Imposición de la birreta cardenalicia (España)

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La imposición de la birreta pontificia en España era una ceremonia palatina en la que el monarca español, en nombre del Papa, otorgaba a un cardenal recién creado y residente en sus estados uno de los signos externos de su nueva dignidad, la birreta roja.

Desde el siglo XVI se estableció la costumbre de que en ocasiones los monarcas españoles fueran los encargados de imponer la birreta cardenalicia, en nombre del Papa, a los cardenales recién creados que residieran en su corte.[1]

En el siglo XVIII se consolida la tradición por la cual el monarca es el encargado de imponer la birreta cardenalicia a los cardenales residentes en España.[2]

Tras la Guerra de la Independencia, Fernando VII retoma la tradición de imponer la birreta a los distintos cardenales que residen en España, aunque no siempre con carácter público.[3][4] Tras la muerte del monarca y la ruptura de relaciones con el Pontífice, no se producirán nuevas creaciones de cardenales españoles o residentes en España. El Concordato de 1851 supuso la normalización de las reuniones con la Santa Sede que vuelve a crear cardenales españoles o residentes en España. Con ello la imposición de birretas cardenalicias de forma pública y solemne por parte de Isabel II se convierte en una posibilidad de mostrar las buenas relaciones con el Papa.[5][6][7][8]

La Restauración borbónica continuará la tradición anterior hasta la caída de Alfonso XIII en 1931.[9][10][11][12][13][14][15] Tras la instauración del estado franquista, Francisco Franco será quien imponga las birretas a los cardenales españoles residentes en España en calidad de jefe del Estado. Estas imposiciones se realizaron con un ceremonial similar al de los monarcas, llegando a sentarse junto con su esposa, Carmen Polo en la real cortina de la capilla del Palacio Real de Madrid.

Desarrollo

Véase también

Referencias

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