Género en la ciencia
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La igualdad de género en la ciencia es la búsqueda de la igualdad de condiciones, oportunidades y reconocimiento para mujeres y hombres en el campo de la investigación científica.[1] Se han identificado desigualdades persistentes por motivos de género en el área científica, en la que las mujeres tienen menos oportunidades y reconocimiento en la comunidad científica a comparación de los hombres, así como una menor oportunidad de trabajar en campos de matemáticas intensivas, como la física o la ingeniería.[2]
Disparidad en representación
Hay una disparidad considerable entre el porcentaje de mujeres que estudian distintas áreas de la ciencia en el grado superior.[3] Mientras que la población femenina en las escuelas superiores de los Estados Unidos representa un 61% en biología, un 52% en estadística y un 50% en química, tan solo representa un 23% en ciencias de la computación y un 29% en física.[3] Aunque las mujeres representan un 57% de los títulos universitarios en Estados Unidos, y un 50% de los títulos universitarios de ciencia e ingeniería, incluyendo ciencias sociales y del comportamiento, tan solo representan un 38% de los títulos universitarios en las áreas tradicionales de las ciencias y la ingeniería, como las matemáticas, física, ciencias de la computación, etc.[3] La disparidad en la representación aumenta con el grado y con el prestigio de la institución, siendo mayor a nivel doctoral[4] y en las instituciones que se encuentran entre las 10% mejores.[5]
Compensación
En Estados Unidos las mujeres que trabajan en las áreas de las ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas ganan 9% menos que los hombres, considerando las diferencias de representación en los distintos sectores de trabajo y las diferencias de pago según el área.[4] Esta diferencia de ganancias no es igual para todas las mujeres, y principalmente afecta a las madres, que reciben un castigo de aproximadamente 5% por cada hijo, controlando variables como horas de trabajo y experiencia laboral, mientras que los hombres son compensados 4% más por cada hijo.[6]
Autoría
El número de publicaciones realizadas por mujeres en las diferentes ciencias no es muy distinto de las realizadas por hombres, excepto en las matemáticas, la física y las ciencias de computación, entre muchos otros, donde hay una diferencia considerable.[7] Las diferencias son más notables en el orden de la autoría, pues las mujeres tienen menor representación en las posiciones de primera y última autoría, que son las posiciones de mayor prestigio en muchas áreas.[7] Los análisis estadísticos muestran que, aunque el número de artículos publicados por mujeres no difiere con el de los hombres, se publican menos artículos con mujeres como primer o último autor.[8]
Premios
En 13 importantes premios de sociedades de ciencia, tecnología, matemáticas e ingeniería, las mujeres fueron tan solo el 17% de los ganadores.[9] Esta discrepancia es mayor en galardones de alto prestigio, como el premio Nobel de Química (3%), la medalla Fields (3%), el premio Nobel de Física (1%) entre otros.[10] Los premios por enseñanza y por servicio, en cambio, tienen una sobrerrepresentación de mujeres.[11] Por ejemplo, en el área de la astronomía donde el 10% de los títulos doctorales son otorgados a mujeres, estas tan solo ganan el 3% de los premios académicos, pero el 15% de los premios de enseñanza.[12] Esto va acorde a la expectativa de que las mujeres son afables, pero incompetentes, por lo que son buenas profesoras y malas investigadoras.[13]
Causas
Las perspectivas acerca del origen de las desigualdades abarcan un gran panorama, en donde se depende principalmente de factores socioculturales y habilidades congénitas asociadas al hombre y la mujer.[14]
Diferencias en la habilidad
A lo largo del siglo XX se ha dicho que una de las diferencias principales entre hombres y mujeres radica principalmente en el desempeño matemático, asociando al hombre una mayor cognición en este campo, mientras a la mujer se le relaciona más a la lectura.[15] Los estudios del 2008 en pruebas estandarizadas de escuelas indican que esta diferencia es de tan solo (d=0.00065), significando que los promedios entre hombres y mujeres en las evaluaciones se superponen casi perfectamente, desmintiendo esta perspectiva comúnmente empleada a lo largo de la historia.[15]
Otra habilidad importante entre géneros es la lingüística, esta diferencia según estudios del 2014 1 se presentan a favor de la mujer teniendo un promedio de ¼ superior con una desviación estándar (d=-0.27) para la lectura y (d=-0.54) para la escritura, además de que esta diferencia no ha tenido variaciones desde 1988-2011, indicando que posiblemente sea una causa biológica y/o socio-psicológico.[16]
En contraste a esta última, la habilidad espacial, según estudios del 2009, es una de las disparidades principales favorables para el sexo masculino, teniendo aproximadamente ½ superior en la desviación estándar (d=0.57). Es de relevancia mencionar que estas pruebas dependen principalmente de la edad y del tipo de prueba que se aplique.[17] Sin embargo, en estas mismas pruebas espaciales se ha encontrado que la memoria de locación puede presentar pequeñas diferencias en favor a la mujer o nulas.[18]
Prejuicios
Existen prejuicios implícitos y explícitos que están relacionados con discrepancias en las construcciones psicológicas. Por ejemplo, al responder una encuesta, una persona puede contestar que en la ciencia un hombre y una mujer son igualmente capaces, pero cuando se analiza la misma persona se observa que existe una mayor rapidez al asociar palabras con hombre-ciencia y de mujer-artes, en comparación cuando se relacionan palabras con hombre-arte y mujer-ciencia. Esto sugiere que se tiene ideas implícitas sobre la relación entre hombre-ciencia, esto pudiendo generar un importante sesgo a la hora de involucrarse a la mujer en actividades científicas.[19]
Participación de las mujeres en diferentes ciencias
A través de la historia, las mujeres no han estado del todo ausentes en áreas como las matemáticas, ciencias químicas y computacionales. Hay un interesante contraste en la participación de las mujeres en cada disciplina. A pesar de que los inicios de la química datan desde la época medieval, con la alquimia, han existido menos mujeres químicas que matemáticas a lo largo de la historia. Maria Sklodowska Curie (1867–1934) y su hija Irène Joliot-Curie (1897–1956) ganaron el premio Nobel en Química en 1911 y 1935, respectivamente. Gracias a estos acontecimientos se formó el Comité de Mujeres de la Sociedad Americana de Química en los Estados Unidos y fue que muchas más mujeres se interesaron en la química como profesión.[20]
Una causa importante a la escasez de mujeres en la química a través de la historia, puede ser la falta de acceso a equipos, reactivos, laboratorios para la realización de trabajo experimental. Esta parte es crucial para desarrollarse en las ciencias químicas y de no contar ella, el desarrollar un experimento puede volverse problemático y peligroso. Entonces, si las instituciones académicas o empresas de la industria química no contratan a mujeres, aunque ellas hayan concluido su carrera en esta disciplina tienen menores oportunidades para sobresalir en ella. Por otro lado, para ciencias como las matemáticas, se necesitan pocos recursos para poder desarrollarse. Hay una gran lista de mujeres que han sido reconocidas por su excelencia en el área. Por ejemplo, Philipa Fawcett (1868–1948) Maria Gaetana Agnesi (1718–1799) , Sophie Germain (1776–1831), Mary Somerville (1780–1872) Vasilyevna Kovaleskaia (1850–1891) Emmy Noether (1882–1935) Caroline Herschel (1750–1848).[21]
Las contribuciones femeninas en las matemáticas son suficientes para desmentir el mito de que las mujeres son malas en las matemáticas por naturaleza. A pesar de que no se necesita mucho equipo para desarrollarse en esta área, el persistente estereotipo de género ha sido una barrera a lo largo del tiempo.
Las bases de ciencias más modernas, como las ciencias computacionales, incluso fueron propuestas por mujeres como Augusta Ada Byron (1815–1852) que fue la primera en desarrollar programación conceptual para la Máquina analítica de Charles Babbage y Grace (Brewster Murray) Hopper (1906–1992) que trabajó para la naval en Estados Unidos en el desarrolló del primer BINAC (Binary Automatic Computer).[20]
El análisis de la participación de las mujeres en la química, las matemáticas y las ciencias computacionales, muestra un ejemplo de los múltiples factores que influyen en el desarrollo de cada disciplina, y que a pesar de que todos los campos científicos comparten la barrera del estereotipo de género, hay causas económicas y sociales que, a lo largo de la historia han significado mayores desafíos para las mujeres en ciertas áreas.