Grutas kársticas de Aggtelek y del karst eslovaco

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Las grutas kársticas de Aggtelek y del karst eslovaco son un conjunto de cuevas y formaciones kársticas situadas entre el noreste de Hungría y el sureste de Eslovaquia, en el área de contacto entre el parque nacional de Aggtelek y el karst eslovaco. El conjunto fue inscrito por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 1995 y ampliado en 2000, bajo el criterio natural viii, por su valor geológico y geomorfológico excepcional.[1]

Datos rápidos Localización, País ...
Grutas kársticas de Aggtelek y del karst eslovaco

Patrimonio de la Humanidad de la Unesco

Interior de la cueva Domica, una de las cavidades del sistema Baradla-Domica.
Localización
País Hungría Hungría
Eslovaquia Eslovaquia
Coordenadas 48°28′18″N 20°29′43″E
Datos generales
Tipo Natural
Criterios viii
Identificación 725ter
Región Europa y América del Norte
Inscripción 1995 (XIX sesión)
Extensión 2000
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El sitio constituye uno de los sistemas kársticos más notables de Europa central. La Unesco lo reconoce por la concentración de numerosas cuevas en un área relativamente reducida, por la diversidad de tipos cavernarios y por la presencia de formas generadas por procesos climáticos tropicales y glaciares, lo que permite estudiar varios episodios de la evolución geológica a lo largo de decenas de millones de años.[1]

Ubicación

El bien se extiende a ambos lados de la frontera entre Hungría y Eslovaquia, en el entorno de los Cárpatos occidentales. En Hungría se localiza principalmente en el área de Aggtelek, el cerro Szendrő-Rudabánya y el cerro Esztramos. En Eslovaquia incluye sectores del karst eslovaco, entre ellos la cueva de hielo de Dobšinská, la meseta de Koniar, la meseta de Plešivec y las zonas próximas a Silica y Jasov.[1]

Según la información cartográfica de la Unesco, el bien está organizado en varios componentes, entre ellos el componente de Aggtelek, el de Szendrő-Rudabánya, el de Esztramos y otros sectores eslovacos asociados al karst y a sus cuevas principales.[2]

Componentes y cuevas principales

Entre las cuevas y complejos subterráneos más conocidos del sitio se encuentran:

Estas cavidades representan distintos tipos de cuevas kársticas, con galerías, salas, ríos subterráneos, espeleotemas, formaciones de hielo, depósitos de aragonito y evidencias de ocupación humana prehistórica.

Descripción geológica

El conjunto se caracteriza por una elevada concentración de cuevas desarrolladas en rocas carbonatadas. La acción prolongada del agua sobre la caliza produjo galerías subterráneas, dolinas, sumideros, manantiales y una gran variedad de formaciones internas, entre ellas estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas, cortinas y depósitos minerales.

La singularidad del sitio radica en la combinación de rasgos propios del karst templado con huellas de antiguos procesos climáticos tropicales y glaciares. Esta superposición de fases geológicas y climáticas permite interpretar la evolución del relieve desde periodos muy antiguos hasta la configuración actual del paisaje.[1]

Sistema Baradla-Domica

El complejo Baradla-Domica es el sistema cavernario más conocido del sitio. Se extiende a ambos lados de la frontera húngaro-eslovaca: la cueva de Baradla se encuentra en Hungría, mientras que la cueva Domica corresponde al sector eslovaco. El conjunto alcanza aproximadamente 21 km de longitud, de los cuales una parte se encuentra en territorio eslovaco y el resto en territorio húngaro.

La primera mención escrita de la cueva de Baradla se remonta al siglo XVI, y desde el siglo XX ha sido utilizada como atractivo turístico. La cueva Domica fue descubierta para la espeleología moderna en 1926 por Ján Majko, y su circuito turístico se abrió al público en 1932. Además de su valor geológico, el sistema conserva evidencias arqueológicas de ocupación humana prehistórica, vinculadas entre otras a la cultura de Bükk.

Cueva de Gombasek

La cueva de Gombasek, situada en Eslovaquia, fue descubierta en 1951 y abierta al público en 1955. Es conocida por sus finas formaciones de sinter y por su ornamentación, que le ha dado fama como una de las cuevas más atractivas del karst eslovaco. También ha sido utilizada con fines de espeloterapia, debido a la estabilidad de su microclima subterráneo.

Cueva de hielo de Dobšinská

La cueva de hielo de Dobšinská fue incorporada al sitio del Patrimonio Mundial en la ampliación de 2000.[1] Fue descubierta en 1870 por Eugen Ruffinyi y abierta al público al año siguiente. En 1887 se convirtió en una de las primeras cuevas europeas con iluminación eléctrica.

Esta cavidad destaca por sus masas permanentes de hielo, que cubren parte del suelo y forman estructuras de gran espesor. Por sus características, constituye uno de los ejemplos más relevantes de cueva de hielo en Europa central.

Cueva de aragonito de Ochtinská

La cueva de aragonito de Ochtinská es conocida por sus formaciones de aragonito, un mineral relativamente raro en cuevas turísticas. Fue descubierta en 1954 y abierta al público en 1972. Sus depósitos blancos y ramificados forman conjuntos de gran valor estético y científico, especialmente en la sala conocida como el Salón de la Vía Láctea.

Cueva de Jasov

La cueva de Jasov es una de las cuevas accesibles al público más antiguas de Eslovaquia, con visitas documentadas desde el siglo XIX. Posee galerías con formaciones calcáreas y evidencias arqueológicas de distintas etapas, entre ellas restos paleolíticos, neolíticos y de la cultura de Hallstatt.

Valor patrimonial

Las grutas kársticas de Aggtelek y del karst eslovaco fueron inscritas como Patrimonio de la Humanidad por constituir un ejemplo excepcional de procesos geológicos en desarrollo y por conservar una amplia diversidad de formas kársticas en un territorio compacto. El criterio viii reconoce su importancia para el estudio de la historia geológica, la espeleología, la geomorfología y la evolución de los paisajes subterráneos.[1]

El sitio también posee valor ecológico y cultural. Sus cuevas son hábitat de especies adaptadas al medio subterráneo, incluidas colonias de murciélagos, y algunas de ellas contienen restos arqueológicos que documentan la presencia humana desde la Prehistoria.

Conservación

La conservación del bien depende de la protección de los sistemas subterráneos, de la calidad de las aguas kársticas y del control del uso turístico. La mayor parte de las cuevas permanece cerrada al público o sometida a acceso restringido, mientras que algunas cavidades acondicionadas reciben visitantes mediante recorridos regulados.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha señalado que la mayor parte del sitio se conserva en estado natural, mientras que una pequeña proporción corresponde a cuevas turísticas adaptadas para el uso público; dichas cavidades se mantienen bajo programas de seguimiento y conservación.[3]

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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