Ileísmo

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El ileísmo (del latín: ille, «él; ese hombre») es el acto de referirse a uno mismo en tercera persona en lugar de en primera persona. Si bien el término no aparece en el Diccionario de la lengua española, ha aparecido en artículos periodísticos.[1] El ileísmo se emplea a veces en la literatura como recurso estilístico. En la vida real, el ileísmo puede reflejar diversas intenciones estilísticas o circunstancias involuntarias.

El uso del ileísmo puede encontrarse en literatura temprana, en obras como Commentarii de Bello Gallico de Julio César o en la Anábasis de Jenofonte, ambos relatos aparentemente no ficticios de guerras lideradas por sus autores, con el objeto de transmitir un aire de imparcialidad objetiva, que incluía justificaciones de las acciones del autor. De esta manera, el sesgo personal se presenta, aunque de forma deshonesta, como objetividad. Un ejemplo del uso del ileísmo por parte de Julio César se encuentra en este fragmento del De Bello Gallico:

Informado César de que pretendían hacer su marcha por nuestra provincia, parte aceleradamente de Roma; y encaminándose a marchas forzadas a la Galia Ulterior, se planta en Ginebra. Da luego orden a toda la provincia de aprestarle el mayor número posible de milicias, pues no había en la Galia Ulterior sino una legión sola. Manda cortar el puente de junto a Ginebra. Cuando los helvecios supieron su venida, despáchanle al punto embajadores de la gente más distinguida de su nación, cuya voz llevaban Numeyo y Verodocio, para proponerle que ya que su intención era pasar por la provincia sin agravio de nadie, por no haber otro camino, que le pedían lo llevase a bien. César no lo juzgaba conveniente, acordándose del atentado de los helvecios cuando mataron al cónsul Lucio Casio, derrotaron su ejército y lo hicieron pasar bajo el yugo; ni creía que hombres de tan mal corazón, dándoles paso franco por la provincia, se contuviesen de hacer mal y daño. Sin embargo, por dar lugar a que se juntasen las milicias provinciales, respondió a los enviados: «que tomaría tiempo para pensarlo; que si gustaban, volviesen por la respuesta en 13 de abril».[2]

Un ejemplo moderno es un ensayo del teólogo estadounidense Richard B. Hays en el que cuestionó hallazgos anteriores con los que no estaba de acuerdo, en los siguientes términos: «Estos fueron los hallazgos de un tal Richard B. Hays, y el ensayo más reciente trata la obra previa y al autor previo con cierta distancia».[3]

El illeísmo se usa ampliamente en el Talmud de Babilonia y textos relacionados, a menudo tomando la forma en que el hablante utiliza la expresión hahu gavra («Ese hombre») para referirse a sí mismo.[4]

En la ficción

Deepanjana Pal, de Firstpost, señaló que hablar en tercera persona «es una técnica clásica utilizada por generaciones de guionistas en Bollywood para establecer la aristocracia, el poder y la gravitas de un personaje».[5]

El ileísmo también puede emplearse para mostrar a un personaje como idiota, como en el caso del personaje Mongo en Blazing Saddles, quien habla de sí mismo en tercera persona («A Mongo gustan dulces» o «Mongo solo peón en juego de la vida»), o para mostrar una simplicidad inocente, como ocurre con el personaje de Dobby el elfo en la serie de Harry Potter («Dobby ha venido a proteger, aunque tenga que taparse los oídos con la puerta del horno»). Elmo, el personaje infantil de los Muppets de Sesame Street, habla casi exclusivamente en tercera persona.

En el habla cotidiana

En diferentes contextos, el ileísmo puede utilizarse para reforzar la autopromoción, como en el caso del político estadounidense Bob Dole, a veces con efecto cómico, a lo largo de su carrera política (por ejemplo, en su afirmación «Cuando el presidente [de los EE UU] esté listo para desplegar, Bob Dole estará listo para liderar la lucha en el Senado», en referencia a la Iniciativa de Defensa Estratégica, durante la convención del NCPAC, 1987). Esto se hizo especialmente notorio durante las elecciones presidenciales estadounidenses de 1996 y fue ampliamente satirizado en los medios de comunicación de ese país durante años.

Por otra parte, la autorreferencia en tercera persona puede asociarse con autocrítica o autodesprecio, ironía o con no tomarse a uno mismo demasiado en serio (en tanto el uso excesivo del pronombre «yo» suele considerarse una señal de narcisismo y egocentrismo[6]), así como con la excentricidad en general. Algunos estudios psicológicos han encontrado que pensar y hablar de sí mismo en tercera persona puede aumentar la sabiduría y tener efectos positivos en el estado mental, ya que quien lo hace es más humilde intelectualmente, más capaz de empatizar y comprender las perspectivas de los demás, y es capaz de distanciarse emocionalmente de sus problemas.[7][8][9]

En apoyo de esto, se ha afirmado que en ciertas religiones orientales, como el hinduismo, el ileísmo es considerado a veces como un signo de iluminación, ya que a través de él, un individuo separa su yo eterno (atman) de su forma corporal; en particular, el Jñana yoga alienta a sus practicantes a referirse a sí mismos en tercera persona.[10] Los ileístas conocidos de ese tipo incluyen a Swami Ramdas,[11] Anandamayi Ma,[12] o Mata Amritanandamayi.[13]

Varias celebridades, como Marilyn Monroe,[14][15] Alice Cooper,[16] o Deanna Durbin [17] se refirieron a sí mismas en tercera persona para distanciar su persona pública de su verdadera identidad. Mary J. Blige, en su canción «Family Affair», se presenta en tercera persona.

Algunos padres usan el illeísmo (se refieren a sí mismos como «Papá» o «Mamá») porque los niños muy pequeños aún no comprenden que los pronombres «yo» y «tú» se refieren a personas diferentes según el contexto.[18][19] Los niños pequeños que adquieren el habla a menudo se refieren a sí mismos en tercera persona antes de aprender el uso correcto de la primera persona (p. ej., pueden decir «quieres jugo» en vez de decir «quiero jugo»), y su habla evoluciona dejando de usar el illeísmo una vez que desarrollan un fuerte sentido de autorreconocimiento, a menudo antes de los dos años.[20]

En japonés, es común que los niños hablen de sí mismos usando su nombre, especialmente las niñas (p. ej., «A Keiko le gustan los perros» en vez de «Me gustan los perros»). A raíz de esto, algunas mujeres japonesas pueden usar el ileísmo para parecer tiernas o infantiles. Esta práctica se asocia con burikko, un término japonés para referirse a mujeres que aparentan ternura hablando o actuando de manera inocente o incapaz.[21]

Ejemplos

Históricos

La práctica es común entre líderes políticos,[22] desde Jenofonte y Julio César, hasta líderes modernos como Douglas MacArthur, Charles de Gaulle,[23] Juan Domingo Perón, Richard Nixon,[1] Bob Dole, Mijaíl Gorbachov, Hugo Chávez,[24] Silvio Berlusconi,[25] Donald Trump,[26] Narendra Modi,[27] o Gustavo Petro,[28] entre muchos otros.

También ocurre entre deportistas, tales como Diego Maradona,[29] Lebron James,[30] Dwayne Johnson,[31] Pelé[32] o Zlatan Ibrahimovic.[33]

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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