Historia del cannabis
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La historia del cannabis se refiere a la historia del género botánico monoespecífico Cannabis sativa y de sus cogollos secos también llamados «cannabis». Se trata de una de las más antiguas plantas cultivadas.
Historia del cannabis en Eurasia
Originario de Asia central, el cannabis se extendió rápidamente por toda Eurasia — antes del ser humano.[1]
En Europa, la planta está presente desde la prehistoria, precediendo el ser humano. Su cultivo y domesticación empezan en la Edad del Bronce o del Cobre.[1] Fue mencionado por Heródoto en el siglo V a. C. cuando se dice que los misteriosos escitas lo arrojaban sobre piedras calientes en una especie de saunas y se embriagaban al inhalar los vapores.[2][3]
Historia de los usos de las fibras del Cannabis


Los tejidos hechos de fibras de cáñamo (cannabis) tienen una antigüedad de 6000 años.[4] En el herbario Pen Ts’ao Ching ya se hace una clara mención de las propiedades psicotrópicas del cáñamo[cita requerida]. Este herbario se compiló en el siglo I de nuestra era, pero se ha atribuido de forma tradicional a un legendario emperador que vivió alrededor del año 2700 a. C.[5][6][7]
Historia de los usos del cannabis en medicina
Los efectos psicotrópicos del cannabis son, en parte, los que llevan tiempo usándose como medicina, desde miles de años. Existe evidencia que data de 2737 a. C.[8] [9]
En Asia, el cáñamo es usado ampliamente de forma continua por diferentes tipos de etnomedicina, por ejemplo como sedante y analgésico en Tailandia.[10] En India, se usa por vía tópica en las afecciones dermatológicas por los khasi' y garo de Meghalaya (India)[11]. En este mismo país, en Haryana, las hojas de cánnabis sativa se toman oralmente con miel para combatir la tos.[12] En Nepal, el jugo de las hojas del cánnabis sativa se utiliza como vulnerario.[13]
En Europa, los médicos de la antigüedad Dioscórides y Galeno mencionaron el uso del cáñamo en medicina, y existen indicios de su uso como embriagante en el mundo clásico.[5][14] La historiografía suele destacar al médico francés Jacques-Joseph Moreau de Tours por el estudio que publicó en París en 1845, el primer estudio con criterios científicos contemporáneos (aunque las fuentes ingleses suelen mencionar más bien a los artículos de William O'Shaughnessy), en el que se incluían ensayos realizados en sí mismo y en residentes de Egipto.[15]
En la actualidad se sigue utilizando en medicina tradicional. En medicina moderna convencional, se usa con aprobación para controlar las náuseas extremas derivadas de la quimioterapia del cáncer o del sida, así como para reducir la presión intraocular en los enfermos de glaucoma. La marcada efectividad de la marihuana fumada y del tetrahidrocannabinol (Δ9-THC) por vía oral como medicamento antináusea, así como de la marihuana fumada para tratar el glaucoma, forzó una serie de modificaciones en las leyes antidroga y la introducción de excepciones en el uso del cáñamo en ciertos casos. Existen usos en automedicación para otras indicaciones.
Orientalismo y leyendas europeas sobre usos del cáñamo en el mundo árabe
El cáñamo adquirió una gran importancia social y ritual en el mundo mediterráneo y el mundo árabe. Marco Polo volvió a dirigir la atención de los europeos hacia el uso del cáñamo entre los árabes del siglo XIII[cita requerida]. Polo habló de un misterioso “viejo de la montaña” que poseía un fantástico jardín lleno de delicias, entre ellas mujeres jóvenes y bellas hacia las que llevaba a los hombres drogados convenciéndoles así de que poseía la llave del paraíso. De este modo se ganaba su fidelidad y los utilizaba como «asesinos». Según la tradición este hombre no era otro que Hassan i Sabbah, la droga el hachís y la secta la de los hashishin (nombre del que derivaría el término «asesino»)[cita requerida].
Rudolf Gelpke ha intentado discernir entre hechos y ficción en la elaborada leyenda del “viejo de la montaña”.[16][17] En 2020, el historiador estadounidense David Guba Jr. desmientió esta interpretación, explicando que la tesis no se sostiene en base a las fuentes escritas ni etimológicamente.[18]
Como explica, la importancia del cáñamo en el mundo árabe fue en gran parte fantasmada en traducciones y compilaciones como la famosa mención por Scheherezade en el libro ampliamente editado por el traductor francés Antoine Galland, Las mil y una noches.[5] El cannabis ha sido asociado con la secta esotérica sufí de los «derviches giróvagos» por el carácter espectacular de sus prácticas y bailes[19][16][20] pero ignorado en cuanto a los otros usos por otras ramas del islam, otros grupos sufies (menos espectaculares) así como usos antiguos en otras religiones.[18]
Cannabis en religiones y sacramentos
Subcontinente Indio
El cáñamo ha disfrutado durante largo tiempo de un papel ritual en la India[21] y quizá sea esta planta la que menciona el Átharva Veda como embriagante sagrado, creado junto al amrita o poción del soma (otra planta desconocida) cuando los dioses y los demonios batieron el océano de leche para extraer toda clase de bienes.[22][7]
Los preparados de cáñamo llamados a veces viyaia (‘victoria’, en sánscrito)[23] son especialmente sagradas para el dios Shivá y se presentan en tres formas: bhang, una preparación de las hojas usadas en bebidas como la bhang lassi, que toman los devotos shivaístas antes de visitar templos importantes, la gañya (o botones florales) y el charas (resina pura). Estos dos últimos se fuman habitualmente en un chillum o pipa recta que se sostiene verticalmente.[24][25]
Los preparados del cáñamo tuvieron un papel prominente en los ritos de adoración del dios tribal de la India pre-védica Jagannath del Jagannath Mandir en Puri, Orissa.[23] El uso ritual del cánnabis entre los hindúes ha sido recogido por Swami Agehanandra Bharati (citado en Schleiffer, 1979).
Judaísmo
Los arqueólogos y paleobotánicos especialistas del antiguo Israel han sostenido que el cannabis no está documentado en el judaísmo temprano, pero algunos autores populares han argumentado que el término hebreo keneh bosem (קְנֵה-בֹשֶׂם) mencionado en el Libro del Éxodo como ingrediente del aceite de unción sagrada podría referirse al cannabis, aunque los lexicógrafos y botánicos bíblicos identifican esta planta como Acorus calamus o Cymbopogon citratus. En 2020 se anunció el hallazgo de residuos de cannabis en el altar del santuario israelita de Tel Arad, sugiriendo su uso en algunos rituales israelitas de la época.[26]
Islam y sufies
El religioso sufi Sidi Heddi (en árabe: سيدي الهادي) es una figura reconocida del uso sacramental del cannabis en el norte de África.
El académico Franz Rosenthal documentó numerosas prácticas alrededor del Mediterráneo en su libro The Herb: Hashish versus Medieval Muslim Society. 1971. ISBN 978-9004025639.. En España, Indalecio Lozano Cámara continuó este trabajo, documentando más usos en artículos y en obras como Tres tratados árabes sobre el Cannabis indica. 1991. ISBN 978-84-7232-573-9.
Historia del cannabis en África
Por haberse estudiado menos, no hay fechas exactas de introducción y dispersión del cannabis en África. Los elementos básicos de la historia africana del cáñamo en el continente más biodiverso del planeta ha sido recopilada por Du Toit en 1980 y por Chris S. Duvall en 2021. Tras una presencia mal conocida en el norte del continente en la antigüedad (imperio romano), la planta llegó nuevamente a África durante el primer milenio, vía Madagascar y la costa mediterránea.[27]
A partir de la década de 2010, varios países africanos iniciaron procesos de legalización del cannabis medicinal e industrial, otorgando licencias principalmente a empresas internacionales de Canadá, Israel, Reino Unido y otros países. Lesoto comenzó a otorgar licencias en 2017, seguido por Uganda, la República Democrática del Congo y Malawi. Esta liberalización se caracterizó por favorecer la exportación hacia mercados del Norte Global, particularmente Europa, mientras que los cultivadores locales enfrentaron barreras económicas para acceder a las licencias de producción legal.
Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, entre 1995 y 2005 el continente africano cultivaba el 25% de la producción mundial. Diversas variedades autóctonas africanas llamadas «landrace» (presentes en diferentes partes del continente) desarrollaron reconocimiento internacional por sus características distintivas pero son fuentes de biopiratería denunciada por empobrecer aún más el continente.[28][29] A finales del siglo XX y principios del siglo XXI, el Magreb se convirtió en una zona de producción de la mayor parte del hachís vendido en Europa, particularmente la región montañosa del Rif marroquí.[30][31][32][33]
Historia del cannabis en América
La planta fue introducida al «Nuevo Mundo» por los conquistadores españoles a inicios de la colonización del Virreinato de Nueva España (hoy México) en la década del 1530.[34]
Se cuenta que en el año 1492, las naves de la flota de Cristóbal Colón en su primer viaje trajeron a 80 toneladas de derivados del cáñamo como cuerdas, redes, velas y demás utensilios navales[cita requerida]. En 1530 Pedro Cuadrado, originario de Alcalá de Henares, conquistador de la hueste de Hernán Cortés trae las primeras semillas de cannabis y la Real Audiencia, presidida por el obispo Juan de Zumárraga, autoriza el cultivo de cáñamo en Nueva España para estimular una economía próspera. En 1545 el rey Carlos I de España, emite una real ordenanza para sembrar cáñamo en las Indias occidentales y pide el apoyo de virreyes y gobernadores. Los españoles llevan entonces el cannabis a la América del Sur.[cita requerida][35]
Historia contemporánea
El cáñamo en la literatura occidental
El cánnabis tiene una larga historia en la literatura de idioma árabe, como lo atestan trabajos de letrados como Franz Rosenthal o Indalecio Lozano Cámara.
En el siglo 19, el psiquiatra francés Moreau de Tours mencionado anteriormente fue el centro de un círculo literario parisino llamado el Club des Haschischins en cuyas reuniones se consumía una variedad de hachís llamada dawamesk. Dos destacados miembros de este club fueron el poeta Charles Baudelaire, cuyo libro Les paradis artificiels (Los paraísos artificiales) describía poéticamente los efectos del opio y del hachís[36] y el escritor francés Théophile Gautier, quien escribió dos artículos acerca de sus experiencias con el cáñamo.[37]
Los relatos del poeta estadounidense Bayard Taylor sobre sus experimentos con el hachís precedieron en cinco años a los de Baudelaire.[38][39] Quizás el trabajo literario más famoso sobre el cáñamo sea el clásico The Hasheesh Eater: Being Passages from The Life of a Pythagorean del estadounidense Fitz Hugh Ludlow, que describió sus experiencias personales con grandes dosis de tintura de Cannabis indica preparada por la firma Tilden & Company para el mercado farmacéutico.[40] Otro conocido experimentador del hachís fue Walter Benjamin.[41] La literatura moderna acerca del cáñamo es muy extensa y no la citaremos toda aquí.
En Europa y EE.UU, gracias a los esfuerzos literarios de Gautier, Taylor, Baudelaire, Ludlow y otros, el uso del cáñamo se extendió más allá de sus dominios tradicionales, de modo que durante el último siglo y medio se ha utilizado la sustancia en círculos esotéricos de la sociedad occidental. En los Estados Unidos, el uso de la marihuana se asoció a los trabajadores emigrantes mexicanos y a pequeños círculos de músicos negros hasta la década de 1950, cuando su uso entre los miembros del movimiento beat permitió el acceso de otras capas de la sociedad estadounidense a la droga. El uso del cáñamo pasó a ser una característica fundamental de la “era psicodélica” de los sesenta y, con la llegada de los años setenta, por lo menos 24 millones de estadounidenses habían probado la sustancia.[42] Una encuesta del Instituto Nacional para el Abuso de Drogas realizada en 1988 determinó, como mínimo, en doce millones el número de usuarios habituales entre la población estadounidense (de doce años de edad o mayores).