Inmunotoxina
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Las inmunotoxinas son un tipo de neurotoxinas que han surgido en las últimas décadas como una herramienta (y es el enfoque, además) de la neurociencia experimental. En particular, se considera el desarrollo de una gama de moléculas que permitan la selección selectiva, la disrupción y la muerte de poblaciones específicas de células neuronales en el sistema nervioso central (SNC). Entre las toxinas de las plantas, las más utilizadas para generar inmunotoxinas son las proteínas que inactivan ribosomas, siendo la más común la ricina,[1] una toxina proteica potente que se extrae de las semillas del Ricinus communis.[2]
Las inmunotoxinas son agentes usados en terapéutica basados en proteínas que consisten en un residuo de direccionamiento unido o fusionado a un residuo asesino. El residuo de direccionamiento (targeting) puede ser un anticuerpo o un ligando dirigido contra un receptor o antígeno de superficie celular que es específico para la enfermedad objetivo, en tanto que el residuo activo es un miembro de una clase de proteínas o enzimas altamente tóxicas. Esencialmente, se puede usar cualquier molécula que induzca la muerte celular al interferir directamente con la maquinaria celular, modificando la membrana celular o induciendo proteínas apoptóticas. Debido a la potencia enzimática de estas proteínas, un pequeño número de moléculas de toxinas administradas con éxito al citoplasma (o al compartimento ribosómico) puede ser letal para la célula.[3]
En 1976, investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston construyeron moléculas híbridas hechas con anticuerpos antitumorales acoplados a la toxina de la difteria o de la ricina para destruir las células tumorales. A principios de la década de 1980, algunos grupos publicaron enfoques similares.[4] La palabra 'inmunotoxina' se acuñó en 1981 para nombrar a estas moléculas quiméricas destinadas a matar células tumorales.[5]