Guerra de la Unión
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| Guerra de la Unión | ||||
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| Fecha | 1347-1348 | |||
| Lugar | Corona de Aragón | |||
| Resultado | Victoria realista. | |||
| Consecuencias | Revocación del Privilegio de la Unión | |||
| Comandantes | ||||
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La Guerra de la Unión (1347-48) es un periodo conflictivo en la corona de Aragón que mantuvo enfrentados, por un lado, las tropas de los fieles al rey Pedro el Ceremonioso y, por otro, la coalición con el nombre de Unión de Aragón y Unión de Valencia, formadas por algunos nobles y el brazo popular de las ciudades y pueblos que se adhirieron al movimiento señorial en aquellos reinos. Cataluña se mantuvo fiel al rey.
Desde finales del s.XIII se comenzaron a gestar una serie conflictos en el reino de Aragón que acabarían desembocando en la guerra de la Unión.
La ausencia de nuevas perspectivas de tierras peninsulares al ser cedida la conquista de Murcia a Castilla por el Tratado de Almizra (1244), a cambio de la exclusividad de la expansión aragonesa por el Mediterráneo, generaron un gran desencanto entre la nobleza aragonesa, que se vio soslayada en sus intereses por la nobleza catalana.[2] Apurado por los conflictos como la cruzada contra la Corona de Aragón o la confiscación del Reino de Mallorca, el rey Pedro III de Aragón no cesaba de demandar más financiación a las Cortes de Aragón. Asimismo, tras la intervención del rey de Aragón en Sicilia en las conocidas como Vísperas sicilianas de 1282 y la excomunión que sufrió el rey, un grupo de nobles aragoneses cuestionaron la acción unilateral de su rey.[3] Éstos pidieron al rey que los convocara a Cortes y en 1283 el rey Pedro y los representantes de la nobleza y las ciudades del Reino de Aragón llegaron a un acuerdo conocido como el Privilegio General de Aragón por el que éste se comprometía a respetar una serie de privilegios y fueros del estamento nobiliar, y a no tomar decisiones en política internacional sin consultarlo en las Cortes de Aragón.
Tras su muerte en 1285 y su sucesión por el joven Alfonso III de Aragón, los nobles aragoneses se agruparon creando la Unión de Aragón durante diciembre de 1286. Los unionistas volvieron a plantear reivindicaciones, en la línea de las que lograron obtener de Pedro III, dirigidas esta vez a su hijo. El rey, debilitado por los acontecimientos, tuvo que ceder, de nuevo y al igual que su padre, en diversas concesiones a la nobleza y garantizar lo que fue llamado privilegios de la Unión. Entre otras cosas, dichos privilegios designaban a la Unión como "guardiana de la ley aragonesa,[4] hacia que el rey debiera jurar no aplicar castigos ni prender a los miembros de la Unión sin sentencia del Justicia de Aragón y consejo de las Cortes, se pedía que la convocatoria de Cortes fuera anual, se reforzaba la figura del Justicia de Aragón, que pasaba a ejercer la justicia en el país por encargo regio.[3], y se autorizaba a los súbditos a destronar al rey si no cumplía lo pactado.
Sin embargo, el gran poder que adquirió la nobleza con tales privilegios no satisfizo a muchos. La autoridad regia debilitada incentivó el caos y el aumento del poder nobiliario y la servidumbre. Dante Alighieri colocó al rey Alfonso en su Purgatorio, por fomentar el caos[5] y el propio rey admitió que con el privilegio "en Aragón había tantos reyes como ricoshombres."[6] El poder de la Unión creció ya que los privilegios impedían al rey actuar contra noble alguno sin autorización del Justicia y de las cortes, y autorizaba la rebelión de incumplirse el privilegio. Para 1288, la Unión nombraba los consejeros regios.
En 1301, el Justicia de Aragón Ximén Pérez de Salanova, principal valedor de la ley foral aragonesa dictaminó contra los privilegios y apruebó legalmente la condena de aquellos nobles que se rebelaran.[3] El sucesor del rey Alfonso III, su hijo Jaime II de Aragón, intentó disminuir el poder de los nobles. Sin embargo, la situación se agudizó en el reinado de Pedro IV de Aragón.
Asimismo, en 1347, a imagen de la Unión de Aragón, en el reino de Valencia se constituyó la Unión de Valencia. En la Crónica de Pedro el Ceremonioso se explica como el rey, enterado de la formación de ésta, se dirigió a Cataluña para evitar que allí se formara otra. La Unión de Valencia intentó, sin éxito, que el Reino de Mallorca se uniera a sus reivindicaciones, y tenía como principales reclamaciones disponer de una magistratura de justicia, como Aragón, que las cortes valencianas se reunieron cada año para elegir a sus delegados y la asistencia de los valencianos a las cortes aragonesas y la de los aragoneses en las cortes valencianas para defender los intereses de la Unión.
Otro de los motivos que generaron malestar en los reinos de Pedro IV fue la no aceptación por parte de los partidarios de la Unión de Valencia del nombramiento como sucesora del rey de su hija, la infanta Constanza de Aragón, y la destitución del Infante Jaime I de Urgel, hermano del rey y presunto heredero, del cargo de Procurador general de Aragón.