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Infantería de línea

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La infantería de línea era un tipo de infantería organizada y adiestrada para combatir principalmente en formaciones lineales, generalmente de dos o tres filas, con el objetivo de concentrar el fuego de sus armas y mantener la cohesión de la unidad. Este sistema alcanzó una amplia difusión en los ejércitos europeos durante los siglos XVIII y comienzos del XIX, y tuvo especial importancia durante las guerras napoleónicas.[1]

La infantería de línea coexistía con otros tipos de infantería, especialmente la infantería ligera, que podía combatir en orden abierto y desempeñar funciones de exploración, hostigamiento y cobertura.

Origen y evolución

Durante los siglos XVI y XVII, los ejércitos europeos combinaban soldados armados con armas de fuego y tropas equipadas con picas. La progresiva mejora de las armas de fuego y la introducción de la bayoneta permitieron reducir la importancia de las formaciones de piqueros y aumentar el número de soldados armados con mosquetes.[2]

La generalización de la bayoneta permitió que los soldados armados con mosquete pudieran defenderse y combatir a corta distancia sin necesidad de llevar una pica. Este proceso favoreció la formación de unidades de infantería equipadas principalmente con armas de fuego y organizadas para combatir en formaciones cerradas.

Durante el siglo XVIII, la disciplina, el adiestramiento y la capacidad de ejecutar movimientos coordinados adquirieron una importancia fundamental. Los ejércitos desarrollaron reglamentos de instrucción destinados a establecer la forma en que las unidades debían marchar, formar y emplear sus armas.[3]

Armamento

El arma característica de la infantería de línea durante buena parte del siglo XVIII y comienzos del XIX fue el mosquete de ánima lisa y avancarga. Estas armas tenían una precisión limitada a larga distancia, por lo que su eficacia dependía en buena medida del fuego concentrado de numerosos soldados.

La utilización de la llave de chispa y del cartucho de papel permitió aumentar la rapidez de carga y fuego respecto de sistemas anteriores. Los soldados eran instruidos para ejecutar de manera coordinada las diferentes operaciones necesarias para cargar y disparar el arma.

La bayoneta convirtió al mosquete en un arma apta tanto para el fuego como para el combate a corta distancia. Las cargas a la bayoneta formaron parte de las tácticas de la época, aunque no todos los combates terminaban necesariamente en una lucha cuerpo a cuerpo. El empleo de la bayoneta también proporcionaba a la infantería una defensa frente a las cargas de caballería.

Durante el siglo XIX se produjeron importantes transformaciones en el armamento. La difusión del fusil rayado y de proyectiles como la bala Minié incrementó considerablemente el alcance y la precisión del fuego de infantería. Posteriormente, la introducción de las armas de retrocarga aumentó la rapidez de fuego y modificó progresivamente las tácticas empleadas por los ejércitos.[4]

Tácticas

La característica fundamental de la infantería de línea era el combate en orden cerrado. La formación en línea permitía concentrar el fuego hacia el frente y mantener bajo control a grandes contingentes de soldados.

El número de filas y la disposición de las unidades variaban según el ejército y el periodo. Durante los siglos XVIII y comienzos del XIX fueron habituales las formaciones de dos o tres filas.[5]

El fuego podía organizarse mediante descargas sucesivas de filas, compañías o pelotones. El objetivo era mantener una elevada concentración de fuego y conservar al mismo tiempo la cohesión de la unidad.

La línea no era la única formación empleada por la infantería. Las unidades podían adoptar columnas para determinados movimientos y ataques. El cuadro, por su parte, se utilizaba principalmente como formación defensiva frente a la caballería. Estas formaciones cumplían funciones diferentes y podían combinarse durante una misma operación.

La infantería de línea también podía actuar junto a tropas ligeras desplegadas en orden abierto. Estas podían hostigar al enemigo, reconocer el terreno y cubrir los movimientos de las unidades principales.

Durante las guerras revolucionarias francesas y las guerras napoleónicas, la combinación de líneas, columnas y tropas ligeras constituyó uno de los principales sistemas tácticos de los ejércitos europeos.

Organización

La unidad fundamental de la infantería de línea era normalmente el regimiento, aunque su organización y efectivos variaban según el ejército y la época.[6]

Los regimientos podían dividirse en batallones, y estos en compañías. La organización interna experimentó numerosas modificaciones durante los siglos XVIII y XIX como consecuencia de las reformas militares de los distintos Estados.

Durante parte del siglo XVIII, en algunos ejércitos europeos los coroneles podían ejercer una considerable influencia sobre sus regimientos. Existieron sistemas en los que determinados regimientos habían sido creados o mantenidos mediante acuerdos entre particulares y el Estado. La importancia de este sistema y el grado de control ejercido por los propietarios variaron según el país y el periodo.

Con el desarrollo de los ejércitos permanentes, los Estados incrementaron progresivamente su control sobre la organización, financiación, armamento, uniformidad y disciplina de los regimientos. Las ordenanzas y reglamentos militares establecieron cada vez con mayor precisión las características de las unidades.

Granaderos

En numerosos ejércitos europeos, los regimientos de infantería de línea incluían compañías de granaderos. El nombre procedía del empleo original de granadas de mano, aunque durante el siglo XVIII los granaderos adquirieron funciones más amplias y fueron considerados en muchos ejércitos tropas escogidas.

Los granaderos podían emplearse en determinadas acciones ofensivas y en operaciones que requerían tropas seleccionadas. En algunos ejércitos se organizaron posteriormente unidades independientes de granaderos.

Infantería ligera

La infantería de línea coexistía con la infantería ligera, cuya principal diferencia era su forma habitual de combatir.

Mientras la infantería de línea estaba destinada principalmente al combate en orden cerrado, la infantería ligera podía desplegarse en orden abierto y desempeñar funciones de hostigamiento, exploración y cobertura.

La separación entre ambas categorías no fue absoluta. Dependiendo del ejército y del periodo, determinadas unidades de infantería de línea podían desempeñar funciones de tropas ligeras, mientras que las unidades ligeras podían formar en orden cerrado cuando la situación lo requería.

Declive de las formaciones lineales

Durante el siglo XIX, la aparición de armas de fuego más precisas, de mayor alcance y con una mayor cadencia de fuego modificó progresivamente las tácticas de la infantería.

La generalización del fusil rayado y de proyectiles como la bala Minié aumentó la eficacia del fuego individual. Posteriormente, las armas de retrocarga y los fusiles de repetición incrementaron todavía más la capacidad de fuego de las unidades.

Estas transformaciones hicieron que las formaciones excesivamente densas fueran cada vez más vulnerables. Los ejércitos comenzaron a utilizar con mayor frecuencia formaciones abiertas y a aprovechar el terreno y la cobertura para reducir la exposición de los soldados al fuego enemigo.

La evolución no supuso, sin embargo, una desaparición inmediata de la infantería de línea. Las formaciones en línea, columna y cuadro continuaron utilizándose durante parte del siglo XIX, mientras los ejércitos adaptaban progresivamente sus tácticas a las nuevas armas.

Infantería de línea en España

En España, la infantería de línea constituyó uno de los principales componentes del ejército durante los siglos XVIII y XIX.

Las Ordenanzas de Carlos III, promulgadas el 22 de octubre de 1768, establecieron normas sobre el régimen, disciplina, subordinación y servicio de los ejércitos y tuvieron una gran importancia en la organización militar española.[7]

A comienzos del siglo XIX, el ejército español contaba con regimientos de infantería de línea y batallones de tropas ligeras. El Reglamento de la nueva constitución en que han de establecerse los regimientos de Infantería de línea y los batallones de tropas ligeras del Ejército, publicado en Madrid en 1802, estableció una nueva organización para estas unidades.[8]

La infantería de línea española participó en los principales conflictos de la época, incluida la Guerra de la Independencia española (1808-1814). La organización y composición de los regimientos experimentaron nuevas modificaciones durante el conflicto y en los años posteriores.

Referencias

Véase también

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