Iglesia de Santa María la Mayor (Añón de Moncayo)
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| Iglesia de Santa María la Mayor | ||
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| Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción | ||
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La iglesia junto a la plaza mayor de la población | ||
| Localización | ||
| País |
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| Comunidad autónoma |
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| Provincia |
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| Localidad | Añón de Moncayo | |
| Coordenadas | 41°46′44″N 1°43′16″O / 41.7788, -1.72113 | |
| Información religiosa | ||
| Culto | Católico | |
| Diócesis | Diócesis de Tarazona | |
| Estatus | Iglesia | |
| Historia del edificio | ||
| Construcción | Siglo XII | |
| Incendio | 1813 | |
| Reconstrucción |
1825-1826 1983-1985 | |
| Arquitecto |
Manuel Torcal José de Yarza | |
| Torres | Reconstruida en el 1983 | |
La iglesia de Santa María la Mayor de Añón de Moncayo es un templo gótico construido en el siglo XIII, aunque de origen románico.
Se ubica en la parte alta de la población, junto a la fortaleza, formando la plaza mayor de la población, siguiendo el diseño de población de repoblación durante la época de la Reconquista.
Historia
Aunque la iglesia se considera construida en el siglo XIII la iglesia de la población ya aparece mencionada por primera vez en el 1140 cuando el obispo de Tarazona, Miguel Cornel, dona la iglesia de Añón a la Orden del Hospital, algo por lo que algunos arqueólogos e investigadores retrotraen su fecha a la primera mitad del siglo XII.
La capilla lateral del lado del evangelio, de Nuestra Señora de los Ángeles, fue construida entre los años 1610 y 1611 y la anexa a la cabecera en el lado de la epístola es coetánea a la primera fase de la iglesia.
A mediados del siglo XVII el templo se debía de encontrar ya en mal estado, ya que añadiendo a la falta de cuidado debido a la pérdida de importancia de la encomienda un rayo había impactado en el templo en el 1619, ya que poco después en el 1646 Sebastián Garcés de Ólvega, infanzón y vecino de Ambel paga a Pascual Ranzón y Juan de Picina, maestro de obras y cantero respectivamente, vecinos de Tarazona, quienes habían trabajado en distintas obras de los templos de la capital turiasonense como el convento de carmelitas descalzas de San Joaquín o la Iglesia jesuita de San Vicente Mártir, el pago probablemente además de para la restauración fue para la construcción de la torre campanario.
Semirruina y posterior gran reforma de 1825
Durante la Guerra de Independencia parte del pueblo fue incendiado y la iglesia fue saqueada, lo que la dejó en un estado mísero y según el prior del pueblo en la primavera del 1813 no había puertas y el tejado estaba deshecho, inundándose la iglesia cuando llovía, algo que no se debió de arreglar hasta el 1817, aunque un año antes se habían fundido tres campanas rotas, dos de las cuales provenían de ermitas derruidas, para reparar la de la iglesia. A pesar de las obras que se hicieron estas no contaron con la envergadura necesaria para evitar el estado de semirruinoso en el que se encontraba el templo en el 1824 y que hasta el 1825 no se emite despacho de inicio de la obra bajo dos arquitectos José de Yarza, de Zaragoza, y Manuel Torcal, de Calatayud.
Estas obras de gran envergadura empezaron por el derribo de las maderas del techo que se encontraban prácticamente podridas y en la construcción de bóvedas, prestando especial atención al tejado para evitar futuras filtraciones de agua, y reconstruyendo la sacristía aunque dedicando a esta mucho menor importe económico por lo que se construyó en mampostería con dos paredes cubiertas de yeso en el ángulo formado por la torre y la pared del templo, abriendo el acceso desde la base de la torre y cubriéndolo con techo raso.
Durante la realización de las obras hubo varios conflictos entre Torcal y Jerónimo Dolz, recibidor de la Orden, por la tardanza del inicio de las obras, un conflicto con un vecino de la población en la que se cuestionó la capacidad del alarife y finalmente en la vista final de las obras en la cual se le hizo pagar trescientos vellones de oro por unos desperfectos que se le adjudicaban, de los cuales Torcal se defendió y de los que terminó reclamando el pago atrasado de sus honorarios.
A pesar de la importante obra que se había realizado en mayo de ese mismo año, una campana defectuosa que estaba instalada sobre la torre de la iglesia para llamar a misa causó daños en la misma, arrojando ladrillos sobre los tejados de la sacristía y cementerio, ocasionando nuevas filtraciones de agua que en el 1832 causó el retejado de la capilla mayor, al igual que en el 1836 ocurre lo mismo con el pórtico.
Tras la Desamortización
En el 1952, el templo era descrito como "lamentablemente ruinoso" y se solicitó a la Dirección General de Asuntos Eclesiásticos del Ministerio de Justicia la fondos para llevar a cabo unas obras para las cuales el municipio no disponía de fondos ya que el presupuesto ascendía a 4.990 pesetas, siendo concedido ese mismo año.
El templo había perdido la sacristía del 1825, habiendo pasado a serlo una pequeña sala que en aquel entonces tenía el uso de cuarto de peanas, al igual que después de la década del 1930 perdió el pórtico corrido, que en el 1950 se mantenía como un pequeño pórtico frente a la fachada principal tal y como lo retrata Manuel Coyne.
Las obras empezaron en el 1963 bajo José Luis Figuera y de Benito, arquitecto de la provincia y que desarrollarían a lo largo de tres años en los cuales se levantaron los elementos de madera colocados por Torcal para sustituirlos con tijeras de hormigón, obras que pese a la subvención del obispado de Tarazona, que pagó una partida de cincuenta mil pesetas, tuvieron que pagarse mediante la venta de los bienes artísticos de la iglesia, vendiéndose las tablas de Ángeles, otra de Santa Quitería y otra de la Virgen del Carmen para obtener al menos treinta mil pesetas el diez de octubre del 1967 y el veintinueve de marzo del año siguiente se vendieron las de la Anunciación, la Visitación de Nuestra Señora y la Natividad del Señor por al menos cincuenta mil pesetas.
Finalmente en el 1983 y el 1985 se realizaron de nuevo las últimas obras, siendo las del 1983 realizadas entre julio y agosto y en las que se reconstruyeron los contrafuertes y la de campanario que había perdido la última de sus alturas y presentaba un estado cercano a la ruina, levantándose un cuerpo entero, otro para las campanas y otro para colocar un reloj en la fachada sur. La segunda fase, realizada en julio del 1985 se restauraron los muros exteriores, la ventana central del ábside, se sustituyeron las vidrieras por alabastros y se reparó de nuevo el tejado, aunque el mayor objeto de obra fue la portada principal ya que se encontraba en muy mal estado, habiendo desaparecido alguna columna de apeo.