Wikiwand AI

Implantación de la proskynesis por Alejandro Magno

From Wikipedia, the free encyclopedia

La implantación de la proskynesis realizada por Alejandro Magno tras apoderarse del Imperio aqueménida ha sido fuente de diferentes interpretaciones entre los historiadores. Algunos lo han visto como un intento por parte de Alejandro de que los macedonios lo reconocieran como un dios, mientras otros han señalado que sería el deseo de unificar el tratamiento ceremonial al rey para persas y macedonios como parte de la estrategia de orientalización llevada a cabo por el rey. En todo caso, provocó el rechazo por parte de algunos de los macedonios más cercanos a Alejandro, lo que hizo que finalmente la proskynesis fuera realizada únicamente por súbditos que no pertenecían al ámbito cultural griego.[1][2]

Concepto y uso de la proskynesis

Un rey persa en el trono (centro), junto a sus cortesanos haciendo proskynesis (derecha). Relieve de la apadana de Persépolis.
Relieve del Obelisco negro de Salmanasar III, rey de Asiria, donde un individuo realiza el gesto de la postración.

La costumbre del beso como medio de salutación era una práctica común en el antiguo Oriente. Ya se practicaba en la antigua Asiria, de donde los medos lo tomaron para posteriormente ser adoptado por los persas.[3]

Según Heródoto, la proskynesis era una costumbre en boga en el Imperio persa de saludo entre individuos que se encontraban en un lugar público:

Cuando dos persas se encuentran en medio de la calle, se puede observar si ambos individuos son del mismo rango social. Si ambos individuos son iguales, se saludan besándose en la boca. Si en cambio, uno de los dos es levemente de menor rango, la salutación será un beso en la mejilla. Si uno es muy inferior al otro, se arrodilla y le besa la mano.
Heródoto, Historias, I,134

Este último gesto de postrarse ante otro y besar su mano sería una de las formas en las que se manifestaba la proskynesis, aunque no la única: en algunos relieves escultóricos de Persia el gesto que se aprecia era llevarse una mano a los labios y soplar el beso hacia el otro, y podía realizarse con el cuerpo ergido, inclinado o postrado. Con respecto al Rey de Reyes, supuestamente todo el mundo tenía que tributarle la proskynesis, aunque los parientes del rey y otros miembros de la corte no llegaban a postrarse sino que realizaban una leve inclinación ante él.[3][2]

En el caso de los griegos, la proskynesis se reservaba exclusivamente para adorar a sus dioses. En particular, los helenos siempre sintieron aversión a la práctica realizada por los persas,[4] y en ocasiones llevaron tal odio a situaciones embarazosas en cuestiones diplomáticas ante la corte de Persia, donde los enviados rechazaban altivamente inclinarse ante un mortal, sin importar que fuera el mismo Rey de Reyes persa. Se cuenta una anécdota de Ismenias que, enviado en una embajada a Persia, en el momento de tener que efectuar la proskynesis ante el rey, procedió a dejar caer su anillo para inclinarse a recogerlo y así mostrar sus respetos al rey.[5] En cambio, Temístocles, que llegó a la corte persa como exiliado, sí aceptó realizar la proskynesis.[6]

Situación de Alejandro

Recorrido de Alejandro y su ejército.

En Bactra, donde se encontraba persiguiendo a los últimos rebeldes persas asesinos de Darío III, Beso y Espitamenes, Alejandro Magno contrajo nupcias con Roxana, quien era hija de uno de los líderes tribales de la región y aliado de los rebeldes.

Alejandro Magno era virtualmente el rey de Asia, afrontando una última resistencia del sátrapa Beso, antiguo lugarteniente del difunto rey Darío III y asesino del mismo. En esta situación, el rey macedonio había dispuesto la política de incorporar a sus fuerzas militares a aquellos súbditos provenientes de Asia: medos, persas, babilonios, partos, escitas, etc.

En los últimos tres años de campaña, al ejército heleno se le habían unido brigadas persas para la campaña de la India; en la corte real, siete hijos del sátrapa Artabazo II, padre de Barsine, junto con hermanos y hermanas de Roxana, la hija del sátrapa Oxiartes, muchos miembros de la nobleza persa e incluso un nieto del último rey Artajerjes III Oco y un rajá fugitivo de la India.[3] Es clara la política aplicada por Alejandro Magno al respecto: retener a familiares ya sea como ayudantes para salvar las dificultades del idioma y las costumbres, o como rehenes, a modo de seguro ante posibles traiciones o revueltas que pudieran ocasionar los familiares en satrapías o lugares distantes.[7]

Así, la corte del rey macedónico había sufrido una transformación; un proceso de fusión que había comenzado cuando Alejandro Magno ni había llegado a Babilonia y se fue profundizando a medida que las fuerzas helenas avanzaban en el propio territorio persa. En la Bactriana la fusión había provocado que no fueran los griegos los únicos asistentes a la corte, sino también una multitud de orientales.

No solo en la corte se habían efectuado transformaciones. En el ejército mismo, la incorporación de distintos batallones provenientes de las provincias asiáticas, provocó una modificación profunda en la composición de las fuerzas. Ya no eran los macedonios la mayoría del ejército, sino que habían sido por lo menos igualados o superados levemente en cantidad efectivos.

La fusión de los dos pueblos que velozmente e implacablemente estaba impulsando el rey macedonio generaba nuevos puntos de tensión y potenciales conflictos en puertas. Mientras el trato en la corte macedonia respetaba los cánones griegos, en la corte persa, las costumbres variaban ostensiblemente.[3]

La confluencia de las distintas culturas provocó una situación de crisis dado que en la mentalidad persa, Alejandro, como sucesor del Rey de Reyes, tenía una naturaleza sobrehumana. Los reyes persas no eran adorados como dioses, pero sí se les reconocía una naturaleza superior dentro del género humano.[8] A su vez, los macedonios consideraban a su rey con distinción pero sin ser de naturaleza divina, siendo que para el resto de los griegos (atenienses, focenses, tesalios, etc.) era casi un igual con atenciones especiales.

El riesgo que corría Alejandro Magno era el de una pérdida de autoridad ante sus súbditos asiáticos si estos, acostumbrados a un ritual de salutación y postración ante la autoridad real, observaran que los cortesanos griegos o macedonios no ejecutaban ritual alguno, más bien el trato era más llano y mucho menos ceremonial. Considerando el historial de revueltas (de palacio y de satrapías) que atormentaron al Imperio aqueménida en los últimos doscientos años, Alejandro Magno debió ponderar fuertemente el mantener el ceremonial real persa dada su fuerte connotación de autoridad.[3]

En este contexto, en el año 327 a. C. Alejandro Magno intentó implementar la proskynesis en su corte.[9]

Implantación de la proskynesis

Alejandro intentó implementar el ritual de la proskynesis entre sus cortesanos macedonios; ya que como sucesor de Darío III, Alejandro ya recibía los respetos de sus súbditos asiáticos por medio del beso realizado en una postura ligeramente inclinada. Algunos de los aduladores de Alejandro, como el filósofo Anaxarco, el poeta Agis y el siciliano Cleón, aprobaban esta novedad, mientras otros, como el historiador Calístenes, expresaron su oposición.[10][11]

La introducción del ritual entre los macedonios fue pensada en ser llevada a cabo en un banquete. Según la narración de Arriano, al final de la cena, cuando los asistentes se encontraron bebiendo, cada asistente llenaría una copa de oro con vino, se levantaría de su asiento y brindaría por la salud del rey. Hasta ahí era la costumbre corriente en los banquetes de la corte macedonia. En esta ocasión, a la vez que brindaba a la salud del rey, la persona se acercaría a Alejandro y se postraría ante él.[12] A su vez, Alejandro Magno devolvería la cortesía a su compañero macedonio con un beso.

Sucedió entonces, que Calístenes, historiador de la corte, al llegar su turno, bebió de la copa, omitió la proskynesis y se acercó a Alejandro con la intención de que este le diera un beso. El rey se encontraba conversando con Hefestión y no prestó atención al engaño de Calístenes; un guardia próximo a Alejandro había observado que Calístenes había omitido la proskynesis y procedió a mencionárselo al rey, quién negó el beso a Calístenes. Este último se alejó del lugar lanzando una ironía hacia la persona del monarca.[13]

Este fue el comienzo de la caída en desgracia ante Alejandro de Calístenes, quien moriría meses después en circunstancias poco claras.[2] En todo caso, Alejandro decidió finalmente eximir a los macedonios de la realización de la proskynesis, aunque los persas siguieron postrándose ante él.[14][15]

La sucesión de hechos que fueron degradando la relación entre Alejandro Magno y algunos de sus súbditos macedonios alimentaron distintas versiones narradas por historiadores griegos y romanos sobre la vida del rey macedonio. Entre estos hechos se pueden destacar el incendio de Persépolis, los asesinatos por razones políticas de Parmenión y su hijo Filotas junto con seguidores y allegados, la adopción de los usos y costumbres de la corte persa (en especial el uso de diademas y el vestuario real persa), el homicidio de un miembro prominente del cuerpo de oficiales macedónico como lo era Clito el Negro, la implantación de la proskynesis, la caída en desgracia y muerte del historiador de la corte Calístenes, sobrino del tutor Aristóteles y la conspiración de los pajes. Todos ellos contribuyeron a fomentar una imagen de decadencia, libertinaje y disipación en que había caído la vida del gran rey macedonio.[16]

Referencias y notas

Related Articles

Timelines

Top Qs

Fact Checks