Imprenta Echeverría Hermanos
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La imprenta Echeverría Hermanos se estableció en Bogotá, Colombia a mediados del siglo XIX. Sus propietarios fueron los tres hermanos tipógrafos León, Jacinto y Cecilio Echeverría, ciudadanos venezolanos convocados por Manuel Ancízar para operar en los talleres de la imprenta que pretendió establecer el entonces presidente Tomás Cipriano de Mosquera.[1]
Los hermanos Echeverría llegaron a Colombia gracias a Manuel Ancízar, uno de los personajes más relevantes para la historia editorial colombiana, que luego de retirarse del cargo de subsecretario de Relaciones Exteriores de Nueva Granada[2] fundó la editorial y periódico El Neo-Granadino[3] y constituyó así un equipo de aventajados trabajadores como los hermanos Echeverría, quienes siendo alumnos de Pedro Lovera y Carmelo Fernández, maestros fundadores del arte pictórico en Venezuela, ya habían intervenido en la instalación de las modernas impresoras de Caracas.[4] El nuevo taller neo-granadino ofrecía los más novedosos servicios editoriales a la ciudadanía bogotana, y sus productos fueron adecuándose al gusto moderno que derivó en la nacionalización de una cultura tipográfica.[5]
Para 1850, Ancízar se unió a la Comisión Corográfica, y aunque continuó publicando sus crónicas del viaje en una sección del periódico llamada Peregrinación, ciertas cuestiones de salud lo llevaron a vender la imprenta. El dinero obtenido lo unió a la empresa tipográfica de los hermanos Echeverría,[6] quienes con anterioridad habían emprendido el establecimiento de su propio taller: la imprenta de Echeverría Hermanos.
Para valorizar el nombre de su taller con producciones de renombre, decidieron editar un volumen con las columnas de Ancízar y lanzar además su segunda y más grande obra: Peregrinación del Alpha, esto permitió a los hermanos Echeverría conseguir una buena suma económica e impulsar el suplemento literario de su propio periódico: El Pasatiempo.[6] De modo que a partir de julio de 1853 en la sección de anuncios del periódico se comenzó a promocionar la publicación de las aventuras corográficas de Ancízar, cuyo nombre fue utilizado como argumento de venta para la futura publicación.[7]

Una de las mayores fuentes de ingreso para el taller de los tres hermanos fue la impresión de documentos del Estado, esto lo conseguían a través de contratos intermediados por Manuel Ancízar como dueño de la imprenta El Neogranadino. Lastimosamente en 1853 la imprenta pasó a manos del gobierno nacional, trayendo consigo el fin del arreglo de impresión de documentos con el taller de los hermanos. Esto causó un choque económico para ellos ya que, sin anticipar lo sucedido, se adelantaron en el mismo año a comprar en los Estados Unidos numerosos tipos y dos prensas imperiales para ofrecer mayores garantías en sus impresiones oficiales generando un gran gasto de más de tres mil pesos.[6]