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Idilios (Teócrito)

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Los Idilios , en griego antiguo original Εἰδύλλια de Teócrito (310-260 a. C.) constituyen treinta y un poemas breves principalmente campesinos, pastoriles o bucólicos, de estética alejandrina, la mayoría en hexámetros en griego helenístico (dialectos jónico y dórico en especial) y dialogados, aunque también hay algunos monologados y de tono declamatorio y algunos con estribillo. Entre el XXVIII y el XXXI se usa el dístico elegiaco y los metros eólicos propios de los poetas lesbios a los que en ellos imita.

Su nombre proviene del griego eidyllion, "pequeña imagen", y tienen un carácter lírico-dramático.[1]

Composición, temas y estilo

Destacan como obra maestra por su esmerado refinamiento en el lenguaje y su gran amor por la concentración en miniatura, algo típicamente alejandrino, y por su gran realismo primorosamente estilizado de sus escenas, donde se rehúye siempre el mal gusto, a pesar del acarreo de mucha erudición mitológica y arqueológica.

Se sospecha que algunos de ellos no pueden atribuirse a Teócrito. Si bien dominan los temas pastoriles y campesinos, el conjunto es variado: también aparecen contextos urbanos y burgueses, e incluso costumbristas, y puntos de vista diversos y contrastados (menosprecio de corte y alabanza de aldea, beatus ille). Hay pequeños epilios (Heracles niño y, especialmente, Hilas y Los Dioscuros). También un grupo de poemas que evoca recuerdos personales. Otros son eróticos u homoeróticos, encomiásticos, burlones, mitológicos, de competiciones de canto, la variada tópica del amor correspondido o frustrado, el elogio de la apacentada vida pastoril, sencilla y feliz, que dio lugar a la creación del adjetivo idílico, la hechicería, etcétera, siempre en el marco de una naturaleza de hermosura idealizada y arcádica, que ronda la Edad de Oro, en medio del locus amoenus, con la cual es ideal estar en armonía, pero que es en el fondo tópica, pues ignora hechos fundamentales en la vida como la muerte (Et in Arcadia ego).

Los personajes son pastores, pastoras, ninfas, cabreros, labradores, segadores, pescadores, cazadores, apicultores, doncellas etcétera tan idealizados que pasan el tiempo cantando, danzando, tocando la flauta o la zampoña, contándose sus amoríos, mientras que las pastoras y ninfas hacen coronas de flores.

Trascendencia

Tuvieron tanto éxito que fueron imitados por otros poetas helenísticos, como Bion de Esmirna, que hizo cinco; y Mosco de Siracusa, que hizo ocho. Incluso por poetas romanos se acercaron al género, como Virgilio (sus Églogas o Bucólicas), Calpurnio Sículo, Nemesiano y otros. Es más, también durante el Renacimiento, por medio del género de la égloga en verso y la novela pastoril (género que mezcla prosa y églogas en verso, creado por la Arcadia (1504) de Jacopo Sannazaro y a su vez imitado febrilmente en toda Europa, por citar solo las más famosas: Los siete libros de la Diana (1559) de Jorge de Montemayor, la Astrea (1607-1627) de Honoré d'Urfé, La Arcadia (1590) de sir Philip Sidney...).En el siglo XVIII también intentó resucitarse el género con la estética del Neoclasicismo, en lo que tuvo alguna fortuna Salomón Gessner, cuyos Idilios pronto fueron traducidos al castellano y otras lenguas, sin fruto a la postre, pues el Romanticismo que le sucedió satirizó sin piedad la falsía de todo este decorado en la persona del "pastor Clasiquino" de José de Espronceda.

Traducciones

El humanista Vicente Mariner tradujo al latín todo el corpus bucólico en 1625. Siguen las traducciones parciales, hasta llegar al helenista José Antonio Conde, que tradujo en verso blanco y fielmente los Idilios de Teócrito, Bion y Mosco (Madrid: Benito Cano, 1796), si bien le faltan siete del primero. No llegaron a conservarse la traducción completa de dos jesuitas expulsados: la de Esteban de Arteaga al latín, y la de Joaquín Pla, quien preparó una edición cuyo destino era publicarse en Roma. Más modernas son las traducciones en verso del mexicano Ignacio Montes de Oca y Obregón (Idilios de Teócrito, México, 1878, y Madrid, 1880; reimpreso en Barcelona: Montaner y Simón, 1943; le faltan tres) y en prosa de Julián Motta Salas (1958), la literal y ceñida a los idilios de autenticidad segura de Antonio González Lasso (Madrid: Aguilar, 1963) y la de Manuel García Teijeiro y María Teresa Molinos Tejada para Editorial Gredos en sus Bucólicos griegos (1986), en prosa, muy documentada.[2]

Referencias

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