Huehuetéotl
From Wikipedia, the free encyclopedia


Huehuetéotl (en náhuatl: huēhueh-teōtl, ‘dios-viejo’) es el nombre con el que se conoce genéricamente a la divinidad del fuego. Su culto fue uno de los más antiguos de Mesoamérica, como lo testifican las efigies encontradas en sitios tan antiguos como Cuicuilco y Monte Albán.
En la cultura teotihuacana se le representaba como un anciano arrugado, barbado, desdentado y encorvado. Sentado, Huehuetéotl llevaba un enorme brasero sobre sus espaldas. En otras culturas, el mismo brasero era la propia representación del dios. Se encuentran figuras que representan a Huehuetéotl en muchas culturas alrededor de México.
La Serpiente de Fuego (Xuihcóatl), el nahual de Xuihtecutli, es relacionado también con Huehuetéotl. Uno de sus símbolos era la cruz de los cuatro rumbos del universo o quincunce, que partían del centro donde él residía.
A pesar de que Tezcaltlipoca se conoce como el creador del fuego, Huehuetéol es el patrono del fuego en la cultura Azteca. Tezcatlipoca es el primero en llegar a la fiesta del mes “Teotleco” Mientras que Huehuetéotl es el último que se presenta a esa reunión de los dioses. Huehuetéotl es un dios viejo cargado de años que soporta sobre su cabeza un enorme brasero en la cultura teotihuacana. Huehuetéotl además tiene muchas arrugas y pocos dientes. En otras culturas se le representa solamente con el brazero. Incluso en algunas urnas Zapotecas se encuentra representado el dios como un brasero.
Se cree que la figura más antigua de Huehuetéotl encontrada corresponde a la cultura de Ticomán, una cultura probablemente contemporánea a Cuicuilco que vivía a orillas del lago de Texcoco. También a la cultura de Cuicuilco se le atribuye el culto a Huehuetéotl.[1]
La relación entre el dios del fuego y Xuihcóatl es compleja. El nahual propio de Xiuhtecuhtli es Xuihcóatl, la serpiente de fuego con un cuerno en la nariz decorado con siete estrellas. Se dice que Huehuetéotl utilizaba a Xuihcóatl como su disfraz. También se dice en otras fuentes que Huehuetéotl y Xuihtecutli son diferentes nombres para el mismo dios. En La piedra del sol, también conocida como Calendario azteca, existen dos de estas serpientes de fuego que transportan al sol en su camino por el cielo. Por esto también, los dioses Tezcatlipoca y Huitzilopochtli, los opuestos o día y noche, son dioses del fuego también y utilizan el disfraz o nahual propio de Xiuhcóatl.[1][2]
Según la leyenda mexica, una pareja de hombre y mujer inventaron el fuego y asaron peces para alimentarse. Los dioses, indignados por la osadía de la pareja les cortaron las cabezas y los convirtieron en perros. Desde entonces, los hombres se basan en sí mismos para sobrevivir. El fuego aquí, como en la cultura griega, representa el conocimiento dado al hombre para poder decidir por sí mismo, lo que lo separa de su ser divino o de su relación con los dioses.[1]
El dios del fuego representa una de las más viejas concepciones del hombre mesoamericano; es el dios del centro en relación con los puntos cardinales y además es el brasero (tlecuil) que es el centro de la casa indígena. La importancia del dios del fuego está en la relación directa con la vida diaria de las culturas prehispánicas. Como consecuencia, es uno de los dioses más adorados por los antiguos pobladores de América. Por esto, al dios viejo se le fueron atribuyendo varios nombres diferentes como veremos a continuación, dependiendo de la región y las influencias lingüísticas.
Importancia del fuego y de Huehuetéotl en la cultura Mexica
El fuego estableció un elemento deificado que tuvo un sitio privilegiado en la cosmovisión mexica, porque su presencia destaca como motivo central en sus mitos y ritos. El fuego para los mexicas fue el símbolo del ciclo de cincuenta y dos años. Por eso, el hecho de encenderlo constituyó un acto ritual que repetía la cosmogonía y representaba la renovación de la vida; en consecuencia, el fuego fue considerado el regenerador del mundo. De igual manera, purificaba y atribuía de forma sagrada a tiempos y espacios, sobre todo cuando se restauraba ritualmente la vida social al inicio de cada ciclo.
En la cosmovisión mexica el dios del fuego estuvo presente en los tres sectores verticales del cosmos y en las cuatro direcciones del plano terrestre. En el cielo, el dios del fuego fue identificado con el sol. La analogía del fuego con el astro rey hizo equiparables los conceptos de cocción y maduración, funciones que estas dos entidades sagradas realizaban respectivamente. Por otro lado, algunas de sus advocaciones se referían al inframundo, por lo que éstas se relacionaban con la muerte. En ese sector su acción fertilizadora y transformadora traía como consecuencia la liberación de las plantas del mundo muerto para propiciar su resurgimiento.
Además, al asociarlo con acciones tales como la purificación, la transformación y la regeneración, todas ellas dadas en el preciso momento de la transición, fue el encargado de propiciar los cambios en el mundo, por lo que el fuego, como elemento sacralizado, definía y enlazaba los diversos ciclos y procesos sociales, naturales, rituales y míticos. Asimismo, los mexicas lo consideraron como uno de los principios fundadores del mundo, unido al concepto de inicio, pues fue el responsable de la creación del sol, astro imprescindible para la vida del mundo y de los seres que habitan en él. Por otra parte, tuvo la facultad de cohesionar a la familia, a la sociedad y al universo por encontrarse localizado en el centro, sitio desde donde ejercía principalmente su poder transformador y regenerador.