Tras la declaración de guerra al Reino de León por parte del Reino de Portugal, las fuerzas lusas comandadas por el Infante Don Sancho comenzaron una incursión sobre territorio leonés, concretamente, sobre la recién fundada ciudad de Ciudad Rodrigo, sin embargo, el ataque no tuvo éxito y muchos soldados portugueses quedaron como prisioneros de guerra.[1] El infante Don Sancho logró escapar de la zona de combate pero no pudo rescatar a muchos de sus hombres, que quedaron en cautiverio.[1] El rey de León Fernando II liberó a los prisioneros portugueses, sin embargo, no firmó la paz con el Reino de Portugal. Alfonso I, no contento con esto, decidió iniciar una segunda campaña, esta vez en suelo gallego.[2]
El rey portugués se acercó entonces a la frontera gallega personalmente junto a su ejército y comenzó la ofensiva. La ciudad de Tuy fue tomada, siendo vandalizada la catedral,[2] pues en la catedral se había reunido la guarnición de la ciudad para resistir a los portugueses. Desde Tuy, el rey portugués pasó a los territorios de Toronho y Límia, que fueron ocupados.[2] Se impuso un asedio al castillo de Sandino, propiedad de los monjes de Celanova, pero una tormenta violenta azotó a las huestes portuguesas haciendo que las operaciones militares resultaran canceladas. Los monjes de Celanova atribuyeron este acontecimiento a la intervención de San Rosendo, su patrón.[2]
Rápidamente se construyó un castillo en Cedofeita, cerca de Celanova. Mientras tanto, más al sur, en la primavera de 1169 Geraldo Geraldes, un famoso líder que conquistó los castillos musulmanes en la frontera con las taifas moras, sitió la ciudad de Badajoz, sin embargo, no contaba con el suficiente número de soldados para continuar el ataque, por lo que pidió ayuda a Alfonso, probablemente cuando aún se encontraba en Galicia. Tras instalar guarniciones en las nuevas conquistas, Alfonso Henríquez se retiró hacia el sur.[2] El castillo de Cedofeita fue rápidamente atacado por Fernando II y, cuando un rayo cayó sobre la torre principal, la guarnición se rindió.[2]
La ciudad de Badajoz fue una de las fortalezas almohades más importantes del al-Ándalus. Debido a los constantes ataques y conflictos internos, los alrededores de Badajoz quedaron despoblados.[3] Los habitantes de Badajoz pagaron parias (tributo) al rey de León a cambio de protección, y se estipuló entre Alfonso Henríquez y Fernando II que la conquista de la ciudad quedaría en manos de León.[2]
Mientras Fernando luchaba en Galicia para recuperar los castillos y territorios ocupados por los portugueses, Alfonso llegó al frente de Badajoz junto a sus huestes. Los defensores musulmanes de Badajoz quedaron atrapados en la fortaleza, sin embargo, terminaron siendo rescatados por el rey de León, a quien habían pedido ayuda. El rey leonés comenzó a asediar a los sitiadores portugueses y, cuando Alfonso intentó pasar la puerta de la ciudad con sus hombres, a caballo, se rompió una pierna al golpear uno de los cerrojos, siendo posteriormente capturado por los leoneses, en Caia.[2]La captura del rey portugués resultó decisiva y se puso fin a las hostilidades.[4]