La hipótesis jázara sobre el origen de los askenazíes (frecuentemente denominada «el mito jázaro» por sus detractores) es una hipótesis histórica, hoy mayoritariamente abandonada, que postulaba que los judíos askenazíes descendían principal o mayoritariamente de conversos al judaísmo entre los jázaros, un conglomerado multiétnico de pueblos mayoritariamente túrquicos que formaron un kanato seminómada en el Cáucaso norte y central, así como en la estepa póntica, a finales del siglo VI d. C. A día de hoy, esta teoría sigue empleándose en ocasiones en teorías de la conspiración antisemitas y en diversos enfoques antisionistas.
La hipótesis se basa en fuentes medievales como la Correspondencia Jázara, según la cual, en algún momento de los siglos VIII o IX, una pequeña cantidad de jázaros se habrían convertido al judaísmo rabínico, según los relatos de Yehuda Halevi y Abraham ibn Daud. La hipótesis también postula que, tras el colapso del imperio jázaro, estos huyeron hacia Europa del Este y constituyeron una gran parte de la población judía de la zona. El alcance real de la conversión dentro del Kanato de Jazaria sigue siendo incierto, y las pruebas utilizadas para vincular a las comunidades askenazíes posteriores con los jázaros son escasas y están sujetas a interpretaciones contradictorias.
Las especulaciones sobre si la población judía de Europa se originó entre los jázaros han persistido durante dos siglos, remontándose al menos a 1808. A finales del siglo XIX, Ernest Renan y otros estudiosos especularon que los judíos askenazíes de Europa se originaron entre refugiados que habían migrado hacia el oeste, hacia el interior de Europa, tras la caída del kanato. Aunque varios académicos la han evocado de forma intermitente desde entonces, la hipótesis jázaro-askenazí captó la atención de un público mucho más amplio con la publicación de La decimotercera tribu, de Arthur Koestler, en 1976. Recientemente ha sido retomada por el genetista Eran Elhaik, quien en 2013 realizó un estudio con el objetivo de reivindicarla.
Los estudios genéticos sobre las poblaciones judíasno han hallado pruebas sustanciales de un origen jázaro entre los judíos askenazíes. Genetistas como Doron Behar y otros (2013) han concluido que tal vínculo es improbable, señalando que es difícil contrastar la hipótesis jázara mediante la genética debido a la falta de descendientes modernos claros de los jázaros que permitan realizar una prueba determinante sobre su contribución a la ascendencia judía askenazí. No obstante, no se han encontrado marcadores genéticos en los askenazíes que los vinculen con los pueblos del Cáucaso o del área jázara. Por su parte, Gil Atzmon et al. hallaron evidencias de que los askenazíes poseen orígenes mixtos del Próximo Oriente y del sur de Europa/Mediterráneo, aunque no se excluyó cierta mezcla con poblaciones jázaras y eslavas posterior al año 100 d. C. Xue et al. señalan que un origen exclusivamente jázaro, turco o de Oriente Medio queda totalmente descartado, dada la complejidad de las mezclas genéticas de los askenazíes.
Ciertos antisionistas han citado la hipótesis jázara en un intento de desacreditar la reivindicación de los judíos modernos sobre la Tierra de Israel. Asimismo, la hipótesis jázara se cita en ocasiones en argumentos antisemitas promovidos por seguidores de diversos movimientos e ideologías para expresar la creencia de que los judíos actuales no son los verdaderos descendientes de los israelitas.
Se cree que el rabino ucraniano Isaac Baer Levinsohn fue el primero en postularla.[1]
En 1808, Gustav von Ewers la propuso de nuevo cuando se debatía si el pueblo ruso procedía de los conquistadores varegos o de los eslavos nativos.[2][3][4] Más tarde, el historiador ruso Nikolái Karamzín y el orientalista alemán Karl Friedrich Neumann también la reivindicaron.
En 1869, el orientalista ruso Abraham Harkavy propondría un vínculo entre los judíos de Europa Oriental y los jázaros,[5] mientras el jajamcaraíta Abraham Firkovich argumentaba que su rama del caraísmo descendía de los turcos. Sin embargo, sería el francés Ernest Renan al que se conocería como padre de la hipótesis jázara al postularla en una conferencia parisina el 27 de enero de 1883:
La conversión del reino de los jázaros influyó considerablemente en el origen de los judíos de los países entre el Danubio y el sur de Rusia. Tales regiones tienen grandes poblaciones judías con, probablemente, poco o nada que sea antropológicamente judío en ellas.[6]
La tesis de Renan fue acogida favorablemente por algunos judíos como Isidore Loeb,[7] el jajamcaraítaturco Seraja Szapszal, y otros como una forma de combatir el antisemitismo,[8][9] argumentando que los judíos eran, por tanto, europeos y no podían verse como una “raza extranjera”, sino como simples europeos de una religión diferente a la cristiana o musulmana. Cabe recordar que, antes del surgimiento del antisemitismo racial que llegó a su apogeo en la Alemania nazi, la mayor parte del antisemitismo se basaba en prejuicios religiosos.
Con el surgimiento del nacionalismo europeo del sigloXIX, que llevó a la constitución de distintas naciones-estado (a menudo basadas en criterios lingüísticos o culturales), como la Unificación de Alemania y la Unificación de Italia, así como el desmembramiento del Imperio austro-húngaro en distintas nacionalidades, nació también el sionismo con la búsqueda de un estado-nación judío. Los primeros sionistas no eran religiosos (de hecho, los judíos religiosos rechazaban el sionismo al considerarlo blasfemo, idea que todavía permanece dentro de una minoría de judíos ultraortodoxos) y el mismo Theodor Herzl, padre del sionismo, era ateo. El sionismo originalmente buscaba la creación de una identidad nacional judía secular no muy diferente a los movimientos nacionalistas de serbios, húngaros, checos, etc.
En 1884, Samuel Kohn, rabino húngaro, presentó por primera vez el razonamiento de que muchos de los antepasados de los judíos asquenazíes de Hungría fuesen jázaros; y que, por lo tanto, estaban relacionados con gente que llegó a Hungría a la vez que los magiares no judíos.[10] Asimismo, afirmó que los judíos asquenazíes eran parcialmente de origen magiar, esperando que así se promulgaran sentimientos fraternales entre los judíos y cristianos húngaros. Su hipótesis solo fue aceptada por unos pocos judíos de Hungría.
En 1909, Hugo von Kutschera propuso en un libro que los jázaros representaban la base demográfica de los judíos asquenazíes, mientras que el etiólogo judío Maurice Fishberg introdujo la hipótesis en EE.UU. en 1911 con su libro The Jews: A Study of Race and Environment.[11] En 1919 la retomaría Yitzhak Schipper, judío polaco y sionista, y la mencionarían figuras intelectuales como Sigmund Freud y el escritor H.G. Wells, que declaró en 1921 que “la mayor parte de la judería nunca estuvo en Judea”. El historiador ucraniano-israelí Abraham N. Polak, que luego sería profesor en la Universidad de Tel Aviv, apoyó la hipótesis jázara en 1943.[12]
En la URSS los historiadores y arqueólogos que estudiaron el imperio jázaro, como Boris Rybakov, Mijaíl Artamónov y Lev Gumiliov, también apoyaron la hipótesis de que los jázaros son antepasados de los judíos de Europa oriental.[13]
En la Alemania nazi los escritos del teórico racista Hans F. K. Günther negaban que los judíos asquenazíes fueran exclusivamente jázaros, asegurando que eran una mezcla de distintas razas que incluía a europeos, negros y semitas, siendo los jázaros solo una más.[14] Sin embargo, el reclamo caraíta de ser descendientes de conversos jázaros sí salvó a los caraítas del exterminio nazi, pues las autoridades alemanas aceptaron (o, cuando menos, suspendieron el exterminio mientras se investigaba más) la idea de que fueran racialmente europeos y solo judíos de religión.[15][16]
En el período de posguerra, siguió defendiendo la hipótesis gente como el prestigioso historiador judío Salo Wittmayer Baron en su libro Social and Religious History of the Jews de 1957,[17] destacando la importancia de los jázaros en la formación de la identidad judía en Europa oriental.[17] También la defendieron eruditos judíos como Léon Poliakov, Ben-Zion Dinur y, por supuesto, el más conocido Arthur Koestler, que en 1976 publicó La decimotercera tribu. Koestler revitalizaría la hipótesis que, hasta entonces, había caído casi en el olvido y había sido mayormente descartada en círculo académicos por falta de evidencia. Koestler, que era judío, también consideraba que la hipótesis mitigaría el antisemitismo.[18]
Arthur Koestler, 1969.
Entre las figuras que han defendido la hipótesis están el historiador Shlomo Sand, el lingüista Paul Wexler y el genetista israelí Eran Elhaik, a la vez que otros la rechazaban. Por ejemplo, el historiador judío Shaul Stampfer consideraba que la "conversión en masa" de los jázaros es un mito y nunca sucedió, y que solo la élite gobernante se convirtió al judaísmo. Elhaik aseguraba haber encontrado evidencia genética que confirmaba la hipótesis en su estudio de 2012, afirmando que solo un 3% de los genes descubiertos en poblaciones asquenazíes pueden ligarse al Medio Oriente, siendo los asquenazíes mayormente europeos.[19] Distintos especialistas rechazaron su estudio criticando su metodología y sus hallazgos.[20][21][22]
En 2022, el historiador y genetista Kevin Brook explicó que alrededor del 50% de los genes asquenazíes pueden ligarse al Medio Oriente,[23] pero, a la vez, también presentó pruebas de que una pequeña proporción de los haplogrupos asquenazíes se encuentran en poblaciones del Cáucaso norte y en pueblos túrquicos porque probablemente los heredasen de los jázaros y los alanos que vivieron en Jazaria y Alania.
Entre tales haplogrupos están el N9a3a1b1,[24] derivado de una variedad de ADNmt que se encuentra en los baskires[25] y los daur;[26] el A-a1b3a,[27] haplogrupo mitocondrial de Asia Central presente en algunos turcomanos de Uzbekistán y en el antiguo Kazajistán;[28][29] y G2a-FGC1093, haplogrupo cromosómico Y presente en osetios de Osetia del Norte, cumucos[30] y en un hombre de la Cultura de Koban enterrado en Kabardia-Balkaria durante el sigloVa.C.[31] Tal análisis no respalda las afirmaciones de Elhaik de que hubiese un gran impacto jázaro en el acervo genético de los asquenazíes. En contradicción con Elhaik, Brook no considera a los jázaros relacionados con los armenios.
Otro estudio genético distinto, realizado en 2022 y dirigido por David Reich y Shai Carmi, confirmó que el haplogrupo N9a3a1b1, como descendiente de N9a3a1b, provenía de Asia central u oriental y que ya estaba presente entre los judíos de Érfurt (Alemania) en el sigloXIV.[32]
Durante la discusión sobre la partición de Palestina, mencionaron la hipótesis políticos británicos como John Hope Simpson y Edward Spears, árabes como Faris al-Joury, Jamal al-Huseiny y Albert Hourani y el estadounidense Benjamin Freedman para oponerse a la fundación de Israel.[33][34] Algunos círculos antisionistas aún la usan para ello, aunque ha caído en desuso en el mundo árabe.[35]
El macartista John Beaty publicaría en 1953 The Iron Curtain over America, alegando que los judíos jázaros eran responsables de todas las guerras que Estados Unidos había padecido.[39]
↑Rossman, 2002, p.98: Abraham Harkavy, O iazike evreev, zhivshikh v drevnee vremia na Rusi i o slavianskikh slovakh, vstrechaiuschikhsia u evreiskikh pisatelei, St. Petersburg.
↑Réthelyi, Mari (2021). «Hungarian Jewish Stories of Origin: Samuel Kohn, the Khazar Connection and the Conquest of Hungary». Hungarian Cultural Studies: e-Journal of the American Hungarian Educators Association(en inglés)14: 54-55, 57-61. ISSN2471-965X. doi:10.5195/ahea.2021.427.
↑Michael Scammell (2009). Koestler: The Literary and Political Odyssey of a Twentieth-Century Skeptic. Random House Publishing Group. p.546.: "Every prayer and ritual observance proclaims membership of an ancient race, which automatically separates the Jew from the racial and historic past of the people in whose midst he lives. It sets the Jew apart and invites his being set apart. It automatically creates physical and cultural ghettoes."
↑Gardell, Matthias (2002). «Black and White Unite in Fight?». En Kaplan, Jeffrey; Lööw, Heléne, eds. The Cultic Milieu: Oppositional Subcultures in an Age of Globalization. Rowman Altamira. pp.152-192. ISBN978-0-759-10204-0. Consultado el 13 de enero de 2014.