Hervencias de Ávila
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Las hervencias o fervencias de Ávila fueron una masacre supuestamente cometida en 1111 por orden de Alfonso I de Aragón contra un grupo de 60 rehenes que la ciudad castellana de Ávila le había entregado en garantía de paz durante el transcurso de la guerra que el rey mantenía con su mujer Urraca I de León.
En tiempos modernos, la autenticidad de estos hechos ha sido puesta en duda o negada, sin que hasta la fecha pueda saberse con certeza si el episodio fue real o legendario.

En el año 1108 había muerto en la batalla de Uclés contra los almorávides Sancho Alfónsez, hijo y heredero del rey de León y de Castilla Alfonso VI; al año siguiente este concertó el matrimonio de su hija Urraca con el rey de Aragón y Pamplona Alfonso I con la condición de que cada uno de los contrayentes tendría potestad sobre las posesiones del otro, y de que su futuro hijo heredaría los reinos de Castilla, León, Aragón y Pamplona.
Urraca había estado casada con el conde Raimundo de Borgoña, de quien tenía un hijo, Alfonso Raimúndez, que perdía así el derecho a la sucesión al trono de Castilla y León, lo que motivó la rebelión de la nobleza gallega, que con el arzobispo de Santiago Diego Gelmírez y el conde de Traba Pedro Froilaz proclamaron al infante Alfonso Raimúndez rey de Galicia con sólo cinco años de edad; a la situación vinieron a sumarse las intrigas de la nobleza castellana liderada por el conde de Candespina Gómez González (supuesto amante de Urraca), que veía al aragonés como a un rey extranjero, y las del clero francés que encabezado por Bernardo de Sedirac intentaba conseguir del papa Pascual II la nulidad del matrimonio. Declarada la guerra entre Aragón-Navarra y Castilla y León, el rey aragonés penetró con sus tropas en territorio castellano-leonés y derrotó a los nobles castellanos en la batalla de Candespina de 1110 y a los gallegos en batalla de Villadangos del año siguiente, ocupando varias plazas importantes.


