Herbert Marcuse
filósofo y sociólogo de nacionalidad alemana y estadounidense
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Herbert Marcuse (pronunciación en alemán: /maɐ̯ˈkuːzə/; Berlín, 19 de julio de 1898-Starnberg, 29 de julio de 1979) fue un filósofo y sociólogo germano-estadounidense de origen judío asquenazí. Es una de las principales figuras de la primera generación de la Escuela de Fráncfort.
Berlín, Imperio alemán
Starnberg, República Federal de Alemania
| Herbert Marcuse | ||
|---|---|---|
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Marcuse en Newton, Massachusetts, 1955. | ||
| Información personal | ||
| Nacimiento |
19 de julio de 1898 Berlín, Imperio alemán | |
| Fallecimiento |
29 de julio de 1979 (81 años) Starnberg, República Federal de Alemania | |
| Causa de muerte | Hemorragia cerebral | |
| Sepultura | Dorotheenstadt Cemetery | |
| Nacionalidad |
Alemana Estadounidense | |
| Religión | Judaísmo | |
| Familia | ||
| Cónyuge |
Sophie Wertheim (matr. 1924; viu. 1951) Inge Neumann (matr. 1955; viu. 1973) Erica Sherover (matr. 1976) | |
| Hijos | Peter Marcuse | |
| Educación | ||
| Educación | doctorado | |
| Educado en | ||
| Supervisor doctoral | Martin Heidegger | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Filósofo, sociólogo | |
| Empleador |
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| Estudiantes doctorales | Paul Gottfried, Andrew Feenberg y Angela Yvonne Davis | |
| Movimientos | Escuela de Fráncfort, Teoría crítica y Marxismo | |
| Obras notables |
Eros y civilización (1955) El hombre unidimensional (1964) | |
| Conflictos | Primera Guerra Mundial | |
| Partido político | ||
| Firma | ||
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Las obras más conocidas de Herbert Marcuse son Eros y civilización (1955) y El hombre unidimensional (1964). Sus estudios marxistas inspiraron a numerosos intelectuales radicales y activistas políticos durante las décadas de 1960 y 1970, y ejercieron una influencia considerable sobre posteriores corrientes de la teoría crítica.[1]
Biografía
Primeros años
Herbert Marcuse nació el 19 de julio de 1898 en Berlín, hijo de Carl Marcuse y Gertrud Kreslawsky. La familia Marcuse pertenecía a la alta burguesía alemana judía y estaba bien integrada en la sociedad alemana.[2] Marcuse se trasladó desde Berlín al suburbio de Charlottenburg, centro del Berlín occidental. Su educación formal comenzó en el Mommsen Gymnasium y continuó en el Kaiserin-Augusta Gymnasium de Charlottenburg entre 1911 y 1916.[2] En 1916 fue reclutado por el Ejército Imperial Alemán, aunque durante la Primera Guerra Mundial solo trabajó en establos militares en Berlín. Pasó todo su servicio militar en Alemania. Mientras estaba en Berlín, logró obtener permiso para asistir a clases en la Universidad de Berlín mientras aún se encontraba en servicio activo.[3]
Ingresó al Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) en 1917. Durante la Revolución de Noviembre de 1918, en la que se involucró activamente, fue elegido miembro del consejo de soldados de Berlín-Reinickendorf, pero su participación allí fue muy breve, puesto que renunció al SPD en enero de 1919 en protesta por los asesinatos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht que encabezaban el levantamiento espartaquista. Los crímenes fueron perpetrados por los Freikorps, pero con la anuencia del ministro de defensa Gustav Noske, miembro del SPD, lo que motivó a Marcuse a abandonar ese partido.[4]
En 1919 asistió a la Universidad Friedrich Wilhelm de Berlín, donde cursó estudios de germanística durante cuatro semestres. En 1920 se trasladó a la Universidad de Friburgo para concentrarse en literatura alemana, filosofía, política y economía.[2] Completó su tesis doctoral en la Universidad de Friburgo en 1922 sobre el Künstlerroman alemán, tras lo cual regresó a Berlín, donde trabajó en el sector editorial. Dos años después se casó con Sophie Wertheim, matemática de profesión.
Regresó a Friburgo en 1928 para escribir una habilitación bajo la dirección de Martin Heidegger,[5] publicada en 1932 como Hegels Ontologie und die Theorie der Geschichtlichkeit. Este estudio fue escrito en el contexto del renacimiento hegeliano que se desarrollaba en Europa, con énfasis en la ontología de la vida y de la historia de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, la teoría idealista del espíritu y la dialéctica.[6]Heidegger le había comunicado a Marcuse que, por ser judío, su habilitación en Friburgo no prosperaría, por este motivo Marcuse no presentó formalmente su tesis, pero Klostermann, el editor de Heidegger, la publicó de todos modos en 1932. Muy dedicado al estudio del marxismo, Marcuse se había ido distanciando de Heidegger, toda vez que este último se había acercado progresivamentea las ideas del nacionalsocialismo, tendencia que en noviembre de 1932, hizo pública en el periódico universitario de Friburgo llamando directamente a apoyar a Hitler, con el argumento de que el Führer representaba «la realidad actual y futura y su ley», Aunque Heidegger reconoció más tarde que había cometido un error de juicio en su apreciación de Hitler, Marcuse no aceptó sus disculpas, aseverando que las declaraciones y discursos de Heidegger entre 1933 y 1935 no fueron simples errores, sino una «traición a la filosofía». Con esto se marca el distanciamiento definitivo entre ambos filósofos.[7]
Instituto de Investigación Social
En 1932, Marcuse dejó de trabajar con Heidegger, quien se afilió al Partido Nazi en 1933. Marcuse comprendió que no podría acceder a un puesto como profesor bajo el régimen de la Alemania nazi.[2] Posteriormente fue contratado por el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Fráncfort. El instituto depositó sus fondos en Holanda anticipando la toma del poder por los nazis, por lo que Marcuse nunca llegó a trabajar en la escuela en Alemania.[2] En cambio, comenzó su labor con el instituto en Ginebra, donde se había formado una oficina filial, tras abandonar Alemania nazi en mayo de 1933.[2] Como miembro de la Escuela de Fráncfort, Marcuse desarrolló una teoría de la nueva etapa del capitalismo estatal y monopolista, describió las relaciones entre filosofía, teoría social y crítica cultural, y proporcionó un análisis y una crítica del nazismo alemán. Marcuse trabajó estrechamente con otros teóricos críticos mientras estuvo en el instituto.[6]
Emigración a Estados Unidos
Marcuse emigró a Estados Unidos en junio de 1934. Trabajó en la filial del instituto en la Universidad de Columbia entre 1934 y 1942. En 1942 se trasladó a Washington D. C. para trabajar en la Office of War Information y posteriormente en la Office of Strategic Services. Más adelante enseñó en la Universidad Brandeis y en la Universidad de California en San Diego.[2] En 1940 obtuvo la ciudadanía estadounidense y residió en el país hasta su muerte en 1979.[2] Aunque nunca regresó a vivir a Alemania, siguió siendo uno de los principales teóricos asociados a la Escuela de Fráncfort, junto con Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, entre otros. En 1940 publicó Reason and Revolution, una obra dialéctica dedicada al estudio de Hegel y Karl Marx.
Segunda Guerra Mundial
Durante la Segunda Guerra Mundial, Marcuse trabajó inicialmente para la Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos (OWI) de Estados Unidos en proyectos de propaganda antinazi. En 1943 fue transferido a la Research and Analysis Branch de la Office of Strategic Services (OSS), organismo precursor de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Dirigida por el historiador de Harvard William L. Langer, la rama de Investigación y Análisis (R&A) fue la mayor institución de investigación estadounidense en la primera mitad del siglo XX. En su apogeo, entre 1943 y 1945, empleó a más de mil doscientas personas, cuatrocientas de ellas destinadas en el extranjero. En muchos sentidos, fue el lugar donde nació la ciencia social estadounidense de posguerra, ya que entre sus integrantes se encontraban discípulos de algunos de los más prestigiosos profesores universitarios estadounidenses, así como numerosos intelectuales emigrados europeos.
En marzo de 1943, Marcuse se unió a su colega de la Escuela de Fráncfort Franz Neumann en la Sección de Europa Central de R&A como analista principal; allí se consolidó rápidamente como «el principal analista sobre Alemania».[8]
Tras la disolución de la OSS en 1945, Marcuse fue contratado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos como jefe de la sección de Europa Central, convirtiéndose en analista de inteligencia especializado en nazismo. Una recopilación de sus informes fue publicada en Secret Reports on Nazi Germany: The Frankfurt School Contribution to the War Effort (2013). Se retiró tras la muerte de su primera esposa en 1951.
Carrera de posguerra

Marcuse comenzó su carrera docente como teórico político en la Universidad de Columbia, y posteriormente continuó en la Universidad de Harvard en 1952. Trabajó en la Universidad Brandeis entre 1954 y 1965, y luego en la Universidad de California en San Diego entre 1965 y 1970.[9] Fue durante su etapa en Brandeis cuando escribió su obra más conocida, El hombre unidimensional (1964).[10]
Marcuse fue amigo y colaborador del sociólogo político Barrington Moore y del filósofo político Robert Paul Wolff, así como amigo del profesor de sociología de Columbia C. Wright Mills, uno de los fundadores del movimiento de la Nueva Izquierda. En la «Introducción» a El hombre unidimensional, Marcuse escribió: «Quisiera enfatizar la importancia vital de la obra de C. Wright Mills».[11]
Según algunos análisis, en la posguerra Marcuse habría rechazado la teoría de la lucha de clases y la preocupación marxista por el trabajo, afirmando en cambio, según Leszek Kołakowski, que dado que «todas las cuestiones de la existencia material han sido resueltas, los mandatos y prohibiciones morales ya no son relevantes». Consideraba la realización de la naturaleza erótica del ser humano como la verdadera liberación de la humanidad, lo que inspiró las utopías de Jerry Rubin y otros.[12] Sin embargo, otros analistas de la biografía y obra de Marcuse no ven un «rechazo» de la lucha de clases en su postura, sino más bien su relativización: la necesidad del cambio social incluye la lucha de clases, pero no puede reducirse solo a ella, principalmente porque en la sociedad hay múltiples grupos sociales que buscan el cambio social con motivaciones diferentes, como asimismo, múltiples formas de opresión y represión que aspiran a la revolución como vía de salida, lo cual hace que la revolución esté determinada por una multiplicidad de posiciones subjetivas oprimidas o reprimidas.[13]
Las críticas de Marcuse a la sociedad capitalista —especialmente su síntesis de Marx y Sigmund Freud en Eros y civilización (1955), y su libro El hombre unidimensional (1964)— resonaron con las preocupaciones del movimiento estudiantil de la década de 1960 debido a su disposición a participar en protestas estudiantiles y a su ensayo Tolerancia represiva (1965).[6] Se le otorgó el título de «filósofo de la Nueva Izquierda» por su rechazo a las tradiciones de la civilización occidental. La Nueva Izquierda representó una alternativa atractiva a la sociedad estadounidense y Marcuse logró atraer a muchos jóvenes mediante sus enseñanzas utópicas. Sus ideas criticaban el liberalismo contemporáneo y sus vestigios conservadores del liberalismo del siglo XIX.[14] Marcuse pronto comenzó a ser conocido en los medios como el «padre de la Nueva Izquierda».[6][15] Sosteniendo que los estudiantes de los años sesenta no esperaban la publicación de sus obras para actuar,[15] Marcuse relativizó esa caracterización mediática afirmando: «Habría sido mejor llamarme no el padre, sino el abuelo, de la Nueva Izquierda».[15] Su obra influyó fuertemente en el discurso intelectual sobre la cultura popular y en los estudios académicos sobre cultura popular.[15] Comprendió, por ejemplo, la importancia del rock and roll como símbolo del activismo de la Nueva Izquierda.[15] A finales de las décadas de 1960 y 1970 realizó numerosas conferencias en Estados Unidos y el Bloque Occidental. Se convirtió en amigo cercano e inspirador del filósofo francés André Gorz.
Marcuse defendió al disidente de Alemania Oriental Rudolf Bahro (autor de Die Alternative: Zur Kritik des real existierenden Sozialismus, traducido como The Alternative in Eastern Europe), discutiendo en un ensayo de 1979 las teorías de Bahro sobre el «cambio desde dentro».[16]
Familia
Marcuse se casó tres veces. Su primera esposa fue la matemática Sophie Wertheim (1901–1951), con quien se casó en 1924 y tuvo a su primer hijo, Peter, en 1928. Antes de emigrar a Nueva York en 1934, residieron en Friburgo, Berlín, Ginebra y París. Durante las décadas de 1930 y 1940 vivieron en Los Ángeles/Santa Mónica y Washington D. C. En 1951, Sophie Wertheim murió de cáncer.[17] Posteriormente, Marcuse se casó con Inge Neumann (1914–1973), viuda de su amigo cercano Franz Neumann (1900–1954). Tras la muerte de Inge en 1973, Marcuse se casó en 1976 con Erica Sherover (1938–1988), antigua estudiante de posgrado de la Universidad de California.[18]
En su primer matrimonio con Sophie Wertheim tuvieron un hijo, Peter Marcuse, nacido en 1928. Peter Marcuse fue profesor emérito de urbanismo en la Universidad de Columbia de Nueva York. Aunque Marcuse no tuvo hijos con Inge Neumann Marcuse, ayudó a criar a sus dos hijos, Thomas Neumann y Michael Neumann.[19] Thomas (actualmente Osha) es escritor, activista, abogado y muralista radicado en Berkeley. Michael trabaja como profesor de filosofía en la Universidad de Trent de Peterborough, Ontario, Canadá.[20]
La nieta de Marcuse fue la novelista Irene Marcuse y su nieto, Harold Marcuse, es profesor de historia en la Universidad de California en Santa Bárbara.
Muerte

El 29 de julio de 1979, diez días después de cumplir ochenta y un años, Marcuse murió tras sufrir un accidente cerebrovascular durante un viaje a Alemania. Acababa de participar en las conversaciones Römerberggespräche de Fráncfort y se dirigía al Instituto Max Planck en Starnberg (donde había dictado conferencias y participado en debates entre 1974 y 1979[21]) por invitación del teórico de segunda generación de la Escuela de Fráncfort Jürgen Habermas.
En 2003, después de que sus cenizas fueran redescubiertas en Estados Unidos, fueron enterradas en el cementerio Dorotheenstadt de Berlín.
Pensamiento
El concepto de desublimación represiva de Marcuse, que se volvió ampliamente conocido, refiere a su argumento de que la cultura de masas de la posguerra, con su profusión de provocaciones sexuales, sirve para reforzar la represión política. Si las personas están preocupadas por una estimulación sexual inauténtica, su energía política será «desublimada»; en lugar de actuar constructivamente para cambiar el mundo, permanecen reprimidas y acríticas. Marcuse desarrolló el pensamiento prebélico de la teoría crítica hacia una explicación crítica de la naturaleza «unidimensional» de la vida burguesa en Europa y Estados Unidos. Su pensamiento ha sido considerado un avance respecto de las preocupaciones de críticos liberales anteriores como David Riesman.[22][23]
Dos aspectos de la obra de Marcuse son de particular importancia. En primer lugar, su uso de un lenguaje más familiar en las críticas a los regímenes soviético o nazi para caracterizar los desarrollos del mundo industrial avanzado. En segundo lugar, su fundamentación de la teoría crítica en un uso particular del pensamiento psicoanalítico.[24]
Primer marxismo heideggeriano de Marcuse
Durante sus años en Friburgo, Marcuse escribió una serie de ensayos que exploraban la posibilidad de sintetizar el marxismo y la ontología fundamental de Heidegger, tal como había comenzado en la obra de este último El ser y el tiempo (1927). Este temprano interés por Heidegger siguió a la demanda de Marcuse de una «filosofía concreta», que, según declaró en 1928, «se ocupa de la verdad de la existencia humana contemporánea».[25] Estas palabras estaban dirigidas contra el neokantismo dominante, así como contra las alternativas marxistas revisionistas y ortodoxas, en las cuales la subjetividad del individuo desempeñaba un papel menor.[26] Aunque Marcuse rápidamente se distanció de Heidegger tras el apoyo de este al nazismo, pensadores como Jürgen Habermas han sugerido que una comprensión del pensamiento posterior de Marcuse requiere apreciar su temprana influencia heideggeriana.[27]
Marcuse y el capitalismo
El análisis del capitalismo de Marcuse deriva parcialmente de uno de los principales conceptos de Karl Marx: la objetivación,[28] que bajo el capitalismo se convierte en alienación. Marx creía que el capitalismo explotaba a los seres humanos; que, al producir objetos de determinado carácter, los trabajadores se alienaban y esto finalmente los deshumanizaba, convirtiéndolos en objetos funcionales.
Marcuse tomó esta idea y la expandió. Sostuvo que el capitalismo y la industrialización presionaban tanto a los trabajadores que estos comenzaron a verse a sí mismos como extensiones de los objetos que producían. Al comienzo de El hombre unidimensional, Marcuse escribe: «La gente se reconoce en sus mercancías; encuentra su alma en su automóvil, en su equipo de alta fidelidad, en su casa de varios niveles, en el equipamiento de cocina»,[29] lo que significa que bajo el capitalismo (en la sociedad de consumo), los seres humanos se convierten en extensiones de las mercancías que compran, haciendo así que las mercancías se vuelvan extensiones de las mentes y cuerpos de las personas. Las sociedades tecnológicas de masas opulentas, sostiene, son controladas y manipuladas. En sociedades basadas en la producción y distribución masivas, el trabajador individual se ha convertido simplemente en consumidor de sus mercancías y de todo un modo de vida mercantilizado. El capitalismo moderno ha creado falsas necesidades y una falsa conciencia orientadas al consumo de mercancías: encierra al hombre unidimensional en la sociedad unidimensional que produjo la necesidad de que las personas se reconozcan en sus mercancías.[30]
El propio mecanismo que vincula al individuo con su sociedad ha cambiado, y el control social está anclado en las nuevas necesidades que ha producido. Lo más importante es que la presión del consumismo ha llevado a la integración total de la clase trabajadora en el sistema capitalista. Sus partidos políticos y sindicatos se han burocratizado completamente y el poder del pensamiento negativo o de la reflexión crítica ha disminuido rápidamente.[31] La clase trabajadora ya no es una fuerza potencialmente subversiva capaz de producir un cambio revolucionario.
Marcuse desarrolló a lo largo de los años una teoría según la cual la tecnología moderna es inherentemente represiva. Creía que tanto en las sociedades capitalistas como en las comunistas los trabajadores no cuestionaban la forma en que vivían debido al mecanismo represivo de los avances tecnológicos. El uso de la tecnología permitía que las personas no fueran conscientes de lo que ocurría a su alrededor, como el hecho de que pronto podrían perder sus empleos porque esas tecnologías realizaban los mismos trabajos de manera más rápida y barata. Sostenía que los trabajadores modernos no eran tan rebeldes como lo habían sido durante la época de Karl Marx en el siglo XIX. Simplemente se conformaban libremente con el sistema bajo el cual vivían para satisfacer sus necesidades y garantizar su supervivencia. Como consecuencia de esta conformidad, la revolución popular que Marcuse consideraba necesaria nunca ocurrió.
Como resultado, en lugar de considerar a los trabajadores como la vanguardia revolucionaria, Marcuse depositó su confianza en una alianza entre intelectuales radicales y aquellos grupos que aún no estaban integrados en la sociedad unidimensional: los marginados sociales, el sustrato de los excluidos y los outsiders, los explotados y perseguidos de otras etnias y otros colores, los desempleados y los inempleables. Estas eran las personas cuyas condiciones de vida exigían el fin de condiciones e instituciones intolerables y cuya resistencia a la sociedad unidimensional no sería desviada por el sistema. Su oposición era revolucionaria aunque su conciencia no lo fuera.[30]
La Nueva Izquierda y la política radical
Muchos académicos y activistas radicales fueron influidos por Marcuse, como Norman O. Brown,[32] Angela Davis,[33] Charles J. Moore, Abbie Hoffman, Rudi Dutschke y Robert M. Young. Entre quienes lo criticaron desde la izquierda se encontraban la marxista-humanista Raya Dunayevskaya, su compañero emigrado alemán Paul Mattick, quienes sometieron El hombre unidimensional a una crítica marxista, y Noam Chomsky, quien conoció y apreciaba a Marcuse «pero pensaba muy poco de su obra».[34]
El ensayo de Marcuse de 1965, Tolerancia represiva, en el que afirmaba que las democracias capitalistas pueden tener aspectos totalitarios, ha sido criticado por conservadores.[35]Marcuse sostiene que la tolerancia genuina no permite el apoyo a la «represión», ya que hacerlo garantiza que las voces marginadas permanezcan sin ser escuchadas. Caracteriza la tolerancia hacia el discurso represivo como «inauténtica». En cambio, defiende una forma de tolerancia intolerante hacia los movimientos políticos represivos (es decir, de derecha):
La tolerancia liberadora, entonces, significaría intolerancia hacia los movimientos de derecha y tolerancia hacia los movimientos de izquierda. Sin duda, no puede esperarse que ningún gobierno fomente su propia subversión, pero en una democracia tal derecho reside en el pueblo (es decir, en la mayoría del pueblo). Esto significa que no deben bloquearse los caminos por los cuales podría desarrollarse una mayoría subversiva, y si son bloqueados mediante represión organizada y adoctrinamiento, su reapertura puede requerir medios aparentemente antidemocráticos. Estos incluirían la retirada de la tolerancia a la libertad de expresión y reunión de grupos y movimientos que promuevan políticas agresivas, armamentismo, chauvinismo, discriminación por motivos de raza y religión, o que se opongan a la expansión de los servicios públicos, la seguridad social, la atención médica, etc.[36]
Marcuse expresó posteriormente sus ideas radicales en tres obras. Escribió Un ensayo sobre la liberación en 1969, donde celebraba movimientos de liberación como los de Vietnam, que inspiraron a muchos radicales. En 1972 escribió Counterrevolution and Revolt, donde sostiene que las esperanzas de la década de 1960 enfrentaban una contrarrevolución desde la derecha.[6]
Después de que la Universidad Brandeis rechazara renovar su contrato docente en 1965, Marcuse enseñó en la Universidad de California en San Diego. En 1968, el gobernador de California Ronald Reagan y otros conservadores se opusieron a su recontratación,[37] pero la universidad decidió permitir que su contrato continuara hasta 1970. Dedicó el resto de su vida a enseñar, escribir y dar conferencias alrededor del mundo. Sus esfuerzos atrajeron la atención de los medios, que afirmaban que defendía abiertamente la violencia, aunque él aclaraba frecuentemente que solo la «violencia defensiva» podía ser apropiada, y no la «violencia agresiva». Continuó promoviendo la teoría marxiana, y algunos de sus estudiantes ayudaron a difundir sus ideas. Publicó su última obra, La dimensión estética, en 1977, sobre el papel del arte en el proceso de lo que denominó «emancipación» de la sociedad burguesa.[6]
Marcuse y el feminismo
Marcuse consideraba que la reforma social podía encontrarse entre los marginados de la sociedad y, por ello, apoyó movimientos como el feminismo.[2]
Marcuse se preocupó especialmente por el feminismo hacia el final de su vida, por razones que explicó en una conferencia pública titulada Marxism and Feminism en 1974,[38] mencionando además en una conferencia en Stanford: «Creo que el Movimiento de Liberación de las Mujeres es quizás el movimiento político más importante y potencialmente más radical que tenemos, aunque la conciencia de este hecho aún no haya penetrado en el movimiento en su conjunto».[39]
Muchos temas y aspiraciones presentes en la obra de Marcuse encontraron expresión en el feminismo socialista, especialmente las ideas desarrolladas en Eros y civilización.[38] Esto implicaba cambios no solo en las relaciones estructurales de poder de la sociedad, sino también en los impulsos instintivos de los individuos. Aunque consideraba positiva la participación de las mujeres en la fuerza laboral, y una condición necesaria para su liberación, Marcuse no la veía como suficiente para alcanzar la verdadera libertad. Esperaba un cambio en los valores morales que desplazara las cualidades agresivas y masculinas en favor de cualidades femeninas.[38][2]
Jessica Benjamin y Nancy Chodorow consideraban que la dependencia de Marcuse de la teoría de las pulsiones de Freud como fuente del deseo de cambio social era insuficiente para ambas filósofas, ya que no lograba dar cuenta del crecimiento intersubjetivo del individuo.[2]
Obra
Libros de Herbert Marcuse en español
- Transvaloración de los Valores y Transformación Social Radical (2021) (Pennsylvania: International Herbert Marcuse Society. Trad. Sergio Bedoya)
- Conferencias de París en la Universidad de Vincennes1974 (2021) (Pennsylvania: International Herbert Marcuse Society. Trad. Sergio Bedoya)
- Revolución cultural (2021) (Medellín: ennegativo ediciones. Trad. Leandro Sánchez Marín)
- Lecciones de París (2021) (Medellín: ennegativo ediciones. Trad. Leandro Sánchez Marín)
- Escritos sobre ecología y política (2021) (Medellín: ennegativo ediciones. Trad. Leandro Sánchez Marín)
- Escritos sobre educación y filosofía (2020) (Medellín: ennegativo ediciones. Trad. Leandro Sánchez Marín)
- Escritos sobre ciencia y tecnología (2020) (Medellín: ennegativo ediciones. Trad. Leandro Sánchez Marín)
- Escritos sobre feminismo y filosofía (2019) (Medellín: ennegativo ediciones. Trad. Leandro Sánchez Marín)
- Escritos sobre dialéctica y marxismo (2019) (Medellín: ennegativo ediciones. Trad. Leandro Sánchez Marín et al)
- Entre fenomenología y marxismo. Escritos filosóficos 1928-1933 (2019) (Medellín: Universidad de Antioquia. Trad. José Manuel Romero)
- Sobre Marx y Heidegger. Escritos filosóficos 1932-1933 (2016) (Madrid: Editorial Biblioteca Nueva. Trad. José Manuel Romero)
- Entre hermenéutica y teoría crítica. Artículos 1929-1931 (2011) (Barcedlona: Herder Editorial. Trad. José Manuel Romero)
- La sociedad carnívora (2011) (Buenos Aires: Ediciones Godot. Trad. Miguel Grinberg)
- El carácter afirmativo de la cultura (2011) (Buenos Aires: El cuenco de plata. Trad. Claudia Kozak)
- Herbert Marcuse y los orígenes de la teoría crítica (2010) (Madrid: Plaza y Valdés Editores. Trad. José Manuel Romero)
- La tolerancia represiva y otros ensayos (2010) (Madrid: Los Libros de la Catarata. Trad. Justo Pérez et al)
- La dimensión estética. Crítica de la ortodoxia marxista (2007) (Madrid: Editorial Biblioteca Nueva. Trad. José-Francisco Yvars)
- Guerra, tecnología y fascismo. Textos Inéditos. (2001) (Medellín: Universidad de Antioquia. UNESP)
- Calas en nuestro tiempo (1983) (Barcelona: Icaria Editorial. Trad. Pedro Madrigal)
- Los hombres detrás de las ideas [con otros autores] (1982) (México: Fondo de Cultura Económica. Trad. José Robles)
- Conversaciones con Marcuse (1980) (Madrid: Editorial Gedisa. Trad. Gustau Muñoz)
- Crítica de la tolerancia pura [con otros autores] (1977) (Madrid: Editora Nacional. Trad. Jesús Tobio)
- A la búsqueda del sentido [con otros autores] (1976) (Salamanca: Ediciones Sígueme. Trad. Adela Grego de Jiménez y Ambrosio López)
- Contrarrevolución y revuelta (1973) (México: Editorial Joaquín Mortíz. Trad. Antonio González)
- El odio en el mundo actual [con otros autores] (1973) (Madrid: Alianza Editorial. Trad. Federico Latorre)
- Ensayos sobre el apocalipsis [con otros autores] (1973) (Barcelona: Editorial Kairós. Trad. María Dolores de la Fe)
- Fascismo y capitalismo: teorías sobre los orígenes sociales y la función del fascismo [con otros autores] (1972) (Barcelona: Ediciones Martínez Roca)
- Razón y revolución (1971) (Madrid: Alianza Editorial. Trad. Julieta Fombona de Sucre)
- El marxismo soviético (1971) (Madrid: Alianza Editorial. Trad. Juan de la Vega)
- La agresividad en la sociedad contemporánea (1971) (Montevideo: Editorial Alfa. Trad. Willy Kemp)
- La agresividad en la sociedad industrial avanzada (1971) (Madrid: Alianza Editorial. Trad. Juan Saenz-Díez)
- Para una teoría crítica de la sociedad (1971) (Caracas: Editorial Tiempo Nuevo. Trad. Claudine Lemoine de Francia)
- La vejez del psicoanálisis (1971) (Buenos Aires: Proceso Ediciones. Trad. Mario Schijman y Liliane Isler)
- Ontología de Hegel y teoría de la historicidad (1970) (Barcelona: Ediciones Martínez Roca. Trad. Manuel Sacristán)
- Discusión con los marxistas (1970) (Buenos Aires: Proceso Ediciones. Trad. Lina Mari y Bernabé Vargas)
- Ética de la Revolución (1970) (Madrid: Taurus Ediciones. Trad. Aurelio Álvarez)
- La sociedad opresora (1970) (Caracas: Editorial Tiempo Nuevo. Trad. Italo Manzi)
- Ensayos sobre política y cultura (1970) (Barcelona: Editorial Ariel. Trad. Juan-Ramón Capella)
- Marcuse ante sus críticos [con otros autores] (1970) (México: Editorial Grijalbo. Trad. Adolfo Sánchez)
- La sociedad industrial y el marxismo (1969) (Buenos Aires: Editorial Quintaria. Trad. Alberto Massolo)
- Un ensayo sobre la liberación (1969) (México: Editorial Joaquín Mortíz. Trad. Juan García Ponce)
- Cultura y sociedad (1969) (Buenos Aires: Editorial Sur. Trad. Eduardo Garzón y Eugenio Bulygin)
- Psicoanálisis y política (1969) (Barcelona: Ediciones Península. Trad. Ulises Moulines)
- La sociedad industrial contemporánea [con otros autores] (1968) (México: Siglo XXI Editores. Trad. Margarita Suzan y Julieta Campos)
- Marcuse polémico [con otros autores] (1968) (Buenos Aires: Editorial Jorge Álvarez. Trad. Liliane Isler)
- El final de la utopía (1968) (Barcelona: Editorial Ariel. Trad. Manuel Sacristán)
- El hombre unidimensional (1968) (México: Editorial Joaquín Mortíz. Trad. Juan García Ponce / Barcelona: Editorial Ariel. Trad. Antonio Elorza / Madrid: Editorial Irrecuperables, 2024)
- Eros y civilización (1965) (México: Editorial Joaquín Mortíz. Trad. Juan García Ponce)
Algunos libros sobre Herbert Marcuse en español
- José Catellet (1969) Lectura de Marcuse. Barcelona: Editorial Seix Barral
- François Perroux (1969) Perroux interroga a Marcuse. Barcelona: Nova Terra
- Antonio Escohotado (1969) Marcuse: utopía y razón. Madrid: Alianza Editorial
- Jürgen Habermas et al (1969) Respuestas a Marcuse. Barcelona: Editorial Anagrama
- Jean-Michel Palmier (1970) Introducción a Marcuse. Buenos Aires: Ediciones de la Flor
- Hugo Mansilla (1970) Introducción a la teoría crítica de la sociedad. Barcelona: Editorial Seix Barral
- Miguel Lombardi (1970) Herbert Marcuse o la filosofía de la negación total. Buenos Aires: Ediciones Sílaba
- Paul Robinson (1971) La izquierda freudiana. Reich. Roheim. Marcuse. Buenos Aires: Granica Editor
- Juan Lara (1972) La ética en el pensamiento de Herbert Marcuse. Valencia: Universidad de Valencia
- Pierre Masset (1972) El pensamiento de Marcuse. Buenos Aires: Amorrortu Editores
- André Vergez (1973) Marcuse. Buenos Aires: Ediciones Paidós
- José Carandell (1973) La protesta juvenil. Barcelona: Salvat Editores
- Paul Mattick (1974) Crítica de Marcuse. El hombre unidimensional en la sociedad de clases. México: Editorial Grijalbo
- Tito Perlini (1976) Marcuse. Madrid: Editorial Doncel
- Tito Perlini (1976) La Escuela de Fráncfort: historia del pensamiento negativo. Caracas: Monte Ávila Editores
- Carlo Sigismondi (1977) Marcuse y la sociedad opulenta. Barcelona: Plaza y Janés
- Morton Schoolman (1978) Ensayo sobre la obra de Herbert Marcuse. Barcelona: Plaza y Janés
- José Jiménez (1983) La estética como utopía antropológica: Bloch y Marcuse. Madrid: Editorial Tecnos
- José Taberner & Catalina Rojas (1985) Marcuse, Fromm, Reich: el freudomarxismo. Buenos Aires: Editorial Cincel
- María Carmen López (1998) Herbert Marcuse (1898-1979). Madrid: Ediciones del Orto
- Richard Wolin (2003) Los hijos de Heidegger: Hannah Arendt, Karl Löwith, Hans Jonas y Herbert Marcuse. Madrid: Ediciones Cátedra
- Damián Pachón (2008) La civilización unidimensional. Actualidad del pensamiento de Herbert Marcuse. Bogotá: Ediciones Desde Abajo
- Stefan Gandler (2009) Fragmentos de Frankfurt. Ensayos sobre la teoría crítica. México: Siglo XXI Editores.
- Romina Conti (Ed.) (2011) Teoría social y praxis emancipatoria: Herbert Marcuse a 70 años de Razón y revolución. Buenos Aires: Herramienta Ediciones