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Hábitat y Energía

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Hábitat y energía es un campo interdisciplinario que aborda la relación entre las condiciones del hábitat humano, la planificación territorial y el uso, gestión y transformación de la energía. Desde finales del siglo XX, este vínculo se ha vuelto central en las políticas urbanas, ambientales y tecnológicas, especialmente en el contexto de la crisis climática y la transición energética.

En Europa, la crisis energética de 1973 impulsó el desarrollo de normativas orientadas a mejorar la eficiencia energética en la edificación. Países como Alemania, Dinamarca y Suecia establecieron estándares pioneros de aislamiento térmico y ventilación controlada.[1]

La Unión Europea consolidó este enfoque mediante la Energy Performance of Buildings Directive (EPBD), que introdujo los edificios de consumo casi nulo (nZEB) y promovió la certificación energética obligatoria.[2]

Enfoques de Estados Unidos

En Estados Unidos, la creación del Department of Energy (DOE) en 1977 marcó el inicio de una política sistemática de eficiencia energética en el sector residencial.[3] Programas como Energy Star establecieron estándares voluntarios para edificios y electrodomésticos eficientes.[4]

El país desarrolló además herramientas de simulación energética ampliamente utilizadas en arquitectura, como EnergyPlus.[5]

Enfoques latinoamericanos

En América Latina, la relación entre hábitat y energía se consolidó más tardíamente, condicionada por desigualdades socioeconómicas, informalidad urbana y diversidad climática. Desde los años 1990, varios países comenzaron a desarrollar normativas de eficiencia energética en edificios.[6]

Tres líneas principales caracterizan el enfoque regional:

  • Arquitectura bioclimática y vernácula.
  • Integración de criterios energéticos en programas de vivienda social (Chile, Uruguay, Argentina, Costa Rica).[7]
  • Expansión de energías renovables en zonas rurales y periurbanas.

Argentina: evolución desde 1980 hasta la actualidad

En Argentina, la relación entre hábitat y energía adquirió relevancia creciente desde la década de 1980, en un contexto marcado por crisis económicas, expansión urbana desigual y transformaciones en el sector energético. Las primeras instituciones relacionadas fueron el Instituto de Arquitectura Solar de La Plata (IAS) en 1974 bajo la dirección del Dr. Arq. Elías Rosenfeld y unos años después el Instituto Solar Buenos Aires (ISABA) bajo la dirección del Arq. Eduardo Yarque.En la Universidad Nacional de Salta dos pioneros los Dres. Luis Saravia Mathon y la Dra Graciela Lesino creaban el Instituto Nacional de Energías no Convencionales (INENCO). En Mendoza el Dr. Enrico Tedeschi crea el Laboratorio de Ambiente Humano y Vivienda (LAHV-IADIZA) en 1974. Todas estas energías coinciden en la creación de la Asociación Argentina de Energía Solar (ASADES) en 1974 uniendo a físicos, ingenieros y arquitectos en un enfoque común.

ASADES que en 1997 por asamblea decide ampliar su visión con los avances logrados pasa a llamarse hasta el presente: Asociación Argentina de Energías renovables y Ambiente, manteniendo la marca.

Década de 1980: primeros enfoques bioclimáticos

Durante los años 80 surgieron investigaciones pioneras en universidades nacionales sobre arquitectura bioclimática, eficiencia térmica y energías renovables. Entre las instituciones destacadas se encuentra el Instituto de Estudios del Hábitat (IDEHAB) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata, creado en 1984, cuyas líneas de investigación incluyeron Hábitat y Energía.[8]

En 1984 los arquitectos Arq. John Martin Evans y Silvia d`Schiller crean en la FADU de la Universidad de Buenos Aires el Centro de Investigación Hábitat y Energía (CIHE) y pasan a unirse a la comunidad de ASADES. Luego de jubilados sus creadores en 2019 pasa a estar dirigido por el Dr. Arq. Daniel Kozak hasta el presente.

Década de 1990: reformas energéticas y expansión urbana

La privatización del sector energético y la expansión de las redes de gas natural modificaron profundamente el consumo residencial. Sin regulación energética la demanda de energía solo creció potencialmente con el crecimiento poblacional. [9]

2000–2010: institucionalización y normativas

A partir de los años 2000 se consolidaron marcos normativos y programas públicos:

  • Reglamentaciones térmicas provinciales (Prov de Buenos Aires, Prov de Santa Fe, ciudad de Rosario, ciudad autónoma de Buenos Aires, Mendoza).[10]
  • Programas de energías renovables y eficiencia en edificios públicos. (PRONURE)
  • Expansión de la investigación universitaria en hábitat, energía y pobreza energética.

2010–2020: transición energética y políticas de hábitat

La sanción de la Ley 27.191 sobre energías renovables impulsó la incorporación de fuentes limpias en el sistema eléctrico.[11] Programas como ProCreAr integraron progresivamente criterios de eficiencia energética en la vivienda.

2020–presente: crisis climática, tarifas y justicia energética

En los últimos años, la discusión se ha centrado en la vulnerabilidad térmica de viviendas precarias, la desigualdad en el acceso a energías limpias y la necesidad de rehabilitación energética del parque construido.[12]

Con la progresiva eliminación de subsidios a la energía eléctrica, el gas natural y el GLP a partir del 2024 el tema vuelve a debatirse pero sin tomar medidas directas de regulación o coordinadas por alguna institución nacional. En 2023 un nuevo gobierto termina de eliminar las dependencias nacionales sobre hábitat y energía dejando a la libertad del mercado la adaptación.

El principal inconveniente para regular el uso de la energía en Argentina siempre fue de orden político institucional. Ya que toda ley nacional debe contar con la adhesión de las provincias. A su vez los municipios deben adherir a la ley provincial creando ordenanzas municipales que exijan el cumplimiento de las regulaciones. Por esto la mayor parte de la demanda de energía corresponde a los edificios de gestión privada bajo la órbita de los municipios (viviendas, comercios, talleres, escuelas, universidades, centros comerciales, etc). La nación solo regula unos pocos edificios administrativos, las universidades nacionales son autónomas. Algo similar sucede con las provincias y así se vuelve casi imposible regular la demanda de energía. La provincia de Santa Fe por ley exige se etiqueten todos los edificios según Norma IRAM 11900/19, pero han encontrado una gran resistencia para su cumplimiento.[13]

Enlaces externos

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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