Guerra entre El Salvador y Guatemala de 1906

breve conflicto entre Guatemala y El Salvador From Wikipedia, the free encyclopedia

La guerra entre El Salvador y Guatemala de 1906 fue un breve conflicto armado entre ambos países, originado por tensiones políticas regionales y rivalidades entre los gobiernos centroamericanos a principios del siglo XX Las hostilidades comenzaron en julio de 1906 y concluyeron con un armisticio alcanzado mediante mediación diplomática, restableciendo el statu quo ante bellum.

Fecha 1906
Casus belli Invasión salvadoreña en el marco de tensiones políticas regionales
Resultado

Estancamiento; armisticio por mediación diplomática de México y Estados Unidos

Datos rápidos Fecha, Lugar ...
Guerra entre El Salvador y Guatemala de 1906
Parte de Gobierno de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920)

Las tropas que participaron en la guerra contra El Salvador presentan armas al presidente Manuel Estrada Cabrera. Fotografía de Alberto G. Valdeavellano.[1]
Fecha 1906
Lugar Centroamérica
Casus belli Invasión salvadoreña en el marco de tensiones políticas regionales
Resultado

Estancamiento; armisticio por mediación diplomática de México y Estados Unidos

Consecuencias Tratado de Paz entre las Naciones Centroamericanas (1907)
Beligerantes
El Salvador República de Guatemala
Figuras políticas
Tomás Regalado   Manuel Estrada Cabrera
Comandantes
Tomás Regalado  
Carlos Ibáñez del Campo
Manuel Estrada Cabrera
Maximiliano Aguilar Santa María  (HEC)
Bajas
Posiblemente menores[cita requerida] Posiblemente mayores[cita requerida]
Cerrar

El conflicto estuvo vinculado a la presencia de exiliados y emigrados políticos en el territorio salvadoreño y mexicano, así como a intentos de incursión armada contra el gobierno guatemalteco de Manuel Estrada Cabrera, lo que deterioró las relaciones bilaterales.

Durante la campaña, uno de los hechos decisivos fue la muerte del general salvadoreño Tomás Regalado, ocurrida el 11 de julio de 1906. Tras diversas acciones militares y negociaciones, las partes acordaron un armisticio a bordo del crucero estadounidense Marblehead.

Posteriormente, se promovieron acuerdos regionales orientados a prevenir nuevos enfrentamientos, entre ellos el Tratado de Paz entre las Naciones Centroamericanas, firmado en 1907.

Antecedentes

Tomás Regalado, general del Ejército de El Salvador.
Manuel Estrada Cabrera, presidente de Guatemala.

Para 1906, parte de la oposición guatemalteca se encontraba exiliada en El Salvador y México. En ese contexto circularon rumores sobre una posible incursión contra el gobierno de Manuel Estrada Cabrera, con participación del general salvadoreño Tomás Regalado.[2]

En 1906, se produjo una incursión armada impulsada por exiliados políticos. Manuel Lisandro Barillas Bercián, expresidente de Guatemala, y José León Castillo, ex-candidato presidencial de la oposición, fueron designados como comandantes de las fuerzas provenientes de México y El Salvador, respectivamente. De acuerdo con algunas fuentes, las autoridades de ambos países facilitaron el tránsito fronterizo de estos grupos.

Los expedicionarios contaron con apoyo material y logístico, incluyendo el barco de vapor Imperio y recursos económicos obtenidos en los Estados Unidos. Sin embargo, tras una serie de escaramuzas, la incursión fracasó cerca de la localidad de Ocós en junio de 1906.

La guerra

Después de cañonear la casa presidencial y de conminar al vicepresidente, don Calixto Velado, para asumir la presidencia, partió rumbo a Santa Ana con una gran cantidad de pertrechos de guerra y hombres; al amanecer del quinto día había llegado hasta allí. Para el sexto día, las tropas expedicionarias se encontraban en sus llanuras del Campo de Marte y clamaban por «ir a pelear contra los chapines».

La salida de las tropas fue fijada para el séptimo día a las dos de la tarde, un contingente de tres mil hombres al mando del general Regalado salió de Santa Ana; otro importante contingente partiría al día siguiente. Las tropas del general alcanzaron la frontera guatemalteca por la vía de Chalchuapa.

Los primeros combates se entablaron con pequeñas escaramuzas en los sitios de Monteverde, El Paste y la laguna de Atescatempa. El día nueve se verificó un nutrido combate en las cercanías de Coatepeque, el ejército salvadoreño obtuvo una contundente victoria y se apoderó del volcán El Chingo. Regalado, enemigo declarado de Estrada Cabrera, no quedó satisfecho con el resultado de la fallida invasión de los emigrantes guatemaltecos.

Posteriormente, el general Regalado empezó a decir a los emigrados guatemaltecos que iba a debilitar al presidente guatemalteco. Al enterarse de esta situación, el presidente salvadoreño Pedro José Escalón encontró el medio perfecto para deshacerse de Regalado, quien en realidad gobernaba El Salvador y lo opacaba en la primera magistratura de ese país. Escalón entró en acuerdos con Estrada Cabrera y le telegrafió constantemente todos los movimientos del futuro invasor. Después de descubrirlo, Regalado lo obligó a huir de la capital salvadoreña hasta el lago de Coatepeque.

Ya sin la interferencia de Escalón, Regalado invadió Guatemala el 9 de julio y fácilmente llegó a Atescatempa y Jerez, mientras los soldados guatemaltecos se refugiaron en Yupiltepeque.

Ante esta situación, Estrada Cabrera emitió una proclamación el 10 de julio de 1906, en la que acusaba al gobierno salvadoreño de invadir Guatemala para evitar que se concluyera el Ferrocarril del Norte y para arruinar los intentos de recuperación económica del gobierno guatemalteco. En la misma proclamación, Estrada Cabrera indicó que solamente la guerra podía solucionar la situación e invitó a todos los guatemaltecos varones, militares o con entrenamiento militar, a alistarse en la acción contra las fuerzas de Regalado.

Ese mismo día se emitió el decreto número 662, en el que todos los varones de entre 18 y 50 años de edad debían presentarse a su cuartel más próximo, sin legítima excepción. Si no lo hacían, serían procesados por traición. Los ciudadanos respondieron al llamado del presidente y el 11 de julio había numerosos ciudadanos en los cuarteles.

El ejército guatemalteco solicitó tropas de refuerzo, las cuales llegaron procedentes de Sanarate, Salamá y Momostenango. Estas tropas venían vestidas de azul y no de caqui, como las originales, lo cual engañó a Regalado cuyas tropas también vestían de azul. El 11 de julio de 1906, Regalado fue asesinado por soldados guatemaltecos cuando creyó que estaba entre tropas leales.

El coronel jalapaneco, Rosalío López Jiménez envió el siguiente telegrama a Estrada Cabrera tras la muerte fortuita de Regalado: «Desde las seis de la mañana se empezó el combate; me tomé las honduras para salir a Coatepeque, donde me llegaron refuerzos de las batallas de Momostenango y Sanarate, y donde se vino Regalado con la bandera, y lo volaron los muchachos».

Posteriormente, los salvadoreños emprendieron la retirada y el ejército guatemalteco invadió El Salvador.

Invasión guatemalteca de El Salvador

El ejército guatemalteco se dirigió hacia Metapán, donde estaban atrincherados los generales José Dolores Preza y Aquilino Duarte, fortificados en los cerros El Huehuecho, El Picudo, cerro de las Víboras y Las Crucitas. Esta última posición estaba siendo defendida por el general José Antonio Tercero y el coronel Antonio C. Martínez, y fue el principal objetivo del ejército guatemalteco, que no pudo capturarla pese a sus esfuerzos. Las fuerzas atacantes fueron rechazadas los días 14 y 15 de julio. Las fuerzas defensoras de Metapán contaban con dos mil hombres, mientras que las fuerzas atacantes eran de alrededor siete mil, mandadas por el general guatemalteco Juan Bautista Padilla y el coronel Antonio Méndez Monterrosa.

Regalado guiando las tropas en el asalto al cerro El Sillón. Fragmento de un cuadro anónimo al óleo.

Entre los días 14 y 17 de julio de 1906, el general salvadoreño Félix Rodolfo Cristales salió de Ahuachapán y tomó posesión de las haciendas El Platanar y Las Escobas, situadas en territorio guatemalteco, y se fortificó en ellas. El día 14 fue atacado por las fuerzas guatemaltecas, que lograron desalojarlo de Las Escobas, pero estas fueron recuperadas por los salvadoreños, mandados por los coroneles Mariano Montenegro, Santiago Ruiz y Rafael Rivas, después de un reñido combate que costó la vida a muchos soldados.

El 17 de julio corría un armisticio entre ambas fuerzas, pero a las seis de la mañana los guatemaltecos, con alrededor de seis mil hombres, mandados por el general Miguel Larreynaga, atacaron todas las posiciones salvadoreñas. Por el norte, fueron defendidas por el coronel José Manuel Durón y el mayor Liberato Mendoza. Por el sur, fueron defendidas por los tenientes coroneles Antonio Romero y Gregorio Bustamante. Por el oeste, el cerro Las Margaritas fue ocupado por los tenientes coroneles Felipe Figueroa y Manuel Fiallos. Por último, en el centro por la fuerza vicentina, la Escuela Politécnica y una selecta plana mayor, dirigida por el chileno coronel Carlos Ibáñez, que rechazaron a los guatemaltecos. Las batallas dejaron en el campo muchos muertos, un considerable número de prisioneros y algunos elementos de guerra en poder de los vencedores salvadoreños.

Las fuentes salvadoreñas estiman que las pérdidas guatemaltecas fueron de dos mil bajas durante la batalla. El combate de El Platanar y Las Escobas fue presentado como una victoria decisiva por los salvadoreños, tras la cual las fuerzas guatemaltecas se replegaron.

Luego de casi dos meses de hostilidades, el conflicto finalizó gracias al armisticio firmado a bordo del barco de la Armada estadounidense Marblehead.[3]

Consecuencias

Tras la muerte de Regalado, las tropas salvadoreñas retrocedieron hacia El Salvador y, posteriormente, el 20 de julio de 1906 se firmó el Tratado de Paz, Amistad y Comercio entre Guatemala, Honduras y El Salvador a bordo del crucero estadounidense Marblehead, a instancias de los gobiernos de Estados Unidos y de México.

En la imagen los participantes de la conferencia que se realizó a bordo del «Marblehead»: Sentados en primera fila y de izquierda a derecha: Ministros William Merry y Leslie Combs —embajador de los Estados Unidos en Guatemala— y los delegados Juan Barrios M. —delegado de Guatemala—, José Pinto —de Guatemala—, José Rosa Pacas —de El Salvador—, Arturo Ubico Urruela —de Guatemala—, Salvador Gallegos —de El Salvador— y doctor Francisco Bertrand —delegado de Honduras. Sentados, al centro: señores Rebolledo y Moreira. De pie al fondo: secretario Brown, comandante Mulligan, el ministro Federico Gamboa —embajador de México en Guatemala—, el intérprete Palma, el taquígrafo Alegría, el comandante Bone —de San José—, el oficial primero de Relaciones Exteriores Palomo M., Modesto Barrios —el agente confidencial de Nicaragua—, el joven Gallegos y el delegado Manuel Cabral —de Guatemala.[4]

Al respecto, Estrada Cabrera emitió el decreto N.º 663 el 21 de julio de 1906, por medio del cual el gobierno de Guatemala aceptaba el Tratado de Paz del Marblehead en su totalidad. Además, el presidente guatemalteco también envió una misiva al general Porfirio Díaz en los siguientes términos:

«A su Excelencia, el señor general don Porfirio Díaz, presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Grande y buen amigo: tanta honra como satisfacción me cabe al manifestar a Vuestra Excelencia que el Convenio de Paz y Arbitraje que se firmó a bordo del crucero americano Marblehead el 20 de julio anterior fue oportunamente aprobado en todas sus partes por mi gobierno y ha tenido ya la aprobación de la Asamblea Nacional Legislativa; lo cual no dudó será grato a Vuestra Excelencia, que de modo tan generoso se sirvió dirigirme la iniciativa de este arreglo, que puso término muy digno a la emergencia entre esta República y las de El Salvador y Honduras».

El tratado, en su totalidad, fue el siguiente:

Tratado de Paz del «Marblehead»

Primera: Las repúblicas de El Salvador y Honduras vuelven al estado de paz con la República de Guatemala, echando al olvido sus diferencias pasadas. En consecuencia, concentrarán a sus ejércitos dentro de tres días contados desde el siguiente al en que se ha firmado la presente convención y procederán a su desarme dentro de los ocho días subsiguientes, quedando únicamente las guarniciones que ordinariamente se mantienen en sus poblaciones y las escoltas ambulantes que funcionan para servicios de policía.
Segunda: Los gobiernos contratantes se entregarán recíprocamente los prisioneros de guerra y asistirán gratuitamente a los heridos que haya en sus respectivos territorios hasta que ellos mismos puedan regresar a sus hogares o sean reclamados por sus respectivos gobiernos. Asimismo se pondrá en libertad inmediatamente a los prisioneros políticos que pueda haber en la actualidad y se recomendará por cada delegación a los respectivos gobiernos que decreten una amnistía general a la mayor brevedad posible.
Tercera: Las altas partes contratantes se obligan a concentrar a los emigrados políticos que haya o puedan llegar a sus respectivos territorios, lo mismo que a vigilar su conducta para impedir que abusando del asilo maquinen contra la tranquilidad y el orden del país en donde hayan emigrado.
Cuarta: Dentro de dos meses a la fecha se celebrará por las partes contratantes un tratado general de paz, amistad, comercio, etc., designándose la capital de la República de Costa Rica para que en ella se reúnan y lo acuerden los representantes de los tres gobiernos, plenamente autorizados.
Entre tanto se conviene en que quedan vigentes todas las estipulaciones internacionales que han ligado a las partes contratantes y especialmente las de la segunda conferencia Panamericana, reunida en México.
Quinta: Si lo que no es de esperar, cualquiera de las altas partes contratantes faltare en lo sucesivo a alguno de los puntos convenidos en este tratado o diere motivo para nuevas divergencias, éstas se sujetarán a arbitramiento, designándose desde luego como árbitros a los Excelentísimos señores presidentes de los Estados Unidos de América y de los Estados Unidos Mexicanos a cuyo arbitramento deberán sujetarse también las nuevas dificultades concretas entre Guatemala, El Salvador y Honduras.

El presente convenio queda bajo la garantía de la lealtad de los gobiernos interesados y de la sanción moral de los gobiernos de las naciones mediadoras y asistentes.
Sin perjuicio de la ejecución inmediata de este Tratado, el canje de las ratificaciones se verificará por cambio de notas en las ciudades de Guatemala, San Salvador y Tegucigalpa, a más tardar el día treinta del corriente mes.

Tomado de La Locomotora, 28 de julio de 1906.[5]

Como puede verse, la sección tercera dejó en una posición muy comprometida a los exiliados guatemaltecos tanto en Honduras como en El Salvador, dejando a su vez solidificado el gobierno de Estrada Cabrera en Guatemala.

Del 23 de julio al 27 de agosto de 1906, Guatemala estuvo representada en la tercera Conferencia Internacional Americana por Antonio Batres Jáuregui, quien escribió un detallado reporte que fue impreso en toda su extensión en varias tiradas del diario oficial El Guatemalteco. El principal acuerdo fue sobre derecho internacional: se ratificó la adhesión al principio de arbitraje y se recomendó la reorganización de la oficina de las repúblicas americanas encargada de coadyuvar a la efectividad de los pactos.[6]

Véase también

Referencias

Bibliografía

Related Articles

Wikiwand AI