Imago (psicología)
El concepto de Imago era ya desde los tiempos de la Antigua Roma un término especial y se usaba para designar aquella máscara de cera en forma de retrato con la que los muertos se exponían en el Forum Romanum. En el sentido psicológico, Imago es un concepto principalmente de la psicología analítica que introdujo su fundador Carl Gustav Jung, siendo quien lo utilizó por primera vez. Imago designa la imagen interna, aquella representación de una persona determinada, que la mayor parte de la veces es inconsciente y que, incluso, tras el encuentro real con esa persona, permanece viva en la psique. Ello contribuye a marcar de manera decisiva la percepción de las relaciones sociales. Imago debe comprenderse por tanto como un fenómeno neuropsicológico que contiene en sí los enlaces psíquicos que conectan a las personas cercanas de referencia con la «imagen».
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El concepto de Imago (en latín significa «imagen») era ya desde los tiempos de la Antigua Roma un término especial y se usaba para designar aquella máscara de cera en forma de retrato con la que los muertos se exponían en el Forum Romanum.[1] En el sentido psicológico, Imago es un concepto principalmente de la psicología analítica que introdujo su fundador Carl Gustav Jung, siendo quien lo utilizó por primera vez. Imago designa la imagen interna, aquella representación de una persona determinada, que la mayor parte de la veces es inconsciente y que, incluso, tras el encuentro real con esa persona, permanece viva en la psique. Ello contribuye a marcar de manera decisiva la percepción de las relaciones sociales.[2] Imago debe comprenderse por tanto como un fenómeno neuropsicológico que contiene en sí los enlaces psíquicos que conectan a las personas cercanas de referencia con la «imagen».
Las imago más importantes son las del padre, la madre y la imago de los hermanos. Estas imágenes de recuerdos inconscientes se conforman por regla general en la infancia más temprana; la adhesión a ellas permanece por lo general sin alteraciones en la vida adulta.[2] Las imagos de los padres pueden considerarse también como ideas precursoras de lo que Sigmund Freud llamó Superyó en su modelo estructural de la psique de la segunda tópica freudiana.
La formación de una imago constituye un proceso psíquico normal. Sin embargo, en el caso de imágenes investidas de manera negativa o amenazante pueden conducir a un trastorno psíquico y participar de la formación de un complejo.[3]
El propio Jung explicó el concepto de imago. Véase por ejemplo, la definición en una sus nueve conferencias que ofreció en idioma inglés en septiembre de 1912 en la Fordham University:
La personalidad de los padres, entre las cosas que en la etapa infantil tuvieron la mayor significación, desempeña el papel primordial. Incluso aunque los padres hayan muerto hace mucho, por lo que podrían y deberían perder toda significación al haberse modificado desde entonces la situación vital de los enfermos acaso totalmente, sin embargo de algún modo están presentes y siguen siendo importantes, como si todavía estuvieran vivos. El amor y la admiración, la resistencia, la aversión, el odio y la rebelión de los enfermos están aún adheridos a sus imágenes, deformadas por el afecto o el desafecto y a menudo poco parecidas a la realidad de otro tiempo. Este hecho me ha urgido a no hablar ya directamente de padre o madre, sino a utilizar para ello el término «imago» de padre y madre, pues en realidad tales fantasías no tratan del padre o de la madre, sino tan sólo de sus imagines subjetivas, con frecuencia totalmente desfiguradas, que llevan una existencia espectral pero influyente en la mente del enfermo.[4]