Infección de transmisión vertical

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Infección de transmisión vertical

Micrografía de citomegalovirus (CMV) en la placenta (placentitis por CMV), una infección de transmisión vertical. Se observa el característico núcleo grande de una célula infectada con CMV, desplazado hacia la parte inferior derecha de la imagen (tinción H&E).
Especialidad Pediatría, obstetricia, enfermedades infecciosas
Síntomas En el recién nacido: fiebre, hepatoesplenomegalia, ictericia, erupción cutánea, bajo peso al nacer[1]
Complicaciones Aborto espontáneo, malformaciones congénitas, discapacidad auditiva, discapacidad intelectual, autismo, muerte neonatal[2]
Inicio habitual Recién nacido, feto
Duración Variable según el patógeno
Tipos Congénita, perinatal
Causas Transmisión de patógenos de la madre al hijo durante el embarazo o el parto
Diagnóstico Cultivo, PCR, detección de IgM específica en el recién nacido, pruebas serológicas maternas[3]
Diagnóstico diferencial Sepsis neonatal, síndrome de Aicardi-Goutières[4]
Prevención Vacunación preconcepcional (rubeola, hepatitis B), profilaxis antirretroviral en el embarazo para VIH, cesárea programada en infecciones activas, tratamiento de infecciones maternas durante el embarazo[5]
Tratamiento Antibióticos (para infecciones bacterianas como sífilis o toxoplasmosis), antivirales (para VIH, herpes simple), inmunoglobulina específica, manejo de las complicaciones neonatales[6]
Pronóstico Variable: desde resolución espontánea hasta secuelas graves o muerte; depende del patógeno, momento de la infección y tratamiento oportuno
Frecuencia Variable según el patógeno y la región; la transmisión vertical del VIH se ha reducido a <1% en países de altos ingresos con intervenciones adecuadas[7]
Tasa de letalidad Variable
Sinónimos
Infección perinatal, infección congénita, transmisión materno-infantil, transmisión madre-hijo

Una infección de transmisión vertical es aquella causada por patógenos (como bacterias, virus o parásitos) que se transmiten de la madre al hijo durante el embarazo, el parto o el período posparto inmediato.[2] Este tipo de transmisión puede ocurrir cuando la madre tiene una enfermedad preexistente o adquiere una infección durante la gestación.[1] Las deficiencias nutricionales pueden exacerbar los riesgos asociados a estas infecciones.[8]

Expansión del acrónimo TORCH

Las bacterias, los virus, los parásitos y otros organismos pueden transmitirse de madre a hijo. Varias infecciones de transmisión vertical se incluyen en el complejo TORCH (o TORCH complex), cuyo acrónimo fue acuñado para facilitar su recuerdo clínico:[3]

  1. T - toxoplasmosis (causada por Toxoplasma gondii)
  2. O - otras infecciones (ver más abajo)
  3. R - rubéola
  4. C - citomegalovirus (CMV)
  5. H - virus del herpes simple (VHS, especialmente el tipo 2, causante del herpes simple neonatal)

Otras infecciones de transmisión vertical incluyen:

Originalmente, el complejo TORCH incluía las cuatro condiciones mencionadas (toxoplasmosis, rubéola, CMV y herpes).[19] Posteriormente, se han propuesto expansiones para incluir un espectro más amplio de infecciones. Una de las más completas es la propuesta por Ford-Jones y Kellner (acrónimo CHEAPTORCHES):[20]

Signos y síntomas

Los signos y síntomas de una infección de transmisión vertical dependen del patógeno, el momento de la infección durante la gestación y la respuesta inmunitaria fetal. En la madre, la infección puede ser asintomática o presentar síntomas inespecíficos como enfermedad similar a la influenza.[1]

En el recién nacido, las manifestaciones pueden incluir:[2][3]

Algunas condiciones genéticas, como el síndrome de Aicardi-Goutières, pueden presentar un fenotipo similar al de las infecciones congénitas (pseudo-TORCH).[4][21]

Vías de transmisión

Las principales vías de transmisión vertical son:[1][5]

Transplacentaria (prenatal)

Ocurre cuando el patógeno atraviesa la placenta e infecta al feto in utero. Es característica de infecciones como toxoplasmosis, citomegalovirus, rubéola, Zika y sífilis. Los patógenos pueden causar placentitis (inflamación de la placenta) y corioamnionitis (inflamación de las membranas fetales). El riesgo y la gravedad de la infección fetal dependen de la edad gestacional en el momento de la infección materna.

Durante el parto (perinatal)

El recién nacido se infecta al pasar por el canal del parto, por contacto con sangre materna, fluidos corporales o secreciones genitales infectadas. Es la vía principal para hepatitis B, VIH, herpes simple, estreptococo del grupo B y Chlamydia trachomatis. En muchos de estos casos, la transmisión puede prevenirse mediante intervenciones obstétricas como la cesárea programada o la profilaxis antimicrobiana intraparto.

Posnatal (a través de la lactancia)

Algunos patógenos pueden transmitirse a través de la leche materna, como el VIH, el virus linfotrópico de células T humanas (HTLV-1) y el citomegalovirus.[5] En el caso del VIH, las guías actuales recomiendan la lactancia materna exclusiva con terapia antirretroviral materna y profilaxis infantil en entornos de recursos limitados, mientras que en países de altos ingresos se recomienda evitar la lactancia.[6]

Fisiopatología

Virulencia y transmisión vertical

Desde la perspectiva de la medicina evolutiva, los patógenos con transmisión vertical tienden a desarrollar una relación más benigna con el huésped, ya que su éxito reproductivo depende de la supervivencia y capacidad reproductiva de la descendencia del huésped. Por ello, la virulencia suele ser inversamente proporcional a la dependencia de la transmisión vertical.[22]

El VIH, a pesar de tener un modo de transmisión vertical, mantiene una alta virulencia porque su principal vía de transmisión es horizontal (sexual y sanguínea). Las intervenciones médicas han reducido drásticamente la transmisión vertical del VIH, alcanzando tasas inferiores al 1% en países con acceso a profilaxis antirretroviral integral.[7]

Diagnóstico

El diagnóstico de las infecciones de transmisión vertical se basa en:[3]

  • Evaluación clínica: signos y síntomas en el recién nacido que sugieran una infección congénita.
  • Pruebas serológicas maternas: detección de anticuerpos específicos (IgM e IgG) contra patógenos del complejo TORCH.
  • Estudios microbiológicos en el recién nacido: cultivo, reacción en cadena de la polimerasa (PCR) o detección de antígeno en sangre, orina, líquido cefalorraquídeo o secreciones.
  • Detección de IgM específica en el recién nacido: la IgM no atraviesa la placenta, por lo que su presencia indica infección congénita.
  • Estudios de imagen: ecografía prenatal, neuroimagen (TC o RM) para identificar calcificaciones intracraneales, hidrocefalia, microcefalia o alteraciones placentarias.
  • Análisis histopatológico: examen de la placenta, cordón umbilical o tejido fetal en casos de aborto o muerte fetal.

Clasificación

Según el momento de la transmisión, se distinguen:[23]

  • Infección congénita: aquella adquirida in utero y presente al nacimiento.
  • Infección perinatal: aquella adquirida durante el período perinatal (desde las 22 semanas de gestación hasta los 7 días posteriores al nacimiento).

Prevención y tratamiento

Las estrategias de prevención y tratamiento dependen del patógeno:[5][6]

  • Vacunación preconcepcional: eficaz para prevenir rubéola, hepatitis B y varicela.
  • Profilaxis antirretroviral en el embarazo: reduce la transmisión vertical del VIH a <1%.
  • Tratamiento antimicrobiano materno: para sífilis (penicilina), toxoplasmosis (espiramicina, pirimetamina-sulfadiazina) y malaria (profilaxis con sulfadoxina-pirimetamina en zonas endémicas).
  • Cesárea programada: indicada en casos de herpes simple genital activo al momento del parto o en mujeres con VIH con carga viral elevada (>1000 copias/mL).
  • Inmunoprofilaxis neonatal: administración de inmunoglobulina específica y vacuna contra hepatitis B en las primeras 12 horas de vida.
  • Profilaxis antibiótica intraparto: para prevenir la transmisión de estreptococo del grupo B.

Pronóstico

Véase también

Referencias

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