Inmigración vasca en Perú
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22.7 % de la población peruana [1]
| Peruko euskaldunak (en vasco) | ||
| Pueblo de origen | ||
| Lugar de origen |
España: → → Francia: → → | |
| Descendencia estimada |
7.000.000 (2022) 22.7 % de la población peruana [1] | |
| Cultura | ||
| Idiomas | euskera, español peruano, Dialecto vasco, francés | |
| Religiones | Catolicismo | |
| Principales asentamientos | ||
| Lima | ||
| Arequipa | ||
| Trujillo | ||
La inmigración vasca en Perú se refiere al flujo migratorio hacia el país andino, de personas originarias del País Vasco (Euskal Herria), Navarra y Aquitania; quienes, bajo una misma bandera cultural e idiomática formaron comunidad en el país mencionado desde la época de la conquista, en el periodo colonial y la República. Numerosos vascos emigraron al Perú junto con sus familias para establecerse en ciudades de tradición minera y agrícola de la costa y la sierra.
Según el Centro Cultural Vasco-peruano de Trujillo, se estiman unos 7 millones de peruanos que tienen algún antepasado vasco.[1] Entre los núcleos de población con asentamientos vascones destacan las ciudades de Arequipa, Lima, Trujillo, Chiclayo, Cusco, Abancay y Huaraz; en todas ellas apellidos como Arrambide, Aramburú, Albizuri, Arismendi, Arancibia, Andía, Amez, Amezaga, Amézqueta, Arteaga, Belaúnde, Balmaceda, Cossío, Egúsquiza, Goyeneche, Irarrazabal, Gareca, Larrea, Larramendi, Llosa, Olazábal, Somocurcio, Villaorduña, Vergara, Unanue, Ugarte, entre otros, han protagonizado gran parte de la vida económica, cultural y política en la historia del Perú colonial y republicano.
Época colonial (1532-1600)
Entre los trece de la Isla del Gallo que con Francisco Pizarro deciden marchar al sur al descubrimiento y conquista del Perú, se encontraba el vasco originario de Vergara, Domingo de Soraluce quien recibió el título de Caballero de la Espuela Dorada, porque, según sus fueros, eran hidalgos de nacimiento,[2] a diferencia de los castellanos que fueron ascendidos a hidalgos. Se debe al alavés Pascual de Andagoya el descubrimiento del Señorío de Birú en el año 1523, que dio origen al nombre del Perú. Ya en el Perú, se destaca la presencia de Martín de Bilbao, Juan de Rada, entre otros, y la participación de los “vizcaínos” en las guerras civiles entre los conquistadores (1537-1554).
Virreinato del Perú (1600-1820)
En 1622, se dio en el sur del país (Potosí) la denominada «guerra entre vicuñas y vascongados» que vio enfrentarse a una serie de grupos de poder o redes clientelares, agrupadas en función de su origen étnico o geográfico. Así, se contaban «los vascos», «los andaluces», «los castellanos», «los extremeños» y otros grupos menos numerosos o menos organizados e influyentes, que pugnaban por el control político y económico de la ciudad y sus minas de plata. La banda o facción de los vascos alcanzó poco a poco mayor predominio en Potosí, de modo que las restantes bandas –castellanos, andaluces, extremeños y otras– tuvieron que coaligarse para evitar ser barridas. Los coaligados fueron denominados «los vicuñas» —un término informal con origen en el hábito de vestir sombreros hechos de piel de vicuña—.[3][4]
Las insurgentes vicuñas habían matado a 64 hombres antes de marzo de 1624, pero no consiguieron resquebrajar el dominio vascongado sobre la villa y las minas. Los dirigentes vascos imploraron la intervención del rey Felipe IV, que ordenó al virrey del Perú Diego Fernández de Córdoba proceder con determinación contra los vicuñas. Entre 1624 y 1625, las autoridades virreinales lograron capturar a varios de los cabecillas más importantes entre los rebeldes, ejecutando a cuarenta de ellos.[3] La contienda había durado cuatro años y concluyó con en el de un matrimonio entre la progenie de dos de los líderes de ambas facciones, el hijo del vasco Francisco Oyanume y la hija del general vicuña Francisco Castillo. En abril de 1625 fue emitido un real decreto concediendo el perdón a todos los combatientes vicuñas, exceptuando a los que hubieran cometido delitos de sangre.
Entre 1700 y 1780 destaca el arribo de un nutrido grupo de emigrantes vascos con fuertes vínculos comerciales en la península, de los que destacaron los Goyeneche en Arequipa, mientras que en Lima destacaban los Antuñano, Gurmendi y Urreta, Zelayeta. Sebastian de Antuñano costeó de su peculio la edificación de la primera capilla que albergó la imagen del Señor de los Milagros y fundó el beaterio de carmelitas descalzas nazarenas adscritas a su culto; a expensas del Bernardo de Gurmendi, se construyeron entre 1708 y 1722 la iglesia y el convento de las trinitarias descalzas.[5][6] De la misma forma, en Apurímac y Cuzco, se estableció un grupo numeroso de colonos vascos dedicados a la labranza y el pastoreo.[7]
En 1780 y 1781 dos funcionarios vascos del virreinato del Perú tuvieron actuación importante y cuestionada durante la Gran Rebelión liderada por Túpac Amaru II en el sur del Perú, Antonio de Arriaga Gurbista, corregidor del Cusco, fue ejecutado por el líder rebelde tras serias denuncias de abusos contra los indios de su corregimiento. Su muerte inició una serie de levantamientos indígenas contra la administración española durante una rebelión cruda que derivo en la captura de Tupac Amaru por el vizcaíno Jose Antonio de Areche, este sentenció al inca al garrote y descuartizamiento conteniendo la rebelión meses después. 20 años más tarde de estos sucesos, iniciarían los movimientos independentistas de Sudamérica que terminaron en la emancipación peruana.
República (1821-actualidad)
De los nueve jefes militares peruanos que acompañaron a Bolívar y Sucre en las batallas que sellaron la independencia peruana (Ayacucho y Junín) cinco eran de origen vasco (La Mar, Cortázar, Gamarra, Salaverry, Vivanco, Orbegoso), siendo la figura más respetable el vasco-criollo, don Hipólito Unanue, prestigioso investigador médico peruano originario de Arica.[8]
En 1859 el hacendado trujillano Manuel Salcedo solicitó permiso para contratar mil labradores españoles a su hacienda de Talambo en el norte del Perú, al cabo de un año llegaron 269 vascos, de los cuales 95 eran hombres, 49 mujeres y 125 niños.[9][10] No bien llegados al Perú, y tras desacuerdos con Salcedo, unos 80 abandonaron el lugar.[11] Salcedo quería que cultivasen algodón, que ellos no sabían cultivar, por lo que cultivaron hortalizas entrando en conflicto con Salcedo, estos hechos generaron una balacera en la que un colono vasco y un hombre de Salcedo fueron asesinados. El incidente escaló a mayores cuando el almirante español Luis Hernández-Pinzón Álvarez, que estaba el Callao, se enteró del suceso y decidió intervenir a favor de los españoles.[9] Ocupó las islas Chincha en abril de 1864, y se consideró el incidente como un casus belli que desembocaría en la breve Guerra hispano-sudamericana de 1866.
En los años cincuenta del siglo pasado un grupo de vascos y descendientes empezaron a reunirse en el Country Club de Lima llegando a firmar un acta fundacional el 30 de diciembre de 1950, bajo la denominación de Centro Vasco del Perú, con la finalidad de canalizar ayuda entre todos, y dar apoyo económico y moral a quien sea necesario. Su Presidente fue Don Germán Ortiz Montori y Tesorero Don Jesús Dalmau. Entre los fundadores se encontraban: Germán Aguirre Ugarte, Rafael Orbegozo, Abel Carriquirí, Eduardo Ibarra, Juan José González de Sasía, Eduardo Olano.
Comunidad vasco-peruana

Lima
En los años ochenta, en el Country Club de Lima, un grupo de vascos y peruanos organizaron una nueva institución. La denominación inicial fue "Asociación vasco-peruana Euzkal Etxea". Entre sus miembros fundadores se encontraban: Pedro Aramburu Bidaburu, Fermín Berasategui, Antonio Cabanas Larrea, Javier Celaya Sagües, Miguel Cruchaga, entre otros. La organización se oficializó el año 1986 con la inauguración de la Casa Vasca en Miraflores. [12]
Trujillo
El centro cultural vasco-peruano establecido en la ciudad de Trujillo en la década de 2000.[12]
El 7 de junio de 1994 el Lehendakari José Antonio Ardanza Garro promulgó la Ley 8/1994, de 27 de mayo, que institucionalizó a los centros vascos y su relación con Euskadi, estableciendo objetivos, apoyos y beneficios. La Ley dispuso que los centros vascos existentes se adecuaran y registraran, previo reconocimiento por el Consejo de Gobierno vasco. Euskaletxea de Lima fue el primer centro vasco que se adecuó a la ley y mereció el reconocimiento del Consejo de Gobierno el 28 de febrero de 1995, quedando inscrito con el Registro Nº 0510100101.
Estadísticas
En el año 1999, el centro vasco con sede en Lima, contaba con 86 personas registradas, 32 nacidos en el País Vasco y 58 nacidos en Perú.[13] En 2022 el centro vasco de Trujillo indicó que existen unos 7.000.000 de peruanos que cuentan con algún ancestro vasco, ya sea por el lado materno o paterno.[1]
Influencia en la sociedad
Política


Seis de los expresidentes peruanos llevaban apellido vasco. Algunos con clara conciencia de su origen, otros no ignorantes de su raíz y uno sin la menor idea de quiénes fueron sus ancestros. Ellos fueron Nicolás de Piérola, a quien le constaba su origen navarro; Augusto B. Leguía, se sabía vasco por Leguía y por Salcedo; Manuel Odría, conocía hasta la cuna de su origen (Azpeitia) y en sus horas de ocio no se separaba de un trío de cantantes vascos; Fernando Belaúnde, no ignoraba sus raíces; y Juan Velasco, desconocía su origen, y Francisco Sagasti, informó que su bisabuelo fue vasco.[14]
Literatura
En la literatura sobresalen diversos escritores de origen vasco desde inicios del siglo XIX:
- Hipólito Unanue. Tuvo el estilo de los enciclopedistas franceses, redactor del Mercurio Peruano, la primera gran revista americana, formó parte del grupo literario llamado Sociedad de Amantes del País.
- Narciso Aréstegui (1818 o 1820-1869), cuzqueño, autor de la novela El padre Horán (1848), considerada la primera novela de la literatura peruana y una de las primeras novelas sudamericanas en lengua castellana. Es también considerado como uno de los grandes precursores del indigenismo en el Perú.
- Carlos Augusto Salaverry (1830-1891), considerado el mejor poeta lírico peruano del siglo XIX, era hijo de Felipe Santiago Salaverry, el caudillo de los primeros años de la República que muriera fusilado en 1836. Su obra poética se reúne en cuatro libros: Diamantes y perlas, Albores y destellos, Cartas a un ángel y Misterios de la tumba. Su poesía se singulariza por la dulzura melancólica de su alma apasionada, por el elegante pesimismo de su actitud ante la vida y por la emoción colorista que anima su intimidad desgarrada. Su poema “Acuérdate de mi” (inserto en Cartas a un ángel) es infaltable en toda antología poética.
- Pedro Paz Soldán y Unanue (1839-1895), escritor limeño, conocido por su seudónimo de Juan de Arona. Autor de poesías y comedias, fue también ensayista, traductor y filólogo, siendo su obra más notable el Diccionario de peruanismos (1883-1884).
- Alberto Ureta (1885-1965), poeta y catedrático, autor de poemas de tono reflexivo y melancólico. Obras: Rumor de almas (1911), El dolor pensativo (1917). Posteriormente publicó: Las tiendas del desierto (1933), Diario íntimo (1933) y Elegías de la cabeza loca (1937). Fue también un diplomático divulgador de la cultura peruana.
- José María Eguren (1872-1942), poeta limeño que abrió el camino de la innovación en la poesía peruana con sus libros La canción de las figuras (1916) y Simbólicas (1911), próximos al simbolismo y que reflejaban su mundo interior mediante imágenes oníricas, con las que reacciona contra la retórica y el formalismo modernistas.
- José Carlos Mariátegui (1894-1930), es considerado uno de los mayores estudiosos de la realidad latinoamericana, siendo la síntesis de su pensamiento los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), obra de referencia para la intelectualidad del continente.[15]
- Jose María Arguedas (1911-1969), fue autor de novelas y cuentos que lo han llevado a ser considerado como uno de los grandes representantes de la literatura del Perú.[16] El crítico Martin Seymour-Smith considera a Arguedas como «el más grande novelista de nuestro tiempo»,[17][18] quien escribió «algunas de las prosas más poderosas que el mundo haya conocido».[19]
- Alfredo Bryce Echenique (1939-2026), es considerado una de las últimas figuras importantes vinculadas directamente al propio boom latinoamericano,[20] así como una de las figuras clave del periodo post-boom.[21] Su trayectoria está marcada por reconocimientos como el Premio Nacional de Literatura (1972), el Premio Nacional de Narrativa de España (1998), el Premio Planeta de Novela (2002), entre otros.
- Mario Vargas Llosa (1936-2025), considerado como uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneos, sus obras han obtenido numerosos premios, entre los que destacan el Premio Nobel de Literatura 2010, el Premio Cervantes 1994 —considerado como el más importante en la lengua española—, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1986, el Premio Biblioteca Breve 1962, el Premio Rómulo Gallegos 1967 y el Premio Planeta 1993, entre otros. Junto a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, es uno de los exponentes centrales del boom latinoamericano.
Deportes
- Germán Leguía, integró el seleccionado peruano durante la generación dorada entre los años 1968 y 1982.