Hacienda Calera de Tango
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La Hacienda Calera de Tango es una hacienda histórica chilena, ubicada en la comuna del mismo nombre, en la Región Metropolitana de Santiago, Provincia de Maipo. Fue adquirida por la Compañía de Jesús en 1685 de los mercedarios. A raíz de la expulsión de los jesuitas en 1767, pasó a la corona española, siendo adquirida en un remate por la familia Ruiz Tagle en 1783. En 1912, sus edificios históricos y el parque asociado fueron devueltos a los jesuitas.
Al comprar la hacienda los jesuitas en 1685, se fue transformando rápidamente hasta llegar a ser única en su género. De una estancia ganadero-triguera sin importancia, llegó a ser una hacienda de economía diversificada.[1] |
A la llegada de los españoles, Tango estaba siendo intensamente ocupado por contingentes incásicos, tal como ocurría con otros sectores de las cuencas del Mapocho y del Maipo.[2] Estas tierras y sus moradores fueron objeto de mercedes y encomiendas. En 1546, el general Jerónimo de Alderete y el capitán Juan Fernández de Alderete —al que posteriormente sucedió su yerno Juan de Barros— fueron designados encomenderos de Tango. En 1556, al fallecer Jerónimo de Alderete en su viaje de regreso a Chile después de haber sido nombrado Gobernador de Chile en reemplazo de Pedro de Valdivia, su viuda, Esperanza de Rueda, heredó las tierras de Tango y gozó de la encomienda de indios hasta su muerte en 1592.[3] Más adelante, el Cabildo de Santiago entregó mercedes de tierras en el sector a numerosos conquistadores en retribución a sus servicios. Por ejemplo, en 1578, el Gobernador Rodrigo de Quiroga otorgó a Alonso de Miranda una merced de tierras «…en términos de la ciudad de Santiago, en el valle de Tango, yendo de la ciudad al vado del río de Maipo, pasados los cerrillos que llama de Tango, sobre mano derecha, en las tierras que llaman de Malloa, que linda con los cerros de las caleras hasta la punta que llega en tierras de Paucoa, en lo llano he dicho valle, había tierras vacas y sin perjuicio…».[2]
Con base en la «Relación de las bateas que tienen de tasa los vecinos de esta ciudad de Santiago conforme a la tasa del Licenciado Hernande de Santillán», de 1569, Mario Góngora menciona las siguientes encomiendas y pueblos de indios en «Tango»: Esperanza de Rueda, viuda de Jerónimo de Alderete, por mitades; Juan de Barros, la otra mitad.[4] Tomás Durán aparece como posible sucesor de Esperanza de Rueda, fallecida en 1592.[5] En la relación de ingresos («cargos») de las encomiendas cercanas a Santiago, aparecen «don Alonso» (probablemente Alonso de Sotomayor[6]) y Juan de Barros en 1618, a los que se agrega «doña Esperanza» en 1639.[7] En las nóminas de 1655, aparece Tomás Calderón como encomendero de Tango (sucesor de Tomás Durán a partir de 1612 y con confirmación de la encomienda en 1633) siendo significativo el que «sus» indios «están» en una propiedad de Quillota.[8] Se comienza a anunciar así la crisis de la encomienda.
En Tango también se asentaron congregaciones religiosas, como la de los augustinos, en el faldeo sur del Cerro Chena, y las monjas de Santa Clara, con una estancia al oriente del cerro de Lonquén, así como la Orden de la Merced, con una propiedad situada a la par de la anterior,[9] constituida sobre la base de tierras compradas a las viudas de Andrés de Toro y de Diego Gil Negrete, respectivamente.[10]
Los jesuitas
La Compañía de Jesús compró la propiedad de los mercedarios en 1685, agregándole terrenos adicionales comprados a otros propietarios del sector, hasta conformar una gran hacienda de 2300 cuadras (aproximadamente 3450 hectáreas) de extensión.[9] La propiedad incluía las minas de cal del cerro Lonquén, cuya explotación permitió a los jesuitas pagar en pocos años las tierras adquiridas, dando origen así, a fines del siglo XVII al nombre de «Calera de Tango».
Al momento de su adquisición por los jesuitas, el predio contaba con algunas construcciones de adobe levantadas por los mercedarios para las actividades agrícolas, a las que agregaron nuevos depósitos y viviendas para los mineros.[11] Estas construcciones resultaron dañadas como consecuencia del terremoto de 1730. A fin de elevar la actividad de la hacienda, a partir de 1724 se instaló un primer grupo de sacerdotes y hermanos coadjutores de origen bávaro, a los que en 1748 se integró un segundo grupo bajo la dirección del padre Carlos Haymhausen. Entre ellos se contaban artistas y artesanos que hicieron de Calera de Tango un dinámico centro artístico y artesanal, con el consecuente desarrollo y aumento de las casas de la hacienda, que incluían talleres de fundición, relojería, mueblería, platería, hilandería, etc.[12] Las casas fueron reconstruidas y ampliadas en el período 1748-1760. estas casas, así como la iglesia que se terminó en 1760, eran de adobe y tejas.
Las aguas de Río Maipo no llegaron a la zona hasta la primera mitad de siglo XVIII, por lo que los terrenos secos, cubiertos de espinos y xerófilas, se dedicaban solamente a la ganadería y al cultivo de trigo, aparte de la explotación de las minas de cal, que mantuvieron su importancia hasta mediados del siglo.[13]
Después de la expulsión de los jesuitas en 1767, la Real Junta de Temporalidades se hizo cargo también de la hacienda Calera de Tango, sacando su arriendo a remate. La hacienda fue dada en arriendo por varios períodos de tres años, hasta que, ante el deterioro de la infraestructura hacendal y la disminución de los cánones de arrendamiento, la autoridad a cargo decidió venderla.[13]