Gymnocalycium chacoense
especie de planta
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Gymnocalycium chacoense es una especie de planta suculenta perteneciente al género Gymnocalycium, dentro de la familia Cactaceae. Es endémica del este de Bolivia, concretamente del departamento de Santa Cruz.
| Gymnocalycium chacoense | ||
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| Taxonomía | ||
| Reino: | Plantae | |
| Subreino: | Tracheobionta | |
| División: | Magnoliophyta | |
| Clase: | Magnoliopsida | |
| Subclase: | Caryophyllidae | |
| Orden: | Caryophyllales | |
| Familia: | Cactaceae | |
| Subfamilia: | Cactoideae | |
| Tribu: | Trichocereeae | |
| Género: | Gymnocalycium | |
| Especie: |
G. chacoense Amerh., 1999 | |
Descripción
Gymnocalycium chacoense es una especie de cactus de pequeño tamaño con cuerpo ampliamente globoso. La planta alcanza entre 4 y 7,5 cm de altura y entre 5,5 y 8 cm de diámetro. Presenta color verde claro, con un aspecto fresco y ligeramente brillante. Con la edad produce numerosos brotes desde la base y forma grupos densos que pueden alcanzar entre 25 y 50 cabezas. La planta desarrolla un sistema de raíces fibrosas que crecen de forma superficial.
El cuerpo presenta entre 8 y 12 costillas rectas, de contorno mayormente redondeado, aunque en algunos casos muestran ligeras angulaciones. Estas costillas apenas presentan tubérculos. Las areolas se distribuyen a lo largo de las costillas con una separación de aproximadamente 1,4 a 1,5 cm. Presentan forma redondeada, con unos 3 mm de diámetro, y se cubren de un fieltro blanco amarillento que persiste durante más tiempo en plantas jóvenes y desaparece en ejemplares adultos.
En cada areola aparecen entre 7 y 9 espinas radiales. Las espinas superiores miden entre 0,8 y 1 cm, las medias entre 1,6 y 1,9 cm y la inferior entre 1,3 y 1,5 cm de longitud. Además, aparece una espina central que mide entre 1,6 y 2,1 mm y se separa claramente del cuerpo. Esta espina central suele mantenerse recta, mientras que las demás presentan ligera curvatura. En estado juvenil, las espinas muestran color amarillo claro con la punta marrón, y con el tiempo adquieren un tono grisáceo. Todas las espinas son finas, rígidas, erizadas y con escasa flexibilidad.
Las flores se originan cerca del ápice y pueden aparecer en gran número, con hasta 24 flores en un mismo ejemplar. Presentan forma estrechamente infundibuliforme y miden de 3,5 a 4,5 cm de longitud y de 2 a 3,2 cm de diámetro. Su color varía entre blanco y rosa muy pálido, con la garganta de tono amarillo parduzco. En algunos casos las flores apenas se abren entre las espinas.
El ovario presenta forma subglobosa y muestra color rosa magenta. Se encuentra densamente cubierto por escamas semicirculares de color rosado con bordes más claros, que se prolongan gradualmente hacia los tépalos externos. Estos tépalos externos presentan forma espatulada, miden entre 1,5 y 1,8 cm de largo y muestran color rosa magenta claro con bordes más anchos, con ligera curvatura hacia el exterior en el ápice. Los tépalos internos presentan forma ampliamente lanceolada, miden alrededor de 1,8 mm de largo y unos 6 mm de ancho, y muestran color blanco lechoso.
Los estambres son finos y presentan color verde amarillento claro. Se disponen a lo largo de la pared del tubo floral y miden aproximadamente 9 mm de longitud. Permanecen adheridos en sus dos tercios inferiores al tubo y el tercio superior se inclina hacia el interior. Las anteras presentan forma ovalada y color amarillo, con polen del mismo color. El estilo mide alrededor de 7 mm de longitud, o hasta 9 mm si se incluye el estigma, y presenta color verde amarillento claro. Sobresale por encima de la serie inferior de anteras. El estigma mide aproximadamente 2 mm de largo y se divide en 7 lóbulos.
El fruto es pequeño, jugoso y presenta forma alargada. Mide de 6 a 8 mm de largo y de 4 a 5 mm de ancho. Presenta color verde y, tras la maduración, se seca. Las semillas son pequeñas y se disponen en una masa gelatinosa adherida a los funículos. Miden aproximadamente 1 mm de largo y 0,7 mm de ancho. Presentan color marrón rojizo, superficie brillante y una marcada ornamentación verrugosa. La región hilio-micrópilo aparece ligeramente oblicua y presenta un eleosoma bien desarrollado.[1][2]
Especies similares
Gymnocalycium chacoense se distingue de Gymnocalycium cabreraense por su crecimiento cespitoso, ya que forma brotes. Además, G. chacoense presenta un cuerpo plano, un menor número de costillas que no se dividen en tubérculos y una estructura de semillas diferente.[3]
Distribución y hábitat
El área de distribución nativa de esta especie se sitúa en el este de Bolivia, en el departamento de Santa Cruz, concretamente en el Cerro San Miguel.[1] Habita principalmente en el bioma desértico o de matorral seco,[4] a una altitud aproximada de 790 m s. n. m.[5]
Crece en desfiladeros escalonados y de difícil acceso del Cerro San Miguel. En el tercio superior de la montaña, miles de ejemplares forman grupos sobre la roca, en pequeñas grietas o cavidades con depósitos de humus. Este entorno constituye un hábitat relicto. Resulta frecuente encontrar agrupaciones de hasta 50 individuos.
Las plantas muestran una notable uniformidad y apenas presentan variación apreciable. La escasez de intercambio genético sugiere que la población se reproduce principalmente de forma vegetativa. Esta idea se apoya en la baja capacidad de germinación de sus semillas.[5]
Taxonomía
Gymnocalycium chacoense fue descrita por el botánico aficionado austriaco Helmut Amerhauser y publicada por primera vez en la revista científica Gymnocalycium 12: 302 en 1999.[4][6]
- Gymnocalycium: nombre genérico formado a partir de las palabras griegas gymnos (que significa 'desnudo') y kalyk (que se traduce como 'cáliz'). El nombre alude al tubo floral desnudo de sus flores, una característica propia de las especies de este género, ya que carece de pelos, cerdas y espinas.[7]
- chacoense: epíteto geográfico que hace referencia a la región del Chaco, concretamente al Cerro San Miguel, situado en el departamento boliviano de Santa Cruz, lugar donde fue descubierta la especie.[8][9]
Usos
Este cactus se cultiva principalmente como planta ornamental y resulta fácil de mantener. Presenta crecimiento estival, desarrollo relativamente rápido y floración sencilla, y puede formar grupos en condiciones adecuadas. Prefiere sustratos muy porosos, con pH bajo y sin exceso de caliza. Necesita macetas con buen drenaje y suficiente espacio para las raíces, por lo que conviene trasplantarlo cada dos años o cuando la maceta resulte pequeña.
Durante el verano requiere riegos moderados o abundantes, aunque el exceso de agua favorece la pudrición; en invierno se debe mantener seco, con temperaturas mínimas cercanas a 0 °C. En verano se recomienda aplicar fertilizantes ricos en potasio. Tolera heladas ligeras si permanece seco, con resistencia aproximada hasta −5 °C durante periodos cortos.
Se adapta a ambientes muy luminosos, aunque prefiere luz filtrada o sombra por la tarde; en interiores necesita buena iluminación y algo de sol directo. La luz intensa puede provocar una coloración bronceada que favorece la floración y la producción de espinas, aunque la exposición prolongada al sol fuerte puede causar daños. Su tamaño reducido y su aspecto lo hacen adecuado para macetas, invernaderos fríos o rocallas.
En buenas condiciones de cultivo suele mantenerse casi libre de plagas, aunque pueden aparecer arañas rojas, cochinillas —especialmente en las raíces— y, con menor frecuencia, insectos escama. La pudrición se relaciona con un riego excesivo o una ventilación insuficiente. La propagación se realiza por división, semillas tras la última helada o esquejes previamente secados; las semillas germinan en una o dos semanas a temperaturas entre 21 y 27 °C, y las plantas jóvenes requieren ventilación y protección frente al sol directo.[5]