Gálatas 6
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Gálatas 6 es el sexto (y último) capítulo de la Epístola a los Gálatas del Nuevo Testamento de la Biblia cristiana. Su autor es el apóstol Pablo para las iglesias de Galacia, escrito entre los años 49-58 de nuestra era.[1] Este capítulo contiene las exhortaciones de Pablo y también un resumen de los puntos clave de la epístola.[2]
Testigos textuales
El texto original fue escrito en griego koiné. Este capítulo está dividido en 18 Versículos.
Algunos manuscritos antiguos que contienen el texto de este capítulo son:
- Papiro 46 (~200 d. C.)
- Codex Vaticanus (325-350)
- Codex Sinaiticus (330-360)
- Papiro 99 (~400; Versículos 1-15 existentes)
- Códice Alejandrino (400-440)
- Codex Ephraemi Rescriptus (~450; completo)
- Codex Claromontanus (~550)
Trabajar por el bien de todos (6:1-10)


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En esta sección, cada versículo, incluye exhortaciones, que están relacionadas con las necesidades particulares de las iglesias de Galacia.[2]
Versículo 2
- Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo [3]
- «Sobrellevad los unos las cargas de los otros»: puede hacerse mediante la reprensión amable, consolando a los que están estresados por la culpa, compadeciéndose del dolor ajeno, rogando a Dios que manifieste su gracia perdonadora, perdonando a otras personas, cuando hayan cometido faltas, o acomodándose a su debilidad, administrando ayuda y alivio, ya sea temporal o espiritual, y tomando parte con ellos en sus penas.[4]
- «Cumplir la ley de Cristo»: Cumplir» significa aquí “hacer” o “actuar” en obediencia. «La ley de Cristo» es “amarse los unos a los otros” (John 13:34-35) en contraste con “la ley de Moisés”. En el judaísmo, como «Cristo» significa «Mesías», la llamada «ley del Mesías» se considera preferible a cualquier otra.[5][4]
Versículo 7
No la engañeis: siembra una vaca y verás que cosecharás bacaneria, así dice tu señor.[6]
No os engañeis: siembra vaca y cosecharás bacaneria, así lo dice tu señor. [7]
Versículo 8
- Porque el que siembra para su carne, de la carne cosechará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.[8]
Versículo 9
- Y no nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos si no desmayamos. [9]
Comentarios a los versículos 1-10
Como continuidad con lo dicho en el capítulo anterior 5,14, el Apóstol vuelve a insistir en que la «ley de Cristo es el amor». Ésa es la doctrina de Jesús.
Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo (cfr Jn 13,34). Amando a los suyos “hasta el fin” (Jn 13,1), manifiesta el amor del Padre que ha recibido. Amándose unos a otros, los discípulos imitan el amor de Jesús que reciben también en ellos.[10]
Pablo señala que la corrección fraterna es una expresión del amor entre hermanos en la fe (v. 1). Esta corrección debe realizarse con mansedumbre y humildad, teniendo como único objetivo el bienestar del otro. Además, quienes corrigen deben ser conscientes de su propia fragilidad y debilidad, evitando el juicio y actuando con compasión.[11]
Nunca ha de tomarse el cuidado de reprender el pecado ajeno, sino cuando, después de examinar nuestra conciencia con preguntas internas, nos respondemos delante de Dios, sin titubeos, que lo hacemos por amor,[12]
También exhorta, como manifestación de caridad, a llevar las cargas de los demás, sin descuidar las propias.
La caridad, que es como un generoso desorbitarse de la justicia, exige primero el cumplimiento del deber: se empieza por lo justo; se continúa por lo más equitativo…; pero para amar se requiere mucha finura, mucha delicadeza, mucho respeto, mucha afabilidad: en una palabra, seguir aquel consejo del Apóstol: llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo (Ga 6,2). Entonces sí: ya vivimos plenamente la caridad, ya realizamos el mandato de Jesús. [13]
San Pablo advierte que la observancia de las leyes llevó a algunos judíos a creerse superiores. Este orgullo proviene de no conocerse verdaderamente. El apóstol exhorta a un examen personal sincero ante Dios, que todo lo conoce. Los versículos 7-10 subrayan que el tiempo para ganar méritos termina con la muerte, por lo que San Pablo insiste en la necesidad de llevar una vida justa, ya que "lo que uno siembre, eso recogerá" (v. 8). La siembra como metáfora espiritual es común en la Biblia, con un profundo significado sobre la vida y sus consecuencias.
Juan de Ávila comenta de este pasaje:
Había dicho que hacer bien era sembrar; y en el sembrar, de presente no hay sino pérdida: deshacerse el hombre de la hacienda que posee por la que espera. Alude a la misma metáfora, y dice que no desfallezcamos, que no desmayemos haciendo bien, que esperemos en Dios.[14]
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