su fama por ser el núcleo comercial más conocido del Archipiélago en la época, de cuyas bonanzas paisajísticas y climatológicas se habían hecho eco sus visitantes por toda Europa, propiciando la llegada de curiosos turistas, principalmente británicos, que normalmente se alojaban en fondas y casas particulares de compatriotas.[5] De este modo, la ciudad pasa de ser el centro del comercio más importante del Archipiélago, a ser conocida en Europa por sus bondades para el turismo: su clima, su economía en desarrollo con oportunidades de inversión y su población acogedora y receptiva hacia los turistas.

Es en este contexto histórico que algunos isleños, miembros de la aristocracia y la burguesía insular, así como propietarios agrícolas e intelectuales, comienzan a considerar la apertura hacia otras actividades económicas distintas de la agricultura, como el turismo. El fracaso de productos clave de exportación, como la cochinilla, así como la participación de compañías y empresarios extranjeros, mayoritariamente británicos, se convierten en pieza clave de esta transición durante siglo XIX.

De este modo, desde mediados de siglo, con una comunidad inglesa con cada vez mayor poder y a medida que los negocios de exportación de la isla se fueron volviendo menos rentables, fue creciendo el interés por el negocio del turismo en este territorio. Un negocio que ya había tenido sus primeras prospecciones a través de arrendamientos de pequeñas propiedades por parte de residentes ingleses a sus compatriotas.

Es así como comienza a fraguar la idea de la construcción de un hotel en la mente de Nicolás Benítez de Lugo,[5] hijo de marqueses de la ciudad, quien, tras años interesado en promover iniciativas relacionadas con el turismo en el valle entre El Puerto de la Cruz y La Orotava, pidió varios permisos a ambos ayuntamientos para la construcción de un edificio de alojamientos de este calibre.

Fue el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz el que finalmente dio vía libre para el proyecto, el 8 de abril de 1883, considerando las obras proyectadas “de las más útiles que pudiera emprenderse, no sólo porque se refiere a la humanidad doliente, sino incluso desde el punto de vista de la conveniencia pública y general”,[6] gracias al respaldo con el que contaba por parte de los médicos Tomás Zerolo, Víctor Pérez González y Jorge Pérez Ventoso, quienes hicieron constar las propiedades medicinales del clima de la zona, resaltando así lo apropiado que resultaría un proyecto de estas características en la zona, abriendo las puertas a una industria que serviría de vía de escape a la crisis que comenzaba ya a padecer el sector agrícola en Canarias.

Sin embargo y pese al apoyo del gobierno local y las oportunidades de desarrollo, en Canarias se carecía de conocimientos y experiencias sobre el negocio. Por lo que es el oficial retirado William Strickland Harris, a su llegada a la isla, quien ante la detección de la necesidad de crear un hotel de lujo en la isla, comienza los movimientos para formar una compañía capaz de abordar la construcción de un centro de estas características, para lo cual cuenta con Estevan Salazar de Frías y Ponte (Conde del Valle de Salazar), Felipe Machado y del Hoy, Ricardo Ruiz, Andrés Carpenter, la casa Hamilton y Domingo Aguilar, entre otros, a quienes se suman los cónsules de Inglaterra, Francia, EE. UU., Alemania, Italia, Rusia y Suecia, para dar lugar a la primera empresa turística de Canarias: ‘La Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de la Orotava’.[7] fundada el 11 de abril de 1886, con un capital social de 20.000 libras (500 000 pesetas) y 1000 acciones.

El ‘Orotava Grand Hotel’ (futuro hotel Martiánez) y fundación de la compañía constructora

Antes de lanzarse a la construcción del proyecto inmobiliario, ‘La Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de la Orotava’ empieza a operar alquilando a viajeros ciertos inmuebles en la ciudad con el fin de promover así su actividad turística.

La sociedad decide arrendar una casa de estilo colonial de Antonia Dehesa Sanz, viuda de Francisco García Gutiérrez,[8] situada en los Llanos de Martiánez, para instalar el primer sanatorium de Canarias en el que los turistas, aquejados por enfermedades, principalmente pulmonares, pudieran acudir para recuperarse. Nacía así, en septiembre de 1886, el ‘The Orotava Grand Hotel’[7] (futuro Hotel Martiánez), que supuso un gran impacto en la zona y en la isla por la creciente presencia de visitantes que conduce al establecimiento de una comunidad británica estable en Puerto de la Cruz, clave para el futuro desarrollo económico y social de la ciudad como primer destino turístico de Canarias.

La afluencia de turistas crece de tal manera que en el invierno de 1887-88 se produce el primer overbooking de la historia del turismo en Canarias, poniendo de manifiesto la baja capacidad de plazas alojativas que podía ofrecer la casa colonial de Martiánez y supone el pistoletazo definitivo a la construcción del gran hotel que la compañía se había propuesto desde su fundación.

En 1888, por discrepancias de algunos de los socios de la compañía, los accionistas de ‘La Compañía de Hoteles y Santorium del Valle de la Orotava’, capitaneados por Víctor Pérez González, deciden escindirse de ésta y constituir una nueva Sociedad para operar el sanatorium de Martianez: ‘The Taoro Company Ltd.’[7] o ‘Compañía Taoro’, con un capital social de 500 000 pesetas, dividido en 500 acciones. Entre su accionariado destacan importantes miembros de la burguesía tinerfeña junto a un reducido, pero importante desde el punto de vista económico, grupo de inversores extranjeros.

Finalmente, el 25 de mayo de 1888, ambas compañías se fusionan formando la definitiva ‘Taoro, Compañía de Construcción y Explotación de Hoteles y Villas del Valle de La Orotava’, que desde su misma fundación tenía como objetivo primordial la construcción del verdadero primer gran hotel, al estilo más moderno y de lujo, en la meseta saliente de malpaís por entonces conocido como Monte Miseria. Un espacio que destaca por su privilegiada situación, con impresionantes vistas al océano Atlántico.

Historia

Atractivos turísticos

Referencias

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